Una producción cinematográfica que reconstruye los procedimientos operacionales utilizados durante la campaña militar en Gaza acaba de irrumpir en la escena internacional, confrontando directamente a la opinión pública global con testimonios de personajes clave del aparato militar y de inteligencia. NAZA, el documental dirigido por los realizadores israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, fue presentado en el Festival de Cine de Venecia como el único largometraje documental en competencia por el máximo galardón de la institución. Lo que confiere particular relevancia a esta iniciativa no es únicamente su presencia en una de las plataformas cinematográficas más prestigiosas del planeta, sino que constituye la materialización audiovisual de investigaciones que han circulado durante años en distintos espacios, ahora condensadas en un formato que permite al espectador acceder de manera inmediata y emotiva a información que de otro modo permanecería fragmentada o encubierta. La película marca un punto de inflexión en la forma en que se documentan y comunican las operaciones militares contemporáneas, trascendiendo la cobertura periodística tradicional.
El título mismo funciona como un código cifrado dentro del lenguaje castrense: NAZA es un acrónimo utilizado por las Fuerzas Armadas israelíes para referirse eufemísticamente a civiles cuya muerte se anticipa como consecuencia previsible de una operación bélica. Esta nomenclatura encubre un eufemismo burocrático destinado a abstraer, mediante la jerga técnica, la realidad de vidas humanas. El documental reúne testimonios de veinticuatro profesionales del espionaje militar y soldados que participaron directamente en labores de vigilancia y eliminación remota de ciudadanos palestinos. Las entrevistas fueron llevadas a cabo bajo condiciones de extrema confidencialidad: realizadas durante la noche en azoteas de Tel Aviv, con identidades digitalmente alteradas y voces modificadas electrónicamente, todo ello como mecanismo de protección ante posibles represalias derivadas de la divulgación de operaciones clasificadas. Esta metodología de producción refleja la magnitud del riesgo que asumen quienes deciden romper el pacto de silencio institucional.
Sistemas automáticos y muertes colaterales calculadas
Lo que los interlocutores revelan en la película traspasa ampliamente la narrativa de "incidentes aislados" o "errores operacionales". Los testimonios describen un andamiaje tecnológico donde sistemas basados en inteligencia artificial fueron programados para identificar a potenciales combatientes de bajo rango pertenecientes a organizaciones palestinas, tras lo cual se procedía a bombardear sus domicilios durante la noche, con plena conciencia de que tales operaciones provocarían también la muerte de sus familias. Uno de los mecanismos más perturbadores detallados en el film involucra la interceptación de dispositivos móviles: el aparato castrense hackeó teléfonos de objetivos seleccionados y ejecutó vigilancia encubierta de conversaciones sostenidas con cónyuges e hijos minutos previos al lanzamiento de ataques que arrasaría con el conjunto familiar. Este grado de proximidad temporal entre la escucha de voces humanizadas y la ejecución de ataques mortales constituye un elemento que desafía cualquier pretensión de "colateralidad no anticipada".
Otros segmentos del documental abordan destrucciones a mayor escala: operaciones en barrios completos donde la estimación militar indicaba que aproximadamente el veinticinco por ciento de la población civil permanecía refugiada en sus hogares, incendios sistemáticos de viviendas, y ataques contra puntos de distribución de alimentos donde se congregaban civiles en situación de hambruna. Estos hechos no son presentados como violaciones excepcionales sino como componentes de una estrategia deliberada. Abraham explicó durante la conferencia de prensa en Venecia que el equipo de realización se limitó a plantear preguntas directas a los entrevistados: solicitarles que describieran sus acciones, explicaran el funcionamiento de estos sistemas, y trazaran esquemas de cómo operaban. "A veces, simplemente al hacer preguntas, obtienes respuestas", señaló. Lo notable es que las reacciones de los militares entrevistados fluctuaban: algunos expresaron remordimiento, otros manifestaron indiferencia, y algunos revelaron una actitud que colindaba con el orgullo respecto de las operaciones en las que participaron.
Cadenas de mando y responsabilidad institucional
Varios de los testimoniales provienen de integrantes de una unidad encubierta de inteligencia cuya estructura de reporte se sitúa directamente bajo la órbita de la oficina del Primer Ministro, Benjamin Netanyahu. Uno de estos interlocutores declaró que la misión conferida a su unidad era "frustrar cualquier posibilidad de paz". Esta frase, aunque breve, encapsula una dimensión estratégica que trasciende el ámbito táctico. Los directores Yuval Abraham y Rachel Szor, en su declaración de principios, enfatizaron que el filme no constituye un examen de "crímenes bélicos esporádicos perpetrados por soldados desviados". Por el contrario, su objetivo radicó en indagar sobre "las órdenes mismas, las políticas establecidas, las prácticas aceptadas, el lenguaje y la lógica que tornan posibles tales prácticas, y los individuos que operan dentro de ellas". Expresaron que el proyecto se propuso analizar "el sistema y sus engranajes", no actos desconectados sino mecanismos integrados. Esta perspectiva analítica desplaza el foco desde actores individuales hacia estructuras organizacionales, desde excepciones hacia protocolos, desde trasgresiones hacia procedimientos institucionalizados.
La producción fue realizada bajo resguardos de seguridad extraordinarios debido al riesgo potencial hacia fuentes periodísticas. Su contenido se mantuvo bajo secreto hasta el momento de su estreno en el festival europeo. El emprendimiento se construyó sobre investigaciones previas difundidas entre 2023 y 2025 por publicaciones especializadas en el conflicto israelí-palestino y medios de investigación de alcance internacional. Paul Lewis, responsable de investigaciones en una de las agencias que produjo el documental, caracterizó la obra como la culminación de "años de labor meticulosa destinada a descubrir y verificar los sistemas empleados por la inteligencia militar israelí en Gaza". La realización cinematográfica permitió a los directores explorar dimensiones que trascienden a lo que la presentación fragmentada de hallazgos periodísticos puede ofrecer. Abraham reflexionó: "En este film conversamos con veinticuatro personas. Examinamos sistemas de exterminio masivo. Existe algo en el cine que posibilita explorar estructuras y sistemas, y la manera en que encajan entre sí".
El impacto de la presentación fue inmediato: de acuerdo con registros de cobertura especializada, la proyección fue seguida de aproximadamente veinticinco minutos de aplausos ininterrumpidos, un récord de duración que según reportes no había sido igualado en ningún festival cinematográfico internacional previo. Durante la ovación, uno de los productores ejecutivos abrazó a los directores, mientras que segmentos de la audiencia enarbolaban banderas palestinas. Alberto Barbera, director artístico del Festival de Venecia, había anticipado que la obra sería "verdaderamente disruptiva", caracterizándola como una pieza "políticamente transgresora y cinematográficamente sumamente interesante". Barbera reveló que la persuasión de oficiales militares e inteligencia israelíes para que compartieran sus testimonios había demandado tres años de negociación, y que los relatos resultantes constituían material "impactante".
Contexto y magnitudes del conflicto
El recuento de fallecidos desde que se iniciara la campaña militar en 2023 alcanza cifras que superan los setenta y tres mil palestinos, de los cuales la mayoría corresponde a población civil. Adicionalmente, más de ciento setenta y cuatro mil personas han resultado heridas. Estas cifras representan más del diez por ciento de la población anterior al conflicto en el territorio. Las restricciones impuestas sobre el ingreso de recursos alimentarios generaron condiciones de escasez de alimentos de origen antropogénico durante el verano pasado. El parque habitacional fue objeto de destrucción o daño severo en proporciones superiores al setenta y cinco por ciento. Los sobrevivientes se encuentran actualmente distribuidos en campamentos de tiendas con acceso limitado a agua potable e instalaciones sanitarias. El conflicto se originó tras ofensivas lanzadas el siete de octubre de 2023 por organizaciones palestinas contra territorio israelí, en las cuales murieron más de mil doscientas personas e igual cantidad de ciudadanos fue trasladado hacia Gaza. La mayoría de esas víctimas también eran civiles.
Los directores de NAZA integraban el equipo que realizó "No Other Land", documental que obtuvo el Oscar a mejor largometraje documental en 2025. Abraham y Szor colaboraron con realizadores palestinos Basel Adra y Hamdan Ballal en aquella producción, dedicada a documentar durante cinco años la destrucción sistemática de viviendas palestinas en la Ribera Occidental, con objeto de ilustrar un sistema mayor de ocupación y supremacía étnica orientado a la expulsión de palestinos del territorio. En NAZA, los directores procedieron de manera homóloga: reconstruyendo los puntos de conexión de un mecanismo complejo, compilando testimonios de dos docenas de oficiales y soldados, y exponiendo los sistemas militares utilizados en lo que comisiones de investigación de Naciones Unidas y organizaciones internacionales defensoras de derechos humanos de máxima reputación han caracterizado como genocidio. La continuidad temática entre ambas obras subraya una trayectoria artística orientada a la documentación de estructuras de violencia sistemática.
Las consecuencias derivadas de la circulación de este material son múltiples y podrían manifestarse en distintos planos. En términos jurídicos internacionales, los testimonios contenidos en el documental podrían constituir evidencia relevante en procedimientos ante tribunales especializados en derecho humanitario y crímenes de guerra. Desde la óptica política, la exposición de mecanismos y cadenas de decisión podría ejercer presión en torno a cambios de política exterior o estrategia militar. En el ámbito cultural y mediático, la obra representa un modelo de investigación cinematográfica que integra rigor periodístico con narrativa visual, potencialmente influyendo en cómo futuras historias de conflictos armados son documentadas y presentadas. Simultáneamente, la película enfrenta resistencias: sectores pueden cuestionar la credibilidad de testimonios anónimos, argumentar sobre contextos operacionales o seguridad nacional, o rechazar las interpretaciones propuestas. Lo que permanece indiscutible es que el material ha introducido en la conversación pública global un conjunto de detalles sobre procedimientos, decisiones y responsabilidades que, con anterioridad, circulaban únicamente en círculos especializados. El cine, como vehículo de difusión, ha transformado la accesibilidad y el impacto emocional de estas narrativas.



