El tiempo en Gaza no cura las heridas; las congela. Bajo toneladas de hormigón pulverizado, entre los restos de lo que alguna vez fueron viviendas, permanecieron durante años los cuerpos de 112 personas que fueron arrebatadas en un solo instante de brutalidad. Recién esta semana, después de meses de paralización por nuevos ataques aéreos y solo tras el establecimiento de un alto al fuego parcial en octubre, fue posible recuperar esos restos para darles sepultura. El hecho marca un punto de quiebre en la capacidad de búsqueda y rescate en el territorio, pero también expone la escala desoladora de lo que quedó sin resolver: 7.400 personas más siguen enterradas bajo los escombros según registros oficiales, cifra que expertos consideran es apenas la punta del iceberg.
Un bombardeo que marcó un antes y un después
Retrocedamos a noviembre de 2023. Un edificio residencial en Gaza City fue alcanzado por ataques aéreos en lo que se convirtió en una de las operaciones de bombardeo más letal de toda la contienda. El saldo inicial fue devastador: más de 300 personas asesinadas en esa única acción. Sin embargo, la tragedia no terminó en ese momento. Los equipos de rescate, trabajando en condiciones extremas y sin maquinaria pesada, lograron recuperar inicialmente alrededor de 40 cadáveres. Con las manos desnudas y herramientas rudimentarias, cavaban entre los escombros humeantes en una carrera contra el tiempo y las leyes de la descomposición. Pero la mayoría de las víctimas seguía atrapada bajo toneladas de concreto y acero retorcido.
Desde ese día hasta ahora, casi dos años transcurrieron sin que fuera posible un rescate sistemático. La razón es brutal en su simpleza: los bombardeos no cesaron. Aunque se redujo su intensidad después del acuerdo de octubre, la campaña aérea continuó, lo cual impedía que los equipos de defensa civil trabajaran con seguridad en las zonas de ruinas. Solo cuando se negoció el alto al fuego actual fue posible que los trabajadores de rescate volvieran a aquellos lugares olvidados y comenzaran la tarea de sacar a los muertos que la guerra había dejado en suspenso.
El ritual de despedida aplazado dos años
El martes pasado, la ciudad de Deir al-Balah fue escenario de una ceremonia que condensaba toda la angustia acumulada. Cientos de personas se reunieron alrededor de más de 100 féretros envueltos en banderas palestinas, dispuestos en filas sobre la tierra desnuda. Entre esos ataúdes reposaban los restos de 40 menores de edad, junto a mujeres y hombres cuya identidad en muchos casos ni siquiera podría ser confirmada. Los dolientes rezaron por los difuntos antes de cargar los ataúdes y recorrer calles bordeadas de ruinas, transitando por entre edificios derruidos que funcionan como recordatorio permanente de lo acontecido. El trayecto hacia el cementerio cercano era un peregrinaje a través del infierno materializado.
Lo que hace excepcional este sepelio es su naturaleza tardía. No se trata de un entierro realizado días después de la muerte, como marcan los protocolos religiosos islámicos. Es un entierro de víctimas de hace casi dos años, cuyas familias esperaban durante ese tiempo sin poder ceremonialmente cerrar el duelo, sin poder ritualisticamente despedirse. El cuerpo sin enterrar en la tradición musulmana representa una incompletitud existencial, una herida que no puede cicatrizar. Para las familias presentes, esta ceremonia llegaba tarde pero llegaba. Para Gaza en su conjunto, representaba un acto de dignidad en medio de la ruina.
Números que revelan la magnitud del desastre
Las cifras que emergen de este operativo de recuperación de restos son abrumadoras cuando se contextualizan. Los trabajadores de defensa civil lograron exhumar y recuperar los restos de 112 personas en una sola acción, pero 157 personas más permanecen desaparecidas desde ese bombardeo de noviembre de 2023. Esto significa que el número inicial de muertes fue mucho mayor que lo que pudo documentarse inicialmente. No obstante, estos números palidecen ante la escala general de entierros sin resolver en todo Gaza.
Según Zaher al-Waheidi, responsable del departamento de registros del ministerio de salud de Gaza, aproximadamente 7.400 personas han sido reportadas por sus familiares como enterradas bajo escombros en todo el territorio. Pero aquí reside un problema fundamental: esa cifra solo cuenta a los desaparecidos cuya familia sobrevivió y pudo reportarlos. ¿Qué sucede cuando un bombardeo mata a una familia completa? En esos casos no hay quien reporte la desaparición. Al-Waheidi ha advertido públicamente que el número real de cuerpos sin recuperar probablemente ascienda a miles más, quizás decenas de miles. La verdadera dimensión del problema permanece oculta bajo capas de escombro, esperando el día en que una paz duradera permita excavaciones sistemáticas.
Desde el 7 de octubre de 2023, cuando la guerra entre Israel y Hamas se reanudó tras un ataque que dejó aproximadamente 1.200 israelíes muertos y 251 tomados como rehenes, la cifra de palestinos asesinados en Gaza supera las 73.000 personas. De ese total, más de 1.250 han sido asesinadas desde el inicio del alto al fuego en octubre, revelando que la tregua no implicó un cese completo de las operaciones militares. El fin de semana anterior a la ceremonia de entierro, 26 palestinos fueron asesinados en nuevos bombardeos, apenas días después de que se anunciara formalmente el acuerdo destinado a consolidar la segunda fase del alto al fuego.
Un alto al fuego incompleto y sus contradicciones
El panorama actual presenta paradojas que desafían la lógica. El acuerdo de octubre se presentó como un punto de inflexión, un instrumento para detener la violencia. Sin embargo, la realidad es más compleja. El alto al fuego ha permitido que por primera vez en meses los equipos de rescate trabajen sin ser interrumpidos por nuevas oleadas de bombardeos, lo que explica por qué fue posible recuperar a los 112 cuerpos de Deir al-Balah. Pero simultáneamente, según reportes, los ataques aéreos israelíes no han cesado completamente, solo se han reducido. El acuerdo también es caracterizado como transitorio, con negociaciones paralizadas respecto a una segunda fase que debería incluir el desmantelamiento de Hamas y la retirada de fuerzas israelíes del territorio.
Funcionarios de Hamas han expresado que cualquier disarme depende de la retirada total de Israel de Gaza. Por su parte, autoridades israelíes han manifestado tener "preocupaciones serias de seguridad" respecto a los términos del acuerdo. Esta estancamiento en las negociaciones genera un limbo donde las treguas son frágiles, donde el cese del fuego es más una pausa que una paz, y donde eventos como el entierro masivo de esta semana ocurren bajo la sombra de la posibilidad de que todo se reanude.
La catástrofe humanitaria como telón de fondo
Mientras se recuperan cuerpos de hace dos años y se negocia un futuro incierto, la crisis humanitaria en Gaza alcanza dimensiones históricas. La población de 2 millones de personas del territorio está mayoritariamente desplazada, viviendo en campamentos de tiendas de campaña en condiciones insalubres y con hacinamiento extremo. La mayoría de las infraestructuras de Gaza permanecen en ruinas. Hospitales, escuelas, viviendas, servicios básicos: todo está destruido o colapsado. El acceso a agua potable, alimentos y medicinas es limitado. Enfermedades infecciosas proliferan en estos asentamientos improvisados. La mortalidad por causas indirectas de la guerra—desnutrición, enfermedades prevenibles, falta de acceso a atención médica—crece día a día.
En este contexto, actos como la recuperación y entierro de 112 personas representan un pequeño gesto de humanidad, pero también subrayan la magnitud del costo humano. Cada cuerpo recuperado es un recordatorio de quién fue antes, de la vida que fue interrumpida, de la familia que quedó rota. Cuando esos cuerpos incluyen a 40 menores, la brutalidad del hecho se vuelve casi incomprehensible para la mente occidental acostumbrada a la paz.
Evaluaciones internacionales y responsabilidades
Varias organizaciones de derechos humanos y órganos de las Naciones Unidas han emitido evaluaciones sobre los hechos en Gaza. Una comisión de la ONU determinó que Israel cometió genocidio en el territorio. En junio de este año, otra comisión de Naciones Unidas concluyó que Israel continúa cometiendo genocidio y que sus fuerzas de seguridad "deliberadamente visaron y mataron" a menores palestinos. Amnistía Internacional y Human Rights Watch han emitido conclusiones similares. Estas evaluaciones carecen de mecanismos vinculantes de aplicación, pero representan el análisis formal de organismos internacionales respecto a la naturaleza de las operaciones militares en Gaza.
La complejidad legal y moral de estos hallazgos radica en que coexisten con el hecho de que la guerra fue iniciada por Israel en respuesta a un ataque que dejó miles de víctimas israelíes. Five Israeli soldiers have been killed since the October ceasefire, indicating that the conflict continues from multiple directions. La narrativa internacional está polarizada: para algunos, las acciones de Israel constituyen represalia justificada; para otros, representan una desproporción que amerita investigación penal internacional.
Las implicancias a futuro
La recuperación de estos 112 cuerpos marca un precedente importante pero también plantea interrogantes sobre qué sucederá con los miles de restos restantes. ¿Continuará siendo posible esta labor de excavación, identificación y entierro? ¿O volverá la guerra y sellará nuevamente a los muertos bajo más escombros? El destino de esos 7.400 registrados más, y los miles que probablemente no estén registrados, dependerá de decisiones políticas y militares que trascienden el alcance de los equipos de rescate. Si las negociaciones de paz colapsan y se reanuda la intensidad de la campaña militar, toda infraestructura de rescate desaparecería. Si la tregua se consolida hacia una paz duradera, sería posible una tarea de recuperación y dignificación en mayor escala. Entre esos dos escenarios se mueve el futuro inmediato de Gaza. La ceremonia de esta semana en Deir al-Balah, con sus cientos de dolientes y sus féretros envueltos en banderas, será recordada como un acto de cierre parcial en una tragedia que aún está lejos de terminar, o como una pausa en una guerra que nunca realmente se detuvo.



