La muerte de un capo y la captura de su posible sucesor en el lapso de sesenta días marca un punto de inflexión en la estrategia de combate al crimen organizado que despliega el gobierno mexicano. Mientras la sociedad procesa el funeral del histórico líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación hace apenas un par de meses, las fuerzas militares especiales protagonizaron un operativo de precisión en tierras de Nayarit donde rescataron de un conducto de drenaje a quien fuera considerado como uno de los nombres fuertes para heredar la estructura criminal más poderosa del país. Lo que reviste importancia no es solo la capacidad operativa demostrada, sino el timing político de estas acciones, ejecutadas en un contexto de presiones internacionales intensas y a días de que la nación se aliste para recibir al mundo en una competencia deportiva global de magnitudes colosales. El cambio de enfoque respecto a administraciones anteriores resulta evidente: de la política de "abrazos no balazos" se transita hacia intervenciones quirúrgicas contra los máximos responsables de las estructuras delictivas.

La estrategia de los golpes de precisión

Desde su asunción en 2024, la administración presidencial ha implementado un giro notable en materia de seguridad pública respecto a la orientación de su antecesor. Los números oficiales reflejan esta intensificación: aumentos significativos en incautación de drogas, incremento en capturas de personas sindicadas como criminales, y un énfasis particular en utilizar inteligencia estratégica para desarticular organizaciones delictivas desde sus cúpulas. El operativo en Nayarit que resultó en la aprehensión de quien respondía al alias "El Jardinero" constituyó un ejemplo de esta nueva metodología. Las imágenes de dron en baja resolución mostraban el momento en que el funcionario de alto rango dentro de la estructura jaliscience era extraído de su escondite subterráneo sin disparos de por medio, lo que sugiere tanto capacidad de inteligencia como control táctico sobre la operación.

Sin embargo, detrás de este cambio operacional existe una presión externa de considerables dimensiones. La administración estadounidense, con sus amenazas de aranceles y posibles acciones militares unilaterales, ha colocado a México en una posición donde demostrar resultados contra el narcotráfico se ha transformado en un imperativo político ineludible. Los especialistas en seguridad pública advierten que existe una diferencia fundamental entre generar la percepción de acción estatal contundente y lograr transformaciones reales en los flujos de droga o en las operaciones criminales concretas. La captura de individuos, por más elevado que sea su rango dentro de la jerarquía delictiva, no necesariamente interrumpe los negocios ilícitos que alimentan a estas organizaciones.

El riesgo de la fragmentación y sus consecuencias impredecibles

La historia reciente del narcotráfico en México proporciona evidencia incómoda respecto a lo que ocurre cuando se desmantelan estructuras de poder criminal sin que exista un plan integral para el después. El precedente más próximo y preocupante lo constituye el conflicto que atraviesa actualmente al Cártel de Sinaloa, iniciado cuando uno de los vástagos del legendario "El Chapo" Guzmán procedió a entregar a su antiguo socio Ismael "El Mayo" Zambada a las autoridades estadounidenses, generando una cascada de violencia entre facciones que luchan por el control del territorio y los recursos económicos. Cuando estructuras criminales comienzan a fragmentarse, lo que frecuentemente sucede es que sus derivaciones menores libran guerras entre sí por la primacía, transformando regiones completas en escenarios de confrontación a sangre fría.

Lo interesante del caso del fallecimiento del máximo jefe de la organización jaliscience, acaecido en febrero pasado, es que contrasta con este patrón de comportamiento histórico. Si bien la muerte sí provocó un incremento inmediato en actos de violencia perpetrados por células del cartel contra fuerzas de seguridad, este estallido no evolucionó hacia una guerra abierta de sucesión como muchos analistas temían. Hasta el momento no se ha desencadenado una batalla cruenta entre facciones por determinar quién heredaría la corona criminal. Esto sugiere que la organización posee una cierta cohesión estructural o que, en el mejor de los casos, la transición de poder ya estaba siendo procesada de manera ordenada dentro de sus propias lógicas internas.

Respecto a quién conduciría efectivamente los destinos de la criminal organización tras la muerte del jefe anterior, los indicios apuntan hacia el hijo de crianza de este último, nacido en California, quien posee ascendencia y legitimidad dentro de la estructura. No obstante, las autoridades mexicanas sostuvieron en su conferencia posterior al arresto de "El Jardinero" que su inteligencia le permitía determinar que este último estaba en proceso activo de reunir hombres y armamento para disputar el liderazgo, lo que sugiere que el proceso de transición no era tan lineal como las informaciones públicas parecían indicar. La política del poder dentro de estructuras criminales permanece envuelta en la opacidad, haciendo extraordinariamente difícil predecir qué consecuencias traerá consigo la súbita remoción de uno de los posibles aspirantes a la conducción suprema.

Consideraciones económicas en tiempos de visibilidad internacional

Una perspectiva frecuentemente olvidada en el análisis de la criminalidad organizada es su dimensión como empresa económica. Los grupos criminales del tamaño y alcance de la organización jaliscience funcionan, en esencia, como conglomerados empresariales dedicados a actividades ilícitas. La llegada del evento deportivo mundial a territorio mexicano crea una oportunidad sin precedentes de generación de ingresos: flujos migratorios masivos, concentración de divisas, disponibilidad de turistas con capacidad de consumo. Desde la lógica del negocio criminal, perturbar la estabilidad durante este período resultaría contraproducente. Las propias dinámicas económicas internas de estas organizaciones actúan como moderador de violencia generalizada; simplemente no conviene que los visitantes internacionales retornen a sus hogares contando historias de caos, porque ello redunda en menor flujo de personas para futuras oportunidades de ganancia ilícita.

Los cálculos de rentabilidad que orientan el comportamiento de estas estructuras delictivas funcionan de manera similar a la de cualquier otra empresa: expansión territorial, control de mercados, acumulación de capital. La violencia es un instrumento táctico, no un fin en sí mismo. Esto ha llevado a algunos analistas a especular que existe un interés compartido entre el Estado mexicano, que necesita proyectar imagen de control, y las propias organizaciones criminales, que prefieren operar sin que la atención internacional se centre en actos de violencia espectacular que podrían derivar en intervenciones más agresivas.

La escala de presiones y el horizonte de demandas estadounidenses

Las capturas de altos funcionarios criminales han sido celebradas por las autoridades estadounidenses, particularmente porque ambas operaciones contaron con participación de agencias de inteligencia norteamericanas. En el caso específico de "El Jardinero", existe la probabilidad de que enfrente extradición hacia tribunales estadounidenses donde responda por cargos diversos. Sin embargo, los indicios sugieren que la escalera de demandas de Washington continúa subiendo. Apenas días antes de la aprehensión que aquí nos ocupa, el enviado diplomático estadounidense compareciera públicamente en territorio sinaloense con un mensaje velado aunque inequívoco: los políticos corruptos podrían ser los próximos en la mira de operativos de captura.

Semanas después, el aparato de justicia estadounidense formalizó acusaciones contra el gobernador de la entidad sinaloense y nueve funcionarios estatales de alto nivel, sindicándolos de participación en tráfico de drogas y delitos relacionados con armas. Esto demuestra un patrón de comportamiento donde cada éxito operativo genera nuevas demandas y nuevos objetivos. Los especialistas advierten que este ciclo carece de punto final predecible: sin importar cuántos operativos se ejecuten, sin importar cuántos capos sean capturados o eliminados, sin importar cuántos cargamentos de drogas sean incautados, el gobierno estadounidense permanecerá en una posición desde la cual siempre existirá un nuevo objetivo, un nuevo nivel de "insuficiencia" que demandar que sea abordado.

Interrogantes sobre la efectividad real de la estrategia

Una pregunta fundamental permanece sin respuesta definitiva en los análisis que circulan en espacios académicos y de investigación: ¿realmente modifica la remoción de líderes supremos el volumen, la velocidad o la dirección de los flujos de narcóticos? Los datos disponibles sugieren que los mercados delictivos poseen una resiliencia estructural que trasciende la presencia de individuos particulares. Organizaciones con décadas de operación, con redes de distribución establecidas en decenas de jurisdicciones, con acceso a recursos financieros de magnitudes astronómicas, tienen la capacidad de reorganizarse, adaptarse y continuar operando incluso cuando sus máximas autoridades son removidas del escenario.

Lo que sí puede cambiar es la percepción pública respecto a la capacidad del Estado para ejercer control sobre territorios y actores criminales. Y percepción, en política, posee un valor tangible. Si los ciudadanos sienten que el gobierno "está haciendo algo", si la comunidad internacional observa operativos que parecen quirúrgicos y exitosos, si la clase política puede presentar números de capturas y decomisos, entonces se genera un espacio político donde se percibe que existe acción, que existe respuesta, que existe capacidad estatal. Pero esto puede ser una ilusión óptica que distrae de transformaciones más profundas que permanecerían sin resolución.

Los próximos meses resultarán reveladores. Si la organización jaliscience permanece cohesionada y continúa operando sin fragmentación violenta, entonces la estrategia de capturas selectivas habrá demostrado ser compatible con cierta estabilidad relativa. Si, por el contrario, la remoción de "El Jardinero" desencadena batallas por la sucesión o conflictos internos que desestabilizan la estructura, entonces se habrá confirmado el patrón histórico donde la decapitación selectiva de liderazgos criminales genera más caos que orden. En cualquier escenario, las presiones estadounidenses por mayor acción seguirán siendo una variable constante que moldea las decisiones estratégicas del Estado mexicano, independientemente de cuáles sean sus resultados concretos en la reducción de actividades ilícitas.