Una transformación silenciosa pero profunda está ocurriendo en la forma en que millones de africanos acceden a la información sobre los acontecimientos que moldean sus vidas. Mientras que en otras partes del mundo los lectores y televidentes tradicionales siguen siendo mayoritarios, en Sudáfrica, Kenia y Nigeria un fenómeno distinto se desarrolla: los creadores de contenido en plataformas digitales están desplazando gradualmente a los medios de comunicación convencionales como fuente principal de noticias entre las nuevas generaciones. Este cambio no responde a una falta de eventos importantes que cubrir, sino a una transformación más profunda en las preferencias, hábitos y expectativas de cómo las personas —especialmente jóvenes menores de treinta y cinco años— desean recibir información sobre el mundo.
Los números hablan con contundencia sobre la magnitud de este desplazamiento. Según el Informe Digital de Noticias 2025, que relevó información de usuarios de redes sociales en los tres principales países africanos incluidos en la encuesta, Nigeria encabeza con un 61 por ciento de respondentes que declaran prestar atención a creadores de noticias, seguida cercanamente por Kenia con 58 por ciento. Sudáfrica registra un 39 por ciento, cifra que aún así es significativamente mayor a la de muchas naciones de Europa del Norte y Japón. Cuando se midió el impacto percibido de estos creadores en el comportamiento y las percepciones de sus audiencias, los tres países africanos figuraban entre los cuatro primeros a nivel mundial. Esta métrica no mide simplemente quién ve contenido de noticias en internet, sino quién reconoce que ese contenido moldeó su comprensión de los hechos y su visión del mundo.
Historias que nacen en salas de estar, no en redacciones corporativas
La trayectoria de Amahle-Imvelo Jaxa ejemplifica cómo funciona esta nueva economía de la información. Hace poco más de un año, la emprendedora de 32 años publicó un video en TikTok analizando la escalada de tensiones entre los gobiernos de Sudáfrica y Ruanda, con un enfoque que combinaba el análisis geopolítico con observaciones sobre las características culturales de distintos grupos del país. El contenido se viralizó inesperadamente, llevándola a ganar cien mil seguidores en apenas tres días. Lo que comenzó como un ejercicio de frustración con su hermano menor —quien se negaba a votar— se convirtió en una carrera profesional completa. Jaxa había intentado explicarle a su hermano por qué participar en elecciones importaba, pero se dio cuenta de que el desinterés no era personal sino generacional. "La generación que viene después de mí está muy desvinculada de la política", reconoce, y eso la preocupaba profundamente porque, en sus palabras, "son los próximos líderes".
Jaxa ahora se describe a sí misma como traductora de noticias para generaciones más jóvenes. Pero hay un matiz crucial en su auto-percepción: sostiene que no es un reemplazo de los medios tradicionales sino un complemento que depende enteramente de su existencia. "No existiría si no hubiera medios tradicionales, porque todo el contenido que hago proviene de medios tradicionales", señala. Con formación académica en filosofía, política, economía y relaciones internacionales, Jaxa ha cubierto temas tan variados como conflictos internacionales, discursos presidenciales y análisis de presupuestos nacionales. Sin embargo, la paradoja de su modelo económico es que la mayor parte de sus ingresos proviene de alianzas comerciales en Instagram, donde publica menos contenido informativo y más enfocado en entretenimiento y marketing.
En Kenia, Valerie Keter llegó a la creación de contenido de noticias por una ruta completamente distinta. En 2023, vio una serie dramática de producción sudafricana sobre la historia de Shaka, el legendario rey zulú. Como entusiasta de la historia que había crecido viendo documentales internacionales, quedó sorprendida por la calidad y precisión de la producción, y decidió publicar un video reaccionando al contenido en TikTok. Su reflexión sobre cómo la serie ejemplificaba la preservación de historias africanas para futuras generaciones generó una avalancha de preguntas en los comentarios. Personas curiosas comenzaron a interrogarla sobre otros reinos del África precolonial, y Keter interpretó esa demanda como un desafío que valía la pena aceptar.
Del análisis académico al entretenimiento informativo: una nueva credibilidad
Lo que Keter desarrolló a partir de ese momento fue un catálogo extenso de videos sobre historia africana que abarcaba explicadores educativos y narrativas de historias olvidadas provenientes de distintos países del continente. Hoy, a los 31 años, sus cuentas en Instagram y TikTok reúnen decenas de videos y millones de visualizaciones acumuladas. Su video más visto, titulado "Por qué Europa colonizó África tan fácilmente", ha superado los 3.7 millones de vistas solo en Instagram. Su público principal oscila entre los 25 y 34 años, un rango demográfico que experimenta una relación peculiar con el contenido que ella produce. "Cuando me ven, es como si estuvieran viendo a su prima, a su hermana", reflexiona Keter sobre la cercanía que sus audiencias sienten. Ese sentimiento de familiaridad surge, en parte, de la estética del contenido: graba desde su sala de estar o su cocina, espacios que transmiten normalidad y accesibilidad, muy diferente a la solemnidad y la distancia que caracteriza a los estudios de televisión y a la producción de noticias convencionales.
En Nigeria, la trayectoria de Bello Galadanchi revela otra dimensión de este fenómeno. Su obsesión por las noticias comenzó de manera traumática, cuando un atentado de Boko Haram contra un edificio de las Naciones Unidas en Abuya en 2011 lo dejó sin dormir, impactado por imágenes sin censura que circulaban online mientras era estudiante de ingeniería en Pensilvania. Ese evento catalizador lo llevó a buscar trabajo en Voice of America en Washington, motivado por el deseo de contribuir a que historias como esa recibieran la atención mediática que merecían. Su paso posterior por BBC Hausa consolidó una base de seguidores que lo acompañó incluso después de que abandonara el periodismo profesional para continuar sus estudios en China. Hoy, Galadanchi es un docente de inglés radicado en Pekín que produce videos en hausa —idioma más hablado en Nigeria— con subtítulos en inglés, combinando análisis satírico de asuntos de actualidad con defensa explícita de derechos dirigida hacia funcionarios gubernamentales.
Con más de dos millones de seguidores en TikTok, Galadanchi opera como una red de noticias informal respaldada por un equipo de apenas dos personas y un colectivo de voluntarios que incluye académicos y otros contactos dentro y fuera de Nigeria. Este mecanismo colaborativo se dedica a verificar información antes de hacerla pública. Los reportajes e investigaciones que han surgido de su trabajo han resultado en la liberación de personas detenidas arbitrariamente, la recuperación de salarios atrasados para empleados gubernamentales y la restauración de escuelas en deterioro. A pesar de acusaciones que lo señalan como instrumento de la oposición política o de élites regionales, Galadanchi sostiene que su trabajo no presenta evidencia que respalde esas críticas. Su influencia es particularmente intensa en el norte de Nigeria y partes de Níger, donde disfruta de una base de seguidores casi fanática entre jóvenes y mujeres desempleadas de todas las edades.
Lo que une a estos tres creadores, más allá de su geografía, es la percepción que sus audiencias tienen de ellos como figuras cercanas, accesibles y confiables. En contraste con presentadores de televisión formales o periodistas que operan dentro de estructuras corporativas jerárquicas, estos influenciadores aparecen como personas comunes que comparten información de forma conversacional. Este cambio no es accidental sino el reflejo de transformaciones profundas en los hábitos de consumo mediático. Expertos en comunicación señalan que en áreas urbanas, especialmente, cada vez menos personas se sientan frente a un televisor o radio a horarios fijos para consumir noticias. Las nuevas generaciones han crecido con dispositivos móviles y redes sociales como su entorno natural de información, y eso ha generado una familiaridad y confianza hacia nuevas formas de narración.
La brecha digital que persiste y los reguladores que observan
Pero esta transformación no ocurre sin tensiones ni contradicciones. Sisanda Nkoala, académica de la Universidad de Western Cape, señala que el consumo de noticias solía ser una experiencia comunitaria en Sudáfrica, con familias reunidas alrededor del televisor para ver los noticieros vespertinos. "Esa experiencia de los medios como un lugar donde las personas se reúnen para ver las noticias del atardecer ha cambiado", observa. Su preocupación principal es que este cambio hacia medios online está ampliando la brecha digital existente en el país. Según el censo de 2022, el 21 por ciento de los hogares sudafricanos no tiene acceso a internet, concentrados principalmente en áreas rurales. Esto significa que millones de personas quedan excluidas no solo de estos nuevos creadores de contenido sino de la información en general.
Otro aspecto relevante es la cuestión regulatoria. Los creadores de contenido independientes operan con mucho menos escrutinio que las organizaciones de noticias establecidas. Norbert Mburu, quien dirige investigación de cultura y medios en una firma de análisis de datos de Nairobi, señala que las redes sociales han democratizado la participación en la economía de la atención, permitiendo que creadores individuales compitan al mismo nivel que medios legados. "Crecieron con teléfonos móviles, crecieron con internet, crecieron con redes sociales. Resultó muy natural para ellos", explica sobre la generación nacida en los años noventa. La flexibilidad operativa que esto permite es significativa: los creadores pueden publicar contenido sin los ciclos de revisión editorial, sin preocupación por reguladores de radiodifusión y con la capacidad de responder casi instantáneamente a los eventos.
El evento que algunos analistas señalan como un punto de inflexión fue la movilización masiva contra la brutalidad policial en octubre de 2020, identificada globalmente con el hashtag #EndSars. Cuando sucedió, la cobertura de medios convencionales fue percibida como cautelosa o insuficientemente crítica —algo que algunos atribuyen a presiones regulatorias más severas bajo administraciones sucesivas—. Fueron las plataformas de redes sociales y sus creadores los que se convirtieron en la voz de los jóvenes, especialmente en áreas urbanas. "Estas nuevas plataformas fueron las que hablaron por los jóvenes", comenta David Adeleke, ejecutivo de una firma de medios e inteligencia de Lagos. Muchos ciudadanos que se sentían solos o casi impotentes frente a la represión encontraron en estos espacios digitales una canalización de sus preocupaciones.
Implicancias futuras de un reordenamiento mediático
Las consecuencias de este reordenamiento mediático se desarrollarán en múltiples direcciones simultaneas. Por un lado, la accesibilidad y proximidad que ofrecen estos creadores puede fortalecer el compromiso cívico de generaciones que de otro modo permanecerían marginadas del debate público. La capacidad de crear contenido desde espacios cotidianos, sin inversión masiva en infraestructura, abre oportunidades para voces diversas que históricamente no tenían acceso a plataformas de comunicación. El hecho de que individuos como Galadanchi hayan logrado documentar y exponer injusticias que resultaron en cambios concretos demuestra que esta forma de periodismo ciudadano tiene impacto real en el mundo material.
Por otro lado, la fragmentación del paisaje mediático presenta desafíos. Sin estructuras editoriales formales, marcos de verificación sistemática y códigos de ética explícitos, existe potencial para que información inexacta o deliberadamente falsa se propague con rapidez. El hecho de que creadores dependan de patrocinios comerciales y alianzas de marca para financiarse introduce incentivos económicos que pueden no alinearse siempre con la precisión informativa. Además, la concentración del alcance en pocas mega-influencers de alto perfil significa que ciertos ángulos o voces sistemáticamente marginalizadas pueden quedar fuera del discurso público, incluso en un ecosistema que parece más inclusivo que antes.
La persistencia de brechas digitales también importa significativamente. Mientras jóvenes urbanos en Nairobi, Lagos y Ciudad del Cabo pueden acceder a una variedad de perspectivas a través de creadores independientes, poblaciones rurales e indígenas pueden encontrarse en una situación donde su acceso a información se ha vuelto más precario, no más robusto. El futuro dependerá de cómo evolucionen estas plataformas, cómo se relacionen con reguladores estatales que pueden sentirse amenazados por influencers descentralizados, y si el modelo sostenible que estos creadores han encontrado se mantendrá o se transformará a medida que la competencia aumente.



