Un empresario vinculado a uno de los imperios hoteleros más grandes del Mediterráneo enfrentó esta semana el relato de un testigo clave que lo coloca en el corazón de una trama criminal que terminó con el asesinato de una periodista investigadora. Los detalles que salieron a la luz durante el juicio en Malta revelan el nivel de premeditación, frivolidad y despreocupación con que habría sido planificado uno de los crímenes más significativos contra la libertad de prensa en Europa en los últimos años. Yorgen Fenech, de 44 años y heredero de una fortuna basada en bienes raíces e inversiones hoteleras, está siendo juzgado en la isla mediterránea por su presunta participación en el homicidio de Daphne Caruana Galizia, cuya muerte en octubre de 2017 mediante explosivo en su automóvil conmocionó al continente europeo y dejó al descubierto redes de corrupción de alto nivel en la política maltesa.
El testigo protegido y sus revelaciones comprometedoras
Durante la sesión judicial de este viernes, quien fuera taxista en Malta y actuó como intermediario en este caso entregó su testimonio ante el tribunal. Melvin Theuma, el conductor que según las acusaciones sirvió como puente entre Fenech y los tres ejecutores de la orden de muerte, compareció protegido por una orden judicial que le permite declarar de espaldas al acusado y sus abogados, condición que refleja el nivel de intimidación que ha experimentado desde que acordó colaborar con la justicia a cambio de un perdón presidencial.
El relato de Theuma construye un cuadro detallado de cómo Fenech lo habría reclutado para efectuar contactos con criminales conocidos. Según lo declarado, el empresario le pidió específicamente que conectara con individuos dispuestos a cometer un homicidio, argumentando en un primer momento que necesitaba proteger a su tío Raymond Fenech, cabeza de los negocios familiares. Las palabras que Theuma atribuyó al acusado fueron contundentes: "Tráelo aquí, necesito que mate a Daphne porque va a publicar información sobre el Tío Ray". Esta conversación habría ocurrido en abril de 2017, seis meses antes del atentado fatal.
Sin embargo, con el tiempo la narrativa habría variado. Theuma testificó que posteriormente la motivación se reorientó hacia cuestiones que afectaban directamente a Fenech, no a sus parientes. La dinámica entre ambos hombres distaba de ser igualitaria, según describió el taxista ante el tribunal. Con una frase que sintetiza la relación asimétrica, Theuma expresó: "Él es un león y yo soy un mosquito". A pesar de esta disparidad, los dos se conocían desde hace años y habían cultivado una amistad cimentada en intereses compartidos como las carreras de caballos y las apuestas deportivas.
De las promesas iniciales a la acción criminal
El procedimiento mediante el cual se articuló la trama criminal comenzó cuando Theuma se dirigió a los muelles de Marsa, donde operaban los supuestos ejecutores: los hermanos George y Alfred Degiorgio, y su asociado Vincent Muscat. Estos tres hombres utilizaban un almacén conocido localmente como "la papa shed" como centro de operaciones. Fue en ese lugar donde Theuma hizo contacto con Alfred Degiorgio, quien entró a su taxi. El diálogo que Theuma refirió fue directo: "Le dije que tenía a alguien que quería matar a Daphne Caruana Galizia. Él me preguntó si esa persona podía pagar, y yo respondí que sí, por supuesto". Significativamente, Theuma aseguró que nunca reveló la identidad de quien lo enviaba, manteniendo esa información en secreto durante las negociaciones iniciales.
El precio establecido fue de €150.000, cantidad que Fenech aceptó. Sin embargo, los planes experimentaron una inflexión cuando Joseph Muscat, el primer ministro maltés en ese momento, anunció una elección legislativa anticipada. Ante este giro político, Fenech decidió ordenar a través de Theuma que se suspendiera momentáneamente el ataque. En su lugar, le pidió que colocara una apuesta por el equivalente al monto del contrato de asesinato sobre la reelección del primer ministro. Cuando Muscat regresó al poder en junio de 2017 con un margen electoral aplastante, Theuma relatóre una llamada telefónica esa misma noche: Fenech le habría dicho, con un tono que Theuma describió como ebrio, que procediera con lo planeado contra Caruana Galizia. El taxista aseguró no haber tomado acciones inmediatas porque consideró que el acusado no estaba en condiciones de dar órdenes en ese momento.
Días después, cuando Theuma le entregó las ganancias de la apuesta —€300.000 tras descontar una comisión— el tema del asesinato no fue mencionado. Pero poco tiempo después, Fenech lo citó nuevamente y le entregó un sobre lleno de efectivo. Cuando Theuma preguntó qué significaba aquel envío, Fenech respondió sin ambigüedad: "Es el €150.000 para matar a Daphne". Con este dinero, los hermanos Degiorgio y Muscat recibieron un depósito inicial de €30.000 y comenzaron el trabajo de vigilancia de los movimientos cotidianos de la periodista. Theuma fue provisto de un teléfono descartable para coordinarse con los ejecutores.
La frivolidad del acusado y sus registros incriminatorios
Un detalle que emerge del testimonio es la creciente impaciencia de Fenech ante los retrasos en la ejecución del plan. Según relató Theuma, el empresario le preguntaba cada pocos días "¿Cuándo la van a matar?" Este acoso constante escaló hasta alcanzar un nivel de frivolidad particularmente perturbador. En una ocasión, estando en su yate, Fenech le envió un mensaje de texto diciendo que estaba "preparando champagne" en caso de que la acción se concretara. Este registro escrito, que quedó documentado en las comunicaciones que la fiscalía ha presentado como evidencia, subraya el grado de expectativa y hasta celebración anticipada del crimen que habría experimentado el acusado. Fenech también colaboró activamente en el mapeo de la rutina de Caruana Galizia, identificando lugares que frecuentaba la periodista, como un café y un restaurante, información que fue transmitida a los ejecutores para facilitar su tarea.
El portador del teléfono de comunicación describió un episodio adicional que ilustra la vigilancia y el control ejercido por Fenech: cuando Theuma se fue de vacaciones a Disneyland con su familia, el empresario le pidió confirmación de que llevaba consigo el dispositivo descartable, evidencia del nivel de supervivencia que mantenía sobre la operación. Los tres hombres acusados de ejecutar materialmente el asesinato —los Degiorgio y Muscat— ya han sido condenados en procesos anteriores por aceptar dinero para llevar a cabo el ataque. El acto que causó la muerte tuvo lugar el 16 de octubre de 2017, cuando un explosivo colocado debajo del vehículo de Caruana Galizia detonó mientras ella conducía cerca de su domicilio.
El peso del remordimiento y la reparación imposible
La declaración de Theuma no fue simplemente una recitación de hechos. El taxista experimentó momentos de quiebre emocional durante su testimonio, particularmente cuando describió el instante en que se enteró de la muerte de la periodista. "Estaba viviendo una vida normal, no me faltaba nada. Luego encendí la televisión y vi que Daphne estaba muerta. Mi vida terminó. Cuando la mataron, mi vida fue destruida", relató con la voz entrecortada. Este colapso emocional marca una transformación en la vida de Theuma, quien de intermediario cómplice pasó a convertirse en una pieza clave del sistema de justicia, pero cargando una culpa que, según sus propias palabras, es demasiado profunda para ser sanada.
Theuma reveló además un aspecto que humaniza la tragedia y revela consecuencias relacionales impredecibles: ha mantenido comunicación regular por mensajes de texto con los hijos de la periodista asesinada, Matthew y Paul Caruana Galizia. En una admisión que refleja tanto la magnitud de su participación como la generosidad de los allegados de la víctima, Theuma expresó: "Estuve involucrado en el asesinato de su madre, y ellos hablan conmigo. Me dicen que me sentiré mejor después del juicio. Pero sé que no será así. El remordimiento es demasiado grande". Esta comunicación entre el testigo y la familia de la víctima subraya la complejidad moral y emocional que rodea los procesos de justicia transicional y reparación.
Antes de poder comparecer ante el tribunal, Theuma debió ser certificado como psicológicamente apto para declarar. El antecedente que hizo necesaria esta evaluación es grave: en 2020, después de haber ya asegurado su indulto presidencial, intentó suicidarse ingiriendo ácido e infligiéndose heridas en el cuello. Su comparecencia en la sala de justicia ha sido autorizada bajo condiciones especiales: permiso para estar sentado, con su espalda orientada hacia Fenech y los abogados defensores, una medida adoptada tras sus quejas sobre intimidación y su vulnerabilidad emocional demostrada.
Las acusaciones formales y la negación del acusado
Fenech está siendo juzgado por complicidad en el homicidio voluntario de Caruana Galizia. El empresario ha negado categóricamente las acusaciones en su contra. Su defensa argumentará puntos que cuestionen la credibilidad de Theuma o propongan interpretaciones alternativas de los hechos presentados. La acusación, por su parte, ha estructura su caso fundamentalmente sobre el testimonio del taxista, sus registros de comunicaciones con Fenech, y el dinero que puede rastrearse desde las cuentas del empresario hacia la operación de asesinato. El hecho de que Theuma sea el testigo central no es menor: su historia y su participación en los hechos lo colocan en una posición de credibilidad cuestionable para algunos, pero de conocimiento directo indiscutible para otros.
La muerte de Caruana Galizia en octubre de 2017 no fue un evento político menor. La periodista había estado publicando una serie de revelaciones devastadoras sobre figuras políticas de alto rango en Malta, información tan perjudicial que catalizó la convocatoria a una elección general anticipada. Sus investigaciones abarcaban temas de corrupción, tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito de funcionarios públicos. En el contexto europeo, este asesinato se inscribió en una tendencia preocupante de violencia contra profesionales del periodismo en democracias supuestamente consolidadas, fenómeno que ha generado múltiples investigaciones de organismos internacionales de derechos humanos y organizaciones de defensa de la libertad de prensa.
Contexto más amplio y consecuencias en evaluación
A medida que el proceso judicial continúa, varias perspectivas compiten sobre lo que el resultado del juicio significará. Para los defensores de la libertad de prensa y los observadores internacionales, una condena de Fenech representaría que el sistema judicial de Malta puede responsabilizar incluso a figuras adineradas y bien conectadas por crímenes graves contra periodistas. Para quienes cuestionan la narrativa de la acusación, el peso excesivo depositado en el testimonio de un hombre que intentó suicidarse y que participó activamente en los hechos criminales plantea interrogantes sobre la solidez probatoria del caso. Para los allegados de Caruana Galizia, el proceso constituye una búsqueda de verdad y justicia que, como el mismo Theuma reconoció, no borará el dolor de la pérdida ni devolverá a quien fue arrebatada.
Las dinámicas políticas de Malta también permanecen en el trasfondo de este juicio. La elección anticipada de 2017, que Fenech supuestamente apostó a favor, tuvo lugar justo antes del supuesto reinicio de los planes de asesinato. Las intersecciones entre poder político, riqueza empresarial y criminalidad organizada que emerge del caso plantean preguntas sobre cómo las instituciones democráticas pueden fallar en la detección y prevención de conspiraciones de esta magnitud. Independientemente del veredicto que el tribunal maltés emita en las próximas semanas o meses, la documentación de este caso quedará como testimonio de las vulnerabilidades que persisten en sistemas de justicia democráticos, y de los costos humanos incalculables que pagan quienes se atreven a exponer la verdad en contextos donde esa verdad resulta incómoda para los poderosos.



