La arquitectura de las relaciones internacionales en Asia meridional atraviesa un momento de transformación radical. Lo que durante décadas fue una postura de alineamiento con las naciones no alineadas y una defensa explícita de la causa palestina ha mutado hacia un vínculo estratégico sin precedentes con Israel, particularmente bajo el liderazgo de Narendra Modi. Este cambio no constituye apenas un ajuste diplomático superficial, sino que representa una reconfiguración profunda que abarca dimensiones políticas, comerciales, defensivas y simbólicas, cuyos alcances apenas comienzan a vislumbrarse en el escenario internacional.

La magnitud del giro se revela en un dato que funcionarios en Nueva Delhi habían mantenido en la penumbra: la India no sólo se ha consolidado como uno de los principales clientes de tecnología y armamento israelí, sino que ha transitado hacia un rol fundamentalmente distinto. Empresas indias, incluidas entidades estatales, han comenzado a formar parte de la cadena productiva de materiales bélicos destinados a proveedores militares israelíes. Entre octubre de 2023 y noviembre de 2025, según documentación comercial de acceso público, 390.516 componentes de armas de fuego de grado militar, 564.970 piezas de munición explosiva y 298 componentes de vehículos militares fueron embarcados desde fábricas indias hacia instituciones de defensa israelíes. Las entidades estatales identificadas en esta cadena incluyen a Munitions India Limited, India Optel Limited y Advanced Weapons and Equipment India Limited. Esta participación manufacturera implica un paso cualitativo respecto a la relación comercial convencional que había caracterizado el vínculo durante años previos.

El contexto geopolítico: nacionalismo hindu y visión estratégica

Para comprender el alcance de esta transformación, resulta esencial examinar los fundamentos ideológicos que la sustentan. Bajo la administración Modi, la política exterior india hacia Israel ha dejado de responder únicamente a criterios de realpolitik o conveniencia estratégica. Especialistas en política exterior señalan que existe una confluencia ideológica clara entre el nacionalismo hindú, conocido como Hindutva, y el pensamiento sionista. En círculos de derecha política tanto en la India como en otras latitudes, Israel ha adquirido la condición de símbolo: representa un modelo de estado nacionalista capaz de afirmarse en un entorno regional volátil, y es percibido como baluarte frente a lo que estos sectores conceptualizan como expansión islámica. Este imaginario cuenta con raíces históricas profundas en la intelligentsia hindú de castas altas, donde la admiración por las capacidades israelíes de defensa ha coexistido con una interpretación particular de cómo gestionar la diversidad religiosa mediante recursos coercitivos.

La intimidad política entre Modi y Netanyahu se ha manifestado en encuentros de alto nivel que trascienden el protocolo convencional. En 2017, Modi se convirtió en el primer primer ministro indio en visitar Israel en carácter oficial. Su viaje más reciente al país levantino, realizado en 2024, ocurrió apenas cuarenta y ocho horas antes de que Israel y Estados Unidos lanzaran operaciones militares contra Irán. La fotografía de Modi abrazando a Netanyahu en la pista del aeropuerto circuló globalmente, transmitiendo un mensaje cifrado pero inequívoco sobre dónde se posiciona el establishment político indio en las tensiones regionales. De manera simultánea, la respuesta de Nueva Delhi al desencadenamiento de hostilidades fue notoriamente moderada, guardando silencio allí donde otros gobiernos alzaban la voz.

La paradoja: aislamiento internacional versus apoyo doméstico

Mientras potencias occidentales como Gran Bretaña han implementado restricciones o prohibiciones sobre suministros de armas a Israel, invocando riesgos de violación del derecho humanitario internacional, la India ha profundizado su participación en esta cadena de suministros. La Corte Penal Internacional ha emitido una orden de aprehensión contra Netanyahu bajo acusaciones de crímenes de guerra. Una comisión investigadora de la Organización de las Naciones Unidas concluyó que Israel ha incurrido en genocidio en Gaza, y un segundo panel llegó a determinar que el país continúa perpetrando genocidio mediante el ataque deliberado contra menores palestinos. Sin embargo, estos desarrollos no han generado en la India el nivel de escrutinio público, debate político amplio o presión social que cabría esperarse en democracias de similar magnitud. La cobertura mediática ha sido dispersa, y la movilización política ha quedado limitada a sectores específicos: activistas por derechos humanos, organizaciones estudiantiles, sindicatos, partidos de izquierda y la oposición parlamentaria.

Las encuestas de opinión pública ofrecen una perspectiva reveladora sobre cómo se distribuye la percepción hacia Israel entre la población india. Según sondeos realizados en junio, 32% de los indios considera favorable a Israel, mientras que 28% mantiene una visión desfavorable. Esta proporción contrasta nítidamente con la tendencia declinante de apoyo a Israel registrada en múltiples naciones occidentales, incluyendo Estados Unidos, desde el inicio de las operaciones militares en Gaza. Este respaldo doméstico proporciona a la administración Modi un escudo político para mantener el curso sin enfrentar consecuencias electorales significativas. Cuando el ministro de Asuntos Externos, S. Jaishankar, fue interrogado en el parlamento respecto a los suministros de armamento a Israel, eludió la respuesta directa, indicando que la información no es de dominio público y que las exportaciones de productos militares se rigen según consideraciones de "interés nacional". El vocero del ministerio de Asuntos Exteriores amplificó esta posición, subrayando que las exportaciones se adhieren a leyes nacionales y compromisos internacionales.

Los intentos por canalizar esta cuestión a través del sistema judicial han resultado infructuosos. En 2024, un colectivo integrado por funcionarios civiles, activistas y académicos presentó una petición ante la Corte Suprema solicitando que India suspendiera sus exportaciones militares a Israel. El tribunal rechazó el caso, resolviéndose que la materia cae dentro de la discreción ejecutiva y no constituye un asunto justiciable. Paralelamente, la participación india en la cadena productiva de armamentos no se circunscribe a componentes manufacturados. Más de 20.000 trabajadores indios han migrado hacia Israel desde 2023, principalmente en sectores de construcción y cuidados personales, frecuentemente ocupando los espacios laborales dejados vacantes por palestinos a quienes se les restringió la entrada tras octubre de 2023. Este flujo humano representa otra dimensión de integración económica y social que subraya la profundidad del vínculo bilateral.

Las implicancias regionales y los riesgos estratégicos

Los alcances de esta realineación trascienden las dimensiones comerciales y diplomáticas inmediatas. Para 2025, la India se había consolidado como el cliente de defensa más importante de Israel durante el período 2021-2025, absorbiendo 29% del total de ventas de armas israelíes según datos de institutos de investigación especializados. Sin embargo, esta proximidad geográfica en términos de intereses estratégicos coloca a Nueva Delhi ante un dilema complejo. Los conflictos que agitan el Oriente Medio, particularmente las tensiones con Irán, presentan riesgos directos para la seguridad energética de la India, que depende significativamente de suministros provenientes de la región. Más aún, el Golfo Pérsico alberga una importante diáspora india compuesta por millones de ciudadanos, cuyo bienestar económico y seguridad personal podrían verse comprometidos por una escalada regional. El equilibrio que Nueva Delhi intenta mantener entre su alianza con Israel y sus intereses regionales más amplios presenta tensiones crecientes que no pueden desatenderse indefinidamente.

El silencio doméstico respecto a esta cuestión refleja, según analistas especializados, una transformación más profunda en cómo se procesan y debaten asuntos de política exterior en la India contemporánea. Lo que antaño constituía un terreno donde consideraciones morales, históricas y de principios eclipsaban cálculos puramente estratégicos, ha cedido espacio a una lógica donde los intereses nacionales, interpretados según los términos de la administración en turno, prevalecen sin mediación de escrutinio ético significativo. La ausencia de movilización política masiva, de cobertura mediática sostenida o de presión desde la sociedad civil sugiere que la reconfiguración de prioridades ha penetrado capas significativas de la opinión pública india, o al menos que los mecanismos de canalización de disenso han perdido capacidad de amplificación.

Las consecuencias de esta trayectoria se desplegarán probablemente en múltiples registros. Por un lado, la consolidación de India como socio estratégico de Israel en materia de defensa podría fortalecer la capacidad tecnológica militar india y profundizar su integración en redes de cooperación defensiva que incluyen a potencias globales relevantes. Esto presentaría ventajas en términos de capacidades operacionales y disuasión regional. Por otro lado, una asociación demasiado visible con políticas israelíes que enfrentan condenas internacionales sostenidas podría comprometer la capacidad de India para mantener puentes diplomáticos con otras potencias regionales, particularmente en un contexto donde Irán y otros actores del Golfo resultan relevantes para sus intereses económicos y de seguridad. Adicionalmente, la participación en cadenas de suministro de armamentos destinados a territorios en conflicto activo plantea interrogantes sobre responsabilidad internacional y potencial complicidad en violaciones de derechos humanitarios, independientemente de cómo estas cuestiones sean procesadas en ámbitos domésticos. El resultado neto de estas dinámicas contrapuestas continuará configurando no sólo la posición de India en el orden regional, sino también su rol como actor global y su relación con los principios que históricamente la diferenciaron en el escenario internacional.