El retorno desde la muerte llegó en forma de reptación sobre hielo. Una semana completa desaparecido en las entrañas del Everest, Dawa Sherpa —también conocido como Hillary Dawa Sherpa en homenaje al legendario Edmund Hillary— reaparició el jueves pasado arrastrándose por las laderas nevadas hacia el campamento base, justo en el momento en que su familia iniciaba los rituales fúnebres en su hogar de Katmandú. El hallazgo pone en relieve tanto la capacidad de supervivencia extraordinaria de los montañeros de alta montaña como las condiciones extremas que define a la cordillera más hostil del planeta, donde los márgenes entre la vida y la muerte se miden en horas.
Con 52 años cumplidos, este guía originario de Okhaldhunga —un pueblo ubicado al sur del Everest— fue visto por última vez el 29 de mayo en una zona conocida como Yellow Band, emplazada encima del campamento 3, a una altitud de 7.200 metros. Ese mismo día, otros grupos de escaladores descendieron sin contratiempos hacia el campamento base, situado a 5.300 metros de altura. Sin embargo, Dawa Sherpa nunca llegó a ese punto de reunión. Sus compañeros de expedición y colegas de la empresa Himalayan Traverse —la pequeña compañía katmandú que lo empleaba— iniciaron entonces una búsqueda desesperada a través de helicópteros y equipos de rescate que barrieron las laderas durante días sin hallazgo alguno. La falta de noticias, sumada al paso de los días sin contacto, consolidó en la comunidad la creencia de que se había convertido en otra estadística de la montaña. Su esposa, Damu Sherpa, y su hija adolescente, Mendo Lhamu Sherpa, comenzaron a preparar los rituales funerarios propios de la tradición budista tibetana, un proceso que habitualmente se extiende a lo largo de varios días y requiere ceremonias específicas. Cuando ya se encontraban en el segundo día de estas prácticas, escucharon por noticiarios locales que alguien había sido hallado con vida.
Sobrevivir donde debería ser imposible
El sitio en el cual Dawa fue descubierto el jueves por la mañana sitúa su hazaña en perspectiva. Un equipo de limpieza de montaña perteneciente al Comité de Control de Contaminación del Sagarmatha lo halló reptando lentamente por las pendientes heladas próximas al Khumbu icefall, aquella zona de fracturas profundas y seracs inestables que marca el umbral final antes del campamento base. A pesar de haber pasado siete días en condiciones que bordeaban lo imposible para la fisiología humana, presentaba quemaduras por congelamiento en las manos pero gozaba de un estado de salud general que sorprendió a los rescatistas. Lo hidrataron y alimentaron en el terreno mismo, antes de trasladarlo por aire hacia un hospital en Katmandú.
Lo que distingue la supervivencia de Dawa Sherpa en este escenario es que estuvo expuesto durante una semana completa a la llamada zona de la muerte, esa región ubicada por encima de los 8.000 metros donde la presión atmosférica desciende a niveles tan críticos que el oxígeno disponible resulta insuficiente para mantener la vida humana durante períodos prolongados. No se trata de una cifra metafórica: en esa altitud, el cuerpo comienza a deteriorarse de forma irreversible. Cada hora adicional representa una amenaza exponencial. La comunidad de expertos en montañismo del Nepal reconoce el evento como extraordinario. Ang Tshering Sherpa, figura prominente en los círculos de alpinismo regional, declaró que se trataba de "nada menos que un milagro sobrevivir tantos días en la montaña enfrentando condiciones tan severas" y enfatizó que "los sherpas están construidos para resistir, creciendo en la montaña. Si hubiera sido otro, probablemente no lo habría logrado."
Una comunidad forjada en el hielo
La capacidad de adaptación fisiológica de los sherpas no es casualidad sino producto de generaciones viviendo en altitudes extremas. Hasta mediados del siglo XX, cuando Nepal abrió sus fronteras aproximadamente en los años 50, los miembros de esta comunidad constituían principalmente ganaderos de yaks y comerciantes que se movían a través del sistema de pasos himalayos. Su resistencia natural y familiaridad íntima con el terreno montañoso los convirtió rápidamente en figuras indispensables para las expediciones de escalada, transformándolos eventualmente en los protagonistas del negocio de la montaña comercial. Hoy dominan de manera casi absoluta la industria de guías y porteadores en el Himalaya, posición que consolidó su prominencia internacional a partir de 1953, cuando Tenzing Norgay Sherpa y el neozelandés Edmund Hillary lograron alcanzar la cumbre el 29 de mayo de ese año, fecha que coincidió precisamente con el desembarque de Dawa en la zona de Yellow Band setenta años después.
Los detalles de cómo Dawa Sherpa logró permanecer con vida durante siete días permanecen aún parcialmente oscuros. Lo que se conoce es que fue visto por última vez descansando durante el descenso por Chris Thrall, un montañero británico y antiguo integrante de la Marina Real. En ese encuentro, Thrall preguntó si estaba bien, y Dawa respondió afirmativamente, instándolo a continuar el descenso. Thrall prosiguió porque Dawa portaba un teléfono satelital y radio, dispositivos que teóricamente permitirían solicitar auxilio. Sin embargo, Thrall descubrió posteriormente al cliente polaco de Dawa en condiciones críticas —sin oxígeno y con congelamiento severo— y decidió enfocarse en salvarlo, asumiendo que el experimentado guía nepalí se abriría camino por sus propios medios. "El clima era tan cambiante y tan feroz," relató Thrall posteriormente. "Trágico. Desafortunado. Pero es la alta montaña. Eso es."
La confirmación de que Dawa permanecía con vida llegó acompañada de un proceso verificación que resultó emocionalmente intenso para su familia. Su hija requirió que le enviaran fotografías antes de aceptar definitivamente que su padre había sido rescatado, tal como relató en su testimonio. Solo después de ver las imágenes se permitieron celebrar lo que describe como un regreso desde una muerte ya aceptada. Su esposa, Damu Sherpa, recordó el momento preciso en que escucharon la noticia por la radio: "Primero nos enteramos de que estaba vivo por las noticias locales." La incongruencia temporal entre los rituales funerarios en marcha y el rescate simultáneo marca un quiebre visceral en la narrativa familiar.
Temporada récord y sus costos
El incidente de Dawa Sherpa ocurrió en medio de la temporada de escalada más congestionada jamás registrada en el Everest. Durante el mes de mayo de este año, más de 1.000 escaladores y sus guías alcanzaron la cumbre, cifra que establece un nuevo máximo histórico. La temporada comenzó con un retraso significativo debido a un bloque de hielo de grandes dimensiones ubicado en la ruta justamente encima del campamento base, cuya remoción demandó aproximadamente dos semanas de trabajo. A pesar de ese atraso inicial, la afluencia final superó todas las marcas previas. Hasta la fecha del rescate de Dawa, cinco personas habían perdido la vida durante esta temporada. Los especialistas en montañismo han señalado reiteradamente que el incremento en la cantidad de escaladores genera condiciones de riesgo creciente, incluyendo formación de colas prolongadas en la denominada zona de la muerte, donde esperar más allá de minutos determinados puede resultar fatal. Las críticas apuntan hacia las autoridades nepalíes que otorgan los permisos de ascenso, cuestionando si los estándares de seguridad se han mantenido mientras la cantidad de participantes se ha multiplicado.
El retorno de Dawa Sherpa a la vida plantea interrogantes sobre cómo se gestionarán estas expediciones en el futuro. Su supervivencia milagrosa no elimina los riesgos sistémicos que caracterizan a la temporada contemporánea de escalada en el Everest, sino que los coloca bajo una luz diferente. Algunos argumentarán que el caso demuestra la capacidad excepcional de los sherpas para superar adversidades extremas, lo que podría interpretarse como justificación para mantener los volúmenes actuales de escaladores. Otros sostendrán que un sobreviviente no cambia el hecho de que múltiples personas fallecieron durante la misma temporada, y que los números récord de participantes requieren regulación más estricta. Las autoridades nepalíes, por su parte, enfrentarán presión tanto de la industria turística como de grupos de seguridad para definir políticas futuras. Lo que permanece indiscutible es que la montaña sigue siendo, como Thrall expresó, el arbitro final de quién regresa y quién no.


