El mundo del arte contemporáneo perdió a una de sus figuras más radicales e influyentes. Valie Export, la artista austriaca de 85 años, falleció el jueves en Viena, apenas tres días antes de cumplir su octogésimo sexto aniversario. Su desaparición cierra un capítulo fundamental en la historia del arte de postguerra europeo, particularmente en las intervenciones feministas que cuestionaron los mecanismos de poder inscritos en la cultura visual del siglo XX. Con una trayectoria que se extendió durante más de cinco décadas, Export dejó una marca indeleble no solo en la escena austriaca y alemana, sino en la genealogía global de artistas que trabajaron desde la provocación intelectual y el desafío corporal como estrategias de transformación cultural.
Nacida como Waltraud Lehner en 1940 en Linz, la ciudad que la vería regresar décadas después con un centro dedicado a su obra, Export construyó su identidad artística desde la ruptura. Criada en un internado religioso, abandonó la educación convencional a los catorce años para ingresar a la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad natal. Su biografía personal no fue la de una artista que emergió de un entorno de libertades garantizadas: contrajo matrimonio y tuvo una hija antes de cumplir los veinte, una trayectoria que parecía predestinada por las convenciones sociales de la época. Sin embargo, a finales de los años sesenta, Export hizo una decisión que resultaría fundacional para su carrera: decidió divorciarse y confiar temporalmente el cuidado de su hija a su hermana mayor para poder dedicarse plenamente a sus estudios en Viena. Esta decisión, que ella misma sintetizaría años después con una frase desarmante —"pensé: esta no es mi vida, ser casada y madre"—, revelaba una voluntad de auto-determinación que permeería toda su práctica artística posterior.
El gesto provocador como herramienta política
La consagración de Export como figura central del arte de vanguardia se produjo através de acciones performativas que escandalizaron a la sociedad austriaca y alemana a fines de los años sesenta, pero que hoy son reconocidas como jalones fundamentales en el desarrollo del arte feminista internacional. En 1968, realizó "Tapp und Tastkino" (Cine para Tocar y Palpar), una intervención que se llevó a cabo en las calles de Viena con una audacia que resultaba casi incomprensible en el contexto de la época. Export se fijó al pecho una pequeña estructura teatral, similar a un escenario en miniatura, que cubría sus pechos desnudos. A través de una cortina diminuta, invitaba a los transeúntes a tocar su cuerpo. Su colega artístico Peter Weibel se desempeñaba como una suerte de anunciador, utilizando un megáfono para convocar a los peatones y controlando el tiempo de cada "acción" con un cronómetro. Esta obra no era simplemente provocadora por su contenido sexual explícito: su verdadero poder residía en la inversión que proponía de las dinámicas de voyeurismo y control que estructuran la representación del cuerpo femenino en la cultura patriarcal. Al poner en escena la objetificación y luego permitir el contacto físico de desconocidos, Export exponía los mecanismos mediante los cuales el sistema visual y táctil del patriarcado transforma el cuerpo de las mujeres en territorio de consumo y dominio.
Pero la radicalidad de Export no se limitaba a sus performances callejeras. En 1980, cuando participó como artista en la Bienal de Venecia, presentó una obra monumental titulada "Geburtenbett" (Cama de Parto) que consolidó su reputación como una de las pensadoras más mordaces del arte feminista. La pieza consistía en una representación desmesurada de un abdomen femenino sobre un colchón, con unas piernas torcidas que irradiaban vulnerabilidad. De la vulva brotaban neones rojos que iluminaban el espacio, mientras que en el lugar donde debería estar la cabeza, un televisor transmitía una misa católica. Esta obra apuntaba de manera simultánea a múltiples sistemas de represión: el control religioso sobre la sexualidad femenina, la medicalización del cuerpo gestante, la reducción de la identidad femenina a su capacidad reproductiva. Export y María Lassnig fueron las primeras mujeres artistas en ocupar completamente el pabellón austriaco en la Bienal, un logro que adquiría significación política en un contexto en el cual las mujeres permanecían ampliamente ausentes de las grandes plataformas de legitimación artística internacional.
Identidad, cine y la construcción de un legado
La elección del nombre artístico resulta reveladora de la filosofía que sustentaba toda su obra. En 1967, Export adoptó el alias que la haría conocida globalmente: "Valie" provenía de un apodo de la infancia, mientras que "Export" se inspiraba en una marca de cigarrillos llamada Smart Export. Esta decisión osada de rechazar tanto el apellido paterno como el de su exmarido era, en sí misma, un acto de autonomía y de reivindicación de la propia autoridad para definirse. No era un simple cambio nominal: era una declaración de independencia que prefiguraba su compromiso futuro con desmontar las estructuras que perpetuaban la subordinación femenina. En 1968, cofundó la Cooperativa de Cineastas Austriacos, iniciativa que la situaba en el corazón del movimiento de cine experimental que florecía en Europa durante esos años de transformación cultural y política. Su participación en grandes plataformas internacionales —como la documenta de Kassel en 1977 y nuevamente en 2007— confirmaba que su influencia trascendía las fronteras geográficas y generacionales.
La dimensión cinematográfica de su obra también merece atención específica. Su película "La Práctica del Amor", rodada en 1985, fue nominada al Oso de Oro en el Festival de Cine de Berlín. Esta cinta, que narraba la historia de una reportera que se ve atrapada en una trama criminal mientras investiga locales de voyeurismo en el barrio rojo de Hamburgo, continuaba con la exploración que había caracterizado su obra anterior: la investigación de los mecanismos mediante los cuales se construye y se consume la imagen femenina. El cine no era para Export un medio de entretenimiento, sino un instrumento teórico para interrogar la mirada, el poder y la representación. Entre 1995 y 2005, se desempeñó como profesora de multimedia y performance en la Academia de Artes de los Medios de Colonia, transmitiendo a nuevas generaciones de artistas la importancia de usar el cuerpo y la tecnología como espacios de intervención política. En 2015, su ciudad natal de Linz abrió un centro dedicado a su obra en una antigua fábrica de tabaco, gesto simbólico que reciclaba un espacio industrial para convertirlo en un laboratorio de pensamiento sobre arte, media y performance.
La resonancia de Export en el arte contemporáneo se volvió palpable cuando, en 2005, la artista Marina Abramović incluyó "Pánico Genital", una de las acciones más icónicas de Export, en su muestra "Seven Easy Pieces" en el Guggenheim de Nueva York. Al re-enactar esta performance como uno de los siete trabajos clave del arte del siglo XX, Abramović no solo rendía tributo a Export, sino que validaba su posición en la historia del arte global. Las implicaciones de esta inclusión eran significativas: indicaba que la obra de Export había trascendido el estatus de documento histórico para convertirse en una referencia viva, capaz de producir nuevos sentidos y conexiones en contextos distintos. Su galería, representada internacionalmente, confirmaba que Export seguía siendo una presencia activa en los circuitos del arte contemporáneo hasta su muerte.
La desaparición de Valie Export en 2025 marca el cierre de una época, pero también abre interrogantes sobre cómo su legado seguirá operando en el campo artístico y cultural. Sus obras siguen siendo objeto de estudio en instituciones académicas, sus videos son exhibidos en museos de todo el mundo, y su figura representa un modelo de artista que no separó la creación de la teoría, ni la política de la estética. Las distintas comunidades que interactúan con su obra —desde historiadores del arte hasta activistas feministas, de curadores de museos a nuevas generaciones de artistas de performance— probablemente encontrarán en su trayectoria respuestas diferentes a preguntas que cada contexto plantea. Lo que permanece incuestionable es que Export dejó un conjunto de herramientas conceptuales y prácticas que continúan interpelando la manera en la cual el arte puede intervenir en las estructuras de poder que organizan la representación, la visualidad y la corporalidad en nuestras sociedades.



