La política de Gaza se convirtió en un campo de minas para Benjamin Netanyahu. En los últimos días, el premier israelí protagonizó una maniobra que dejó atónitos a sus propios comandantes militares: rechazó públicamente una propuesta de 15 puntos para establecer un acuerdo que incluía compromisos concretos de Hamás para desarmarse, precisamente mientras sus equipos técnicos y de defensa llevaban adelante negociaciones pormenorizadas sobre cómo implementar ese mismo plan. La contradicción revela una realidad política más profunda: Netanyahu está atrapado entre fuerzas contradictorias que tiran en direcciones opuestas, y con elecciones a la vista en poco más de dos meses, optó por priorizar el ruido doméstico sobre la coherencia estratégica.

Lo que sucedió en las últimas 72 horas expone el verdadero dilema que enfrenta el mandatario. Mientras su oficina públicamente desautorizaba cualquier avance en negociaciones de paz, reportes de canales israelíes indicaban que Netanyahu había estado personalmente discutiendo detalles concretos sobre retiros militares piloto en tres zonas específicas del sur de Gaza. Estos encuentros incluían al jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, y se enfocaban en aspectos técnicos tan precisos como los límites geográficos de las áreas donde una fuerza internacional asumería responsabilidades que actualmente lleva adelante el ejército israelí. Oficiales de defensa expresaron su sorpresa al enterarse por los medios de comunicación sobre el rechazo del plan que minutos antes habían estado discutiendo en una sala de reuniones con el primer ministro. La desconexión entre lo que Netanyahu decía en público y lo que autorizaba en privado no es un desliz, sino un síntoma de una posición política insostenible.

El triángulo imposible: Trump, la ultraderecha y las elecciones

Netanyahu está siendo presionado desde tres frentes simultáneamente, y cada uno demanda algo incompatible con los otros dos. Por un lado, la ultraderecha que sostiene su coalición de gobierno —figuras políticas con capacidad de colapsar el Ejecutivo si se retiran— exige intensificar los ataques contra Gaza e impulsar asentamientos dentro del territorio palestino. Estos políticos ya están en campaña previa a las nuevas elecciones y necesitan mostrar una postura combativa. Por otro lado está Donald Trump, quien proporciona respaldo diplomático y militar crítico para Israel. La administración estadounidense, a través de su creada Junta de Paz, impulsa una solución permanente que incluya retorno del territorio a control palestino. Finalmente, Netanyahu enfrenta el calendario electoral doméstico, con votaciones programadas para dentro de poco más de sesenta días, un contexto que multiplica la importancia de cada gesto político hacia su base electoral.

El rechazo público al plan de paz llegó días después de una visita personal del almirante Brad Cooper, comandante del Comando Central estadounidense, quien viajó expresamente para transmitir que la administración Trump desea que Israel termine sus operaciones en Gaza y Líbano. Según reportes de medios israelíes, la orden era clara: cesar todas las operaciones en estos tres teatros. Desafiar a Trump es arriesgado en circunstancias normales, pero Netanyahu está jugando con fuego en un contexto donde Israel enfrenta aislamiento internacional y depende críticamente de suministros militares estadounidenses. Sin embargo, el primer ministro tiene un récord documentado de maniobras políticas audaces que desafían aparentes desbalances de poder. Cuando Bill Clinton lo conoció por primera vez en 1996, la anécdota sugiere que el expresidente estadounidense cuestionó quién era realmente la superpotencia en esa relación.

El patrón de rechazos y concesiones secretas

Este no es un episodio aislado en la trayectoria de Netanyahu. En mayo del año pasado, cuando Joe Biden era presidente, su administración anunció un plan de cese de fuego y liberación de rehenes respaldado por Israel. Netanyahu posteriormente se distanció de la propuesta y finalmente la rechazó. Pero incluso mientras rechaza públicamente, el premier autoriza ajustes en el terreno que sugieren una disposición diferente. La semana pasada, escaló el criterio para autorizar ataques aéreos en Gaza, requiriendo aprobación del jefe del Estado Mayor en lugar del comandante regional, salvo en casos de peligro inmediato. Este cambio de procedimiento indica una atención real a los deseos de Trump, incluso mientras rechaza simbólicamente la propuesta más amplia. Similar patrón se observó cuando Netanyahu limitó la ofensiva en Líbano recientemente, y cuando el año anterior ordenó que cazas que viajaban hacia Irán dieran media vuelta a petición de Trump.

La estrategia parece ser clara: mantener el discurso doméstico agresivo dirigido a la ultraderecha y a los votantes que lo apoyan, mientras ejecuta movimientos moderados en la operativa militar que responden a presiones estadounidenses. Es un ejercicio de comunicación bifurcada donde Netanyahu habla para dos audiencias con mensajes contradictorios. El peligro, como sugiere un análisis publicado por Haaretz, es que intentar malabarizar demasiadas bolas termina con algunas cayendo. La paciencia de Washington puede no extenderse hasta el día de las elecciones israelíes, fijadas para fines de octubre. Trump enfrenta sus propias consideraciones electorales, con elecciones intermedias estadounidenses programadas apenas una semana después de que Israel vote. La visita de Netanyahu a la Casa Blanca el mes anterior fue notablemente discreta para un líder que tradicionalmente se ha promocionado como estadista internacional con una relación especial con el presidente estadounidense. El encuentro concluyó sin una declaración conjunta, y las tensiones causadas por las prioridades políticas conflictivas de Netanyahu se han vuelto cada vez más evidentes.

Mientras tanto, en Gaza la población civil continúa en una situación de incertidumbre devastadora. Hace casi un año, Trump brokereó lo que nominalmente se llamó un cese de fuego, anunciado como el inicio de una reconstrucción. En cambio, ataques israelíes han continuado matando más de 1.200 personas, e Israel ha bloqueado la entrada de equipos, suministros y combustible necesario para reconstruir viviendas, escuelas e infraestructura médica. La mayoría de la población sobreviviente vive en campamentos de carpas con servicios sanitarios deficientes. Aunque ha habido disminuciones en los niveles de hambruna, la inseguridad alimentaria persiste en niveles alarmantes, con proyecciones de más de 70.000 niños que requerirán tratamiento para malnutrición aguda hasta abril de 2027, según advirtieron expertos en seguridad alimentaria. La oficina de Netanyahu rechazó reportes sobre conversaciones de planes detallados de retiro militar, manteniendo así su negación pública mientras los hechos sobre el terreno sugieren algo diferente.

Las próximas semanas determinarán si el delicado equilibrio de Netanyahu puede sostenerse o si finalmente colapsa bajo su propio peso. La capacidad del premier para mantener tanto a sus aliados domésticos ultraderechistas satisfechos como a la administración estadounidense lo suficientemente complaciente dependerá de la ejecución casi quirúrgica de estas maniobras contradictorias. Sin embargo, los actores internacionales no son infinitamente pacientes, los aliados domésticos tienen umbrales de tolerancia, y los calendarios electorales marcan tiempos que no siempre se acomodan a las necesidades políticas de un solo individuo. La población de Gaza, en el medio de esta ecuación política, continúa viviendo las consecuencias materiales de estas negociaciones que avanzan en privado mientras son públicamente negadas.