Un mes de tregua se desmorona bajo el peso de negociaciones nucleares que no avanzan. Donald Trump rechazó categóricamente la propuesta iraní para negociaciones de paz, calificándola de "totalmente inaceptable", mientras simultáneamente ataques con drones volvían a resquebrajar un acuerdo que parecía frágil desde su origen. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, por su parte, insistió en que el conflicto "aún no termina" mientras exista material nuclear enriquecido en territorio iraní. Los últimos días pusieron en evidencia que tras la aparente calma de los últimos treinta días, los actores involucrados en esta crisis mantienen posiciones irreconciliables sobre los puntos neurálgicos: la disposición del uranio altamente enriquecido, las sanciones económicas y el control del estratégico Estrecho de Ormuz.

Las exigencias en el papel: un abismo de interpretaciones

El intercambio de propuestas revela la magnitud de las grietas diplomáticas. Hace una semana, Washington había presentado un documento de una sola página con catorce puntos que pretendía sentar las bases para conversaciones futuras. Los términos estadounidenses eran contundentes: una moratoria en el enriquecimiento de uranio iraní durante hasta dos décadas; la transferencia al extranjero —posiblemente hacia territorio norteamericano— de las reservas de uranio altamente enriquecido (UEE) que Irán posee; y el desmantelamiento de las instalaciones nucleares del país persa. Irán, a través de mediadores pakistaníes, devolvió el golpe diplomático con contrapropuestas que distan significativamente de lo pedido por la Casa Blanca.

La respuesta iraní, según reportes de fuentes cercanas a las negociaciones, planteó condiciones que reordenan las prioridades: la supresión de las sanciones estadounidenses, el levantamiento del bloqueo naval norteamericano en el Estrecho de Ormuz una vez firmado un entendimiento inicial, y garantías firmes contra futuras agresiones. Respecto al programa nuclear, Teherán sugirió una moratoria más breve que la propuesta norteamericana, la exportación parcial de las reservas de UEE y su dilución posterior en lugar de su confiscación total, además de rechazar categóricamente el desmantelamiento de sus instalaciones nucleares. Las distancias entre ambas posiciones resultan casi insalvables en el corto plazo.

Netanyahu mantiene la puerta abierta a la escalada

Mientras Trump despachaba su rechazo por redes sociales —afirmando que Irán "ha estado jugando con Estados Unidos y el resto del mundo durante 47 años"— el primer ministro israelí ofrecía una perspectiva diferente sobre cómo debería resolverse el asunto del uranio enriquecido. En una entrevista televisiva, Netanyahu fue explícito: "No está terminado, porque todavía hay material nuclear —uranio enriquecido— que debe ser sacado de Irán. Todavía hay sitios de enriquecimiento que deben ser desmantelados". Cuando se le preguntó cómo debería removerse ese material, el funcionario israelí respondió de manera que podría interpretarse como una insinuación militar: "Entras y lo sacas". Agregó que la forma óptima sería ingresar a territorio iraní como parte de un acuerdo para asegurar el material fisible.

Las declaraciones de Netanyahu sugieren que Israel mantiene viva la posibilidad de una intervención militar directa. Mencionó explícitamente que Trump le había comunicado su disposición a "entrar allá". Sin embargo, Trump adoptó un tono más distendido en otra entrevista posterior. El mandatario norteamericano sugirió que por ahora la vigilancia por satélite sería suficiente para garantizar que nadie acceda al uranio enterrado en profundidad bajo montañas en el centro de Irán. Trump afirmó: "Lo conseguiremos en algún momento... Lo tenemos bajo vigilancia. Creé algo llamado Fuerza Espacial, y ellos lo están observando... Si alguien se acerca al lugar, lo sabremos y los volaremos". Paradójicamente, también señaló que Estados Unidos podría reanudar ataques contra Irán en cualquier momento, mencionando que han completado aproximadamente el 70% de los objetivos militares identificados.

La tregua se desmorona: incidentes múltiples en el golfo

El mismo día en que Trump rechazaba la propuesta iraní, el frágil alto al fuego mostraba nuevas grietas. Los Emiratos Árabes Unidos y Kuwait reportaron incursiones de drones en su espacio aéreo. Qatar denunció un ataque con drones contra un buque en sus aguas territoriales, describiéndolo como "una escalada seria". Las autoridades de Doha advirtieron a Irán que utilizar el estrecho como herramienta de presión solo profundizaría la crisis y comprometería la libertad de navegación marítima. En otra zona del conflicto, se registró un ataque con drones contra un campamento utilizado por un grupo rebelde kurdo iraní cercano a Erbil, en el noreste de Irak. Los incidentes sugieren que actores regionales continúan operando fuera de los marcos de la tregua, o que los propios negociadores de alto nivel pierden capacidad de control sobre fuerzas subordinadas.

Más allá de los ataques aéreos, la batalla por el control del Estrecho de Ormuz continúa a través de vías menos visibles. Estados Unidos mantiene un bloqueo de puertos iraníes desde el 13 de abril, reportando haber rechazado 61 buques comerciales e inutilizado cuatro. Irán, por su parte, ha impuesto que todas las naves que atraviesen el estrecho coordinen con sus fuerzas armadas y paguen un peaje de dos millones de dólares. La apertura del estrecho sigue siendo un punto crítico: durante la ejecución del denominado "Proyecto Libertad" hace apenas días, Trump intentó abrir una ruta alternativa para los cientos de barcos atrapados en el golfo, pero la operación fracasó en treinta y seis horas después de permitir el paso de apenas dos buques estadounidenses. Arabia Saudita negó permiso para que fuerzas norteamericanas utilizaran sus bases y espacio aéreo, lo que limitó severamente la viabilidad del plan.

El uranio enriquecido: la pieza más disputada del tablero

En el centro de todas estas tensiones se encuentra una cantidad de 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60% de pureza —perigrosamente cercano al nivel requerido para armas nucleares— que Irán mantiene bajo vigilancia. La Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) confirma que este material se encuentra enterrado profundamente bajo montañas en el centro del país persa. Un portavoz militar iraní declaró que las fuerzas del país estaban en "máxima disposición" para proteger la reserva, advirtiendo contra posibles operaciones de infiltración o desembarques helitransportados. Reportes indican que Trump recibió opciones militares para capturar el UEE, pero una operación de esa envergadura requeriría un número significativo de tropas y consumiría varias semanas de preparativos y ejecución.

El presidente ruso Vladimir Putin, mientras tanto, mantuvo sobre la mesa una propuesta alternativa: Moscú ofrece transportar el uranio enriquecido iraní para facilitar negociaciones de resolución. La presencia de esta tercera opción refleja la complejidad geopolítica del asunto: mientras Washington e Israel buscan garantías sobre el programa nuclear iraní, Rusia se presenta como mediadora con sus propias condiciones. Trump, bajo presión para mantener la tregua antes de una visita programada a China —que insiste en el fin de las hostilidades y la apertura del estrecho— parece oscilar entre la confrontación y la diplomacia, generando incertidumbre sobre el rumbo definitivo de las negociaciones.

Otras frentes de conflicto: Líbano en la sombra de la tregua

Aunque Trump afirmó que la tregua incluye a Líbano e instruyó a Israel a detener el bombardeo contra objetivos de Hezbollah, la realidad en el terreno muestra un escenario diferente. Israel ha reducido la intensidad de sus operaciones pero continúa realizando incursiones aéreas. El ministerio de salud libanés reportó treinta y seis muertos y setenta y cuatro heridos por ataques israelíes durante el sábado, incluyendo varios paramédicos golpeados en el sur del país. El ejército israelí respondió reportando la intercepción de drones de Hezbollah dirigidos hacia sus tropas destacadas en la zona. Esta dinámica de acciones y reacciones sugiere que ni siquiera las áreas teóricamente cubiertas por la tregua funcionan como espacios de paz estable.

Diplomacia alternativa y posibles giros

Francia y Reino Unido han convocado a una reunión multinacional de ministros de defensa para este martes con más de cuarenta naciones participantes, con el objetivo de coordinar planes militares para restaurar flujos comerciales través del Estrecho de Ormuz. El secretario de defensa británico co-presidirá el encuentro junto a su contraparte francesa. Irán, sin embargo, advirtió contra lo que describió como una misión de gunboat diplomacy, y su viceministro de asuntos exteriores cuestionó los planes de despliegue de buques de guerra británicos y franceses. El presidente francés Emmanuel Macron respondió aclarando que no se trataría de una operación militar convencional sino de una misión internacional de seguridad marítima. La retórica sobre estas iniciativas revela otra capa de desacuerdo: mientras algunos actores internacionales buscan garantizar la libertad de navegación, Irán percibe estas iniciativas como intentos de socavar su autoridad regional.

Las consecuencias de los próximos días resultan potencialmente críticas para la estabilidad regional. Un colapso de la tregua abriría escenarios que van desde una escalada gradual de operaciones aéreas hasta intervenciones militares de mayor envergadura. La resistencia iraní a desmantelar sus instalaciones nucleares y entregar su uranio enriquecido choca frontalmente con la insistencia de Washington e Israel en garantías de seguridad. Al mismo tiempo, los incidentes con drones y la batalla por el control del estrecho demuestran que incluso durante un alto al fuego nominal, fuerzas subordinadas y actores regionales continúan operando bajo lógicas propias. La diplomacia internacional intenta tender puentes mediante mediadores como Pakistán y Rusia, pero las divisiones fundamentales sobre qué constituye una solución aceptable permanecen prácticamente sin movimiento. El viaje de Trump a China esta semana podría presionar hacia algún tipo de arreglo temporal, aunque los elementos estructurales que generaron este conflicto —la desconfianza mutua, las diferencias sobre arsenales nucleares, el control de rutas comerciales críticas— permanecen sin resolverse. Cualquier pausa en las operaciones militares podría resultar simplemente un receso antes de futuras escaladas, o representar el inicio genuino de negociaciones más profundas; en este momento, ambos escenarios resultan igualmente plausibles.