Cuando la presión militar resultó insuficiente, Washington decidió cambiar de táctica. A casi seis meses de un ataque conjunto estadounidense-israelí que costó la vida al líder supremo de Irán, Ali Jamenei, las esperanzas de que el régimen de Teherán colapsara o cediera en negociaciones se desvanecieron. Lejos de debilitarse, los sectores más duros del gobierno iraní consolidaron su control y respondieron con medidas de bloqueo en el Estrecho de Ormuz, punto crítico para el comercio mundial de petróleo. Ahora, Estados Unidos despliega su arsenal económico: sanciones secundarias contra cualquier nación o entidad que mantenga vínculos comerciales con la República Islámica. Lo que antes no logró la fuerza de las armas, busca alcanzarlo mediante el asfixia financiera.

El tesoro estadounidense presentó esta semana lo que denominó Operación Paria Económico, una campaña que sus promotores califican como sin precedentes. El secretario del tesoro, Scott Bessent, utilizó una comparación histórica para dimensionar la envergadura del esfuerzo: equiparó la iniciativa con el desembarco de Normandía en la Segunda Guerra Mundial, ese momento de inflexión que cambió el curso de la contienda. La retórica no fue casual. Bessent sostuvo que el objetivo es seccionar cada una de las líneas de vida económica que sostienen al régimen iraní hasta dejarlo completamente aislado en el escenario internacional. La declaración de intenciones fue clara y sin ambigüedades: Washington identificó a todos los actores que continúan negociando con Irán y cada uno de ellos recibirá un plazo para interrumpir esos vínculos o enfrentar sanciones estadounidenses.

El dilema chino: la potencia comercial que no se doblega

Sin embargo, el verdadero desafío para esta estrategia de aislamiento reside en una sola dirección: China. Pekín compró aproximadamente el 80 por ciento del petróleo iraní exportado durante el año anterior. Es la relación comercial más relevante de Teherán y, simultáneamente, la prueba más exigente para la credibilidad de las amenazas estadounidenses. Cuando se le preguntó directamente si Washington estaba dispuesto a sancionar a la principal potencia comercial mundial, Bessent respondió con dureza. Enfatizó que nadie está por encima del alcance de las sanciones estadounidenses y que cualquier entidad que facilite transacciones que conviertan el petróleo iraní en dinero destinado a represión será objetivo de represalias.

La postura de China, no obstante, se mantiene firme. Su embajada en Washington emitió un comunicado en el que rechazó el enfoque coercitivo, argumentando que las sanciones y presiones no contribuyen a resolver conflictos. Pekín convocó a las partes relevantes a actuar de manera responsable y a resolver la cuestión mediante canales políticos y diplomáticos. Esta posición refleja una divergencia fundamental en la concepción de cómo abordar los conflictos internacionales y deja en evidencia los límites de la capacidad estadounidense para imponer su voluntad incluso sobre asuntos que considera estratégicos. Bessent indicó que Donald Trump estaba realizando llamadas telefónicas a líderes mundiales para solicitar específicamente que cesen sus interacciones con Teherán, pero no aclaró si el presidente estadounidense contactaría al homólogo chino Xi Jinping, una omisión significativa.

La amenaza del aislamiento total y sus consecuencias

La estrategia anunciada contempla plazos diferenciados según las circunstancias particulares de cada violador de sanciones. Cualquier institución que facilite operaciones de lavado de dinero en nombre de Irán será expulsada del sistema financiero denominado en dólares estadounidenses, lo que representa una exclusión prácticamente total del comercio internacional moderno. En una frase que condensa la urgencia del mensaje, Bessent afirmó: el cronómetro ya comenzó a funcionar. Los tiempos de gracia para decidir se extinguen progresivamente. Anticipándose a estas medidas, los Emiratos Árabes Unidos, aliado cercano de Washington e Israel en la región, anunció la suspensión de sus lazos comerciales con Irán. Turquía, otro socio comercial importante de la República Islámica que ha sido crítico con la campaña estadounidense, aún no se pronuncia sobre las amenazas de castigo económico.

Desde Teherán llegó una respuesta que no admite tergiversaciones. El régimen iraní prometió represalias contra cualquier nación que participe en la campaña de aislamiento dirigida por Washington. El general de división Ali Abdolahi, jefe del estado mayor de las fuerzas armadas, especificó que las acciones de retaliación podrían adoptar múltiples formas: operaciones terrestres, marítimas, aéreas o ciberataques. Esta declaración subraya la disposición de Teherán a escalar el conflicto más allá de los canales económicos. En el contexto del cierre del Estrecho de Ormuz declarado por Irán y el contrabloqueo implementado por Washington sobre las exportaciones petroleras iraníes, cualquier escalada tiene repercusiones que trascienden el bilateralismo y afecta la estabilidad de los mercados energéticos globales.

Analistas especializados advierten sobre los límites de este enfoque. Tras casi seis meses sin obtener victorias militares ni diplomáticas tangibles, Washington aparentemente intenta lograr mediante estrangulamiento económico intensificado lo que la fuerza armada no pudo conseguir. Pero Teherán responde con una lógica de suma cero similar. Los expertos en política internacional señalan que aunque las sanciones pueden ser instrumentos efectivos en circunstancias específicas, es sumamente improbable que generen un arreglo rápido favorable a los intereses estadounidenses, especialmente cuando China mantiene su compromiso comercial con Irán y cuando el régimen iraní ha demostrado capacidad de resistencia y contundencia en sus respuestas. La pregunta que permanece abierta es cuán lejos está Washington dispuesto a llegar en su confrontación con Pekín, y si el costo de esa confrontación —en términos de tensiones geopolíticas, volatilidad económica y riesgos de escalada militar— justifica los beneficios que pudiera derivarse de un aislamiento más completo de Irán.