Una nueva batalla diplomática se abre en Oriente Próximo mientras Marco Rubio, secretario de Estado norteamericano, llega esta semana a los Emiratos Árabes con un mensaje contundente: ninguna nación, y menos aún Irán, podrá imponer peajes al comercio marítimo que transita el Estrecho de Ormuz. La declaración reviste importancia mayúscula porque toca el corazón de las tensiones regionales tras la reciente tregua de 60 días negociada entre Washington y Teherán. Lo que cambia con esta postura es que Estados Unidos intenta blindar uno de los puntos más delicados del acuerdo, mientras aliados del Golfo temen que la liberación de activos congelados de Irán financie su aparato militar.
La ruta marina que une el Golfo Pérsico con el océano Índico representa una de las arterias vitales del comercio mundial. A través de este paso estratégico transita aproximadamente el 20 por ciento del petróleo que circula globalmente, lo que explica por qué cualquier intento de cobro de peajes genera alarma inmediata en Washington y sus socios. Durante su arribo a Abu Dabi, Rubio fue categórico al sostener que se trata de una vía internacional donde, conforme a la normativa vigente, ningún país puede recaudar aranceles ni cargos. "Es una vía fluvial internacional", señaló el funcionario. "Ningún país está autorizado a cobrar peajes en una vía internacional. Eso es lo que dice la ley internacional existente. Así funciona en todas las vías internacionales del mundo, y esperamos que sea igual aquí."
Las ambigüedades del reciente acuerdo y sus consecuencias
Sin embargo, la realidad jurídica del acuerdo suscrito la semana anterior presenta grietas significativas. El documento que selló la tregua contempla un período inicial de 60 días durante el cual el paso permanecería sin aranceles. Pero aquí reside el nudo de la cuestión: tras esos dos meses, Irán y Omán se sentarían a discutir la "futura administración y servicios marítimos en el Estrecho de Ormuz, en conversaciones con otros Estados ribereños del Golfo Pérsico, de conformidad con la ley internacional aplicable y los derechos soberanos de los Estados costeros." Esta redacción abrió las puertas a interpretaciones divergentes. Observadores internacionales consideran que el texto no prohíbe explícitamente a Irán cobrar honorarios o cargos por servicios de transporte, lo cual explica por qué Teherán ha sostenido históricamente poseer ese derecho.
El viaje de Rubio a tres países aliados —Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Bahréin— durante martes y miércoles responde a una necesidad concreta de contención política. Estos tres Estados, además de albergar bases militares estadounidenses de importancia estratégica, han sido impactados por misiles iraníes y mantienen una desconfianza profunda respecto a cualquier acercamiento entre Washington y Teherán. Sus preocupaciones no son abstractas: temen que los aproximadamente 12 mil millones de dólares en activos congelados que Irán recuperaría —6 mil millones mantenidos en Qatar más otros 6 mil millones como préstamo reembolsable de Doha— terminen financiando operaciones militares contra ellos. Además, existe consternación por las restricciones imposibles de controlar sobre el programa de misiles balísticos iraní, que Teherán ha dejado claro que jamás negociará.
Las complejidades económicas y los fondos desbloqueados
La dimensión económica del conflicto añade capas de complejidad a la situación. Irán espera recibir al menos 8 mil millones de dólares adicionales en ingresos por ventas de petróleo durante los próximos dos meses, tras la decisión de la Tesorería estadounidense de expedir una exención de sanciones para exportaciones de crudo iraní. Los documentos oficiales de este permiso especifican que los pagos pueden realizarse en dólares, lo que facilita las transacciones. Pero las proyecciones más optimistas dentro del establishment tehraní hablan de cifras aún mayores: según estimaciones internas, los ingresos por ventas de petróleo sin restricciones —principalmente dirigidas hacia China— podrían superar los 30 mil millones de dólares anuales. Esto representa un cambio radical respecto al comercio clandestino que Irán ha practicado durante años, donde se vio obligada a vender a precios fuertemente descontados. Por su parte, el presidente estadounidense Donald Trump aseguró que los activos desbloqueados quedarían bajo supervisión norteamericana y serían utilizados únicamente para adquirir alimentos y suministros médicos desde territorio estadounidense, una afirmación que Irán rechazó de plano. El gobernador del Banco Central iraniano, Abdolnaser Hemmati, declaró que el memorándum de entendimiento no obliga a invertir esos fondos en productos estadounidenses, sino que las decisiones de compra se tomarían según criterios de calidad y precio.
La región muestra divisiones claras respecto a este arreglo. Mientras Qatar actuó como mediador central en las negociaciones, otros Estados permanecen en posiciones encontradas. El ambiente general entre los aliados estadounidenses sigue teñido de inquietud y resentimiento hacia Irán. Existe también un frente de discusión interno dentro del establishment iraní que considera la posibilidad de un acercamiento genuino con potencias regionales como Turquía, Arabia Saudita, Paquistán y Egipto, una alianza que podría reconfigurar el mapa geopolítico. Más aún, hay indicios de que los Emiratos Árabes —la nación del Golfo con los lazos económicos más profundos hacia Irán— buscan descongelar la crisis relacional. El presidente paquistaní recibió esta semana a su homólogo iranio Masoud Pezeshkian en lo que constituyó el primer viaje internacional después de que concluyera el conflicto.
Incertidumbres persistentes y disputas sobre los detalles del acuerdo
Las discrepancias sobre cómo implementar este acuerdo se multiplican. Trump y su vicepresidente JD Vance insistieron en que los activos liberados solo podrían utilizarse para comprar productos agrícolas estadounidenses como granos de soja. Irán refutó categóricamente esta versión. De igual modo, Teherán cuestionó las afirmaciones de Trump respecto a que Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, habría obtenido autorización iraní para retornar al país e inspeccionar sitios nucleares dañados durante las hostilidades. El navegador Kepler reportó que 36 buques atravesaron el Estrecho de Ormuz el lunes pasado, el volumen de tráfico más alto desde el 1 de marzo, subraya la relevancia del paso y cómo el comercio comienza a normalizarse. Mohammad Bagher Ghalibaf, negociador en jefe de Irán, se reunió con el Sultán de Omán en Mascate para trabajar en un acuerdo de largo plazo sobre la administración del Estrecho, aunque sin avances públicos reportados.
Un aspecto especialmente complicado del texto refiere al Líbano y Hezbollah. El memorándum de entendimiento declara la "terminación inmediata y permanente de operaciones militares en todos los frentes, incluyendo el Líbano" —redacción que pretendería vincular a Israel con el cese de hostilidades contra la milicia chiíta. Esto puede chocar directamente con el acuerdo de tregua Israel-Líbano alcanzado en junio, que estipula que cualquier cesación de fuegos debe acordarse directamente entre ambas naciones, sin intermediarios. Rubio reconoció que los proxies iraníes también deben respetar la tregua, aunque aseguró que este tema se abordaría "en el momento apropiado" de las negociaciones. La cuestión de la soberanía costera versus el derecho internacional marítimo seguirá siendo un punto de fricción: Irán sostiene tener derechos soberanos en sus aguas territoriales, mientras que Washington defiende la libertad de navegación.
Los próximos 60 días representarán una prueba de fuego para la estabilidad regional. Si bien Estados Unidos proyecta confianza en que ningún país se atreverá a desafiar las normas internacionales sobre navegación libre, la historia reciente muestra que Irán ha utilizado diversas tácticas de presión en el Estrecho. Algunos analistas especulan que Teherán podría usar el período inicial sin aranceles para consolidar su posición diplomática, mientras que otros advierten sobre la posibilidad de que busque imponer cargos disfrazados de "servicios de seguridad" o "peajes ambientales" una vez finalizada la tregua. Las potencias del Golfo, por su lado, seguirán monitoreando cuidadosamente cómo se gastan los fondos desbloqueados de Irán y si efectivamente se canalizan hacia capacidades defensivas o se reinvierten en actividades que puedan desestabilizar la región. El objetivo estadounidense de mantener libre este paso marítimo crítico mientras gestiona las inquietudes legítimas de aliados históricos presenta dilemas sin soluciones fáciles, y los resultados de esta diplomacia intensiva determinarán si la tregua prospera o se desmorona en las próximas semanas.



