La contienda electoral que atravesará a Zambia en las próximas horas representa mucho más que una disputa por el poder ejecutivo de una nación africana. En realidad, lo que está en juego es una batalla ideológica y emocional que continúa librándose entre fuerzas políticas cuyo antagonismo ha permanecido vigente incluso después de que uno de sus principales protagonistas dejó de existir. Hakainde Hichilema, quien con 64 años busca consolidar su permanencia en el cargo presidencial tras una victoria electoral arrolladora hace apenas cuatro años, enfrenta acusaciones de ejercer tácticas autoritarias, mientras que sus adversarios prometen resarcir desgracias que quedan sin resolver. El telón de fondo de estos comicios incluye una economía que se ha recuperado de manera visible, pero cuyas ganancias aparentemente no llegan a la mayoría de la población.

Edgar Lungu, el expresidente y principal antagonista político de Hichilema, falleció en junio de 2025 en territorio sudafricano. Sin embargo, su partida del mundo de los vivos no significó la conclusión de una rivalidad que ha marcado profundamente el devenir político zambiano. Lo extraordinario del caso radica en que el gobierno, encabezado por Hichilema, interpuso acciones legales para impedir que la familia del difunto procediera con los rituales funerarios según sus propias convicciones. La familia Lungu, rechazando cualquier intervención estatal que implicara la presidencia de Hichilema en ceremonias fúnebres, se negó rotundamente a que el mandatario actual tuviera participación alguna. Esta pugna llegó a los estrados judiciales sudafricanos, donde la corte suprema de apelaciones falló a favor de los allegados del fallecido expresidente en junio pasado, revirtiendo una decisión anterior del tribunal de primera instancia que había respaldado la posición gubernamental. Semejante conflicto, raramente visto en democracias contemporáneas, evidencia la profundidad de las grietas que separan a estas facciones políticas.

El adversario que ya no está pero sigue presente

En esta nueva ronda electoral, Hichilema no se enfrenta directamente a Lungu, algo impensado hace apenas unos meses. En cambio, su principal opositor es Brian Mundubile, de 55 años, quien encabeza la Alianza Tonse, una coalición de partidos de oposición. Mundubile posee un trasfondo particular: durante la administración Lungu fungió como jefe de látigo gubernamental, es decir, ocupó un rol crucial en la coordinación legislativa del oficialismo. Precisamente, su compañero de fórmula, Makebi Zulu, actuó como portavoz de la familia Lungu en la disputa por los funerales, lo que establece un puente directo entre la oposición actual y la disputa post mortem del expresidente. La estrategia de la coalición opositora incluye promesas explícitas de repatriar los restos de Lungu a territorio zambiano y garantizar que reciba un sepelio acorde a su rango y trayectoria.

Académicos y analistas políticos subrayan que la manera en que una sociedad se relaciona con la muerte y los rituales asociados a ella revela aspectos profundos de su cultura cívica. Christopher Vandome, investigador sénior en el think tank Chatham House, señaló que en el contexto zambiano, incluso quienes apoyan a Hichilema esperan que se otorgue un respeto apropiado a los fallecidos. "Cuando la situación se torna caótica, simplemente hace que quien gobierna se vea como alguien que carece de reverencia", expresó Vandome. Esta valoración sugiere que el manejo de la cuestión Lungu ha tenido consecuencias reputacionales para la administración actual, generando descontento incluso entre sectores que no necesariamente se alinean con la oposición política.

Libertades democráticas bajo escrutinio

Más allá del drama funerario, la campaña ha estado cargada de acusaciones cruzadas sobre prácticas represivas. Los dirigentes de la Alianza Tonse denunciaron que Hichilema ha recurrido a mecanismos de represión durante el período de campaña preelectoral: incursiones en locales de la oposición y detenciones de militantes, con registros que indican que 36 miembros del equipo de Mundubile fueron aprehendidos. El comando de campaña del mandatario salió al contraataque, rechazando categóricamente estas imputaciones e invocando el historial de represión que el propio Hichilema experimentó cuando ocupaba el rol de candidato opositor bajo la anterior administración. Los voceros oficiales remarcaron que en aquella ocasión, Hichilema fue arrestado en 15 oportunidades, se cerraron medios de comunicación como Prime TV y el periódico The Post, además de que se cortó el acceso a internet el día de los comicios. Contrapusieron estas realidades con el escenario actual, donde, aseguran, la oposición puede hacer campaña libremente en todas las provincias, ningún medio fue clausurado y las transmisiones siguen disponibles.

No obstante, organismos internacionales de seguimiento electoral han documentado incidentes preocupantes. Tamika Halwiindi, coordinadora de Transparencia Internacional Zambia, reveló que se han registrado interrupciones policiales a actos de campaña opositores, justificadas frecuentemente con argumentos sobre seguridad pública, pero aplicadas con mayor rigor contra la oposición e independientes que contra el partido gobernante. Asimismo, activistas han denunciado represión contra manifestaciones pacíficas. Mputa Ngalande, del Fight Inequality Alliance, relató que en julio de 2024 fue detenido junto con otros manifestantes durante más de doce horas mientras protestaban contra la compañía estatal de energía, durante un período en que el país enfrentaba cortes de electricidad de hasta 22 horas diarias. El Vandome observó una particularidad intrigante: la experiencia traumática que el propio Hichilema vivió como opositor durante un proceso electoral anterior parece haberlo dejado con una cierta "inseguridad" que lo impulsa a adoptar medidas controlistas que, en realidad, erosionan su legitimidad democrática de manera innecesaria.

Recuperación económica versus realidades cotidianas

Desde una óptica económica, la gestión de Hichilema presenta cifras que sugieren una estabilización considerable. Zambia atravesó una crisis aguda desatada cuando defaulteó en sus pagos de deuda en 2020, durante la presidencia de Lungu. Ahora, la inflación anual se sitúa en 6,5%, un descenso dramático comparado con el 24,6% registrado en julio de 2021. El gobierno implementó políticas de educación pública gratuita a nivel primario y secundario a partir de 2022. Además, la nación africana ha logrado atraer mayor inversión internacional debido a sus vastas reservas de cobre, mineral fundamental para tecnologías verdes. Como gesto dirigido específicamente a votantes jóvenes, Hichilema anunció incrementos del 50% en subsidios de alojamiento para universitarios, medida que fue recibida con entusiasmo en los campus.

Sin embargo, existe una desconexión notable entre estos indicadores macroeconómicos y la experiencia de la población común. Datos del Banco Mundial muestran que el ingreso anual promedio pasó de 1.127 a 1.318 dólares entre 2021 y 2025, mientras que en el mismo período los precios casi se duplicaron. Esta brecha entre crecimiento nominal y aumento del costo de vida genera una sensación de estancamiento. Ngalande formuló la pregunta que circula en las conversaciones cotidianas: "Si la economía anda bien, ¿por qué no se siente en la calle?". La realidad en los barrios y campos zambianos es que acceder a tres comidas diarias sigue siendo una dificultad considerable para amplios sectores. Con casi 8,8 millones de votantes registrados que no solo elegirán presidente sino también diputados y concejales locales, esta frustración económica puede traducirse en decisiones electorales impredecibles.

La jornada electoral de Zambia este jueves condensará múltiples dimensiones de una sociedad en transformación. Las perspectivas sobre qué sucederá divergen entre analistas: algunos subrayan que Hichilema mantiene probabilidades muy altas de reelección debido a la recuperación macroeconómica y la fortaleza organizativa de su partido; otros señalan que la acumulación de tensiones —el agravio de la cuestión funeraria, las denuncias de represión selectiva, el descontento por la brecha entre estadísticas nacionales y realidades locales— podría generar sorpresas en los resultados. Lo que parece indiscutible es que, gane quien gane, Zambia requerirá un esfuerzo consciente de reconstrucción de confianzas democráticas y de cierre de ciclos políticos que permitan al país avanzar más allá de las pugnas personales que han definido su política reciente.