A veces los proyectos creativos más potentes emergen de las grietas emocionales más profundas. Boy Harsher, el dúo conformado por Jae Matthews y Augustus Muller, acaba de anunciar el lanzamiento de su nuevo álbum titulado "Get Mean", un trabajo que marca un punto de quiebre en su trayectoria tanto sonora como vital. El disco llegará el 18 de septiembre a través del sello Atlantic, convirtiéndose en el primer lanzamiento de estudio desde 2019 y representando un cambio fundamental en la manera en que la banda aborda la composición, la producción y, fundamentalmente, la catarsis emocional. Lo que sucede aquí trasciende la simple presentación de un nuevo material discográfico: estamos ante el documento sonoro de una transformación que surgió de la adversidad.

El contexto que rodea la gestación de "Get Mean" resulta crucial para comprender su naturaleza visceral. Durante los primeros meses de 2024, después de una serie de lanzamientos bien recibidos y colaboraciones ambiciosas que consolidaron el nombre de Boy Harsher en el circuito electrónico global, los integrantes de la banda tomaron una decisión que alteraría el rumbo del proyecto: disolver la relación amorosa que los unía. Ese quiebre no fue simplemente un acontecimiento personal, sino el catalizador de un proceso de introspección en el cual Matthews y Muller se vieron obligados a reconciliarse con experiencias previas de turbulencia emocional, pérdidas familiares y, particularmente, bloqueos creativos que habían acumulado en el transcurso de los años. El disco que hoy presentan emerge precisamente de esa encrucijada, de ese momento en el cual la supervivencia emocional se convierte en combustible artístico.

Una sonoridad renovada cargada de simbolismo

Lo que distingue a "Get Mean" de las producciones anteriores del dúo radica en la decisión consciente de expandir la paleta sonora. Durante años, Boy Harsher se había construido una identidad sólida basada en texturas de sintetizadores clásicos y letras que se atrevían a exponerse emocionalmente sin rodeos. Sin embargo, esta vez el dúo decidió romper esos límites autoimpuestos. El álbum introduce una serie de elementos que marcan una desviación deliberada respecto a su fórmula previa: pads desafinados que generan cierta incomodidad acústica, texturas guitarrísticas inscriptas en la estética new romantic, e inflexiones pop que juguetean con la comercialidad sin rendirse completamente a ella. Estos cambios no son cosmética superficial, sino decisiones que reflejan una banda dispuesta a vulnerarse en nuevos territorios.

La canción "Hard Beat", lanzada como adelanto el 21 de julio, ejemplifica con precisión esta renovación estética. Construida sobre sintetizadores contundentes que golpean como metralla rítmica, la pieza presenta letras de Matthews que navegan territorios turbios: vigilancia, desviación, trauma. La estructura compositiva genera una sensación de hipnosis incómoda, reforzada por un coro que bordea lo perturbador. Los versos iniciales —"Take the wheel and lost control / trust me once / let's make it real"— funcionan como un llamado hacia la entrega, hacia la aceptación de ceder el control en un momento en el cual la vida se siente particularmente caótica. El videoclip que acompaña la canción, dirigido por el propio dúo en colaboración con el director de fotografía Owen Smith-Clark, suma capas visuales que refuerzan esa atmósfera de inquietud controlada.

Dolor transformado en arte y movimiento

El tracklist de doce canciones que componen "Get Mean" teje un hilo narrativo que toca duelo, desamor, pérdida y, crucialmente, supervivencia. La secuencia de títulos —que incluye "Jeans" (lanzado previamente), "Break Me", "Tough Luck (When You Don't Call)", "Coming Home", "Ice Pick (Walk Away)", "Ivy's Spiral", "Pray 4 Me", "Falling ~" y "Bleed", entre otros— sugiere una progresión emocional deliberada, como si se tratara de un viaje a través de las distintas fases del duelo y la reconstitución personal. Matthews ha declarado que el material fue elaborado a partir de "lo que tenía para dar durante el período más extremo de mi vida", una frase que cristaliza la vulnerabilidad que permea todo el trabajo. No es un álbum que pretenda trascendencia fácil o resoluciones agradables; es, más bien, un registro honesto de lo que significa atravesar el dolor y emergir del otro lado modificado pero íntegro.

Más allá del lanzamiento discográfico, Boy Harsher ha anunciado una gira de presentaciones por América del Norte que comenzará el 25 de septiembre en Hudson, con paradas programadas en ciudades como Montreal, Chicago, Los Ángeles, Las Vegas y Nueva Orleans. Estos shows representarán la oportunidad de experimentar el material en directo, de transformar el disco privado en evento compartido. Pero el alcance creativo del dúo no se agota en la música grabada o en la presentación en vivo. Paralelamente, Matthews y Muller se encuentran trabajando en un debut cinematográfico titulado "The Lonely Woman", un largometraje que cuenta con participaciones de actrices y músicos de envergadura como Chloë Sevigny, FKA twigs y Sturgill Simpson. Este proyecto audiovisual amplía las posibilidades expresivas del dúo, permitiéndoles explorar narrativas visuales que complementan su universo sonoro.

La llegada de "Get Mean" al mercado discográfico invita a reflexionar sobre múltiples aristas. Por un lado, existe la perspectiva que celebra la capacidad del arte de transformar el sufrimiento en belleza comunicable, viendo en este álbum un ejemplo de cómo las crisis personales pueden catalizar la innovación creativa. Por otro lado, están quienes observarán si esta apertura sonora, esta incorporación de elementos pop y guitarrísticos, representará un alejamiento respecto a la base de seguidores que apreciaba la pureza de las texturas sintetizadas clásicas del proyecto. Asimismo, la simultaneidad de múltiples proyectos —disco, gira, película— sugiere un nivel de actividad y productividad que algunos podrían interpretar como catártico, mientras que otros podrían cuestionar si la intensidad del cronograma no representa un riesgo para la sustentabilidad creativa a mediano plazo. Lo cierto es que Boy Harsher ha tomado la decisión de no replegarse ante la adversidad, sino de convertirla en movimiento, en sonido, en imagen. El resultado será evaluado por una audiencia que, sin dudas, traerá sus propias heridas y búsquedas a la experiencia de escuchar "Get Mean".