A más de cincuenta años de haber revolucionado el panorama musical occidental desde lugares tan improbables como Ohio y Georgia, dos de las formaciones más radicales del siglo XX vuelven a coincidir en el escenario. DEVO y The B-52s comparten ahora una gira de co-encabezados que toca el Reino Unido durante junio de 2026, trayendo consigo décadas de historia entrelazada, un legado de musicalidad extraña y una perspectiva compartida sobre cómo el arte debe servir como espejo de la turbulencia política y social. Este encuentro es más que un mero nostalgia tour: representa la confluencia de dos visiones completamente distintas pero paradójicamente complementarias que, juntas, plantean interrogantes sobre qué vendrá después en una era dominada por la inteligencia artificial y la fragmentación cultural.
Orígenes accidentales en la periferia musical americana
Cuando Mark Mothersbaugh y sus compañeros de DEVO se conocieron como estudiantes de arte en la Universidad Estatal de Kent, Ohio, no tenían intenciones de formar una banda de rock que dejaría su huella en la historia. Lo que los catalizó fue un evento que marcó profundamente su comprensión del país que habitaban: en 1970, la Guardia Nacional disparó contra estudiantes que protestaban contra la guerra, un acto de represión que transformó la indignación abstracta en una necesidad visceral de expresión. Utilizaron el concepto de "des-evolución" como herramienta satírica para articular su creencia de que la humanidad retrocedía moralmente, de que la sociedad se alejaba de sus mejores impulsos. En sus propias palabras, cuando comenzaron apenas soñaban con crear un espacio donde pudiera existir música genuina: imaginaban tocar para apenas treinta personas apasionadas en un recinto que ellos mismos administrarían.
Mientras tanto, en Athens, Georgia, un puñado de individuos igualmente desorientados pero creativos estaba cultivando algo radicalmente diferente. The B-52s presentó su primer concierto en febrero de 1977, en una casa prestada durante una noche de San Valentín, cuando la escena musical de su ciudad era prácticamente inexistente. La energía que irradiaban era tan contagiosa que sus amigos bailaron con tanta intensidad que las estructuras del edificio literalmente vibraban. Lo que comenzó como un experimento social se convirtió rápidamente en un fenómeno que ganaba adeptos dondequiera que actuaba. Cuando la banda regresó a Athens al año siguiente, sus canciones ya sonaban en las casas de hermandades que anteriormente les arrojaban objetos desde el público. Este cambio de percepción no fue producto de la asimilación, sino de la persistencia: simplemente siguieron siendo exactamente lo que eran, sin concesiones.
El rechazo como combustible creativo
Ambas formaciones experimentaron resistencia similar en sus primeras etapas. Para DEVO en Ohio, el contexto era particularmente hostil. La región estaba poblada por trabajadores que salían agotados de las fábricas de caucho y acudían a bares para anestesiarse con alcohol y versiones cover de éxitos conocidos. La idea de escuchar algo nuevo, experimental y conceptualmente provocador era radicalmente ajena al ambiente. La banda fue literalmente pagada para abandonar lugares durante sus primeras presentaciones, una humillación que refuerza la naturaleza contranatural de su propuesta artística. Kate Pierson recuerda un escenario igualmente inhóspito pero con tonalidades distintas: la hostilidad abierta de grupos de varones vinculados a fraternidades universitarias que consideraban a The B-52s como algo incomprensible y amenazante. Sin embargo, ese rechazo inicial terminó siendo la confirmación de que estaban tocando algo real, algo que el establishment musical no podía categorizar ni contener fácilmente.
Existe una ironía notable en cómo ambas bandas fueron percibidas internacionalmente: la gente asumía que eran originarias de Inglaterra o, en el caso de The B-52s, de otro planeta. El acento norteamericano, la sensibilidad artística y la incapacidad de encajar en las convenciones del rock anglosajón hacían que los oyentes europeos simplemente no pudieran imaginar que estas expresiones tan radicalmente ajenas provinieran del corazón de Estados Unidos. DEVO incluso trabajó una estética visual que jugaba deliberadamente con esta confusión: Mothersbaugh menciona que algunos miembros de la banda tenían problemas dentales que contribuían a la ilusión de procedencia británica. Todo era calculado, desde la vestimenta hasta el lenguaje corporal, pero también genuinamente extraño, imposible de sintetizar o replicar.
Influencias que moldearon a íconos del underground
La influencia ejercida por estas dos bandas sobre el curso posterior del rock e incluso la música popular es difícil de cuantificar pero evidente en retrospectiva. Kurt Cobain, fundador de Nirvana, ha señalado que presenciar a The B-52s en un programa de televisión en 1980 le abrió los ojos a la existencia de música genuinamente rara. Este acto de revelación fue determinante para un artista que luego revolucionaría el rock hacia finales de la década siguiente. Cobain también expresó admiración explícita por DEVO, afirmando que de todos los actos que emergieron del underground y alcanzaron el mainstream, DEVO fue el más desafiante y subversivo de todos. Esta caracterización captura algo fundamental: mientras que otros artistas de culto que lograron éxito comercial tendieron a suavizar sus aristas, DEVO nunca comprometió su visión apocalíptica y crítica.
Pero quizás la validación más extraordinaria provino de una fuente completamente inesperada: John Lennon llegó a cantar "Uncontrollable Urge" de DEVO en presencia del propio Mothersbaugh. Este gesto, aparentemente casual, representa una conexión entre dos generaciones de inconformistas musicales. Igualmente notable es que Lennon y Yoko Ono atribuyeran a "Rock Lobster" de The B-52s como el catalizador que los impulsó a regresar al estudio para registrar el álbum "Double Fantasy" en 1980. Una canción sobre crustáceos danzantes, absurda en su premisa literal pero impecable en su construcción musical, fue lo que necesitaba un Beatle envejecido para recuperar su fuego creativo. Estos nexos sugieren que la singularidad radical no es un obstáculo para la resonancia profunda, sino precisamente su requisito.
Reflexiones sobre el presente y especulaciones sobre el futuro
A los setenta y cinco años, Mothersbaugh posee la perspectiva temporal para contextualizar las preocupaciones que motivaron a DEVO en los años setenta. Cuando la banda conceptualizó la "des-evolución" como respuesta a lo que percibían como regresión moral y política en América post-Nixon, eran jóvenes hombres cuya visión del futuro estaba teñida por la desesperación. Ahora, décadas después, observa con cierta resignación que existe un ciclo inherente a la humanidad: períodos de progreso alternados con épocas de oscurantismo, avaricia y regresión. No es una conclusión consoladora, pero sí una que proporciona contexto. Durante los años setenta, Mothersbaugh dice haber deseado haber nacido cincuenta años antes para haber experimentado directamente el movimiento Dada en París o el Futurismo en Berlín. Hoy reconoce que cada generación confronta sus propios momentos de quiebre cultural.
Sin embargo, lo que genera genuina esperanza en Mothersbaugh es la capacidad de la juventud contemporánea para transformar las amenazas en materia prima artística. Especula que una nueva ola de artistas será inspirada precisamente por los aspectos más aterradores del presente: la inteligencia artificial, la vigilancia aumentada, la pérdida de libertades individuales y la avaricia desenfrenada. Esta es una intuición importante: mientras que algunos observadores ven el entorno digital contemporáneo como hostil a la creación genuina, Mothersbaugh predice lo opuesto. La próxima generación de compositores, visualistas y performers tomará estos mismos elementos que generan ansiedad y los convertirá en expresiones que harán que los músicos vivos se pregunten: "¿Por qué no se me ocurrió eso?"
Pierson, por su parte, expresa una preocupación más inmediata: ante la aparente deriva política en Estados Unidos, especula sobre la posibilidad de mudarse a otro país si las cosas continúan deteriorándose. Pero mantiene una fe cautelosa en que toda acción provoca una reacción, que el péndulo eventualmente se invierte. Ambos artistas abordan la cuestión de la inteligencia artificial con una sofisticación que va más allá de la tecnofobia superficial. Mothersbaugh recuerda cómo la introducción del Mellotron en los años sesenta fue recibida con pánico por los sindicatos de músicos, quienes temían que el instrumento eliminara empleos. Hoy es evidente que el Mellotron simplemente abrió nuevas posibilidades creativas sin reemplazar a los músicos de verdad. Aplica esta lección histórica a la IA: reconoce que habrá un período inicial de novedad donde las canciones generadas por algoritmos resulten curiosas o humorísticas, pero descarta la posibilidad de que los oyentes se conformen exclusivamente con música artificial.
Identidad queer, sensibilidad artística y la libertad de ser completamente raro
The B-52s, cuya formación incluye varios miembros que identifican como LGBTQ+, se convirtió en un símbolo de liberación para muchos artistas jóvenes, particularmente durante la era del sida cuando la represión cultural alcanzaba sus máximos niveles históricos. Pierson enfatiza que la sensibilidad queer del grupo no era meramente estética o conceptual: los miembros eran genuinamente queer y su entorno en Athens proporcionaba una burbuja social donde la excentricidad era no solo tolerada sino celebrada. Cuando viajaron a Nueva York con sus trajes confeccionados en tiendas de ropa usada, la sofisticación urbana no pudo categorizar lo que veía. ¿Eran drag queens británicas? ¿Visitantes intergalácticos? La incapacidad misma del establishment cultural para clasificarlas fue un acto de liberación.
Para Mothersbaugh, quien reconoce que DEVO también poseía una sensibilidad queer aunque de manera más implícita que explícita, la cuestión de la identidad está entrelazada con la noción más amplia de ser completamente diferente en un mundo que demanda conformidad. El mismo impulso que llevó a DEVO a concebir el proyecto de someterse a cirugía plástica para verse idénticos (un plan que por suerte nunca se concretó por falta de fondos) refleja una disposición a abrazar lo absurdo como herramienta de crítica social. Pierson menciona que el guitarrista original de The B-52s, Ricky Wilson, en algún momento sugirió que toda la banda se rapara la cabeza y usara vestidos de granja, una idea que Mothersbaugh considera que hubiera generado un video memorable. Aunque no se materializó, la mera existencia de estas conversaciones revela cuán radicales eran los parámetros dentro de los cuales estas bandas operaban.
Anécdotas que revelan una época y sus márgenes
Entre las historias más notables de sus respectivas carreras se encuentra un incidente que vincula a Mothersbaugh con dos de las figuras más icónicas del siglo XX: Michael Jackson y Andy Warhol. Antes de que DEVO firmara un contrato discográfico, Mothersbaugh fue invitado a una cita doble en Nueva York, una invitación que lo colocó en el emblemático Studio 54 durante su apogeo. La anécdota no es meramente sobre la codeína o el consumo de drogas, sino sobre los mundos que colisionaban en ese momento específico de la cultura americana. Michael Jackson, según el relato, no participó en el acto que otros sí realizaron, pero la atmósfera del espacio capturó algo de la era: la convergencia imposible de un músico de Ohio experimental, el King of Pop, el artista visual más influyente de la época y una atmósfera de liberalismo químico. Mothersbaugh recuerda alucinar que las bolas de espejo bajaban y golpeaban las cabezas de los concurrentes mientras la sangre goteaba. Es una imagen surrealista que podría haber sido extraída de una película de Warhol.
Pierson tiene su propio encuentro con esta era, aunque significativamente menos glamoroso. Fumó angel dust accidentalmente con Danny Beard, quien produjo su primer disco "Rock Lobster". La experiencia resultó en la clásica incapacidad para moverse, en que ambos quedaran literalmente paralizados y tuvieran que ser transportados físicamente. Su encuentro con Warhol fue aún más mínimo: un apretón de manos caracterizadamente frío, el tipo de interacción que captura la distancia emocional del artista pop. Fred Schneider, el vocalista de The B-52s, aparentemente tiene su propia historia sobre Warhol, aunque Pierson cede el piso para que sea Schneider quien la cuente en otra ocasión. Estas anécdotas funcionan como instantáneas de una época donde los márgenes culturales y el centro pop podían intersectarse de maneras completamente arbitrarias.
Cuando se les pregunta sobre sus canciones favoritas mutuamente, ambos artistas demuestran una comprensión profunda de la estructura musical más allá de la nostalgia superficial. Pierson adora "Whip It" de DEVO porque describe la canción como "inescapable", una caracterización que apunta a su pegadizo construcción pero también a la manera en que se infiltra en la conciencia cultural. Mothersbaugh, a su vez, expresa admiración específica por cómo los componentes de guitarra en "Rock Lobster" se interconectan, y enfatiza que las voces distintivas de The B-52s hacen instantáneamente identificable cualquier canción del grupo. Pierson ofrece un análisis técnico de cómo el guitarrista Ricky Wilson utilizaba su instrumento como si fuera una ametralladora, y cómo la famosa construcción de "Rock Lobster" con solo cuatro cuerdas (las dos intermedias aus



