La maquinaria del rock pesado volvió a encenderse a toda potencia el martes pasado en Toronto. Foo Fighters y Queens of the Stone Age compartieron escenario por primera vez en una gira conjunta de proporciones descomunales, marcando el pistoletazo de salida de un recorrido que atravesará toda América del Norte durante los próximos dos meses. Lo que sucedió en el Rogers Stadium no fue simplemente un concierto: fue la confirmación de que el rock de amplitud épica sigue teniendo capacidad de convocar multitudes y de generar esa adrenalina que caracterizó a las producciones de gran escala durante décadas.

El evento, bautizado como gira "Take Cover", representa algo más que una suma de bandas en un cartel. Es el resultado de una amistad que Dave Grohl y Josh Homme han cultivado desde hace tres décadas, cuando el fundador de Foo Fighters presenció por primera vez a Queens of the Stone Age en su etapa inicial con Kyuss, allá por 1992. Grohl recordó públicamente ese primer encuentro cuando se anunció la gira hace apenas unos meses, subrayando que la conexión entre ambos artistas trasciende la música que componen juntos. Esa genealogía del rock, ese hilo que conecta generaciones de músicos, es lo que le da peso al espectáculo que se desplegó en territorio canadiense.

Una noche de setlists estratégicos y tributos emotivos

Queens of the Stone Age subió al escenario primero, sin aspavientos pero con toda la contundencia que caracteriza su propuesta sonora. Los Once temas que desplegaron funcionaron como un resumen de sus mayores logros: desde "In My Head" hasta "A Song for the Dead", pasando por himnoico del rock alternativo como "Go with the Flow" y "No One Knows". La banda de Homme demostró que no necesitaba de artificios elaborados para ocupar ese espacio de casi una hora. Su sonoridad visceral, esa mezcla de groove heavy y armonías hipnóticas que forjaron a mediados de los noventa, bastaba para justificar la presencia de decenas de miles de personas bajo el techo de un estadio de ese calibre.

Cuando llegó el turno de Foo Fighters, la producción escaló varios niveles. Grohl y compañía emergieron entre espesas nubes de humo rojo, iniciando un periplo de 27 canciones que abarcó prácticamente toda su historia discográfica. Lo notable fue la distribución: apenas una canción del material más reciente, "Caught in the Echo" de su álbum "Your Favorite Toy", mientras que la mayoría del repertorio provino de trabajos clásicos. El setlist funcionaba como una arqueología del grupo, retrocediendo desde la actualidad hacia sus raíces, pasando por todos los mojones que marcaron su evolución estética.

Instantes de intimidad en medio de la vastedad

Lo que resultó particularmente efectivo fue la estrategia de ruptura que implementó la banda durante la segunda mitad del concierto. Trasladaron la acción a un escenario secundario, más pequeño, donde desplegaron versiones acústicas de "Wheels" y "Big Me", además de una interpretación en solitario de "Under You" a cargo de Grohl. Este recurso, que en menor escala podría resultar obvio, funcionó magistralmente en un estadio: permitió que la energía colosal se contuviera por momentos, generando una intimidad paradójica dentro de esa vastedad arquitectónica. Luego, el show recuperó su volumen y su espectacularidad, cerrando con "Everlong" mientras pirotecnia iluminaba el cielo nocturno de Toronto.

Dos detalles merecen mención especial por su carga simbólica. La interpretación de "Aurora" fue dedicada a Taylor Hawkins, el baterista que falleció en 2022 y cuya ausencia sigue siendo un vacío en la banda. Por su parte, "The Teacher" funcionó como un homenaje a Virginia, la madre de Grohl. Estos momentos de pausa reflexiva, insertos en la vorágine del show, conectaban al público con la humanidad detrás de la máquina del rock. No se trató de mero oropel sentimental, sino de gestos que reconocían pérdidas reales y la manera en que esas pérdidas moldean el presente de una banda.

Este primer show marca también el retorno de Foo Fighters a Toronto después de cuatro años de ausencia. Para Queens of the Stone Age, representa su primer acto en territorio norteamericano tras completar una gira como teloneros de System of a Down en Europa. Ambas bandas llegan a esta travesía en momentos de renovación relativa: QOTSA acaba de lanzar el sencillo "Easy Street", su primer material nuevo en casi dos años, evidenciando una energía creativa que estaba latente. La banda incluso se permitió el lujo de inaugurar una línea telefónica de quejas disponible las 24 horas, un guiño irónico que muestra su disposición a mantener cierta ligereza incluso en medio de producciones de dimensiones titánicas.

La larga marcha hacia Las Vegas

Lo que sucedió en Toronto es apenas el primer capítulo de una saga que se extenderá hasta el 26 de septiembre, cuando ambas bandas lleguen a Las Vegas para cerrar este ciclo. Entre medias, la gira pasará por Detroit esta noche, continuando su avance a través de los grandes centros de población de América del Norte. La estructura de "Take Cover" incluye también a Mannequin Pussy como banda apertura, completando un cartel que busca combinar propuestas consolidadas con voces más contemporáneas.

La relevancia de esta gira trasciende lo meramente espectacular. En un contexto donde la industria musical ha fragmentado sus audiencias a través de plataformas digitales, donde el streaming ha alterado la economía de los conciertos en vivo, y donde las grandes producciones de rock se han vuelto menos frecuentes, esta asociación entre Foo Fighters y Queens of the Stone Age representa una apuesta: la de que aún existe un público dispuesto a convocarse físicamente, a ocupar estadios, a participar de rituales comunitarios que la música en directo genera. Las consecuencias de esta decisión se desplegarán durante los próximos meses, con variaciones posibles en términos de audiencia, cobertura mediática y, por supuesto, en el impacto que este tipo de experiencias tiene en la industria musical más amplia y en la manera en que las nuevas generaciones se relacionan con el rock como formato de entretenimiento de gran escala.