La desaparición de Rubén Rada el 26 de agosto pasado a los 83 años cerró un capítulo fundamental en la historia sonora del Río de la Plata, pero también abrió una puerta inesperada: la posibilidad de que sus herederos continúen escribiendo el legado de uno de los proyectos más revolucionarios que surgió en tierras orientales. En las próximas semanas, Lucila, Julieta y Matías Rada pisarán el escenario junto a una figura emblemática del pasado musical rioplatense para revivir lo que fue Tótem, esa formación que hace más de cinco décadas combinó ritmos ancestrales con guitarras eléctricas y transformó para siempre la manera en que se entendía la música en Uruguay. Lo que comenzó como un proyecto de celebración ahora adquiere dimensiones de responsabilidad histórica: mantener vivo un sonido que se creía definitivamente enterrado, pero que sus creadores nunca permitieron que muriera del todo.

A pocas semanas del adiós del artista, la familia tomó una decisión cargada de simbolismo: no dejar que el proyecto se perdiera en los archivos. Los conciertos están programados para el 10 y 11 de octubre a las 21 horas en el Auditorio del Sodre, el mismo escenario que ha albergado lo mejor de la cultura uruguaya durante décadas. La determinación de avanzar con los shows no fue impulsiva ni negligente: según explicó Lucila Rada en declaraciones públicas, la familia se tomó varios días para reflexionar qué hubiera querido el músico. La conclusión fue unánime. "Luego de pensar y sentir unos días en familia, hemos tomado la decisión de hacer los shows en homenaje a Tótem. Estamos convencidos de que es lo que nuestro padre hubiera querido", expresó la heredera. Esas palabras sintetizan algo más profundo que una simple continuidad artística: revelan cómo los Rada entienden el deber de preservar lo que fue uno de los periodos más fecundos de creación musical en el Cono Sur.

Un puente entre generaciones y décadas

Pero esta no es una iniciativa exclusivamente familiar. El otro gran protagonista de estas jornadas será Daniel "Lobito" Lagarde, el bajista histórico de Tótem, quien durante aquella época de oro fue mucho más que un músico: fue el cómplice diario de Rada, el que acompañaba las inspiraciones melódicas que el cantautor capturaba caminando por las calles, el que se sentaba con una guitarra en la mano para ayudar a pulir acordes y dar forma final a composiciones que trascienden los géneros. Lagarde aceptó la propuesta sin dudarlo. "Cuando me lo propuso Rubén acepté enseguida", recordó el bajista, refiriéndose al momento en que el propio Rada le extendió la invitación para participar en este tributo. Sus palabras adquieren una carga emocional particular ahora que el creador ya no está: son el reflejo de una lealtad que sobrevive al tiempo y a la ausencia.

Para Lagarde, aquella etapa formativa fue definitoria. En sus recuerdos, aparece una imagen recurrente: "Éramos muy compinches con Rubén en esa época, componiendo, caminando por la calle, Rubén pensando en melodías. Luego yendo a mi casa, agarrando la guitarra y ayudándolo con los acordes". Esa química creativa, esa complicidad casi telepática entre instrumentos y voces, es precisamente lo que estas presentaciones buscarán evocar. No se trata apenas de una recreación nostálgica de canciones viejas: es un intento por recuperar un método, una forma de estar juntos frente a la música que marcó toda una generación de compositores y oyentes. Cuando los tres Rada compartan el escenario con Lagarde, el público uruguayo tendrá la oportunidad de presenciar un encuentro entre épocas: entre el músico veterano que fue testigo directo de la creación de Tótem y los herederos que crecieron escuchando esa música y sus resonancias.

El candombe beat: cuando lo ancestral se encontró con lo moderno

Para entender la magnitud de lo que Tótem significó, es necesario retroceder a principios de los años setenta, cuando la música uruguaya estaba en busca de identidad. La banda fue fundada por Rubén Rada y el guitarrista Eduardo Useta, con una propuesta audaz que parecía imposible a primera vista: fusionar el candombe, expresión musical profundamente enraizada en la cultura afro-uruguaya y con siglos de antigüedad, con los sonidos del rock, el jazz y la música beat que invadía el mundo desde Londres y Nueva York. La formación clásica de Tótem incluyó a Rubén Rada en voz, Eduardo Useta y Enrique Rey en guitarras, Mario "Chichito" Cabrales en percusión, Roberto Galletti en batería y Daniel "Lobito" Lagarde en bajo. Era un colectivo de creadores que funcionaba con precisión casi de relojería, pero siempre dejando espacios para la improvisación y el devenir espontáneo.

El impacto fue inmediato y duradero. El primer álbum de Tótem se editó en 1971 bajo el homónimo título "Tótem", y la recepción del público y la crítica fue tan positiva que la banda continuó con "Descarga" en 1972. Estos discos no fueron productos de un simple experimento musical: fueron manifiestos sonoros que probaban que era posible llevar los ritmos más ancestrales de la negritud rioplatense a contextos modernos sin traicionar ni la tradición ni la contemporaneidad. La identidad que Tótem construyó se convirtió en referencia obligatoria para la música rioplatense, un modelo de cómo podía dialogar lo propio con lo universal. Si bien la agrupación se disolvió en 1974, apenas tres años después de su debut, su legado no se diluyó con la misma rapidez. Su influencia permeó generaciones posteriores de músicos que crecieron escuchando a Rada y entendiendo que la identidad cultural no era un obstáculo sino una fortaleza creativa.

Julieta Rada, una de las herederas que subirá al escenario, ha sido clara al respecto: considera que Tótem "nos marcó a todos" y que representa una oportunidad para recordar esa historia viva. En sus palabras resuena la convicción de que esta celebración tiene una responsabilidad colectiva: "dejar bien arriba la bandera de la música uruguaya". No habla solamente como hija de Rubén Rada, sino como parte de una comunidad que siente que ciertos sonidos, ciertos momentos de la historia cultural, merecen ser recuperados y revitalizados ante nuevas audiencias. Las nuevas generaciones que descubran Tótem a través de estos conciertos tendrán acceso a una ventana directa hacia un periodo en el que Uruguay fue epicentro de innovación musical, cuando la creatividad local no necesitaba validación externa porque validaba a sí misma.

Las consecuencias de revivir lo que parecía definitivamente pasado

Estos conciertos del 10 y 11 de octubre en el Sodre abrirán interrogantes complejos sobre cómo una sociedad gestiona la memoria artística de sus maestros. Por un lado, la iniciativa de la familia Rada podría representar el inicio de un reconocimiento más amplio de Tótem y una revaloración de la música uruguaya de los setenta entre públicos que no fueron testigos directos de aquella era. La presencia de Lagarde, vivo aún a una edad avanzada, da un carácter de autenticidad que los homenajes póstumos muchas veces pierden: hay aquí un encuentro genuino entre generaciones, entre quienes vivieron la creación y quienes heredan su memoria. Por otro lado, queda la pregunta sobre qué significa ocupar el lugar vacío que dejó el creador principal: ¿los hijos de Rada estarán reproduciendo un sonido o reinterpretándolo desde su propia contemporaneidad? ¿El Auditorio del Sodre acogerá una ceremonia de duelo o una celebración de continuidad? La respuesta probablemente oscile entre ambas posibilidades, reflejando la complejidad del momento: un adiós que se convierte en un comienzo.