En el ecosistema del entretenimiento argentino, existe una realidad incómoda que rara vez se aborda en pantalla: quiénes están detrás de cada cantante, rapero o artista que brinda una entrevista, firma autógrafos o sube a un escenario. Durante más de veinte años, Majo Riera ha permanecido en ese lugar de la invisibilidad, acompañando el ascenso meteórico de su hija Lali Espósito sin que su rol, sus decisiones, sus ansiedades y su trabajo recibieran reconocimiento público alguno. Ahora, a través de un programa que se estrenará el próximo 27 de agosto en la plataforma Flow, aquella mujer que prefería mantenerse fuera de los focos decide contar su propia experiencia y, en el proceso, visibilizar las de otras madres que comparten un destino similar.
El formato se llama "Bien de familia" y propone un giro respecto a la tradición mediática argentina, donde la atención siempre recae en el artista que brinda la nota. Aquí, en cambio, el protagonismo pasa a manos de quienes históricamente han quedado relegadas al rol de acompañantes. Riera asume el lugar de conductora y entrevistadora, un salto cualitativo en su carrera que marca el cierre de una etapa y la apertura de otra. Durante dos décadas estuvo al lado de Lali en cada paso: audiciones, primeras presentaciones, giras nacionales e internacionales, contratos, crisis personales y triunfos. Pero fue un comentario casual de alguien cercano el que le hizo replantearse el lugar que ocupaba. "Dejá que te vea el seguidor", le sugirieron en algún momento. Esa frase disparó una reflexión profunda: estaba ahí, trabajando, tomando decisiones, conteniendo, invirtiendo energía emocional y a menudo también financiera, pero era completamente invisible para la audiencia que consumía el trabajo de su hija.
Las historias detrás del escenario
La estructura de "Bien de familia" parte de esa inquietud personal para expandirse hacia un universo mucho más amplio. El elenco de participantes reúne a madres de algunos de los artistas más relevantes de la música urbana y pop contemporánea argentina. Allí aparecen las familias de Duki, cuya carrera en el trap representa un fenómeno de escala masiva; Emilia Mernes, quien ha transitado tanto la industria musical como la actuación; Milo J, exponente del género urbano; Nicki Nicole, artista que alcanzó proyección internacional desde muy joven; y Tiago PZK, cuya trayectoria en el reggaetón ha crecido notablemente en los últimos años. Cada una de estas madres porta historias particulares, contextos diferentes, desafíos únicos. Sin embargo, existe un hilo conductor que las une: el impacto de acompañar a un hijo o hija cuya vida pública es consumida por millones, donde cada movimiento es cuestionado, analizado, criticado o glorificado.
Majo Riera también incluye en el proyecto a Marlene Montaner, esposa de Ricardo Montaner, quien representa una perspectiva adicional sobre los desafíos de estar vinculado a una persona cuya carrera ha trascendido fronteras y décadas. La presencia de Montaner subraya que las dinámicas familiares bajo el escrutinio público no responden a una sola generación ni a un único contexto histórico. El programa busca explorar cómo estas personas viven el éxito de sus hijos, cómo navegan la exposición mediática permanente, cómo preservan los vínculos y la privacidad en un contexto donde ambas cosas están constantemente amenazadas. Riera explica que una vez decidida a hacer el programa, "fui a su encuentro", impulsada por la curiosidad de descubrir si otras mujeres experimentaban inquietudes similares a las suyas. Lo que encontró fueron historias tejidas con esfuerzo, con acompañamiento diario, con actos de contención que pocas veces son registrados o nombrados públicamente.
Un momento de convergencias
El estreno de "Bien de familia" ocurre en un contexto particular para la carrera de Lali Espósito. La artista se encuentra en la recta final de su gira "No vayas a atender cuando el demonio llama", un ciclo que ha marcado el eje conceptual de su último trabajo discográfico. La tercera presentación en el Estadio River Plate está programada para el 26 de septiembre, una fecha que acumula significados. Ese día marca, además, dos años del lanzamiento de la canción "Fanático", tema que funcionó como punto de quiebre en la narrativa artística de Espósito e inició la secuencia conceptual que ha sostenido toda la etapa que ahora se cierra. River Plate representa el pico máximo de capacidad de público en Argentina, un lugar donde solo se presentan los artistas que han alcanzado una escala de convocatoria masiva. Que Lali vuelva allí por tercera vez en el mismo ciclo de gira habla de un fenómeno que mantiene su fuerza sin disminuciones.
La convergencia de estos eventos —el estreno de "Bien de familia" solo dos meses antes del show final en River Plate— parece estratégica, aunque no necesariamente planificada como tal. El programa llegará a la pantalla justo cuando la carrera de Lali está en un punto de visibilidad máxima, lo que le asegura una audiencia interesada. Pero además, Riera aprovecha esa ventana mediática para poner en primer plano historias que de otro modo seguirían siendo marginalidad. El programa incluye un encuentro entre Majo y su propia hija, un segmento que probablemente sea uno de los más esperados por la audiencia, pero que también funciona como testimonio de una relación que ha estado siempre ahí, en el trasfondo de toda la carrera de Espósito.
La decisión de Majo Riera de ingresar al mundo de la conducción y la entrevista marca una transformación en su rol público, pero también refleja una tendencia más amplia en la industria del entretenimiento. En los últimos años, ha cobrado importancia visibilizar a aquellos que históricamente han operado desde la sombra: productores, managers, familias, equipos técnicos. El reconocimiento de que estos actores no son simplemente figuras de apoyo, sino personas con agendas, miedos, aspiraciones y reflexiones propias, ha comenzado a permear la narrativa mediática. "Bien de familia" se posiciona dentro de esa lógica, pero con un enfoque específico: las madres, figuras que en la cultura argentina portan una carga simbólica particular, casi mítica.
Las consecuencias de este tipo de iniciativas pueden leerse desde múltiples perspectivas. Por un lado, existe la posibilidad de que genere una discusión más honesta sobre los costos personales del éxito en la industria musical, sobre cómo las familias negocian la exposición pública y sobre el rol muchas veces invisibilizado de quienes sostienen las carreras desde adentro. Por otro lado, algunos podrían argumentar que trasladar este tipo de dinámicas al espectáculo corre el riesgo de estetizar lo que son, en algunos casos, relaciones complejas o incluso conflictivas, transformándolas en narrativas de consumo. Asimismo, el formato plantea interrogantes sobre el límite entre la visibilización merecida y una exposición que podría replicar las mismas dinámicas de invasión de privacidad que las familias han enfrentado durante años. Lo que está en juego es cómo el entretenimiento se relaciona con la intimidad, y si existen formas de contar esas historias que respeten tanto la necesidad de visibilidad como el derecho a la privacidad.



