La radio jugó un papel determinante en la vida de Nahuel Pennisi. No fue un encuentro planificado ni buscado con ansias, sino un hallazgo fortuito mientras cambiaba emisoras siendo apenas un niño de siete años. Del otro lado de la frecuencia surgió una voz que despertaría curiosidad inmediata, que plantearía preguntas a sus padres roqueros, que sembraría una semilla musical que germinaría durante décadas. Hoy, adulto consolidado en la escena argentina, Pennisi retorna a aquel momento fundacional mediante un disco íntegro dedicado a Mercedes Sosa, la tucumana que lo cautivó sin saberlo. El proyecto representa no solamente un reconocimiento a una de las grandes figuras del arte nacional, sino también una pausa reflexiva en la propia trayectoria del músico, quien decide temporalmente dejar en suspenso su autoría para sumergirse en la reinterpretación de aquellas canciones que lo moldearon.

El descubrimiento que cambió el rumbo

Cuando Nahuel Pennisi canta Mercedes Sosa llegó a los estudios para presentar su nuevo trabajo ante la conductora Paola Prenat, llevaba consigo mucho más que un simple disco de versiones. Traía la memoria intacta de aquel momento crucial cuando, al girar la perilla de una radio, tropezó con una emisora dedicada al folclore. "Me acuerdo de 'Alfonsina y el mar'. Estaba pasando el dial y me encuentro con una emisora folclórica. Escucho la voz de Mercedes, yo tenía 7 años", relató durante la charla. La anécdota revela algo fundamental: no fue la elección deliberada de un joven interesado en géneros tradicionales, sino el azar que lo conectó con un universo sonoro completamente ajeno al de su entorno familiar. Sus padres, declaradamente roqueros, se sorprendieron al descubrirlo escuchando a la legendaria intérprete en la radio. Aquella primera canción quedaría pegada a su memoria como marca indeleble, asociada para siempre a esos recuerdos de la infancia en los que descubría dimensiones inesperadas de la música.

Lo notable de esta historia es que el impacto no fue momentáneo ni superficial. Aquella voz resonó con tal intensidad que los años posteriores la mantuvieron presente, influyendo silenciosamente en las decisiones artísticas que vendría a tomar. Pennisi creció con esa admiración instalada en el fondo, como un hilo conductor que atravesaría su desarrollo como músico. No se trataba de una influencia evidente o una imitación deliberada, sino de algo más profundo: la presencia de una referencia que le mostraba un camino posible, que le revelaba qué podía hacer una voz cuando se cargaba de propósito e intención. La obra de Sosa se convirtió, sin que él lo planificara conscientemente en esos primeros años, en una brújula estética que orientaría su comprensión del folclore como "un horizonte muy importante".

La construcción de un repertorio entre emociones y recuerdos

Cuando llegó el momento de materializar el homenaje, Pennisi enfrentó un desafío considerable: reducir una lista inicial de aproximadamente cuarenta canciones hasta llegar a una selección manejable. No optó por criterios puramente musicales ni por un análisis técnico que priorizara los temas más conocidos o comerciales. En cambio, decidió dejarse guiar por la emoción, esa brújula tan esquiva y subjetiva. "Cada canción me transmitía algo y me generaba un recuerdo. Me acordaba de escucharla en alguna radio, en alguna ruta de gira", explicó. El proceso se transformó así en un ejercicio de arqueología emocional, donde cada tema representaba no solo una obra musical sino un vestigio de su propia historia.

De esas cuarenta composiciones emergieron las diez que finalmente integran el álbum, cada una portadora de una significación particular. Entre ellas destaca "Chacarera del fuego", de Alberto Rojo, que ingresó al proyecto en último término. Pennisi recordó con precisión el momento en que la descubrió: a través de la interpretación que Sosa grabara en su álbum Corazón Libre. "Me partió la cabeza", reconoció al evocar esa experiencia. Cuando llegó el momento de registrar la canción para este trabajo, la memoria de aquel primer encuentro regresó con toda su vivacidad, conectando nuevamente los dos tiempos de su vida musical: el adolescente que descubría tesoros en discos prestados o hallazgos radiales, y el artista maduro que ahora reinterpretaba esos mismos tesoros. Esta dinámica de recuerdos superpuestos no fue accidental sino deliberada, parte de la lógica interna del proyecto.

Un escudo artístico que permite la experimentación

El álbum se atreve a transitar múltiples géneros dentro de una misma arquitectura sonora: folclore puro, tango, rock, e incluso cruces híbridos que hoy resultan naturales pero que en la trayectoria de Sosa ya eran marca registrada. Pennisi vinculó directamente esta multiplicidad de estilos con la amplitud artística que caracterizó a su referente. "Esto que nosotros vemos ahora de los cruces, mirá, hacemos ahora folclore con cuarteto, balada con rock. Lo hacía ella desde hace mucho tiempo", señaló. El repertorio del disco incluye composiciones de artistas como Charly García, León Gieco y Fito Páez, demostrando que la versatilidad no es patrimonio exclusivo de canciones folclóricas tradicionales sino que abraza la totalidad de la escena musical argentina.

La presencia de Mercedes Sosa en este proyecto funciona, según la propia conceptualización de Pennisi, como un "escudo". No se trata de un dispositivo defensivo en sentido negativo, sino de una protección que le permite ciertas libertades estéticas que de otro modo resultarían más expuestas. "No es fácil hacer rock, tango y folclore en un mismo disco. Solo Mercedes lo podía hacer posible", reflexionó. Esta afirmación revela algo profundo sobre la autoridad que Sosa acumuló durante su carrera: su legitimidad artística es tan robusta que funciona como aval para quienes se atrevan a experimentar bajo su égida. Pennisi aprovecha esa cobertura para explorar territorios que le interesan sin necesidad de justificarse, sabiendo que su referente ya había allanado el camino décadas atrás.

Del disco a la experiencia: la gira como extensión conceptual

El proyecto no se agota en el lanzamiento del material fonográfico. Pennisi adelantó que la gira asociada al álbum incorporará una puesta en escena vinculada con la memoria de Sosa, enriqueciendo la experiencia musical con elementos visuales y objetos que evocarán la figura de la artista homenajeada. Esta decisión de extender el concepto más allá de las doce canciones refuerza la intención del trabajo: no pretende ser un ejercicio nostálgico de reproducción de versiones, sino una inmersión multisensorial en el universo que Sosa habitó.

La grabación de los videoclips que acompañan el proyecto añade otra capa significativa a esta búsqueda. Bajo la dirección de Niko Sedano, las imágenes fueron capturadas en Tucumán, específicamente en paisajes próximos al Cerro San Javier. La elección geográfica no fue fortuita sino cargada de sentido: esos territorios guardan una relación directa con la historia de la artista, constituyendo el espacio donde ella edificó gran parte de su identidad. Durante la filmación, además, Pennisi compartió tiempo con Agustín Matus, nieto de Sosa, accediendo a una dimensión más íntima de la mujer detrás del mito. Estos encuentros permitieron humanizar la figura de la cantora, acercándose a su historia desde una perspectiva personal que va más allá de la hagiografía pública.

La investigación como acto de respeto: reconocer los orígenes

Durante su conversación con Paola Prenat, Pennisi enfatizó algo que frecuentemente queda en segundo plano en los trabajos de homenaje: la importancia de conocer y reconocer a quienes están detrás de cada canción. El proceso de investigar las obras, rastrear sus autoría y comprender sus orígenes transformó su relación con el repertorio. No se trataba únicamente de volver a cantar composiciones conocidas, sino de recuperar las historias y las personas que las gestaron. Aparecieron nombres como los de León Gieco, Alberto Rojo y otros compositores cuya obra transitó por la interpretación de Sosa, transformándose en el proceso. Esta búsqueda reveló algo esencial sobre el método de la cantora tucumana: su capacidad para tomar una canción ajena y hacerla propia, imprimiendo su marca sin borrar la del autor original.

Pennisi describió esta característica como "un don muy grande de transformar las canciones". No refería únicamente a cambios de arreglos o reinterpretaciones musicales, sino a algo más intangible: la capacidad de cargar una composición con significados nuevos, de resignificarla desde su propia existencia y su propia voz. Este concepto fue fundamental a la hora de pensar el álbum completo. El músico decidió "reversionar" las canciones de Sosa, palabra que eligió cuidadosamente para distinguir su trabajo de una mera reproducción. Al mismo tiempo, aprovechó la oportunidad para reconectarse "con ese Nahuel de hace tiempo", en sus palabras, haciendo una pausa en la creación de material propio para reexaminar las raíces que modelaron su sensibilidad.

Implicancias y proyecciones de un regreso a los orígenes

La concreción de este proyecto plantea interrogantes sobre cómo los artistas dialogan con sus influencias a lo largo del tiempo. Pennisi, al pausar su producción autoral para dedicarse íntegramente a reinterpretar a Sosa, ejecuta un gesto que puede leerse de múltiples formas. Para algunos, representa un acto de gratitud y reconocimiento hacia una deuda artística acumulada desde la infancia. Para otros, podría interpretarse como una búsqueda de reencuentro con dimensiones de su propia identidad que la especialización en la autoría original había dejado en segundo plano. Lo cierto es que el material producido junto a Joaquín Guevara y Pablo Durand materializa una decisión consciente de invertir tiempo y recursos en revisar el pasado.

Las consecuencias de este tipo de trabajos son amplias y pueden desarrollarse en distintas direcciones. Por un lado, existe la posibilidad de que genere un renovado interés en la obra completa de Sosa, especialmente entre públicos más jóvenes que podrían descubrirla a través de la interpretación de Pennisi. Por otro, el proyecto podría inspirar a otros artistas a explorar sus propias raíces mediante ejercicios similares de introspección artística. Asimismo, la opción de documentar este viaje mediante videoclips y giras multimedia sugiere una apuesta por experiencias inmersivas que trascienden el formato tradicional del disco. Sin embargo, también existe la variable de cómo estos trabajos se reciben en un contexto donde la novedad y la originalidad frecuentemente se valorizan por encima de la revisión y la reinterpretación. Lo que permanece claro es que Pennisi ha elegido un camino que integra gratitud, memoria e investigación en una propuesta que busca honrar a quien lo encaminó, mientras se reencuentra con versiones anteriores de sí mismo.