Una noche de celebraciones simultáneas transformó a Pergamino en epicentro de reconocimiento cultural cuando la ciudad decidió honrar a uno de sus hijos más prominentes en el ámbito de la música nacional e internacional. Ricardo Mollo, figura central en la historia del rock argentino como integrante fundador de Divididos y anteriormente de Sumu, recibió la distinción de Ciudadano Ilustre durante los actos inaugurales del Teatro San Martín, reabierto tras un proceso de renovación integral. El evento no fue solo un acto administrativo más: condensó en pocas horas la confluencia entre la reconstrucción de un espacio patrimonial, la legitimación pública de una trayectoria artística décadas en construcción, y el reencuentro emocional de un creador con el territorio que lo formó.

El reconocimiento formal llegó materializado en el Decreto Nº 2356/2026, firmado por el intendente Javier Martínez, que enumera los méritos acumulados por Mollo a través de su carrera como guitarrista, letrista, vocalista y productor musical. El documento oficial enfatiza tanto su proyección nacional como su visibilidad en circuitos internacionales, posicionando su obra como patrimonio simbólico de la localidad. Este reconocimiento no representa la primera ocasión en que Pergamino se detiene a visibilizar públicamente la importancia de su artista: en 2010, el Concejo Deliberante ya lo había distinguido con la categoría de Pergaminense Sobresaliente, un antecedente que marca una línea de continuidad en la relación institución-creador que ahora alcanza su punto más alto.

Un teatro renovado y la geografía de la memoria

El Teatro San Martín, rehabilitado y listo para recibir nuevamente público, constituye mucho más que un edificio con paredes pintadas de nuevo. Para Mollo, este espacio concentra capas de vivencias que remontan a su niñez. En sus declaraciones durante la ceremonia, el músico explicitó el nexo afectivo que lo vincula con la infraestructura: recordó haber concurrido allí junto a sus progenitores en épocas cuando el cine era una experiencia comunitaria central, cuando las salas de proyección funcionaban como espacios de encuentro generacional. Décadas después, volvería como el artista que la ciudad decidió reivindicar, pero entrando por puertas que esta vez lo recibían como celebridad local. La restauración del teatro cierra un círculo simbólico: permite que un hijo de Pergamino regrese a un lugar que integra su arqueología personal, pero ahora bajo una condición de paridad: el espacio que lo vio como espectador infantil lo recibe como figura central de su programación de reapertura.

La noche del evento incluyó además presentaciones de Mora Godoy, cuya participación en la agenda de reinauguración del teatro subraya el posicionamiento de la sala como polo de atracción para artistas de trayectoria reconocida. Sin embargo, el momento que parece haber concentrado mayor carga emocional fue el encuentro musical entre Mollo y dos músicos locales identificados como Connie y Pablo, con quienes el artista había establecido contacto previo mediante plataformas digitales. El vínculo nació cuando estos últimos compartieron en línea una versión propia de una canción del repertorio de Divididos, generando una conexión que trascendió la pantalla y desembocó en la actuación conjunta. Durante la función, los tres interpretaron "Como un cuento" y "Spaghetti del rock", temas que funcionaron como puente entre generaciones de músicos y entre diferentes escalas de circulación artística: desde la producción masiva de Divididos hasta la práctica local de Connie y Pablo.

Detalles que tejen pertenencia

Entre los gestos que componían la jornada figuraba también un detalle manufacturero de importancia simbólica considerable: José, luthier radicado en Pergamino, obsequió a Mollo un cajón fabricado por sus manos. La entrega de un instrumento musical como presente no es un acto neutro en el contexto de una celebración artística. Representa el reconocimiento de un artesano local hacia alguien cuya obra influyó en la cultura nacional, pero además materializa una cadena de valor donde la producción de herramientas que generan sonido conecta con quien dedica su vida a ese sonido. El cajón, instrumento de percusión con genealogía que remite a tradiciones latinoamericanas e ibéricas, funciona además como objeto portador de la geografía local: será llevado por Mollo potencialmente a diversos lugares, transportando consigo la marca de origen pergaminense. Así, un instrumento de uso se convierte en documento de pertenencia territorial.

El repertorio que Mollo construyó durante sus décadas en la música pública abarca desde su temprano pasaje en Sumu, banda que durante los ochenta introdujo elementos del post-punk y la experimentación sonora en territorios del rock argentino aún dominados por otras estéticas, hasta su consolidación como arquitecto de Divididos, proyecto que desde 1991 acumuló miles de conciertos, giras internacionales y una discografía que exploró variantes del rock desde ópticas distintas según cada período. Este recorrido no es abstracto: está tejido con presentaciones en bares, estudios clandestinos, festivales masivos, teatros como el que ahora lo recibe restaurado, y también en plataformas digitales donde nuevos músicos conocen su obra y dialogan con ella. Pergamino, ciudad de poco más de cien mil habitantes ubicada en el norte bonaerense, es el punto de origen de ese trayecto que alcanzó dimensiones que trascienden ampliamente los límites provinciales.

Las implicancias de esta jornada se proyectan en múltiples direcciones. Por un lado, establece un precedente en la relación entre instituciones municipales y artistas originarios de la zona, sugiriendo que la cultura local posee capacidad de nombrar como propios a creadores cuya obra circula en esferas mucho más amplias. Por otro, la rehabilitación del Teatro San Martín como contenedor de estas celebraciones abre interrogantes acerca de qué rol jugarán las salas teatrales en ciudades de tamaño intermedio durante los próximos años, en contextos donde la distribución cultural se ve mediada cada vez más por plataformas digitales. Simultáneamente, el intercambio generacional entre Mollo y los músicos locales evidencia cómo las redes digitales pueden gestar encuentros artísticos que de otra manera nunca hubieran ocurrido, conectando escalas de visibilidad dispares bajo una matriz de creatividad compartida. La noche también plantea, de forma implícita, cuáles son los criterios por los cuales una ciudad decide distinguir a sus habitantes: si la proyección pública, la trayectoria acumulada, el impacto cultural, o alguna combinación de estos factores. En cualquier caso, lo ocurrido en Pergamino refleja una decisión comunitaria de visibilizar que el territorio que genera artistas posee derecho a reclamarlos, reconocerlos y celebrar los frutos de sus contribuciones al patrimonio cultural compartido.