Cuando una banda de rock lleva casi una década en el circuito musical y decide reinventarse sin perder su esencia, algo importante está ocurriendo. The Linda Lindas, el cuarteto oriundo de California que capturó la atención mundial con un video casero hace algunos años, prepara el lanzamiento de su tercer álbum de estudio con una propuesta que sus integrantes describen como audaz, divertida e inesperada. Lo que comenzó como un proyecto juvenil se ha transformado en una fuerza creativa consciente de su madurez artística, lista para desafiar expectativas con un disco que combina experimentación sonora, alegría sin culpa y una urgencia por comunicar que nadie atraviesa estos tiempos turbios en soledad.
El punto de partida para entender esta nueva etapa reside en la reciente canción "Closer", un retorno deliberado al territorio emo que la exintegrante de Paramore, Hayley Williams, conoce íntimamente desde sus años dorados con la banda de Ohio. La colaboración no es casual: resulta del encuentro fortuito entre Williams, quien ha sido mentora y respaldo visible de The Linda Lindas desde sus primeros pasos, y el ensamble californiano durante las sesiones de grabación del nuevo material. Que una figura de la talla de Williams eligiera sumergirse en un tema que habla sobre el miedo a envejecer, sobre la infancia que se desmorona, sobre esa sensación de que la vida transcurre acelerada, no es un detalle menor. Representa una conexión genuina entre generaciones de músicas que comparten inquietudes similares y una manera de entender el rock como espacio de catarsis emocional.
El laboratorio creativo donde todo cambió
Lo que diferencia a "Gotta Get Out" de los trabajos anteriores de The Linda Lindas no es un cambio drástico de identidad, sino un proceso metodológico completamente distinto. Mientras que en los álbumes previos cada integrante llegaba con propuestas individuales que luego se evaluaban para el proyecto, en esta ocasión decidieron trabajar de forma colaborativa desde el inicio. Reunidas en una sala de grabación, con libertad total para lanzar ideas sin filtro previo, el resultado fue la composición de treinta canciones de las cuales finalmente seleccionaron doce para el disco definitivo. Esta decisión de escribir ampliamente y luego descartar material implica un nivel de confianza mutua y de claridad creativa que solo se logra después de años de convivencia artística.
La banda menciona haber escuchado de manera conjunta a artistas como Remi Wolf, Fontaines D.C. y The Cure durante los traslados hacia el estudio, influencias que eventualmente permearon el sonido del álbum. Wong, guitarrista del grupo, agrega su propia obsesión por la energía de las bandas de hardcore locales: esos espacios cerrados, sudorosos, donde los cuerpos se superponen y las voces se desgarran en busca de liberación. Esta búsqueda de transmitir esa intensidad física a través de grabaciones marca un propósito deliberado en cada decisión sonora. El proceso no fue improvisado; fue intencional, calculado, reflexivo. Cada nota, cada pausa, cada aumento de volumen respondía a una idea clara de qué querían lograr. El resultado, según las integrantes, debería sorprender a quienes creyeron conocer completamente el sonido de The Linda Lindas.
Sentirse atrapado como punto de partida temático
Debajo de la energía sonora y la experimentación rítmica late una preocupación central que atraviesa "Gotta Get Out": la sensación de estar atrapado, de no poder avanzar, de quedar atrapado en patrones viejos. Mila de la Garza, una de las voces de la banda, reconoce que esta fue la primera canción compuesta para el álbum, y aunque inicialmente los textos carecían de propósito narrativo claro, poco antes de entrar a grabar fueron reescritos para anclarlos en esta temática específica. El título del disco completo actúa como un grito que resuena a lo largo de todas las once canciones restantes: la necesidad apremiante de liberarse, de romper cadenas, de salir hacia afuera.
Lucia de la Garza (cuyo padre, Carlos, produjo el último álbum de Paramore, cerrando un círculo familiar de conexiones artísticas) articula con claridad meridiana el origen de esta angustia colectiva. La banda se encuentra en una posición peculiar: son lo suficientemente veteranas para haber consolidado una carrera seria, pero lo suficientemente jóvenes como para sentirse extrañas dentro de la estructura musical mayor. No hay muchas personas de su edad en los espacios que ocupan, lo que genera una sensación de aislamiento incluso cuando están rodeadas de admiradores. Además, existe una frustración general frente a lo que sucede en el mundo, una dificultad visceral para encontrar energía en momentos donde la realidad política y social parece cada vez más sombría. La música deviene, entonces, no como escape sino como herramienta de transformación: el único antídoto contra la parálisis que produce la impotencia.
Lo interesante radica en que la banda no elude la dimensión política de su obra, pero tampoco la convierte en lo único que importa. Escriben sobre lo que viven, y una porción significativa de esas vivencias está contaminada por los eventos mundiales contemporáneos. Sin embargo, reconocen que gran parte del material también aborda asuntos íntimos y personales. Es el reflejo de un estado mental específico, capturado en forma de canción. Como advierte Wong, cuando pasas tiempo sumergido en ciclos de noticias o en redes sociales consumiendo información catastrófica, te aislas. Pero cuando entras a un concierto, descubres que existen comunidades de personas que sí están atentas, que sí quieren transformación, que sí se importan. Ese descubrimiento es lo que mantiene viva la esperanza.
El papel de los referentes y la importancia de la comunidad musical
La trayectoria de The Linda Lindas ha estado signada por el apoyo de figuras establecidas dentro del rock contemporáneo. Williams no solo ha sido una oyente entusiasta, sino una consejera práctica: en los primeros días del grupo, se tomó el tiempo de abordar a las integrantes para transmitirles una lección fundamental sobre el poder personal: está bien decir que no. Esa intervención temprana, aparentemente simple, probablemente evitó que el grupo cayera en dinámicas de explotación comunes en la industria musical. De manera similar, otras artistas de importancia como Karen O y miembros de Best Coast también han ejercido un rol de protección y acompañamiento. A diferencia de generaciones anteriores de mujeres músicas que tuvieron que abrirse camino sin mentoras visibles, The Linda Lindas crecieron dentro de una red de cuidado profesional.
Olivia Rodrigo, una artista de generación aún más joven, también ha expresado su admiración hacia el grupo. Lo que destaca de esta cadena de apoyo es que no se trata simplemente de reconocimiento profesional. Las integrantes de The Linda Lindas mencionan que estos referentes también se interesan por su bienestar personal, no solo por su desempeño artístico. Rodrigo, específicamente, ha utilizado su plataforma para potenciar música hecha por mujeres (con su curación del Daisy Chains Fields Festival que incluye bandas como Die Spitz y The Last Dinner Party), y ha respaldado activamente diferentes causas sociales. Esta es la clase de liderazgo que inspira a generaciones más nuevas: el que se extiende más allá del micrófono.
La importancia que The Linda Lindas otorga a la experiencia en vivo es, en cierto modo, una respuesta a esta era de distancia digital y mediación tecnológica. Pueden crear contenido, pueden grabar discos impecables, pero nada reemplaza el acto físico y comunal de estar juntas en una habitación, danzando y cantando las mismas melodías. Durante un concierto, experimentas algo que ningún algoritmo puede proporcionar: el descubrimiento de tu tribu, la confirmación de que existen otras personas como vos. Esa magia no puede ser reproducida por inteligencia artificial ni capturada completamente en formato digital. Es por eso que Wong enfatiza que la música en directo es lo que la mantiene con vida, literalmente. Sin ella, la desesperanza ganaría terreno.
Proyecciones hacia el futuro y lecturas divergentes
El lanzamiento de "Gotta Get Out" el 28 de agosto marcará un hito importante no solo para The Linda Lindas sino para el panorama del rock alternativo actual. La coexistencia de experimentación formal (esos treinta intentos que fueron destilados a doce) con urgencia temática (la angustia de sentirse atrapado) sugiere un disco que dialoga con la tradición del rock melancólico pero desde una perspectiva actualizada. La presencia de Williams en "Closer" también funciona como un puente generacional: dos épocas del emo conectadas a través de una canción que ambas generaciones pueden reclamar como suya.
Ahora bien, las consecuencias de este movimiento artístico pueden interpretarse desde múltiples ángulos. Para algunos sectores de la audiencia, el disco representará una renovación emocionante de una banda que ya había probado su valía. Para otros, la experimentación podría significar una distancia de aquello que los atrajo originalmente. La decisión de escribir treinta canciones y seleccionar apenas doce inevitablemente genera preguntas sobre qué se perdió en el proceso, qué versiones del sonido quedaron en la sala de grabación. Al mismo tiempo, esta austeridad compositiva podría resultar en un álbum más cohesivo y poderoso que si hubieran incluido todo.
Desde la perspectiva de la industria musical, The Linda Lindas continúan en una posición de privilegio relativo gracias a su conexión con Paramore y otros referentes. Pero esto no es causa para descartarlas como beneficiarias de favoritismo vacío: sus méritos artísticos son reales, documentados, comprobables. La pregunta que emerge es si el público más amplio, aquellos que no siguen de cerca el ecosistema del rock alternativo estadounidense, estará dispuesto a escuchar un álbum que deliberadamente busca desafiar expectativas. ¿Existe apetito cultural para un disco que combina alegría con angustia existencial, esperanza comunitaria con miedo individual a envejecer? Los próximos meses darán respuestas concretas, pero lo que es seguro es que The Linda Lindas ya no son una banda en formación sino una propuesta artística madura, consciente de su posición en la historia del rock, lista para ocupar el espacio que considera que les corresponde.


