Cuando la mayoría de las profesiones artísticas en Argentina estaban prácticamente vedadas para las mujeres, una figura femenina se atrevió a ocupar un espacio que nadie le había reservado: la cabina de una discoteca. Hace casi sesenta años, Ethel González tomó los controles de la música en una pista de baile porteña, convirtiéndose en una pionera cuya trayectoria había permanecido en el olvido hasta ahora. Un proyecto audiovisual de alcance insospechado acaba de cambiar esa realidad, devolviendo a la luz pública la trayectoria de quien fuera la primera mujer en desempeñar esta función en el país. El cortometraje que lleva su nombre se encuentra ahora disponible para el público general, cristalizando un esfuerzo generacional de documentación que une a estudiantes de comunicación, profesionales del sector discográfico y una institución cultural bonaerense en torno a una misión común: reconocer lo que una mujer construyó en soledad hace décadas.
La pionera que abrió camino en la noche
Durante la década de 1960, la Argentina vivía un período de transformaciones culturales profundas. Mientras tanto, en las sombras de los locales nocturnos de Buenos Aires, ocurría un cambio silencioso que pocos repararon en su momento. Ethel González trabajaba en Tequila, un espacio que ella misma administraba junto a su pareja, donde no solo gestionaba el negocio sino que además seleccionaba y programaba la música para las noches de baile. En una época donde la presencia femenina en cargos de decisión era prácticamente inexistente, González se posicionó detrás de una consola, eligiendo qué sonaban, cuándo, en qué orden y con qué intensidad. Fue un acto de transgresión silenciosa que marcó un quiebre en la historia de la cultura nocturna local.
Lo que hace especialmente relevante la figura de González es que su incursión en el ámbito de la selección musical no fue un accidente, ni tampoco el resultado de una política institucional de inclusión —concepto que no existía entonces—. Fue, en cambio, el resultado de su propia determinación y de la oportunidad que le brindó tener acceso a los espacios de decisión a través de su rol empresarial. Mientras que en otras partes del mundo la profesión de DJ comenzaba a tomar forma de manera más institucionalizada, en Argentina esta mujer ya estaba desarrollando las competencias fundamentales de la profesión: lectura de público, conocimiento musical profundo, capacidad de crear atmósferas, dominio técnico de equipamiento de época. Su legado, sin embargo, no fue registrado ni celebrado en su momento, quedando diluido en la historia no oficial de la cultura argentina.
Un proyecto académico que se convirtió en rescate histórico
Lo que comenzó como un trabajo final de carrera universitaria terminó transformándose en una iniciativa de preservación de memoria colectiva. Valentino Carrozzi, estudiante de la Tecnicatura en Comunicación Audiovisual de la Universidad Nacional de Mar del Plata, decidió hacer de la vida de Ethel González el eje de su proyecto de graduación. Junto a sus compañeros Magalí Giorello, Paula Latorre, Marcos Alvarado y Natanael Quiroga, conformó un equipo que no solo se propuso documentar una historia, sino que además buscó otorgarle una dimensión simbólica a la investigación.
El resultado es un cortometraje de dieciséis minutos de duración, apto para todas las edades, que funciona como un híbrido entre testimonio oral, registro histórico y reflexión artística. La construcción narrativa del documental equilibra la intimidad de los recuerdos personales de González con un análisis más amplio de lo que su trayectoria significa dentro del contexto de la historia cultural argentina. No se trata de un simple reportaje biográfico, sino de una pieza que examina cómo una sola persona puede abrir puertas que generaciones futuras transitarán sin necesariamente conocer a quién las abrió primero.
Durante el proceso de realización, el equipo contó con el apoyo institucional de la Asociación de DJs de Mar del Plata, lo que permitió que profesionales del sector actual pudieran dialogar con la historia de González, estableciendo un puente entre pasado y presente. Esta colaboración no fue meramente logística, sino que enriqueció la perspectiva del documental, permitiendo que voces autorizadas del mundo de la música electrónica y la selección discográfica reflexionaran sobre lo que González representó para el desarrollo posterior de la profesión.
Una fiesta dentro de la fiesta: el momento más emotivo
Si el documental en sí mismo constituye un acto de reconocimiento, la iniciativa que se desarrolló en paralelo a la realización del proyecto elevó la apuesta emocional significativamente. Los realizadores, conscientes de que González seguía viva a los 94 años, residente en un hogar para adultos mayores en Mar del Plata, decidieron hacer algo más que documentar su historia: decidieron permitirle revivirla. Organizaron una fiesta dentro de la institución donde reside, recreando una cabina de DJ para que Ethel pudiera volver a ocupar su lugar detrás de la consola.
Este acto trasciende lo meramente anecdótico. Representa un reconocimiento activo de la vigencia de una persona, de su capacidad de seguir siendo protagonista de su propia historia incluso después de décadas de relegamiento al olvido. No fue un homenaje pasivo donde se exaltara a una figura nostálgica, sino un encuentro donde González pudo demostrar que la pasión y el conocimiento que la caracterizaron no se evaporan con los años. La organización de este evento dentro del hogar constituye un gesto de política cultural en el sentido más profundo: la reivindicación de la dignidad de una persona a través del reconocimiento de su aporte.
Distribución y accesibilidad: ampliando el alcance
El cortometraje "Ethel" tuvo su presentación oficial en abril de 2025 en el Club Tri, en una función cuyo carácter solidario permitió recaudar fondos destinados a la distribución posterior del material. Esta estrategia de estreno comunitario refuerza la idea de que se trata de un proyecto radicado en su territorio, generado desde Mar del Plata hacia adentro, pero con vocación de trascendencia.
Actualmente, el documental está disponible en BAfilma, la plataforma audiovisual del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, lo que representa un hito significativo en términos de accesibilidad. A diferencia de otras épocas donde los trabajos académicos o documentales de escala reducida permanecían circunscritos a festivales o espacios reducidos, ahora cualquier persona con acceso a internet y conexión en territorio bonaerense puede conocer la historia de González. Esto amplifica exponencialmente el alcance del relato, permitiendo que estudiantes, investigadores, trabajadores culturales y público general encuentren en este material una fuente de inspiración y referencia histórica.
La disponibilidad en una plataforma institucional también otorga legitimidad archivística al proyecto, posicionándolo como parte del patrimonio cultural documentado de la provincia, no como un material marginal o efímero. Esto es especialmente relevante considerando que González fue sistemáticamente excluida de narrativas historiográficas sobre la cultura nocturna y la industria musical argentina durante décadas.
Implicancias y lecturas futuras de este reconocimiento tardío
La existencia de este documental plantea interrogantes que exceden el caso particular de Ethel González, proyectándose hacia la comprensión misma de cómo se construye la historia cultural en Argentina. ¿Cuántas otras figuras femeninas han sido borradas de narrativas públicas por la simple razón de que ocupaban espacios que no fueron considerados "oficialmente" importantes en su momento? La revelación de González nos obliga a examinar archivos que quizás ni siquiera existen, espacios de la memoria colectiva donde historias similares aguardan ser recuperadas.
Por otro lado, el proyecto también refleja un cambio generacional en la forma de aproximarse al conocimiento y a la memoria. Los estudiantes que realizaron este documental lo hicieron movidos por una convicción sobre la relevancia histórica de una figura que sus mayores ni siquiera registraban como significativa. Esto sugiere una transformación en los criterios de valoración cultural, una expansión de lo que se considera digno de documentar, preservar y celebrar. La profesión de DJ, que en los años sesenta era una actividad casi clandestina relegada a los márgenes nocturnos, hoy es reconocida como parte legítima de la industria cultural y artística.
La repercusión de este trabajo podría abrir puertas para investigaciones similares en otros campos y épocas. Aunque el efecto inmediato es el reconocimiento de una persona específica, el efecto de largo plazo podría ser una revisión más sistemática de los silencios históricos que caracterizan la memoria argentina. Al mismo tiempo, es posible que iniciativas como esta inspiren a otras instituciones educativas y culturales a buscar en sus propios territorios historias similares de innovadores y pioneros cuya contribución fue invisibilizada por razones de género, clase, geografía u otros factores estructurales que han atravesado la sociedad argentina.



