La historia de la música popular está llena de figuras cuya obra generó tanto admiración como rechazo. Algunos músicos se convirtieron en pilares de sus géneros, mientras que otros enfrentaron críticas que cuestionaron precisamente aquello por lo que fueron celebrados. En las últimas horas, William Reid, guitarrista de la banda escocesa The Jesus And Mary Chain, reavivó un debate que toca los cimientos del rock moderno: la validez técnica y artística de Eddie Van Halen, figura central del hard rock internacional. Lo interesante no es solo la crítica en sí, sino lo que revela sobre distintas concepciones del arte guitarrístico y cómo ciertos lenguajes musicales pueden dominar una era entera.
Durante una conversación reciente, Reid fue particularmente directo al evaluar la trayectoria del músico fallecido en 2020. Según sus palabras, Van Halen representó una dirección equivocada para la guitarra de rock, lejos de ser el revolucionario que la mayoría de la industria considera. El escocés argumentó que el guitarrista estadounidense no solo fue perjudicial para el desarrollo del instrumento, sino que su influencia masiva durante los años ochenta y noventa generó una epidemia de imitadores que priorizaban la velocidad y la acumulación de notas por encima de otros valores musicales. Esta perspectiva desafía directamente la narrativa dominante que posiciona a Van Halen como un coloso innovador que transformó la música rock.
La técnica del tapping y sus consecuencias históricas
Para entender el alcance de esta crítica, es necesario recordar qué fue lo que hizo de Van Halen una figura tan influyente. El guitarrista popularizó una técnica denominada "tapping", un método que permitía ejecutar notas con gran rapidez golpeando directamente las cuerdas del diapasón con los dedos de ambas manos. Esta innovación revolucionó el heavy metal y contribuyó a que la banda Van Halen acumulara aproximadamente ochenta millones de álbumes vendidos a nivel mundial. Su técnica colocó al género en el corazón de la cultura popular estadounidense durante décadas, algo que ningún otro guitarrista había logrado con tanta magnitud.
Sin embargo, Reid ve en esta misma popularidad el germen del problema. Su argumento sugiere que cuando una técnica se vuelve tan influyente, tiende a eclipsar otros enfoques válidos y a crear una competencia entre músicos por replicar y superar lo que el originador hizo. En lugar de inspirar diversidad, genera uniformidad. Esta es una observación que trasciende a Van Halen específicamente: habla sobre cómo los medios, la industria discográfica y el público masivo tienden a canonizar ciertos estilos, forzando a las generaciones posteriores a trabajar dentro de esos marcos o a rebelarse contra ellos. Reid parece estar argumentando que los ochenta y noventa fueron décadas en las que la guitarra de rock quedó atrapada en una carrera por la velocidad y la cantidad de notas, en detrimento de otros elementos musicales.
Una alternativa: la filosofía de la limitación
Lo notable es que Reid no está solo en esta reflexión. Su hermano Jim, también miembro de la banda, ofreció un contexto adicional durante la misma entrevista. Jim mencionó que la falta de equipamiento técnico avanzado obligaba a los músicos a ser más inventivos, lo que sugiere que la abundancia de herramientas y técnicas puede paradójicamente limitar la creatividad. Explicó que él mismo juega guitarra de manera deliberada, en la medida que considera necesaria, sin pretender dominio técnico absoluto. Este enfoque contrasta radicalmente con la filosofía del virtuosismo sin límites que caracterizó a Van Halen y sus herederos.
William Reid fue más allá en su diagnóstico: propuso que los guitarristas nunca deberían aprender escalas, una afirmación que parece provocativa pero que en realidad refleja una postura artística coherente. Su razonamiento implica que el conocimiento técnico excesivo puede convertirse en una prisión que condiciona la espontaneidad y la intuición. Para Reid, la música efectiva no requiere de una velocidad vertiginosa ni de la capacidad de "empacar tantas notas como sea posible en un segundo". En contraste, mencionó admiración específica por Peter Hook, bajista de Joy Division y New Order, cuyos riffs bajos consideró "mil veces mejores que cualquier cosa que Eddie Van Halen haya podido crear jamás". Esta comparación es deliberada: un instrumento generalmente considerado secundario, tocado con intención y economía de recursos, frente a la exuberancia técnica de la guitarra solista.
The Jesus And Mary Chain, la banda que Reid integra junto a su hermano, es un ejemplo viviente de esta filosofía alternativa. El grupo escocés emergió en los años ochenta como parte de un movimiento que rechazaba el virtuosismo técnico en favor de textura, atmósfera y emoción. Su estética, etiquetada posteriormente como "shoegaze" (término que Jim Reid rechaza considerándolo una invención artificial de medios de comunicación), se basaba en capas de guitarras procesadas, voces etéreas y una aproximación deliberadamente imperfecta a la ejecución. Durante las décadas en que Van Halen dominaba el imaginario colectivo sobre lo que "debía sonar" una guitarra de rock, The Jesus And Mary Chain ofrecía una alternativa completamente distinta.
El contexto de las influencias generacionales
Es relevante notar que esta disputa sobre el legado de Van Halen no ocurre en el vacío. Otros músicos importantes de la escena rock han tomado posiciones opuestas. Kerry King, guitarrista de Slayer, incluyó a Van Halen entre los mejores guitarristas de todos los tiempos. Cuando Van Halen falleció en agosto de 2020 a los sesenta y cinco años, fue ampliamente descrito como "un coloso de fuego en los dedos", un artista que transformó el solo de guitarra en "un espectáculo pirotécnico". La narrativa dominante lo sitúa entre los mayores guitarristas en la historia de la música popular.
Sin embargo, la perspectiva de Reid introduce una complejidad necesaria: la grandeza en términos de influencia y ventas no es lo mismo que la calidad artística o la contribución positiva al desarrollo de un arte. Un músico puede ser ampliamente imitado sin que esa imitación sea deseable. Un técnico extraordinario puede, paradójicamente, limitar las posibilidades del instrumento que domina. Estas son cuestiones que la crítica musical legítima puede plantear, incluso cuando la mayoría de la industria ha llegado a un consenso diferente.
La banda The Jesus And Mary Chain continúa activa y relevante. Su octavo álbum de estudio, titulado "Glasgow Eyes", fue lanzado en marzo de 2024, más de cuarenta años después de su formación inicial. Este agosto, el grupo estará sirviendo como acto de apertura para Hollywood Vampires en una gira por el Reino Unido, con presentaciones programadas en locales emblemáticos como el O2 de Londres, el OVO Hydro de Glasgow, el AO Arena de Manchester y el Utilita Arena en Birmingham. La persistencia de la banda en el escenario profesional es un testimonio de que existen audiencias que validan su enfoque alternativo al rock.
Las declaraciones de Reid abren una ventana interesante hacia cómo diferentes generaciones de músicos interpretan el legado del rock moderno. Mientras algunos ven en Van Halen un innovador cuya técnica expandió las posibilidades del instrumento, otros lo ven como un punto de inflexión que canalizó el desarrollo del género hacia un camino específico, cerrando otras vías potenciales de evolución. Esto plantea preguntas más amplias sobre cómo se valora la música: ¿es la velocidad técnica un indicador de excelencia? ¿La influencia masiva justifica automáticamente la calidad? ¿Puede un estilo dominante ser simultáneamente revolucionario y limitante? Estas cuestiones seguirán siendo materia de debate entre músicos, críticos y aficionados, reflejando las diversas maneras en que la comunidad musical continúa procesando el impacto de figuras centrales como Eddie Van Halen.


