La estructura política que viene tejiendo el gobernador bonaerense enfrenta una encrucijada interna que podría reconfigurar el tablero del peronismo de cara a la contienda electoral de 2025. Sergio Berni, quien ocupa la jefatura del bloque de senadores peronistas en la provincia de Buenos Aires, lanzó un cuestionamiento frontal al proyecto político denominado Movimiento Derecho al Futuro, advirtiendo que sectores importantes del justicialismo no respaldarán candidaturas presidenciales que se alejen de los principios identitarios de la tradición peronista. Esta tensión no es un dato menor: refleja las fisuras profundas que atraviesan a la principal fuerza política opositora en momentos en que define su oferta para los comicios del próximo año.

En declaraciones formuladas a través de una emisora de radio digital, Berni fue contundente al caracterizar el espacio liderado por el gobernador como un conglomerado que mezcla elementos de la izquierda progresista con residuos administrativos del gobierno nacional anterior. Según su análisis, el proyecto kicillofista recurriría a una estrategia de "peronismo sin Cristina" que habría fracasado, ahora mutando hacia un "albertismo sin Alberto" que, según su pronóstico, tampoco conseguirá los resultados esperados. Esta crítica apunta a una debilidad fundamental: la dificultad de construir legitimidad política dentro del peronismo cuando se prescinde de referencias identitarias históricamente centrales para la tradición.

La composición del armado político en cuestión

El análisis que realiza el senador sobre la composición interna del espacio kicillofista resulta particularmente relevante para entender las divisiones dentro del peronismo bonaerense. Berni sostiene que la estructura de gobierno incluye a funcionarios provenientes del Frente Grande, un colectivo de orientación progresista-izquierdista que ha acompañado la gestión provincial desde sus inicios. A esto se suma la presencia de exministros del gobierno nacional de 2019-2023 que, según su lectura, mantienen una lealtad política hacia ese período. Este diagnóstico no es meramente descriptivo: implica una acusación de que el proyecto kicillofista representa una continuidad con experiencias políticas que el cristinismo considera agotadas o fallidas.

La caracterización de Kicillof como alguien que "quiere ser candidato sin embarrarse" incorpora una dimensión adicional al conflicto. Berni plantea que acceder a la candidatura presidencial dentro del peronismo exige una serie de responsabilidades que incluyen exposición política, circulación territorial y ejercicio de liderazgo sin evitar las asperezas propias de la política. Esta crítica sugiere que el gobernador estaría buscando capitalizar su posición desde un lugar de relativa distancia respecto de los conflictos internos de la fuerza política, una estrategia que Berni considera incompatible con la naturaleza del liderazgo justicialista.

El dilema sobre las PASO y la definición de candidaturas

Dentro de su argumentación, el senador bonaerense recupera la importancia del mecanismo de Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias como herramienta de resolución interna. Berni describe a las PASO como "la mejor reforma electoral después de la incorporación del voto universal y el de la mujer", reconociendo que fue impulsada durante la gestión de Néstor Kirchner. Sin embargo, condiciona su apoyo a estas primarias: estaría dispuesto a usarlas para definir candidaturas dentro del peronismo, pero no si participan actores que cuestionen los fundamentos del movimiento justicialista. Esta posición refleja una tensión clásica en la política argentina: cómo conciliar la apertura democrática con la preservación de la identidad política de una fuerza.

El cuestionamiento implícito a las experiencias previas de convivencia con actores que posteriormente abandonaron el peronismo o lo utilizaron como plataforma electoral subraya una preocupación sobre la institucionalidad de la fuerza. Berni hace referencia explícita al gobierno nacional anterior como ejemplo de una alianza que, desde su perspectiva, resultó en la desvirtuación de los principios peronistas. Esta lectura sugiere que la prioridad no debería ser únicamente ganar elecciones, sino garantizar que quienes accedan a responsabilidades políticas compartan una matriz ideológica común. En cuanto a candidatos presidenciales alternativos, Berni menciona al senador y exgobernador de San Juan Sergio Uñac como la única figura que habría comenzado movimientos en esa dirección, realizando recorridas territoriales y pidiendo que el partido peronista defina su candidato antes del cierre de 2024.

La bancada de senadores bonaerenses del peronismo, que lidera Berni, presenta una composición heterogénea que refleja las divisiones internas del movimiento. Incluye legisladores cercanos a Kicillof, otros vinculados a Sergio Massa, y otros cuya referencia política es Juan Grabolis. Esta diversidad, en teoría, debería permitir construcciones amplias; en la práctica, se convierte en fuente de conflictividad. Un incidente reciente en el Senado provincial —cuando la vicegobernadora Verónica Magario cortó el micrófono a Berni mientras realizaba intervenciones en el recinto— ilustra la temperatura de estas disputas. Las jefaturas de bloques en ambas cámaras de la Legislatura bonaerense están bajo control del cristinismo, lo que da cuenta de cómo el conflicto cristinista-kicillofista ha afectado al funcionamiento de las instituciones provinciales.

El trasfondo sobre la situación de Cristina Kirchner

Un elemento medular en las tensiones políticas que atraviesan al peronismo bonaerense es la situación de Cristina Kirchner bajo prisión domiciliaria. Berni utilizó sus declaraciones radiales para defender la inocencia de la expresidenta, argumentando que no existirían pruebas documentales, periciales o testimoniales que justifiquen su condena. Desde su perspectiva, se trataría de un acto de proscripción política enmascarado como justicia. Este posicionamiento marca una línea clara: aquellos sectores peronistas alineados con el cristinismo exigen al gobernador que realice "gestos" de acercamiento hacia la expresidenta como prueba de lealtad al movimiento. Berni plantea que mientras persista esta situación, la prioridad del peronismo debería ser la reivindicación de la inocencia de Kirchner y la apelación a organismos internacionales para revisar el caso.

Este desacuerdo sobre cómo proceder ante la situación de la expresidenta emerge como un divisor de aguas entre las vertientes peronistas. Kicillof, desde la gobernación, ha optado por mantener una posición más cautelosa que desagrada al cristinismo, el cual considera que el gobernador debería tomar posicionamientos más explícitos. Para Berni, esta diferencia de criterio es sintomática de un problema más profundo: la incapacidad o falta de voluntad de Kicillof para alinearse sin ambigüedades con la tradición política peronista en sus dimensiones identitarias fundamentales. La exigencia de que retome "la senda del peronismo" puede interpretarse como un reclamo de que abandone intentos de construcción política que buscan distanciarse de figuras como Cristina Kirchner.

Las implicancias de este enfrentamiento trascienden la mera disputa por candidaturas presidenciales. En los últimos seis meses, el Senado y la Cámara de Diputados bonaerenses estuvieron prácticamente paralizados por las tensiones internas del peronismo, afectando la capacidad legislativa de la provincia. Recién en las últimas semanas se reactivaron los trabajos parlamentarios. Esta paralización ilustra cómo los conflictos de liderazgo dentro de una fuerza política pueden impactar en la gestión estatal y en la efectividad institucional. La advertencia de Berni sobre buscar "otro candidato" si Kicillof no cambia de orientación representa un quiebre potencial en el peronismo bonaerense que podría fragmentar aún más la oposición en momentos en que se define el mapa electoral de 2025.

Los escenarios que se abren a partir de este conflicto son múltiples. Una posibilidad es que el gobernador, evaluando el costo político de enfrentar simultáneamente al cristinismo, opte por realizar algunos ajustes en su posicionamiento. Otra alternativa es que profundice su apuesta por construir un espacio propio, aceptando el enfrentamiento con sectores cristinistas. También existe la opción de que emerjan acuerdos de convivencia que permitan cierta coexistencia sin unificación completa. Independientemente del camino que se transite, los hechos demuestran que el peronismo bonaerense enfrenta un dilema estructural: cómo compatibilizar la pluralidad interna con la necesidad de definiciones políticas claras en momentos electorales determinantes.