La senadora nacional Patricia Bullrich descendió sobre las manzanas comerciales del barrio de Villa Lugano con la cadencia característica de quien ya se ve ocupando la banda presidencial. Aunque formalmente falta más de doce meses para que se defina el próximo proceso electoral porteño, sus movimientos no dejan dudas sobre sus ambiciones: la exministra de Seguridad avanza sin disimulos hacia una candidatura a la jefatura de gobierno de la ciudad. Durante su recorrida por el centro comercial del sur capitalino, fue interceptada por admiradores que la identificaban desde vehículos en movimiento, se detuvo para múltiples registros fotográficos y dialogó extensamente con comerciantes y transeúntes que la reconocían. Este operativo territorial, que incluyó también una visita previa a una fábrica de juguetes en Villa Soldati, funciona como un calibrador de apoyo popular en un sector donde históricamente gobernó la coalición macrista.

La geometría del poder dentro de La Libertad Avanza

Lo que resultó tan revelador como la presencia misma de Bullrich en las calles fue la dinámica observada durante su movimiento conjunto con Pilar Ramírez, legisladora porteña y referente de La Libertad Avanza en el distrito bajo las órdenes directas de Karina Milei. Aunque ambas ingresaban juntas a los comercios, pasaron la mayor parte de la actividad con una distancia física y un diálogo prácticamente inexistente. Mientras la senadora se detenía sistemáticamente a acumular gestos de afecto popular, Ramírez permanecía al margen, frecuentemente avanzando sin aguardar a su colega. El único momento de cercanía genuina ocurrió ya en los estertores de la jornada, cuando ambas se permitieron un abrazo que resultó más cortés que cálido. Ese distanciamiento silencioso entre las dos figuras encapsulaba una realidad política más amplia: Bullrich transita un camino de autonomía dentro del movimiento libertario, ya no esperando señales de aprobación desde la cúpula que encabeza la secretaria general de la Presidencia.

En los círculos cercanos a la ex titular de la cartera de Seguridad, evitan pronunciar la palabra "candidatura" de manera explícita, pero tampoco la desmienten. Los sonrisas cómplices ante cualquier mención sobre una eventual postulación hablan un lenguaje que transcurre más allá de las palabras. Existe una diferencia fundamental entre la contención que mantiene públicamente hacia La Libertad Avanza y la autonomía con la que se posiciona territorialmente. Bullrich ya no espera bendiciones desde arriba; se mueve con la convicción de quien sabe que su base de apoyo existe y puede ser movilizada. Su objetivo declarado es desplazar al partido Pro del Ejecutivo porteño, ocupando ese espacio como la cara visible del sello libertario en la Capital Federal.

El quiebre silencioso con la arquitectura oficial

La tensión entre Bullrich y el núcleo duro del gobierno nacional —particularmente con Karina Milei— encontró un nuevo punto de fricción esta semana, cuando la senadora salió públicamente a exigir que Manuel Adorni, jefe de Gabinete, presentara "de manera inmediata" su declaración jurada para aclarar su situación patrimonial. Este reclamo no fue una observación al pasar; fue un pronunciamiento televisivo deliberado que generó malestar evidente en los despachos de la secretaría general de la Presidencia. Bullrich ya había solicitado anteriormente que se removiera a Adorni de su función, argumentando que su permanencia dificultaba la gestión parlamentaria y el trabajo legislativo. Aunque varios integrantes del gabinete nacional comparten esta evaluación en conversaciones privadas, ninguno se atreve a hacerla pública, intimidados por el apoyo inquebrantable que los hermanos Milei han depositado en el ministro coordinador.

Lo más significativo es que desde el momento en que Bullrich profirió sus críticas públicas sobre Adorni, la comunicación entre ella y Karina Milei se cortó. Tanto en el entorno bullrichista como en los espacios cercanos a la funcionaria se reconoce esta ausencia de diálogo: "No hubo llamados con reclamos", afirmaron las fuentes cercanas a la exministra. La reunión de gabinete prevista para la tarde se perfiló como el primer reencuentro entre los actores tras esa salida de tono. Sin embargo, cuando fue interrogada sobre el tema durante su jornada en Lugano, Bullrich se negó a ampliar su posición: "No quiero volver a un tema que ya lo dije, lo defendí, fui taxativa y clarita. Y ya está, no quiero repetirlo. Todos saben lo que dije y lo que pienso", manifestó cuando consultada por los medios. Su silencio estratégico en territorio que debería haber sido el espacio para maximizar su visibilidad sugiere que guarda sus argumentos para el encuentro reservado que vendría después.

Contradicciones entre ovaciones y reclamos vecinales

Las respuestas que obtuvo Bullrich en las calles de Lugano fueron, en términos generales, positivas. Parejas de adultos mayores expresaban su disposición a votarla de presentarse, frecuentemente asociando su nombre con la promesa de mejorar la seguridad delictiva en el barrio. Reivindicaban su paso por el ministerio de Seguridad nacional y fantaseaban con que una gestión suya podría revertir los problemas de inseguridad que aquejan la zona. No obstante, esa brisa de apoyo popular se vio matizada por insultos aislados y críticas que, aunque eran dirigidas fundamentalmente a la administración de Javier Milei, salpicaban inevitablemente su figura como parte del gobierno. Una mujer que paseaba a sus perros se detuvo al verla e hizo un desahogo que resumía el malestar económico de sectores vulnerables: "No puedo pagar el alquiler. Yo no quería vivir de la caridad de mis hijos. Me ocupé de tener un buen trabajo para tener una buena jubilación, pero me arruinaron. No me alcanza". Otros vecinos complementaban esos reclamos con denuncias sobre el deterioro comercial del barrio, achacándolo a la caída en las ventas y al retroceso del poder adquisitivo de los jubilados mínimos.

Ese contraste entre el entusiasmo de algunos sectores y la frustración de otros refleja un escenario electoral potencial mucho más fragmentado que la imagen que proyecta Bullrich en sus movidas territoriales. En La Libertad Avanza apuntan a sobrellevar esa situación mediante un proyecto de ley que otorgaría beneficios fiscales a los comerciantes de la ciudad, materia que se debatiría en la Legislatura porteña el próximo jueves. El mismo día que se tramitaría esa iniciativa, el recinto también tratará la ampliación del presupuesto, configurando un doble movimiento de señales de gestión.

Señales internacionales y críticas cruzadas al macrismo porteño

Bullrich ha calibrado además su mensaje mediante referencias internacionales que funcionan como críticas indirectas a la gestión vigente en la ciudad. Esta semana viajó a Chile y se reunió con Mario Desbordes, alcalde de Santiago, aprovechando el encuentro para lanzar críticas sutiles pero precisas hacia la administración de Jorge Macri en la Capital Federal. A través de su cuenta en X, escribió que "el orden, la seguridad y la gestión eficiente son la base obligatoria de una ciudad que crece", para luego contrastar: "Santiago es un ejemplo de una ciudad que crece y no se queda frenada en lo que Buenos Aires no logra avanzar: la limpieza, los subtes, el tránsito o los impuestos distorsivos". Esa estrategia retórica de comparación internacional permite a la senadora marcar diferencias con el macrismo sin necesidad de confrontar directamente, posicionándose como la alternativa libertaria capaz de resolver problemas que la anterior gestión no logró solucionar.

Escenarios futuros y dinámicas de poder en disputa

Lo que ocurre en estos meses previos a las elecciones porteñas es el resultado de múltiples capas de tensión política que no se limitan al enfrentamiento entre Bullrich y Macri, sino que penetran profundamente en la arquitectura interna de La Libertad Avanza. El movimiento de la senadora por ocupar espacios territoriales y acumular capital político electoral coexiste con relaciones deterioradas dentro del gobierno nacional, particularmente con la secretaría general de la Presidencia. La ausencia de comunicación formal entre Bullrich y Karina Milei, tras el reclamo sobre la documentación patrimonial de Adorni, sugiere que ambas figuras están trazando sendas cada vez más divergentes dentro del mismo espacio político. Por otro lado, la respuesta que recibe Bullrich en las calles es heterogénea: hay sectores que la ven como una solución potencial a problemas de seguridad e inseguridad, mientras que otros interpretan su presencia como parte de un gobierno que ha profundizado la crisis económica de familias trabajadoras. La disposición de ciertos vecinos a votarla contrasta con el desahogo de jubilados que se sienten arruinados y comerciantes que enfrentan una caída sostenida en las ventas. En ese contexto de demandas múltiples y contradictorias, la estrategia de Bullrich de ampliar beneficios fiscales para el comercio se configura como un intento de capturar el voto de sectores que reconocen su liderazgo pero también demuestran frustración ante resultados económicos que aún no mejoran. Los próximos meses definirán si la autonomía que Bullrich está construyendo dentro de La Libertad Avanza le permitirá avanzar electoralmente sin que la cúpula gubernamental le retire su apoyo, o si por el contrario esa tensión terminará cristalizando en una ruptura que afecte el desempeño de ambos actores en la competencia electoral que se aproxima.