Después de varios meses alejado de la escena pública, Eduardo Duhalde volvió a exponerse ante la opinión ciudadana durante un acto académico que rápidamente derivó en confrontación. El expresidente bonaerense concurrió a la Universidad Nacional de Lanús para participar en el lanzamiento de una investigación sobre su período al frente de la gobernación provincial durante la década de los noventa, pero la jornada se vio atravesada por la irrupción de un grupo de manifestantes que lo responsabilizaron —de manera directa y con cánticos— por hechos que ocurrieron hace más de veinte años. Lo que aparentaba ser un evento académico tranquilo se convirtió en un escenario de tensión política donde pasado y presente colisionaron, revelando que ciertas cicatrices históricas continúan abiertas en la memoria colectiva argentina.
El contexto de este encuentro es insoslayable para comprender su significancia. Duhalde, quien cuenta actualmente con 84 años de edad, se desempeñaba como presidente de la Nación en calidad de interino cuando ocurrieron los eventos que le reprochan. El 26 de junio de 2002, en el contexto de una intervención policial contra manifestantes piqueteros en la zona de Avellaneda, fallecieron dos militantes: Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. Ambos perdieron la vida durante un operativo que se caracterizó por su violencia y cuyos pormenores permanecen en el debate público hasta hoy. Aunque la justicia condenó a dos efectivos policiales —el excomisario Alfredo Luis Fanchiotti y el excabo Alejandro Gabriel Acosta, ambos a cadena perpetua— existe un reclamo persistente vinculado a lo que los familiares y allegados califican como la "responsabilidad política" de aquellos que comandaban desde los más altos niveles del Estado durante aquella administración.
Una interrupción previsible pero incómoda
El acto se desarrollaba en el cine auditorio Tita Merello de la Universidad Nacional de Lanús, con una concurrencia que llenó la sala. Aritz Recalde, director del Departamento de Humanidades y Artes de la institución, había presentado un libro que versa sobre la gestión de Duhalde como gobernador de la provincia de Buenos Aires entre 1991 y 1999, período que sus analistas consideran transformador para la jurisdicción bonaerense. El rector Daniel Bozzani y el moderador Mauro Guevara también formaban parte del dispositivo institucional que acompañaba la presentación. Sin embargo, en el momento preciso en que Duhalde estaba siendo introducido para realizar su alocución, un contingente de asistentes —identificados posteriormente como familiares de Santillán, militantes de organizaciones de izquierda y estudiantes vinculados al Centro de Estudiantes de Salud Comunitaria (Cesaco)— irrumpió con una batería de cánticos y consignas.
Las voces que resonaron en el auditorio expresaban demandas de justicia retroactiva: "A Darío y Maxi los vamos a vengar con la lucha popular" y "¡Adonde vayan los iremos a buscar!" fueron algunas de las frases entonadas hacia el exmandatario. Los manifestantes, además, portaban copias de la tapa de un diario de circulación nacional del 27 de junio de 2002, jornada inmediatamente posterior a los fallecimientos, en la que el titular principal de la cobertura informativa rezaba "La crisis causó dos nuevas muertes", una caracterización que los activistas consideraban trivializadora de lo ocurrido. Duhalde, en tanto, enfrentó los insultos con una actitud que combinó el silencio con sonrisas ocasionales de corte irónico. No respondió verbalmente a los reproches, manteniéndose sentado en su butaca mientras el ambiente se tornaba tenso. La protesta se extendió solo durante algunos minutos antes de que los manifestantes fueran retirados del recinto, aunque permanecieron en el perímetro de la universidad continuando con sus cánticos antes de retirarse finalmente.
La respuesta institucional y la reacción política
Una vez que el orden fue restablecido dentro del auditorio, Duhalde procedió con su intervención. Su alocución fue breve en lo concerniente al incidente que acababa de presenciar, pero cargada de significación política. El expresidente sostuvo una postura reconciliadora, aunque con matices que revelan su perspectiva sobre la conflictividad social persistente. Afirmó que los argentinos se han acostumbrado "a no escuchar" y que encuestas demuestran que el 80% de la población no desea confrontaciones. Luego agregó un argumento que apunta a la necesidad de cesación de las pugnas internas: "La Argentina no va a salir de ninguna manera, si seguimos peleando entre nosotros". Reconoció el derecho de los manifestantes a "plantear cosas distintas", pero rechazó implícitamente su método de acción. Durante su participación, Duhalde también anunció que su Movimiento Productivo completó su registro formal como partido político en la provincia de Buenos Aires, lo cual constituye un movimiento de relevancia política más allá del episodio de confrontación.
La reacción de los asistentes que apoyaban el acto académico no se hizo esperar. Un grupo de militantes peronistas respondió entonando la marcha característica del movimiento político que Duhalde alguna vez representó, generando una suerte de enfrentamiento simbólico de cánticos dentro del mismo espacio. Las imágenes de este cruce fueron difundidas mediante redes sociales por personas que presenciaron el evento, llegando a una audiencia mucho más amplia que la del auditorio físico. Por su parte, el Centro de Estudiantes que encabezó la protesta publicó en su cuenta de Instagram un comunicado extenso en el que reivindicaba la memoria de los fallecidos y exigía "juicio y castigo a los responsables de la Masacre de Avellaneda", rechazando lo que caracteriza como "impunidad".
Este episodio refleja una particularidad de la política argentina contemporánea: la persistencia de conflictos y reclamos históricos que no han encontrado resolución o cierre en la esfera pública. A más de dos décadas de los sucesos de Puente Pueyrredón, la cuestión de la responsabilidad política —diferenciada de la responsabilidad penal individual— continúa siendo materia de disputa. Mientras que la justicia ha procesado y condenado a los ejecutores directos de la represión, los sectores que demandan una investigación más exhaustiva sostienen que las cadenas de mando y las decisiones políticas que permitieron o propiciaron el operativo permanecen sin esclarecimiento definitivo. La reaparición de Duhalde en la vida pública, después de un prolongado retiro, actuó como catalizador de estas tensiones que, aunque dormidas en la superficie mediática, continúan activas en las reivindicaciones de ciertos grupos sociales y políticos. Esto plantea interrogantes sobre cómo la sociedad argentina procesa su pasado reciente: si mediante el agotamiento temporal de conflictos o si, por el contrario, ciertos asuntos permanecerán abiertos indefinidamente en la agenda pública, resurgiendo cada vez que los protagonistas históricos reaparecen en escena.



