Cuando alguien pasa seis años y cuatro meses como chofer de un funcionario, termina siendo testigo involuntario de detalles que muchos preferirían que permanecieran en la sombra. Este principio elemental se convirtió en piedra angular de una investigación judicial que busca esclarecer presuntos actos de corrupción, enriquecimiento ilícito y esquemas de soborno vinculados con la empresa estatal de telecomunicaciones por satélite. El declarante, cuyo nombre permanece en segundo plano pero cuyo testimonio adquiere peso creciente, compartió durante años el cotidiano de Facundo Leal, exdirector de la empresa Arsat y posteriormente titular del organismo que regula los aeropuertos nacionales. Su relato incorporado a los expedientes judiciales revela patrones de comportamiento, movimientos de efectivo y encuentros entre personajes que, según la investigación, formaban parte de una estructura de corrupción que incluye a la empresa contratista Argentina Logistic Services.
Lo que hace particularmente valioso el testimonio de quien estuvo presente en prácticamente todos los desplazamientos del funcionario entre enero de 2020 y mayo de 2024 es que permite conectar puntos que de otra manera permanecerían desconectados. No se trata de afirmaciones especulativas, sino de observaciones directas documentadas ahora en los registros de la justicia federal. El chofer fue testigo de movimientos de equipaje que él mismo caracterizó como "raros". Describió comportamientos que se apartaban de lo que consideraba rutinario: mochilas que permanecían en el baúl del vehículo durante días, que luego eran reemplazadas por otras, traslados de equipaje múltiple. Todo esto, según su percepción, sugería que algo inusual sucedía detrás de esos movimientos aparentemente mundanos de un funcionario dentro de la Ciudad de Buenos Aires y hacia distintas provincias.
El viaje de febrero y la valija de Mendoza
Un episodio específico condensó la importancia de este testimonio: en febrero de 2026, en el mismo mes en que Leal renunció al Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos (Orsna), el entonces funcionario le ordenó a su conductor una tarea concreta. Debía trasladar una valija desde la Capital Federal hasta un domicilio que pertenecía al propio Leal en la provincia de Mendoza. Este desplazamiento, que podría haber pasado desapercibido en cualquier otra circunstancia, adquirió dimensiones enormes cuando los investigadores comenzaron a conectar los puntos. Durante los allanamientos realizados en el departamento de Mendoza ubicado sobre la avenida Boulogne Sur Mer, la policía secuestró aproximadamente US$1,7 millones en efectivo dentro de esa misma valija que el chofer recordaba haber trasladado en febrero. Cuando le mostraron fotografías del equipaje durante su declaración, el conductor lo reconoció sin hesitación. La cadena de custodia quedaba así trazada: la orden de Leal, el traslado ejecutado por su colaborador de confianza, el hallazgo posterior de dinero en cantidad sustancial. En total, se incautaron casi US$2,6 millones en distintos lugares vinculados con el exfuncionario, lo que plantea interrogantes sobre el origen de esos fondos y su destino.
Lo particularmente significativo es que este viaje ocurrió en el contexto de la salida de Leal de su cargo en Orsna, un momento en el cual, según los investigadores, habría existido una necesidad urgente de trasladar activos hacia ubicaciones más alejadas del escrutinio. El hecho de que el destino fuera una provincia diferente, Mendoza, sugiere intencionalidad en la dispersión de los fondos. El chofer, al declarar sobre este episodio, proporcionó la prueba testimonial que los investigadores necesitaban para vincular directamente al exfuncionario con el movimiento de esos recursos. Su palabra no es especulativa: vio el equipaje, recibió la orden, ejecutó el traslado. Después, otros procedimientos judiciales encontraron exactamente lo que los investigadores buscaban.
Las mochilas del misterio y los patrones de comportamiento
Más allá del episodio puntual de la valija, el chofer reveló un patrón que trasciende un hecho aislado. Según su declaración, Leal llevaba habitualmente una mochila personal, pero en determinadas ocasiones guardaba una segunda mochila en el baúl del automóvil, donde permanecía durante dos o tres días. Después de ciertas reuniones, esa mochila era reemplazada por otra o trasladada por el propio funcionario. En una ocasión incluso lo vio ingresar a un edificio en pleno centro porteño portando dos mochilas simultáneamente. El conductor admitió que nunca vio directamente dinero en efectivo dentro de estos equipajes, pero la reiteración de estos comportamientos anómalos, según su caracterización, sugería que algo más que documentos ordinarios se movía dentro de esas estructuras de tela. Este patrón repetitivo es lo que los investigadores denominan evidencia circunstancial de peso: cuando un comportamiento se reitera, deja de ser una anomalía aislada para convertirse en un sistema.
El testimonio también reveló la magnitud de la red de contactos que se movía alrededor de Leal. El chofer describió una relación de "extrema confianza" entre el exfuncionario y Santiago Pando, identificado en la investigación como uno de los nexos principales con la empresa contratista Argentina Logistic Services. Según lo relatado, Pando era una presencia cotidiana tanto en las oficinas de Arsat en Benavídez como en el edificio conocido en los pasillos administrativos como "el Rulero". Pero los encuentros trascendían lo meramente laboral. El conductor frecuentemente trasladaba a Leal hasta la zona de la Recova, en el corazón de la Ciudad de Buenos Aires, donde observaba reuniones entre ambos que, según su percepción, parecían las de dos personas que mantenían una relación de amistad consolidada más allá de cualquier vínculo profesional. Estas observaciones permiten reconstruir una estructura de contactos que operaba fuera de los espacios institucionales formales, en zonas de la ciudad menos visibles al escrutinio público.
El relato del chofer también mapeó una verdadera geografía de encuentros entre los acusados en la causa. Leal frecuentaba distintos establecimientos gastronómicos donde se reunía con otros personajes implicados en la investigación. En el café Havanna, ubicado en la zona de la Recova, el conductor vio en varias ocasiones a Gerardo Boschin, expresidente de Trenes Argentinos, sentado en las mesas exteriores aguardando aparentemente la llegada de Leal. El restaurante Piegari, sobre la calle Posadas, fue otro sitio de encuentros que coincide con coordinaciones mencionadas en las comunicaciones incautadas durante la investigación. Además, el chofer recordó viajes hacia el café Tostado de Nordelta, especialmente durante el primer año de la pandemia, donde nuevamente identificó a Boschin y a Leonardo Comperatore, junto con otras personas cuya identidad no logró precisar. Esta multiplicidad de lugares sugiere una estructura deliberada de encuentros descentralizados, una práctica común en círculos donde se busca evitar el registro centralizado de contactos.
Las implicancias de una prueba testimonial central
En cualquier investigación judicial compleja, los testigos que estuvieron cercanos a los actores principales ocupan un lugar privilegiado. El chofer de Leal tuvo acceso a información que pocos otros pudieron observar: los movimientos del exfuncionario, sus contactos, sus patrones de conducta, sus desplazamientos. La particularidad radica en que se trata de información obtenida de manera pasiva, sin que el testigo tuviera necesariamente intención de registrar detalles que luego resultarían relevantes para una investigación. Vio lo que vio porque estaba ahí, cumpliendo su función laboral. Esto le confiere un carácter de credibilidad particular: no tenía incentivos previos para memorizar details ni para construir una narrativa determinada. Su testimonio llegó después, cuando ya los investigadores le mostraron evidencia material de los allanamientos. La validación del reconocimiento de la valija de Mendoza mediante fotografías de los secuestros judiciales añade un nivel de corroboración que trasciende la palabra del testigo aisladamente considerada.
La investigación en torno a Arsat y el presunto esquema de corrupción que involucraría a funcionarios públicos, empresas contratistas y personajes del sector privado continúa desplegándose. Cada nueva declaración, cada nuevo elemento de prueba, va componiendo un cuadro más completo de cómo operaría supuestamente la estructura de enriquecimiento ilícito. El testimonio del chofer se suma a otros elementos probatorios: documentación de transacciones, análisis de comunicaciones, registros de movimientos bancarios, allanamientos con secuestros de activos. Lo que hace particular la contribución de este testigo es que humaniza esos movimientos abstractos de dinero, mostrando el lado operativo de cómo se trasladaban recursos, se coordinaban encuentros y se mantenían estructuras de contacto aparentemente encubierta. Las implicancias de su declaración alcanzan tanto al análisis de responsabilidades individuales como a la evaluación de sistemas institucionales que, aparentemente, no habrían funcionado con los controles necesarios para detectar estas prácticas.
Las distintas perspectivas que emergen de este proceso judicial merecen consideración: por un lado, quienes sostienen que el testimonio de un chofer revela grietas profundas en los mecanismos de control de empresas estatales y organismos reguladores, sugiriendo que operaban esquemas sofisticados de corrupción durante años sin detección adecuada. Desde otra óptica, algunos analistas podrían argüir que el testimonio de observaciones indirectas requiere cautela interpretativa, ya que la percepción de anomalía por parte de un testigo no constituye prueba directa de ilicitud. Lo que resulta innegable es que los datos factuales que emergen de la investigación —la detención con dinero en efectivo, los secuestros de activos significativos, las reuniones documentadas, los desplazamientos registrados— configuran un conjunto de circunstancias que demanda esclarecimiento judicial completo, independientemente de cómo se interprete cada elemento específico de la prueba testimonial.



