La política argentina vuelve a girar hacia los números y las estrategias electorales. A tres años de los comicios presidenciales de 2027, las principales fuerzas políticas del país comienzan a delinear sus movimientos en el tablero. En este contexto, el PRO ha dejado la puerta abierta para construir una fórmula conjunta con La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires, el distrito más poblado del país y tradicionalmente considerado clave para cualquier aspiración de poder nacional. La apertura llegó luego de una serie de encuentros formales que marcan un giro significativo en las relaciones entre dos espacios que, aunque comparten una visión ideológica anticomunista y pro mercado, mantienen tensiones históricas y rivalidades internas que no han desaparecido.

Durante el fin de semana, Fernando de Andreis, diputado nacional y secretario general del PRO, expresó públicamente que la posibilidad de una alianza electoral con los libertarios no está descartada. Sus palabras fueron enfáticas: con disposición genuina, apertura mental y flexibilidad en el diseño de candidaturas, una fórmula compartida es viable. Pero agregó una advertencia que sintetiza la preocupación del partido amarillo: si ambos espacios se dividen en la provincia de Buenos Aires, el peronismo tendrá probabilidades muy elevadas de retornar al poder provincial. Este cálculo político refleja una realidad que los dirigentes del PRO conocen bien después de décadas en la arena electoral: la fragmentación de la derecha y el centro-derecha históricamente beneficia a los sectores peronistas.

El encuentro en la Casa Rosada y el inicio de negociaciones formales

La conversación entre ambas fuerzas políticas no es espontánea ni casual. El jueves anterior a las declaraciones de De Andreis, una delegación del PRO encabezada por él y por Cristian Ritondo fue recibida en la Casa Rosada. Del otro lado de la mesa estuvieron Diego Santilli, jefe de Gabinete del gobierno libertario; Martín Menem, que oficia como vicepresidente de La Libertad Avanza; y Eduardo "Lule" Menem, responsable político del espacio. La composición de los asistentes es indicativa: no fue una conversación informal entre legisladores, sino un encuentro institucional donde estuvieron presentes figuras con poder de decisión dentro de la estructura gubernamental y partidaria libertaria.

Es importante notar que este encuentro no tuvo como propósito cerrar un acuerdo electoral definitivo. Los participantes fueron explícitos en señalar que se trató de la apertura formal de una instancia de diálogo. Esto significa que ambos espacios decidieron pasar de los comentarios públicos e indirectos a una negociación estructurada y con continuidad temporal. De hecho, se acordó que estos encuentros se repetirán cada 15 días, creando así un mecanismo regular de intercambio que permitirá a ambas fuerzas explorar diferentes escenarios, evaluar posibilidades de candidaturas y analizar qué tipo de acuerdo podría resultar más beneficioso para cada parte. Este tipo de agendas sistemáticas son propias de negociaciones políticas serias, no de tanteos exploratorios.

El cálculo electoral detrás de la búsqueda de consenso

Para comprender por qué el PRO busca activamente una alianza con La Libertad Avanza en Buenos Aires, es necesario contextualizar el escenario electoral provincial. Desde la perspectiva de los dirigentes amarillos, el peronismo continúa siendo una fuerza electoral competitiva, incluso en circunstancias donde se encuentra fragmentado internamente. El peronismo bonaerense, a pesar de sus divisiones y conflictos intestinos, ha demostrado históricamente una capacidad notable para cohesionarse cuando se aproximan las disputas electorales importantes. De Andreis fue muy claro al respecto: aunque hoy los peronistas están todos enfrentados entre sí, cuando llega la hora de las elecciones tienden a juntarse. Esa observación no es nueva en la política argentina, pero sigue siendo estratégicamente relevante.

El diputado también hizo una referencia histórica que pesa en la memoria política del PRO: 2019. En esa ocasión, cuando se realizaron las elecciones presidenciales, el peronismo logró vencer al gobierno de Mauricio Macri. Para el PRO, aquella derrota representa la demostración empírica de que la fragmentación de las fuerzas no peronistas facilita el retorno del peronismo. Es por ello que De Andreis enfatizó repetidamente la necesidad de "blindar el cambio", una expresión que resume la idea de que consolidar un bloque anti-peronista es fundamental para impedir que la Argentina cometa lo que ellos consideran el mismo error de hace casi una década. En otras palabras, el PRO ve en 2027 una oportunidad para evitar una repetición de 2019 en la provincia más importante del país.

Aunque De Andreis fue cauteloso en sus formulaciones públicas y aclaró que el PRO aún analiza distintas alternativas, la centralidad que le otorgó a Buenos Aires en su intervención es reveladora. La provincia no solo es el distrito con mayor cantidad de votantes, sino que es también una zona donde las identidades políticas están menos polarizadas que en el resto del país y donde el voto flotante suele ser decisivo. Controlar la narrativa electoral en Buenos Aires equivale a posicionarse estratégicamente para cualquier competencia nacional. Por eso, para el PRO, la idea de una fórmula conjunta con los libertarios en ese territorio tiene importancia que trasciende lo provincial.

Las tensiones internas y la búsqueda de equilibrio

A pesar de la apertura formal hacia La Libertad Avanza, el PRO mantiene una posición crítica respecto de varios aspectos de la gestión de Javier Milei. De Andreis no ocultó esta realidad. Sin embargo, dejó constancia de algo que, en términos de alianza política, es más importante que los desacuerdos específicos: existe algo "mucho más grande para nosotros que el partido, que es la Argentina". Esta frase busca establecer un marco de prioridades donde los objetivos nacionales estarían por encima de las diferencias internas. Es una construcción retórica común en momentos de negociación política cuando se intenta justificar acuerdos con actores con los que existen fricciones.

Otro detalle que vale la pena destacar es la valoración positiva que De Andreis hizo de Diego Santilli como jefe de Gabinete. Santilli es una figura con trayectoria política compleja: fue gobernador de la provincia de Buenos Aires por el PRO-CABA, candidato presidencial en 2023 por Juntos por el Cambio, y ahora ocupa un rol central en la administración libertaria. Su presencia en el gobierno de Milei ha sido vista por algunos sectores del PRO como una continuidad de su proyecto político, lo que facilitaría los diálogos entre ambos espacios. Al destacar el rol de Santilli, De Andreis está enviando un mensaje de que hay figuras que pueden fungir como puentes entre los dos espacios.

Pero estas apertura no significa que todo sea llanura política. El PRO sigue siendo un partido con intereses propios, con figuras con ambiciones presidenciales propias, y con una base electoral que en algunos casos desconfía de los libertarios por considerarlos demasiado radicales o inexperientes en la gestión. De Andreis fue prudente al decir que aún analizan "distintas alternativas", lo que implica que ni siquiera la alianza es un camino completamente definido. El PRO mantiene la opción abierta de competir de manera independiente si así lo considera conveniente.

Las implicancias de estos movimientos políticos son múltiples y se proyectan hacia escenarios complejos. Si la alianza PRO-Libertad Avanza se concreta en Buenos Aires, el espacio anti-peronista tendría una estructura unificada en el territorio más importante del país, lo que reduciría significativamente las probabilidades de fragmentación electoral. Esto podría fortalecer las posiciones de ambas fuerzas tanto en elecciones provinciales como en las presidenciales. Por el contrario, si las negociaciones fracasan y cada espacio compite por separado, la dispersión del voto no peronista podría efectivamente beneficiar a los sectores peronistas, como advierte De Andreis. Una tercera posibilidad, que el PRO mantiene abierta, sería competir de manera más autónoma, apostando a su propia capacidad de convocatoria y gestión territorial. Cada escenario conlleva riesgos y oportunidades distintas, y las próximas quincenas de reuniones determinará qué dirección toma finalmente esta negociación que recién comienza a tomar forma institucional.