El termómetro político marca su peor temperatura

A través de una batería de relevamientos realizados durante el mes de julio, especialistas en medición de opinión pública documentaron un retroceso significativo en la evaluación de la administración Milei. El fenómeno no constituye un hecho aislado ni producto de una única medidora: al menos seis consultoras independientes registraron caídas en sus respectivos indicadores, confirmando una tendencia que, según los propios analistas, revela un punto de quiebre en la percepción ciudadana. El deterioro adquiere relevancia no solo por su magnitud, sino por su timing político. Luego de un repunte en junio que había generado algo de optimismo en la Casa Rosada, el nuevo desplome deja al Gobierno navegando nuevamente en aguas turbulentas, a poco más de medio año de su asunción y con preguntas abiertas sobre la sustentabilidad del proyecto libertario en el mediano plazo.

El dato más contundente proviene del Índice de Confianza en el Gobierno elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella. La medición de julio mostró una caída de 6,5 puntos porcentuales respecto de junio, ubicándose en 1,94 sobre una escala de 0 a 5. El retroceso revierte el rebote del mes anterior y reinicia una tendencia descendente que, de acuerdo con analistas consultados, marca un comportamiento preocupante para quienes conducen la administración. El indicador no solo reflejaba un mes malo, sino que al observar la serie histórica desde la asunción, evidenciaba patrones recurrentes de deterioro, con apenas momentos aislados de respiro en el medio.

Seis medidores, un mismo veredicto: el malestar es económico

La Universidad Torcuato Di Tella no fue la única en registrar este fenómeno. Las consultoras Poliarquía, Trespuntozero, Hugo Haime & Asociados, Opina Argentina y Casa Tres relevaron durante julio comportamientos de opinión pública consonantes con la caída documentada por la institución académica. En varios casos, las cifras resultaron aún más crudas que las del indicador universitario. La consultora Poliarquía, que además colabora en la construcción del índice de Di Tella, registró su Índice de Optimismo Ciudadano con un desplome del 9 por ciento, ubicándose en territorio de "pesimismo fuerte" y marcando el registro más bajo de toda la era iniciada en diciembre de 2023. Este número específico trasciende la mera estadística: representa el punto más bajo de esperanza que los ciudadanos han expresado desde que Milei asumió la presidencia.

Trespuntozero arrojó resultados que profundizaban el diagnóstico. Su última medición mostró una caída de 5,4 puntos porcentuales en la evaluación positiva de la gestión, pasando de 40,6 por ciento en junio a 35,2 por ciento en julio. La consultora que dirige esta última firma registró su peor cifra en 33 por ciento durante la administración, aunque aclaró que el presente registro superaba ese mínimo anterior. Por su parte, Opina Argentina documentó el desempeño más negativo entre todos los relevamientos: la aprobación presidencial se ubicó en apenas 31 por ciento, una caída de 5 puntos respecto del mes previo. Hugo Haime & Asociados también confirmó la tendencia a la baja, mientras que Casa Tres añadió su voz al coro de consultoras que diagnosticaban un retorno al deterioro tras el breve respiro de junio.

Todos los especialistas convergieron en una explicación del fenómeno: el denominado "malestar económico" funcionó como catalizador de las caídas. El expresidente comercial de una de las medidoras planteó que la población ya venía entre deprimida y enojada, y que un evento externo—el desempeño de la selección nacional en una competencia internacional—había brindado esperanzas pasajeras que se evaporaron apenas la realidad cotidiana reapareció con toda su dureza. Otro analista resumió el diagnóstico con una frase que circularía con frecuencia en los días siguientes: la "economía de metro cuadrado" era el determinante clave. En otras palabras, no importaban los argumentos macroeconómicos ni los relatos sobre estabilidad; lo que importaba era si la gente podía pagar el alquiler, la comida y los servicios básicos. Y en julio, la respuesta mayoritaria parecía ser negativa.

Grietas en la coalición ganadora: los que eligieron a Bullrich ahora se alejan

Uno de los hallazgos más delicados para la administración emergió del análisis desagregado que realizó Poliarquía. La directora de proyectos de esa consultora advirtió que el deterioro de la imagen presidencial estaba alcanzando a un segmento que históricamente debería ser el más leal: aquellos ciudadanos que en la primera vuelta de 2023 votaron por la candidata de Juntos por el Cambio y que luego migraron hacia Milei en el balotaje. Este grupo, que resultó fundamental para la victoria libertaria en la segunda vuelta, experimentaba ahora una erosión notable en su apoyo. La implicancia de este dato trasciende los números: si el Gobierno estaba perdiendo apoyo incluso entre quienes habían demostrado flexibilidad electoral suficiente como para cambiar de voto en pocas semanas, ello sugería que la frustración económica penetraba capas profundas del electorado potencial.

Manuel Zunino, de Proyección Consultores, ofreció un análisis más matizado del contexto político que envolvía la caída. Identificó tres factores operando simultáneamente para explicar el malestar económico: primero, el argumento de la herencia recibida había perdido peso relativo a medida que transcurrían los meses de gestión; segundo, la demanda ciudadana había evolucionado desde exigir estabilidad hacia reclamos por ingresos, salarios y calidad de empleo; y tercero, un evento de naturaleza política—el caso que derivó en el alejamiento de un funcionario clave—había tensionado el relato oficial sobre esfuerzo y sacrificio compartido. Estos tres ejes, según el especialista, convergían para crear un clima de desconfianza amplificado. El Gobierno, en otros términos, enfrentaba no solo consecuencias económicas objetivas, sino también una transformación en las demandas políticas que sus ciudadanos formulaban.

La Casa Rosada apela a perspectivas: "miren la tendencia, no el mes a mes"

Frente al aluvión de datos negativos, la administración libertaria optó por una estrategia comunicacional defensiva. Durante una conferencia de prensa, el portavoz presidencial descalificó al Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella caracterizándolo como "un indicador privado" y sugirió que la obsesión por cifras mensuales resultaba contraproducente. Su argumento pivoteaba en la necesidad de observar tendencias de largo plazo en lugar de fluctuaciones coyunturales. A pesar de esta posición, reconoció que el Gobierno realizaba seguimiento sobre el indicador, una aclaración que diluía la potencia de su crítica inicial. El funcionario manifestó confianza en la reelección presidencial para 2027 y afirmó que el Gobierno estaba "gestionando bien", aunque concedió estar "a mitad de camino".

La respuesta oficial incluyó una proyección que merece atención: el portavoz sostuvo que la cantidad de ciudadanos que cuestionaban al Gobierno o atravesaban dificultades económicas iría "reduciéndose a medida que tengamos éxito en la gestión". La frase encerraba una promesa implícita de mejora futura que dependía de variables macroeconómicas aún no materializadas. El Instituto Nacional de Estadística y Censos había publicado datos de actividad económica que mostraban una caída del 0,5 por ciento en mayo respecto de abril, mes en el que la contracción había alcanzado 1,5 por ciento. Aunque la velocidad de caída se desaceleraba, el crecimiento positivo aún no asomaba en el horizonte de las mediciones oficiales.

Excepciones que confirman la regla: dos consultoras nadan contra la corriente

No todas las consultoras registraron caídas en julio. Aresco y Synopsis Consultores presentaron lecturas divergentes respecto del consenso mayoritario. Aresco reportó cifras estables en torno al 40 por ciento desde abril, luego de una caída pronunciada en febrero y marzo. Su titular desagregó este 40 por ciento en dos componentes: un "núcleo duro" de 25 puntos que manifestaba intención de acompañar al Gobierno hasta el final de su mandato, y un "núcleo blando" de 15 puntos que aún confiaba en una mejora futura pero cuyo tamaño se había ido achicando a lo largo de los meses. La pregunta que Aresco formulaba en sus análisis capturaba la incertidumbre: qué sucedería con ese 15 por ciento intermedio si la situación económica no mejoraba.

Synopsis Consultores, por su parte, reportó un repunte de 3,5 puntos porcentuales entre junio y julio, elevando la aprobación de 33,3 a 36,8 por ciento. Su director atribuyó este resultado a un "clima mundialista"—en referencia al torneo de fútbol Copa América que se desarrollaba simultáneamente—y aclaró que su medición había sido finalizada antes de un evento deportivo que resultó negativo para la selección nacional. Con esta salvedad, Lucas Romero reconoció que el Gobierno no estaba "recuperando todo lo que perdió durante los primeros cuatro meses del año", una admisión que relativizaba el optimismo que el dato podría sugerir a primera vista.

Implicancias políticas: un Gobierno en transición hacia la incertidumbre

La simultaneidad de caídas documentadas por múltiples consultoras independientes presenta interrogantes que exceden el plano técnico de la medición de opinión pública. El fenómeno sugiere que, más allá de variables metodológicas o sesgos específicos de cada medidora, existe un cambio tangible en la disposición ciudadana respecto de la administración libertaria. La erosión del apoyo en segmentos que votaron por Bullrich y migraron hacia Milei indica que el cambio no se circunscribe a núcleos duros de oposición histórica, sino que penetra coaliciones que el Gobierno necesita para mantener viabilidad política en el mediano plazo. Por otro lado, la persistencia de un núcleo duro de apoyo—documentado por Aresco en torno al 25 por ciento—revela que la administración conserva una base política que podría permitirle sortear los próximos meses, aunque con márgenes de maniobra reducidos. La transformación de las demandas ciudadanas, que evolucionan desde exigencias de estabilidad hacia reclamos por ingresos y empleo de calidad, sugiere asimismo que el Gobierno enfrenta un dilema político sin salida fácil: los mecanismos que utilizó para lograr estabilidad relativa podrían resultar insuficientes para satisfacer las nuevas prioridades que la ciudadanía formula. El contexto internacional, con volatilidad en los mercados de capital y presiones sobre la estabilidad cambiaria, añade capas de complejidad a un escenario que ya presenta fracturas internas significativas. Los meses venideros determinarán si las mejoras económicas que el Gobierno proyecta logran cristalizar con la velocidad y magnitud necesarias para revertir la tendencia, o si por el contrario, la erosión del apoyo continúa profundizándose hasta comprometer la gobernabilidad de la administración.