Un giro inesperado en la dinámica parlamentaria capitalina
Algo cambió en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Donde hace apenas doce meses reinaba la confrontación abierta y la competencia electoral sin filtros, ahora predomina una sintonía que sorprende incluso a quienes la protagonizan. Pro y La Libertad Avanza (LLA), los dos principales bloques de la oposición nacional, han comenzado a funcionar como socios parlamentarios, respaldan mutuamente sus iniciativas y, en los pasillos del edificio legislativo, se susurra sobre la posibilidad de una alianza que vaya más allá de los expedientes y los votos. El cambio es tan marcado que requiere explicación: ¿qué sucedió en estos meses para transformar rivales en colaboradores? ¿Se trata de una convergencia meramente táctica y legislativa, o estamos ante los primeros movimientos de una estrategia electoral más ambiciosa?
La respuesta no es sencilla, porque ambas fuerzas políticas la interpretan de maneras diametralmente opuestas. Mientras que desde la administración porteña celebran con entusiasmo esta confluencia y ven en ella un anticipo de lo que podría ocurrir en los comicios de 2027, los libertarios mantienen una postura más reservada, casi esquiva. Niegan categóricamente la existencia de negociaciones electorales, aunque reconocen de mala gana que la colaboración legislativa existe y es innegable. Esta asimetría en las lecturas refleja una realidad política más compleja: dos espacios que necesitan uno del otro, pero que aún no se atreven a formalizar públicamente su alianza.
El catálogo de acuerdos que habla por sí solo
Los números no mienten. A lo largo de este año, los legisladores libertarios acompañaron con sus votos los principales proyectos impulsados por Jorge Macri, el jefe de gobierno porteño. Entre ellos figuran medidas de considerable envergadura: la toma de deuda destinada a financiar la expansión de la línea F del subterráneo, una iniciativa que requería recursos significativos y que logró sancionarse. También respaldaron la legislación tendiente a endurecimiento de penas contra los denominados "trapitos", una problemática que afecta la seguridad vial en distintos puntos de la Ciudad. Incluso optaron por la abstención estratégica ante la ampliación presupuestaria de 2,6 billones de pesos en gastos, un gesto que permitió que la medida prosperara sin enfrentamiento frontal.
La reciprocidad fue inmediata y evidente. Los diputados y diputadas del macrismo votaron favorablemente por iniciativas de corte libertario: la denominada "ley hojarasca", destinada a eliminar regulaciones que los libertarios consideran obsoletas y que representan trabas innecesarias para la actividad económica; la desregulación de la Verificación Técnica Vehicular (VTV), una medida que busca flexibilizar los controles y los procedimientos asociados; la aprobación de regímenes de incentivos para grandes y medianas inversiones (RIGI y RIMI), instrumentos que el gobierno nacional propuso para atraer capital; y la actualización de los valores de facturación del tributo de Ingresos Brutos, con impacto en la estructura tributaria local. Todas estas leyes atravesaron el proceso legislativo y fueron sancionadas exitosamente.
Este intercambio de respaldos tiene una lógica que trasciende lo meramente coyuntural. Tanto Pro como LLA coinciden en una visión desreguladora, en la necesidad de reducir la estructura burocrática estatal y en la importancia de impulsar medidas de seguridad ciudadana. Sin embargo, sus enfoques no son idénticos. Pro representa una tradición de gestión estatal moderna pero pragmática, mientras que LLA encarna una ideología libertaria más ortodoxa, orientada a una reducción radical del aparato público. Esta complementariedad de objetivos, más que una identidad de posiciones, es lo que permite que colaboren sin renunciar a sus identidades políticas diferenciadas.
Entre la entusiasmo macrista y la cautela libertaria
Jorge Macri ha sido explícito en sus intenciones. En varias ocasiones públicas, el funcionario ha defendido activamente la idea de un acuerdo electoral con La Libertad Avanza para los comicios de 2027. Ha hablado de la necesidad de hacer un "esfuerzo" conjunto para que ambos espacios converjan, señalando los "puntos en común" que los unen. Incluso se ha sincerizado con declaraciones que revelan el verdadero eje de su preocupación: "Lo que tenemos en común con La Libertad Avanza es que no podemos permitir que el kirchnerismo vuelva". Esta frase resume el núcleo duro del entendimiento: la existencia de un enemigo común que trasciende las rivalidades internas.
Del otro lado, Pilar Ramírez, quien encabeza la bancada libertaria y actúa como delegada de Karina Milei en la Ciudad, presenta un perfil menos entusiasta. Con frecuencia cuestiona públicamente la gestión de Pro, aunque lo hace mediante críticas que se enmarcan en la agenda ideológica libertaria: acusa al macrismo de "apropiarse" de ideas que considera originarias de su espacio político, impulsa proyectos para reducir impuestos, desregular y achica la burocracia estatal, siempre en línea con las banderas del presidente Javier Milei. Junto a legisladores como Nicolás Pakgojz, mantiene una postura de distancia crítica que impide que la colaboración legislativa se transforme en una alianza política declarada.
Esta diferencia en las posturas públicas refleja realidades políticas distintas. Desde el entorno del gobierno nacional, se instruye explícitamente que "no hay acuerdo electoral" entre la Casa Rosada y la administración porteña. Esto contrasta con otros distritos provinciales, donde La Libertad Avanza ha avanzado significativamente en negociaciones con gobernadores y caudillos locales afines. La directiva de Karina Milei, la principal arquitecta política del gobierno nacional, contempla que cuestionamientos públicos a Macri no generan fricción, algo que sería impensable en otras jurisdicciones. Esta asimetría estratégica sugiere que, al menos por ahora, el gobierno libertario prefiere mantener sus opciones abiertas en la Ciudad, sin comprometerse formalmente con Pro.
El contexto de cambio: del enfrentamiento al acercamiento
Para comprender esta transformación, es necesario retroceder al escenario de hace apenas un año. En mayo de 2024, cuando se realizaron las elecciones legislativas locales, Pro y LLA compitieron por separado. Los resultados fueron contundentes: La Libertad Avanza arrasó con el 30,7% de los votos, superando ampliamente al peronismo, que obtuvo 27,8%, mientras que Pro quedó en tercer lugar con apenas 16,2%. Ese resultado fue una humillación política para el macrismo en su propia ciudad, después de casi dos décadas en el gobierno. Sin embargo, el escenario cambió radicalmente para las elecciones nacionales de octubre: en esa oportunidad, Pro y LLA compitieron unidos en la Ciudad y lograron superar en conjunto el 40% de la votación. La lección era clara: juntos eran más fuertes.
A lo largo de estos meses, diversos factores han facilitado el acercamiento entre ambos espacios. En primer lugar, la necesidad cruda de números parlamentarios: el bloque oficialista de Pro, denominado "Vamos por Más", cuenta solo con 12 bancas, mientras que LLA dispone de 14. Para aprobar proyectos de envergadura, el macrismo necesita aliados, y LLA es el socio natural. En segundo término, la agenda compartida: ambos bloques impulsan medidas de desregulación, reducción de impuestos y achique de la estructura estatal. En tercer lugar, el hecho circunstancial de que 2025 fue un año sin elecciones, lo que permitió liberar la agenda legislativa de presiones electorales inmediatas. En cuarto lugar, la utilidad genuina de las leyes impulsadas: varios de los proyectos que LLA presentó y Pro acompañó tienen valor práctico para la administración porteña.
Pero hay un factor que quizá sea el más decisivo: el "acercamiento" entre el gobierno nacional y la administración porteña. Los gestos simbólicos revelan cambios sustanciales. Hace un año, en el Tedeum del 25 de Mayo de 2024, el presidente Milei negó el saludo a Macri, un gesto de desdén que fue ampliamente interpretado como una clara señal de fricción. En contraste, en el Tedeum del 9 de Julio pasado, el Presidente no solo lo saludó, sino que se mostró sonriente, se acercó a Vito, el hijo de Macri, e incluso reiteró ese gesto con amabilidad en un encuentro posterior en La Rural. Estos detalles, aparentemente menores, funcionan en la política como declaraciones de intención. Paralelamente, en mayo pasado, ambos gobiernos alcanzaron un acuerdo para el pago en bonos de aproximadamente $800.000 millones, en concepto de coparticipación federal, un reclamo histórico de la administración porteña que venía siendo ignorado.
La lectura libertaria: cambio de actitud de Pro
Los legisladores de La Libertad Avanza interpretan este fenómeno desde una óptica diferente. Según sus análisis internos, el cambio no fue simultáneo ni igualmente distribuido. Ellos atribuyen el viraje principalmente a una transformación en la actitud de Pro. "Si te acompañan en los proyectos, uno no se va a poner 'en loco' [y boicotear los suyos]", explicó un legislador libertario, reflejando una lógica más bien pragmática y sin romantizar la relación. Aunque reconocen que el año anterior la dinámica fue "compleja" debido a la competencia electoral, consideran que la diferencia radica en que Pro finalmente ha decidido acompañar las iniciativas libertarias.
Las interpretaciones que circulan en la bancada libertaria atribuyen este cambio a factores que combinan necesidad y reconocimiento ideológico. "La lógica cambió ahora que le dan bola a los proyectos de LLA. Jorge Macri nos acompaña por la necesidad imperiosa que tiene de aliarse por la pésima imagen que tiene", indicó una de las fuentes consultadas, con un tono que refleja tanto análisis político como cierto desafío. Otro legislador enfatizó: "Hubo un cambio del lado de Pro. Ellos nos acompañaron más a nosotros que nosotros a ellos". Esta narrativa, que responsabiliza principalmente a Pro del acercamiento, permite que los libertarios mantengan la ficción de que su postura es más independiente y que no están negociando nada que comprometa su identidad política.
Según lo que trascendió, es Pilar Ramírez quien lidera las negociaciones proyecto a proyecto, sin que exista un acuerdo marco legislativo, y mucho menos electoral. Esta estructura desarticulada tiene una función política clara: permite colaborar sin formalizaciones que generen compromisos de largo plazo. Cada iniciativa se evalúa según su mérito, según coincida o no con la agenda libertaria, sin necesidad de genuflexiones recíprocas ni de pactos que trasciendan el presente inmediato.
La agenda futura: hacia dónde apunta cada uno
De cara a la segunda mitad de 2025, La Libertad Avanza planea impulsar una batería de proyectos que replican a nivel porteño la legislación nacional impulsada por Milei. Entre ellos se cuenta la "ley bases" porteña, diseñada para desburocratizar el Estado local y reducir el gasto público, una iniciativa que ya ha sido presentada y que representa el núcleo de su programa. También figura la eliminación de las Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias (PASO), un mecanismo electoral que el gobierno nacional ha impugnado a nivel nacional y que LLA busca poner en agenda local una vez que se resuelva en el Congreso, donde la medida lleva tres meses paralizada.
Además de esto, los libertarios promueven proyectos específicos vinculados a transporte, seguridad y baja de impuestos, iniciativas que responden a problemáticas propias de la Ciudad. Pro, en cambio, tiene la mirada puesta casi exclusivamente en el Presupuesto 2027, sabiendo ya que deberá negociar con los libertarios cuestiones de envergadura como el recorte del gasto y la baja de ciertos impuestos. Respecto a la eliminación de las PASO, si bien inicialmente Pro se oponía, ahora plantea que hay que "analizar qué conviene" y reconoce que aún no tiene una posición definida, lo que sugiere una apertura a la presión libertaria.
Las implicancias políticas y electorales de un acercamiento sin nombre
Lo que está ocurriendo en la Legislatura porteña es, simultáneamente, muy claro y profundamente ambiguo. Claro en lo que respecta a los hechos concretos: existe una colaboración legislativa que funciona, existen votos que se respaldan mutuamente, existen proyectos que prosperan gracias a esa sintonía. Ambiguo en cuanto a sus implicancias: ¿es esto un preámbulo de una alianza electoral formal, o se trata de una mera coincidencia táctica que no compromete a ninguno de los actores a transformarse en aliado permanente?
La respuesta probablemente dependerá de cómo evolucione la dinámica nacional. Si el gobierno de Milei consolida su base política y encuentra en Pro un socio confiable para sus objetivos, es probable que la colaboración legislativa porteña se formalice en algún tipo de acuerdo electoral. Si, por el contrario, el gobierno mantiene una estrategia de distancia controlada, buscando competir de manera independiente en distintos distritos, entonces lo que ocurra en la Ciudad podría quedar en un nivel de colaboración sin consecuencias electorales mayores. Lo cierto es que los próximos meses definirán si estamos ante el nacimiento de una coalición electoral duradera o ante una convergencia legislativa condenada a disolverse apenas termine el ciclo político actual.



