Una noche de votación que selló el mapa político de la UBA
La madrugada del sábado trajo consigo el cierre de las urnas en la Universidad de Buenos Aires, marcando el fin de una jornada electoral que se extendió durante horas en distintas sedes. Con los últimos votos escrutados en la penumbra de la madrugada, quedó dibujado el nuevo panorama de fuerzas dentro de la comunidad estudiantil porteña. Los números hablaban claro: el Frente Reformista, esa alianza que congrega a radicales, socialistas, sectores del peronismo e independientes, consolidaba una vez más su predominio en las facultades de la casa de altos estudios. Del total de trece facultades, la coalición reformista se alzó con el mando en nueve de ellas, un resultado que ratificaba la tendencia histórica de este espacio político dentro del claustro universitario.
Sin embargo, la foto no era blanca y negra. En los márgenes de esta victoria mayoritaria ocurrían movimientos tectónicos que alteraban el equilibrio del poder estudiantil. El peronismo, fragmentado durante años entre distintas corrientes y tendencias, comenzaba a reconformarse bajo nuevas alianzas que prometían sacudidas futuras. Por su parte, la izquierda experimentaba el colapso más profundo de su presencia institucional en décadas, perdiendo lo que había sido durante años su único reducto de control dentro de la estructura académica. Todo esto sucedía mientras la comunidad universitaria enfrentaba el conflicto abierto con el gobierno de Javier Milei, un contexto que sin duda había moldeado las decisiones de millones de estudiantes que concurrieron a votar.
El peronismo resurge: La Cámpora y Patria Grande juntan fuerzas
Uno de los fenómenos más relevantes de estas elecciones fue la consolidación del kirchnerismo como la segunda fuerza política dentro de la UBA. Esta posición privilegiada no era resultado de la casualidad, sino de una estrategia clara: la confluencia entre La Cámpora, la histórica agrupación vinculada a Máximo Kirchner, y La Mella, la corriente universitaria de Patria Grande que reconoce en Juan Grabois a su referente principal. Esta alianza, que en algunas facultades se mantuvo unida y en otras compitió por separado según el cálculo electoral local, permitió que el peronismo recuperara terreno perdido en los últimos ciclos electorales.
Los números en Derecho fueron particularmente elocuentes sobre esta tendencia. Allí, la lista La Centeno-Nexo, identificada con el kirchnerismo, sorprendió al lograr el 39 por ciento de los votos, acortando dramáticamente la brecha que la separaba de Franja Morada-La Nueva Derecho, la expresión reformista que apenas superó el 52 por ciento. Esta cercanía, impensada hace apenas dos años, sugerería que el campo peronista estaba redescubriendo su capacidad de movilización dentro de la universidad. En facultades como Ciencias Exactas, donde Identidad-Megafón (La Cámpora) se impuso con el 36,4 por ciento, o en Exactas nuevamente con la dupla FEM-La Mella alcanzando el 23,2 por ciento, quedaba claro que la reconstrucción peronista no era un espejismo sino una realidad con bases sólidas.
Lo que hacía aún más significativo este resurgimiento era que en varias facultades las dos corrientes peronistas habían decidido competir por separado. En Ingeniería, Agronomía, Económicas y Exactas, La Cámpora y Patria Grande midieron fuerzas de manera independiente. Los analistas políticos no pasaban por alto una conclusión incómoda para los reformistas: si estas fuerzas hubieran ido unidas en lugares como Agronomía, donde La Línea Agronomía Independiente (LAI) obtuvo el 45,1 por ciento frente al 34 por ciento de La Cámpora y el 11 por ciento de Cambium (Patria Grande), la batalla por la conducción estudiantil habría sido diametralmente distinta. La fragmentación peronista beneficiaba al reformismo, pero también generaba presión interna para que las piezas del rompecabezas se unieran.
La izquierda toca fondo: pierde su última fortaleza
Si el resurgimiento peronista representaba una amenaza hacia el futuro, la debacle de la izquierda marcaba un punto de quiebre en el presente. Durante años, el Partido Obrero y sus distintas expresiones estudiantiles habían mantenido presencia significativa en varias facultades. Sin embargo, la votación del sábado consumó lo que había sido un proceso de erosión paulatina: la desaparición del dominio izquierdista sobre cualquier espacio institucional dentro de la UBA. El golpe más duro vino en Veterinaria, la única facultad donde la izquierda controlaba el claustro estudiantil.
Allí, la AFV, identificada como independiente pero aliada del Frente Reformista, alcanzó el 47,2 por ciento y desplazó al EVET, la lista del Partido Obrero que apenas consiguió el 36,2 por ciento. El peronismo, con su agrupación Tropilla, obtuvo el 15,7 por ciento. La pérdida de Veterinaria representaba el fin de una era. No solo significaba números electorales desfavorables, sino también la expulsión de la izquierda de toda capacidad de control en la estructura académica formal. En otras facultades, como Farmacia y Bioquímica, donde el reformismo superó el 81 por ciento, la izquierda ni siquiera logró alcanzar el piso mínimo del veinte por ciento necesario para obtener representación por la minoría en los consejos directivos. Allí, la agrupación Antídoto del Partido Obrero caía más de diez puntos en apenas dos años, una caída que hablaba de un derrumbe acelerado.
Los números abrumadores del reformismo en bastiones clave
Mientras la izquierda se desmoronaba y el peronismo ganaba músculo, el Frente Reformista cosechaba victorias de proporciones impresionantes en varias facultades. En Odontología, la lista Nuevo Espacio alcanzó el 91,8 por ciento de los votos, una cifra que rozaba lo unánime. En Farmacia y Bioquímica, el mismo espacio reformista superó el 81 por ciento. Estos números no eran meras estadísticas electorales: tenían consecuencias concretas en la estructura de poder. Cuando una lista reformista superaba ampliamente el veinte por ciento de diferencia sobre sus competidores más cercanos, capturaba la totalidad de los cuatro consejeros estudiantiles disponibles en los consejos directivos, acumulando así delegados en la asamblea universitaria que eventualmente elegirían al rector de la institución.
Sin embargo, no todas las victorias reformistas fueron tan abrumadoras. En Ingeniería, considerada históricamente un bastión de equilibrio entre fuerzas políticas, el Movimiento Lineal Independiente (MLI) ganó con el 32,1 por ciento pero debió resignar uno de los delegados del consejo directivo a favor de la alianza entre El Gradiente (La Cámpora) y La Fórmula (La Mella), que alcanzó el 23,8 por ciento. Esto evidenciaba que incluso en facultades donde el reformismo se imponía, el peronismo unido disputaba intensamente la representación proporcional. En Medicina, donde Nuevo Espacio logró el 60 por ciento, El Torrente (La Cámpora) y La Mella se disputaban el segundo puesto, en una contienda cerrada que revelaba las tensiones internas del peronismo.
Casos especiales: geografías electorales fragmentadas
No todas las facultades respondían al mismo patrón. Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) seguía siendo territorio peronista. Allí, El Módulo logró el 57,8 por ciento de los votos y superó a Dale Fadu que consiguió el 29,7 por ciento. Este reducto peronista demostraba que en ciertos espacios académicos, las raíces históricas de la organización política peronista seguían siendo profundas y resistentes. En Psicología, por su lado, la lista EDI, de radicales, revalidó desde 2017 la mayoría que poseía, manteniéndose como un bastión reformista. De esa facultad provenía Priscila Vitale, la actual presidenta de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), quien concluía su mandato a fin de año. En esa misma Psicología, El Impulso de La Mella logró también acceder a la representación por minoría en el consejo directivo.
Ciencias Sociales y Filosofía y Letras presentaban cuadros complejos. En la primera, se perfilaba la victoria de La 15, alianza de La Mella y Acción por Sociales, que derrotaría a la UES, aliada reformista que había conducido el centro de estudiantes durante seis años hasta 2024. En Filosofía y Letras, aunque los datos definitivos aún no estaban disponibles, se estimaba que El Colectivo, compuesto por La Mella, El Evita y La Cámpora, revalidaría la primacía que ostentaba, relegando a La Izquierda al Frente a un rol subordinado. En Agronomía, la Línea Agronomía Independiente (LAI), aliada al reformismo, conservó con el 45,1 por ciento su predominio, aunque el panorama sugería que de haber ido unidas las fuerzas peronistas habrían tenido oportunidades reales de disputa.
El proceso apenas comienza: rumbo a la elección del próximo rector
Lo que ocurrió en las urnas el sábado fue apenas el primer acto de un drama que se extendería durante meses. Con la votación estudiantil como punto de partida, la UBA se encaminaba hacia un proceso electoral más amplio que incluiría los comicios del claustro de graduados y el claustro de profesores. Finalmente, a fin de año o a comienzos del próximo, la asamblea universitaria conformada por representantes de todos estos sectores elegiría al próximo rector de la institución. El actual titular, el médico Ricardo Gelpi, estaba habilitado para acceder a un nuevo mandato, aunque aún no había definido públicamente su intención de buscar la reelección.
Las mayorías conseguidas por el Frente Reformista en nueve facultades le conferían una ventaja clara pero no inexpugnable en el camino hacia la rectoría. Sin embargo, el crecimiento acelerado del peronismo, especialmente en Derecho y en otras facultades donde ambas corrientes competían unidos o separados, sugería que la coalición reformista no podría darse el lujo de fragmentaciones internas ni debería despreciar la capacidad de articulación del kirchnerismo. La izquierda, por su parte, quedaba prácticamente fuera de la jugada, confinada a un rol marginal en la estructura institucional de la universidad. El escenario político dentro de la UBA, moldeado por estas elecciones celebradas en medio del conflicto con el gobierno nacional, se revelaría crucial no solo para los próximos años de la institución sino también como termómetro de fuerzas políticas que, sin duda, tendrían repercusiones en la política argentina más amplia.

