En el escenario actual de la política argentina, donde las tensiones dentro del peronismo alcanzan niveles de visibilidad sin precedentes, Axel Kicillof materializó este sábado una estrategia que llevaba semanas gestándose: un acto masivo de proyección nacional que funciona simultáneamente como respuesta a quienes cuestionan su liderazgo y como piedra fundacional de su construcción política de cara a los próximos comicios presidenciales. Lo que sucedió en las instalaciones de la Universidad Tecnológica Nacional de Villa Domínico, en Avellaneda, no fue un simple evento de campaña sino un mojón en el terreno de la política peronista, donde la unidad que alguna vez pareció inquebrantable hoy se fractura en múltiples direcciones.
La convocatoria a este acto respondía a una lógica política clara: desplegar la mayor cantidad de fuerzas territoriales posible para demostrar que existe un peronismo más allá de las estructuras que apuestan por mantener a Cristina Kirchner como figura conductora, a pesar de la sentencia judicial que la inhabilitó para competir electoralmente en causas vinculadas a corrupción. La movilización que el mandatario convocó apuntaba a un objetivo de amplitud geográfica: lograr que dirigentes políticos de prácticamente todas las provincias convergiesen en un mismo espacio físico, materializando así la idea de un movimiento que trascienda los límites bonaerenses y se presente como una opción nacional.
Lo que hizo pública la decisión de Kicillof fue un gesto político que amerita detenerse: mientras La Cámpora y sus agrupaciones estudiantiles reclamaban recursos para movilizar a la marcha conmemorativa de la Noche de los Lápices, la cartera que dirige Andrés Larroque autorizaba el transporte de militantes hacia el acto de Avellaneda. Este detalle, que podría pasar desapercibido en una lectura superficial, encapsula la naturaleza del conflicto: no se trata solamente de diferencias ideológicas o de proyecto, sino de una contienda por recursos estatales, estructura organizativa y legitimidad dentro de la coalición peronista. La respuesta de Larroque fue lacónica pero reveladora, enfatizando que el objetivo central es "construir una fuerza política que le ponga un límite a esta pesadilla que significa Milei", reformulando así el conflicto interno como secundario frente a la amenaza del gobierno libertario.
Un mapa federal que dibuja el poder real
El análisis del elenco de dirigentes que concurrió al acto resulta particularmente instructivo para comprender el estado actual de las fuerzas políticas regionales. De la provincia de Córdoba llegó Carlos Caserio, exsenador con trayectoria propia dentro del peronismo provincial, acompañado potencialmente por Raúl Cardinali, intendente de Cosquín. Desde Misiones viajó Cristian Humada, titular del Partido Justicialista en esa provincia, a quien Kicillof había visitado personalmente días antes. La provincia de Chaco envió dos cuadros políticos cercanos a Jorge Capitanich: Juan Manuel García, intendente de Machagai, y el diputado provincial Sebastián Benítez Molas. Entre Ríos presentó un frente particularmente nutrido, con Marcelo Casarett, exdiputado nacional, y una representación municipal de seis intendentes de distintas localidades.
Sin embargo, fue el despliegue bonaerense el que otorgó la mayor magnitud al acto. Más de 40 intendentes del territorio bonaerense se alinearon con el Movimiento Derecho al Futuro, reflejando una estructura de poder municipal consolidada. Entre ellos figuraban nombres de considerable relevancia política: Jorge Ferraresi, quien además fue anfitrión del evento; Julio Alak, intendente de La Plata; y Fernando Espinoza, jefe comunal de La Matanza. Varios de estos alcaldes, es relevante señalarlo, son mencionados en círculos políticos como potenciales candidatos a la gobernación bonaerense en sucesivas contiendas electorales. La concurrencia de figuras como Mario Secco, Fernando Moreira, Pablo Descalzo y Andrés Watson, provenientes de municipios del conurbano bonaerense, confirmaba que la estructura de poder territorial del gobernador permanece intacta en los distritos más poblados del país.
La arquitectura de la construcción política: más que un mitin
Aquello que distinguió al acto de Avellaneda de una simple demostración de fuerzas fue su estructura interna. Antes del discurso central de Kicillof, se llevó adelante un plenario donde participaron alrededor de 8000 personas inscriptas para debatir sobre temáticas que trascienden la táctica electoral inmediata: Ciencias, Universidades, Empleo, Trabajo, Educación, Obra Pública, Cultura, Deportes y Hábitat. Esta arquitectura sugiere una intención deliberada de presentar el Movimiento Derecho al Futuro no simplemente como una candidatura personal sino como un proyecto político que profundiza en propuestas de agenda pública. El gobernador, durante sus intervenciones previas, había enfatizado que "queremos ser muchos y que vengan de todos los rincones del país para darle impulso a esta construcción federal", una frase que buscaba encuadrar el acto dentro de una lógica de pluralismo interno y construcción colectiva.
La decisión de realizar esta plenaria antes del discurso del mandatario obedece a una estrategia comunicacional sofisticada: permite argumentar que las decisiones políticas del movimiento surgen del debate amplio y no de una imposición vertical. En contextos donde la legitimidad interna se cuestiona, este tipo de mecanismos actúan como refuerzo narrativo. Kicillof cerró el acto con un mensaje que retomaba los temas debatidos, realizando un llamado explícito a construir "un modelo alternativo al de Javier Milei", ubicando así el conflicto peronista dentro de un marco de polarización con el gobierno nacional libertario, estrategia que busca relativizar las divisiones internas mediante la referencia a un enemigo común.
El contexto de este enfrentamiento político no puede desvincularse de un hecho histórico que marcó profundamente al peronismo: la prohibición judicial que pesa sobre Cristina Kirchner para participar en elecciones presidenciales en causas relacionadas con corrupción. Esta sentencia, cuya validez o pertinencia es materia de debate jurídico y político permanente, genera un vacío de poder en el ala que ella encabeza. La insistencia de La Cámpora en mantener a la expresidenta como "conducción" del movimiento, aún sabiendo de su imposibilidad legal de ser candidata, refleja una estrategia donde se busca preservar la identidad política de ese sector mediante la reafirmación simbólica de liderazgo, aunque esta no pueda traducirse electoralmente. Kicillof, por el contrario, opta por transitar un camino donde la candidatura y el liderazgo convergen en una única persona, eliminando así las ambigüedades que genera la propuesta de sus adversarios internos.
Las proyecciones políticas que se abren tras este acto remiten a escenarios variados. Por un lado, existe la posibilidad de que Kicillof consolide una estructura de poder suficientemente robusta como para competir de manera competitiva en una elección presidencial, especialmente si logra mantener la lealtad de los intendentes bonaerenses y ampliar su base en otras regiones. Por otro, la fractura peronista podría perpetuarse, debilitando al movimiento en su conjunto frente a otros actores políticos. Alternativamente, negociaciones entre las distintas alas podrían recomponer parcialmente la unidad, aunque los tiempos electorales y las propias dinámicas de poder sugieren que tales acercamientos enfrentarían obstáculos sustanciales. Lo que es indudable es que el peronismo de 2027 no será el mismo que el de décadas anteriores, y los eventos como el de Avellaneda constituyen momentos de cristalización de transformaciones que vienen gestándose hace años.



