Un viaje calculado hacia territorio adverso
La llegada de Axel Kicillof a Córdoba marca un movimiento político de envergadura: el gobernador bonaerense pisó una de las provincias históricamente más refractarias al proyecto peronista, territorio donde el kirchnerismo ha cosechado sus derrotas más contundentes. Esta incursión no es casual. En el contexto de una administración nacional cuya legitimidad comienza a cuestionarse en amplios sectores, el mandatario provincial aprovecha el espacio para proyectar una alternativa política mientras sondea el terreno electoral en zonas donde sus antecesores nunca lograron penetrar con solidez. El viaje condensa una estrategia de posicionamiento que mezcla la denuncia de la gestión libertaria con la búsqueda de consensos amplios, anticipando movidas que definirán el próximo ciclo electoral.
Kicillof llegó acompañado por Carlos Caserio, exsenador provincial, quien fungió como facilitador en los encuentros celebrados en La Falda y Cosquín. La ausencia de Martín Llaryora, gobernador cordobés, resultó elocuente: el mandatario local estaba ocupado en la Expo Minera de San Juan, lo que indica una cierta distancia táctica entre administraciones que, pese a coincidir en la crítica hacia el Gobierno nacional, mantienen sus propios cálculos políticos. Tampoco se concretó un encuentro con Natalia de la Sota, diputada nacional que compite por fuera del establishment del PJ provincial tras lanzar su propio espacio hace poco más de un año. Estos vacíos en la agenda revelan las complejidades del armado peronista en una provincia donde la fragmentación y los liderazgos locales aún condicionan cualquier movida de alcance nacional.
El discurso contra el experimento libertario
Desde la tribuna del congreso gremial de Fatsa, el sindicato de trabajadores de la sanidad, Kicillof desplegó una línea argumental que combina la crítica económica con un tono de urgencia política. Caracterizó la gestión libertaria como "un experimento a escala mundial de la ultraderecha que fracasó", frase que busca inscribir lo que ocurre en Argentina dentro de una trama global de retrocesos en derechos sociales. La presentación fue introducida por Héctor Daer, exsecretario general de la CGT, quien posicionó al bonaerense como "la mejor opción" de candidato presidencial del peronismo. Este apoyo sindical no es menor: señala una convergencia entre sectores del movimiento obrero que, tras dos años de ajuste y retracción económica, buscan una salida electoral al modelo vigente.
Los números que Kicillof esgrimió durante su intervención ponen el acento en el quiebre de los servicios públicos. Según el relato del gobernador, la demanda por atención sanitaria en hospitales municipales, provinciales y centros de salud creció hasta un 65 por ciento en algunos territorios, mientras que las coberturas de medicamentos y estudios se contrajeron. Estos datos no son decorativos: reflejan una tensión estructural entre la presión asistencial creciente y la capacidad financiera de las administraciones locales para responderla. Kicillof vinculó esta situación con los despidos laborales que siguieron a las medidas de ajuste y la pérdida de cobertura médica de sectores amplios. En paralelo, denunció que "cayó la recaudación en Córdoba y en todas las provincias del país", señalando que la estrategia fiscal nacional genera un efecto de vaciamiento sobre las haciendas subnacionales.
La confrontación sobre capacidades de gestión
En sus diálogos con la prensa, Kicillof profundizó en una acusación que se ha convertido en eje del discurso opositor: que el Gobierno nacional practica una suerte de "asfixia fiscal" deliberada contra las provincias. Usó una expresión contundente: "piensan que gobernar el país es andar por el mundo dando conferencias y que la salud, la educación, el laburo y la infraestructura son problemas de gobernadores e intendentes a los que a la vez los deja sin un mango". Esta crítica toca un punto neurálgico de las relaciones federales: la redistribución de recursos y competencias entre el nivel central y las administraciones territoriales. Según el gobernador bonaerense, la administración libertaria ha recortado de manera sistemática obras públicas, medicamentos y programas dirigidos a jubilados y docentes, delegando sobre los gobiernos locales la responsabilidad de paliar las consecuencias sin proporcionarles herramientas financieras suficientes.
Es relevante notar que Kicillof enfatizó el carácter federal de su rol durante la gira. Aunque su presencia en Córdoba forma parte de una estrategia de posicionamiento presidencial, insistió públicamente en que viajaba "como gobernador de Buenos Aires", no como precandidato. Esta salvedad discursiva busca esquivar críticas sobre la uso partidario de recursos estatales, un tema sensible en el contexto argentino. Sin embargo, el contenido de sus discursos —apelación a la historia peronista, mención de las Islas Malvinas, referencia a "nuestros abuelos"— señala un andamiaje retórico que trasciende ampliamente las cuestiones administrativas provinciales. La frase que cerró sus intervenciones públicas —"A Milei le queda poco, vamos a ir a las urnas, vamos a ir con una mejor propuesta, vamos a hablar con todos y vamos a defender la salud, la educación y el trabajo argentino"— opera como proyección de un escenario electoral donde el peronismo se perfila como fuerza alternativa.
Implicancias territoriales y de mediano plazo
El desembarco de Kicillof en Córdoba debe leerse en el contexto más amplio de una recomposición política que comienza a gestarse en la oposición. A casi dos años de la asunción de Javier Milei, los gobiernos provinciales enfrentan presiones crecientes sobre sus capacidades de gasto social. Las provincias se convirtieron en espacios donde se materializan los conflictos generados por la política económica nacional, ampliando la base de actores que cuestionan el rumbo macroeconómico. Gobernadores de distintas extracciones políticas —peronistas, radicales, provinciales— han expresado inquietudes similares sobre la sostenibilidad fiscal de sus administraciones. Esta convergencia crea escenarios donde la competencia electoral de 2025 podría adquirir características inéditas, con territorios y coaliciones realineándose según capacidades de gestión y discursos sobre redistribución.
La mención a Natalia de la Sota como potencial compañera de fórmula, aunque no confirmada, anticipa complejidades en la construcción de una candidatura peronista unitaria. De la Sota compite fuera del PJ provincial y mantiene su propio espacio, lo que sugiere fracturas en el movimiento que van más allá de divisiones entre corrientes internas. Un acuerdo presidencial peronista podría requerir negociaciones que incorporen a estos liderazgos alternativos, modificando las geometrías de poder tradicionales. Córdoba, por su parte, sigue siendo un territorio difícil para cualquier proyecto peronista, pero también es un laboratorio donde el gobierno provincial de Llaryora ha intentado mantener cierta independencia respecto de Buenos Aires y la estructura nacional del movimiento.
Las consecuencias de esta gira pueden desplegarse en múltiples direcciones según cómo evolucione la situación económica y política en los próximos meses. Si la presión fiscal sobre las provincias se intensifica y los servicios públicos continúan deteriorándose, la narrativa de Kicillof sobre un "experimento que fracasó" podría ganar terreno en sectores que hoy son refractarios al peronismo. Alternativamente, si la economía muestra signos de estabilización o si la administración nacional logra comunicar avances en reducción inflacionaria, los espacios para una oposición cohesiva podrían contraerse. La gira también podría funcionar como sondeo territorial: evaluar las disposiciones electorales en una provincia clave, identificar posibles aliados y calibrar mensajes. Desde otra perspectiva, la ausencia de Llaryora y otros referentes locales sugiere que la construcción de una alternativa nacional enfrenta obstáculos significativos en la articulación de liderazgos provinciales con aspiraciones presidenciales. Los próximos meses dirán si esta incursión de Kicillof en Córdoba abre un nuevo ciclo de disputa electoral o si permanece como un episodio aislado en la competencia por hegemonía política.


