La construcción de un espacio político que trascienda las fronteras tradicionales del peronismo se erige como el objetivo central de la gestión bonaerense en el presente. Mientras el país atraviesa una transformación institucional bajo el signo libertario, la provincia de Buenos Aires impulsa un movimiento de contrapeso que busca articular voluntades de diversos orígenes ideológicos. El acto de esta semana en Casa de Gobierno, centrado formalmente en la presentación de una línea de créditos por 4.019 millones de pesos destinada a municipios y pequeñas empresas, funcionó como escenario de un movimiento político más profundo: la demostración de que el gobernador Axel Kicillof está en condiciones de convocar a actores que históricamente no compartieron plataformas comunes.
La fotografía de intendentes bajo un mismo techo resulta elocuente en tiempos de fragmentación. Junto a radicales como Maximiliano Suescun, proveniente de Rauch y presidente del foro de intendentes de la UCR, llegaron hasta la capital bonaerense figuras como Esteban Santoro de General Madariaga, también del espacio radical. La presencia de Lisandro Matzkin, del municipio de Coronel Pringles e identificado con el bloque de Juntos por el Cambio, complementó un tablero que se aleja deliberadamente de la univocidad. El mandatario provincial fue claro en sus declaraciones a la agencia internacional Reuters: "Se están llevando a cabo conversaciones para formar una coalición peronista que también pueda incluir a políticos de partidos opuestos a Milei". Esta afirmación, transmitida antes de iniciar los encuentros bilaterales con los alcaldes, revela una estrategia que no duda en visibilizar su alcance multicolor.
La circulación de recursos como herramienta política
Más allá del discurso de unidad, la estrategia incluye mecanismos concretos de redistribución de fondos. La línea de financiamiento "Provincia Leasing" que se presentó en el acto ya ha beneficiado a más de 100 distritos en la adquisición de equipamiento e insumos de capital. Los municipios pueden acceder a recursos para la compra de maquinaria, vehículos, equipamiento destinado a salud y seguridad, así como bienes para obra pública y servicios urbanos. Estos mecanismos funcionan como pegamento político: generan legitimidad local al permitir que los intendentes muestren logros a sus comunidades, al tiempo que crean una deuda de gratitud con quien controla la canilla de los recursos provinciales.
En los últimos días, la administración bonaerense profundizó esta estrategia con movimientos administrativos complementarios. La designación del ex jefe comunal Alberto Descalzo en el directorio de Provincia Seguros constituye una maniobra de cooptación hacia sectores que podrían distanciarse. Paralelamente, Ariel Sujarchuk, quien se desempeña actualmente en uso de licencia en Escobar, fue designado presidente del Consejo Provincial de Economía del Conocimiento. Aunque el cargo ostenta carácter ad honórem, su importancia radica en la introducción del intendente en el gabinete provincial y el acceso que supone a estructuras de decisión. Ambos funcionarios integran el Consejo del Partido Justicialista bonaerense, lo que subraya su relevancia en la arquitectura interna del peronismo provincial.
Tensiones internas y el desafío del cristinismo
Sin embargo, la ampliación de la base de sustentación de Kicillof no ocurre en un vacío político. La presencia simultánea de figuras del Movimiento Evita, como Mariel Fernández (intendenta de Moreno) y Lorena Espina (intendenta interina de José C Paz), sugiere una lógica de incorporación que incluye a las corrientes más cercanas al kirchnerismo. Fernández, con buenos vínculos con La Cámpora y aspirante a suceder a Kicillof en futuras elecciones, representa un polo de poder emergente dentro del peronismo provincial. Espina, en cambio, responde al senador Mario Ishii, figura que ha desafiado públicamente al gobernador desde su posición de vicepresidente primero del Senado, impulsando proyectos como la declaración de emergencia alimentaria y manteniéndose cercana a sectores que promueven un peronismo menos dependiente de la órbita gubernamental.
El discurso de Kicillof durante el acto enfatizó el rol de la banca pública como contrapeso a la retracción de la actividad bancaria privada y nacional. "Mientras los bancos privados están minimizando su presencia territorial y el Banco Nación responde a una matriz libertaria de ausentismo absoluto, en la Provincia seguimos defendiendo el rol histórico de nuestra banca pública", expresó el mandatario. Esta apelación al rol del Estado como agente económico activo refleja no solo una postura de política pública, sino también una diferenciación clara respecto del modelo nacional. El Banco Provincia, bajo la gestión de Juan Cuattromo, aparece así como instrumento simultaneamente de política económica y de articulación política territorial. La centralidad otorgada a la banca provincial en el discurso gubernamental subraya su importancia como mecanismo de llegada a territorios que de otro modo quedarían desatendidos.
La estrategia de Kicillof no ignora los rechazos. Los intendentes de La Libertad Avanza fueron invitados a un acto anterior dedicado a problemática sanitaria, pero decidieron no asistir como gesto de desacuerdo público. Esta ausencia, más que una falla logística, constituye un mensaje político deliberado. Suescun, del radicalismo, había también faltado a esa convocatoria anterior, pero esta vez sí concurrió, signalizando una apertura a la propuesta de convergencia. La dinámica de aceptaciones y rechazos traza el mapa real de alianzas y distancias en el territorio bonaerense, más allá de las declaraciones públicas.
Los escenarios posibles hacia 2027
Mirando hacia adelante, la construcción de coaliciones amplias que incluyan actores de distintas tradiciones políticas genera interrogantes sobre cómo se procesarán esas alianzas en contextos electorales. Los precedentes históricos en la Argentina muestran que las coaliciones amplias enfrentan desafíos cuando deben transformarse en opciones electorales concretas. La capacidad de Kicillof para mantener unidos a radicales, peronistas heterodoxos, sectores del kirchnerismo y movimientos sociales dependerá tanto de la disponibilidad de recursos como de la claridad de un proyecto común. Las tensiones internas dentro del peronismo bonaerense, especialmente entre la órbita del gobernador y los espacios cercanos a La Cámpora, podrían profundizarse si la disputa por candidaturas presidenciales se intensifica en los próximos meses. La presencia de figuras como Fernández, que cuentan con apoyo cristinista pero también con autonomía territorial, sugiere que el panorama interno será dinámico y potencialmente conflictivo. Por otro lado, la incorporación de radicales y otros sectores opositores al gobierno nacional podría fortalecer un frente electoral competitivo, o bien reproducir dinámicas de coalición frágil que caracterizaron experiencias previas en la Argentina. El tiempo dirá si esta arquitectura política logra consolidarse como un instrumento efectivo de competencia electoral o si, por el contrario, se fragmenta bajo presiones internas y externas.



