La semana que comienza marca un punto de inflexión en la dinámica política del país. Mientras el Ejecutivo retoma sus actividades centralizadas luego de casi cuatro semanas de trabajo descentralizado, los principales espacios parlamentarios que sostienen la gestión se disponen a sellar acuerdos en múltiples materias. Esta convergencia no es casual: responde a un calendario legislativo ambicioso que busca capitalizar consensos antes de que la discusión presupuestaria monopolice la atención del Congreso. Lo que está en juego es nada menos que la capacidad del Gobierno para avanzar con su programa de transformaciones institucionales, económicas y judiciales. El desafío radica en que, pese a la aparente solidez de las alianzas, existen puntos de fricción que revelan los límites de la coalición gobernante.
El regreso a la coordinación centralizada
Después de veintitrés días de operaciones desde la Quinta de Olivos, el presidente Javier Milei regresó el lunes a la Casa Rosada para encabezar una reunión de Gabinete de casi tres horas de duración. El encuentro en el Salón Eva Perón reunió a los principales funcionarios de la administración y funcionó como reinicio de la coordinación ejecutiva de cara a los próximos movimientos legislativos. Durante la jornada, el mandatario presentó su evaluación sobre la situación económica, descartando explícitamente que exista una "crisis" pese al crecimiento observable en los indicadores de morosidad. La última vez que Milei se había reunido con sus ministros en conjunto databa del 9 de julio, inmediatamente después de los actos del Tedeum en la Catedral Metropolitana. Durante el período intermedio, la conducción política pasó mayormente por las reuniones semanales de la mesa política encabezada por Karina Milei, la secretaria General de la Presidencia. Esta estructuración refleja cómo la gestión ha funcionado con dos velocidades: una de coordinación política interna y otra de proyección legislativa, ambas operando de manera paralela.
El timing de este regreso no es azaroso. Coincide con una semana de densidad legislativa extraordinaria en la que el oficialismo y sus aliados concentrarán esfuerzos en dos cámaras simultáneamente. La sesión de diputados prevista para el miércoles a las doce del mediodía se perfila como una instancia decisiva para validar proyectos que el Gobierno considera prioritarios. En paralelo, en el Senado se busca generar consensos para debatir una serie de iniciativas complementarias. Esta simultaneidad demanda una coordinación superior que justifica la reactivación de las reuniones plenarias de Gabinete.
Los temas sobre la mesa legislativa
El temario que el Ejecutivo desplegará durante esta semana en el Congreso es de naturaleza claramente estructural. En primer lugar figura la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, un proyecto que busca modificaciones profundas en la autonomía y funcionamiento del principal organismo de política monetaria del país. Simultáneamente, avanza la nueva Ley de Inocencia Fiscal, que representa un cambio significativo en materia de política criminal y derechos procesales. A estas dos iniciativas se suman la ratificación del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y Singapur, negociación que ha demandado considerable trabajo diplomático en los últimos meses, y la adhesión al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT) con Estados Unidos, que aunque fue ratificado por el Senado en 1998, requiere ahora nuevos trámites parlamentarios. Además, el Gobierno incluye en su agenda la reducción del IVA para la fécula y la harina de mandioca, iniciativa que atiende a sectores agroindustriales específicos.
Más allá de estos proyectos de corto plazo, existe una agenda de mediano plazo igualmente exigente. El Ejecutivo prepara la incorporación de cambios a la Ley de Financiamiento Universitario que será presentada como parte del Presupuesto 2027. Sobre este punto, desde la Casa Rosada trabajan en la definición de la fórmula de asignación de recursos para las universidades nacionales y en la manera de encauzar los remanentes del conflicto judicial derivado de la Ley 27.795. Paralelamente, se evalúa sumar modificaciones a la Ley de Emergencia en Discapacidad, ampliando así el espectro de transformaciones institucionales que el Gobierno pretende materializar. El Ejecutivo además descarta cualquier posibilidad de postergar el tratamiento del Presupuesto, cuyo proyecto debe ingresar al Congreso antes del 15 de septiembre, conforme lo establece la Ley de Administración Financiera. La intención declarada es iniciar inmediatamente después la negociación con los distintos bloques parlamentarios.
La negociación con el PRO: confianzas y divergencias
En paralelo a este despliegue de iniciativas, ocurren encuentros bilaterales que resultan estratégicos para la viabilidad legislativa de las reformas. Esta semana está prevista una nueva reunión en la Casa Rosada entre representantes de La Libertad Avanza y el PRO, parte de una cadencia quincenal de encuentros que mantienen ambos espacios. El cónclave, programado inicialmente para el jueves, podría sufrir reprogramaciones dependiendo de la duración de la sesión de diputados del miércoles. La delegación amarilla estará integrada por Cristian Ritondo, jefe del bloque de Diputados, y Fernando de Andreis, secretario General del partido a nivel nacional. Desde la óptica del PRO, estos encuentros apuntan a lo que ellos denominan "seguir construyendo confianza" y a lograr que la agenda legislativa de su espacio encuentre espacios en la agenda del Congreso.
La lista de iniciativas que el PRO impulsa ofrece un contraste instructivo respecto a las prioridades del Gobierno. Los amarillos promueven proyectos sobre electromovilidad, la autorización para siembra al lado de rutas nacionales, regulaciones en torno al vandalismo rural y normativas para vehículos de conducción autónoma. Estos temas, aunque legítimos dentro de una agenda legislativa amplia, revelan una priorización distinta a la del Ejecutivo. El Gobierno, por su parte, busca fundamentalmente garantizar el apoyo del PRO para los proyectos que considera clave, especialmente de cara al tratamiento de iniciativas que van desde la mencionada reforma de la Carta Orgánica del Banco Central hasta la Ley de Inocencia Fiscal, pasando por el Presupuesto 2027 y la tan anhelada reforma política.
El escollo de las PASO y la reforma política
Precisamente en el terreno de la reforma política emerge el mayor punto de tensión dentro de la coalición gobernante. El Gobierno ha expresado claramente su voluntad de eliminar las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias), consideradas por la administración Milei como un obstáculo para la reorganización del sistema electoral. Sin embargo, desde el PRO, especialmente en la cámara alta del Congreso, existe una resistencia manifiesta a este cambio. Martín Goerling, jefe de la bancada del PRO en el Senado, expresó públicamente su escepticismo respecto de las posibilidades reales de eliminar las PASO en la actual configuración de fuerzas. Su diagnóstico fue contundente: "Hoy lo veo difícil, en el Senado no hay mayorías para eliminarlas". Goerling explicó que su espacio discutió la cuestión en la mesa ejecutiva del partido y que la posición adoptada es mantener las PASO, sin cambios de criterio. Agregó un argumento de fondo: "Me parece que no es serio estar discutiendo, cada dos años, cambiar el sistema electoral".
Desde la perspectiva del Gobierno, la reforma política reviste una importancia que trasciende los ajustes procedimentales. Según reportes sobre las negociaciones internas en Balcarce 50, Karina Milei considera que esta reforma constituye un "instrumento clave" para viabilizar la reelección presidencial. Sobre esta base, la secretaria General de la Presidencia ha condicionado a sus aliados: quienes deseen llegar a acuerdos electorales con La Libertad Avanza el próximo año deberán acompañar al Gobierno en el Congreso en esta materia. Los encargados de revertir la posición del PRO en las mesas de negociación son Diego Santilli, jefe de Gabinete, junto con los hermanos Martín y Eduardo Menem, ambos muy próximos a Karina Milei. Sin embargo, según las informaciones que circulan en ámbitos parlamentarios, la discusión se mantiene trabada. Fuentes del bloque oficialista en el Senado reconocen que los aliados mantienen su negativa a acompañar la eliminación de las PASO, lo que abre un escenario complejo para las pretensiones del Ejecutivo.
Reforma judicial y reestructuración de instancias federales
Mientras se desarrollan estas negociaciones sobre cambios electorales, el Gobierno también impulsa una ambiciosa reforma del sistema judicial federal. El Ejecutivo está diseñando un proyecto de reestructuración que busca ampliar la cantidad y los recursos de los juzgados federales ubicados en zonas de frontera, simultáneamente reduciendo estructuras en Comodoro Py, la Cámara Federal de Casación Penal y en distintos tribunales del interior. Desde la Casa Rosada caracterizan esta iniciativa como "una reforma grande" que será enviada al Congreso durante el mes de septiembre. El objetivo central declarado es redistribuir capacidades dentro de la Justicia federal, canalizando recursos hacia jurisdicciones consideradas críticas, especialmente aquellas atravesadas por problemas de narcotráfico y delitos transnacionales.
El esquema de esta reforma aún está en etapa de elaboración y no se han definido completamente cuáles serán los tribunales alcanzados por los cambios. Sin embargo, la dirección es clara: "redireccionar" capacidades judiciales hacia espacios geográficos y temáticos específicos. Este tipo de transformación, si bien técnicamente presenta como objetivo mejorar la eficiencia de la administración de justicia, inevitablemente comporta implicancias políticas, toda vez que afecta la distribución de poder institucional dentro del sistema judicial federal. El proyecto se suma así a otros de naturaleza institucional que caracterizan la agenda reformista del Gobierno.
Privatizaciones en infraestructura vial y otros movimientos económicos
En el frente de las políticas económicas de transformación estructural, el Gobierno avanzó el lunes con la adjudicación de ocho corredores de rutas nacionales a empresas privadas bajo concesiones de veinte años. Esta decisión, que había sido adelantada públicamente el viernes por el ministro de Economía Luis Caputo, fue oficializada mediante la resolución 1379/2026 del Ministerio de Economía. Los tramos adjudicados comprenden las denominadas rutas Cuyo, Centro Norte, Noroeste, Chaco-Santa Fe, Litoral, Noreste, Centro y Mesopotamia de la Red Federal de Concesiones, que hasta este momento estaban bajo administración de Corredores Viales S.A. Este paso representa un avance significativo en el proceso de privatización de la empresa estatal, en línea con los objetivos declarados de reducción de la presencia del Estado en actividades que la administración Milei considera pueden ser gestionadas más eficientemente por el sector privado.
Adicionalmente, el Gobierno está finalizando los trabajos técnicos sobre una reforma del mercado de capitales que pretende presentar al Congreso durante el mes de septiembre, aprovechando el espacio legislativo antes de que el debate presupuestario concentre la agenda parlamentaria. Desde la Casa Rosada reconocen que los equipos técnicos aún trabajan sobre la redacción final del proyecto, con la intención de enviarlo después de la sesión prevista para el miércoles. Estos movimientos en materia de infraestructura y mercados de capital reflejan una estrategia más amplia de transformación económica que el Gobierno busca consolidar legislativamente antes de que los debates sobre presupuesto y financiamiento universitario monopolicen los esfuerzos parlamentarios.
Dinámicas parlamentarias complementarias: Senado y otros frentes
En el Senado, Patricia Bullrich, jefa de la bancada libertaria en la cámara alta, trabaja para conseguir los votos necesarios con miras a una sesión prevista para el jueves. El temario para esa jornada incluye la discusión de sesenta y siete pliegos de jueces federales y una serie de tratados internacionales. Entre los pliegos destaca el de Pablo Bertuzzi y Pablo Yadarola, propuestos para integrar la Cámara Federal porteña, tribunal que resulta estratégico porque interviene en causas por corrupción. Para viabilizar esta sesión, el Gobierno convocó a una reunión de Labor Parlamentaria para el miércoles a las catorce horas con el objetivo de definir los temas de la sesión siguiente. Los aliados han reclamado una ampliación del temario, lo que genera espacios de negociación adicionales que Bullrich debe gestionar para mantener cohesión en la coalición legislativa.
Paralelamente, desde la Casa Rosada se está coordinando con la Iglesia Católica y autoridades locales en función de la inminente visita del Papa León XIV, prevista para los días 8 y 11 de noviembre. Fuentes oficiales han señalado que se está analizando la posibilidad de declarar un sueto o feriado de cara a las misas masivas que el sumo pontífice encabezará durante su recorrido por el país. Según indicaron en Balcarce 50, "no está definido aún, pero algo se va a hacer". Esta gestión, aunque aparentemente marginal dentro de la agenda política amplia, representa un movimiento de coordinación con instituciones de peso en la estructura social argentina y refleja la amplitud de frentes en los que simultáneamente opera el Gobierno.
Contexto más amplio: el desafío de mantener coaliciones legislativas
El cuadro que emerge de esta multiplicidad de iniciativas y encuentros parlamentarios es el de un Gobierno que busca avanzar con una agenda transformadora mientras negocia constantemente con aliados que mantienen agendas propias e intereses diferenciados. La estructura de La Libertad Avanza como fuerza política, aunque ha ganado legitimidad electoral, no posee mayorías propias en el Congreso, lo que la obliga a


