Durante la última semana, Argentina experimentó un contrapunto político sin precedentes. Mientras el Ejecutivo nacional desplegaba una estrategia de visibilidad internacional de alto perfil, los datos económicos difundidos por organismos oficiales pintaban un cuadro que generaba inquietud en inversores, analistas y en los propios actores políticos que comienzan a posicionarse para el próximo ciclo electoral. Este desfasaje entre lo que ocurre en las salas de conferencias neoyorquinas y lo que sucede en las calles argentinas marca el pulso de una gestión que atraviesa su segundo año enfrentando desafíos estructurales profundos.
La semana estuvo marcada por un viaje presidencial que combinó momentos de firmeza diplomática con encuentros de alto nivel. En la Asamblea General de Naciones Unidas, el mandatario realizó un pronunciamiento sobre la soberanía de las Malvinas que se destacó por su énfasis y claridad, un posicionamiento que ningún presidente argentino había expresado con tal intensidad en ese foro internacional. La iniciativa respondía a una estrategia que venía siendo escalada hace semanas. Sin embargo, la respuesta del Reino Unido fue inmediata y contundente: una comunicación oficial que cerró toda posibilidad de negociación, ratificando su control sobre el archipiélago como territorio de ultramar británico. El portavoz británico, Andy Burnham, no solo respondió al reclamo argentino sino que lo hizo en términos que dejaban poco espacio para diálogos futuros.
El cálculo geopolítico en tiempos de redefiniciones globales
La cuestión de las Malvinas representa, en el contexto actual, mucho más que una reivindicación histórica. Refleja las complejidades de una diplomacia argentina que intenta posicionarse en un mundo donde potencias mayores redistribuyen esferas de influencia. Trump, Xi Jinping y Putin configuran un nuevo mapa de poder donde los intereses estadounidenses, chinos y rusos se superponen. La pregunta que emerge de los hechos es si Washington priorizaría sus relaciones con el Reino Unido —una potencia aliada dentro de la OTAN— sobre presiones para que Londres negocie la soberanía del archipiélago. O si, por el contrario, el interés en los recursos naturales argentinos justificaría una presión diplomática sostenida. Hasta ahora, la respuesta parece inclinarse hacia la primera opción.
El logro más tangible de la gira presidencial fue el anuncio de una línea de financiamiento estadounidense por 7.000 millones de dólares destinada a infraestructura. Este paquete, dirigido a proyectos viales, portuarios, ferroviarios y de conectividad digital, busca garantizar la salida atlántica de recursos naturales estratégicos para Washington. En la práctica, el financiamiento incluye beneficios para Argentina LNG, el emprendimiento conjunto de YPF, ENI y Adnoc. Interpretado desde una perspectiva geopolítica, el objetivo es claro: fortalecer la capacidad exportadora argentina de energía hacia Estados Unidos mientras se evita que China profundice su control sobre recursos sudamericanos. Este enfoque demuestra que la administración estadounidense percibe a Argentina como un actor relevante en la competencia por recursos e influencia global.
El frente interno: economía que contradice los discursos
Pero mientras el mandatario se movía por los pasillos neoyorquinos, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) divulgaba datos que complejizaban el relato de éxito económico. El riesgo país superó los 600 puntos, marcando máximos de los últimos seis meses. Este indicador, que mide la percepción de inversores sobre la solvencia argentina, revela una dinámica preocupante: los bonos que vencen después de 2027 registraron caídas mucho más pronunciadas que aquellos que vencen antes, evidenciando que los operadores están evaluando el riesgo político de que el actual modelo no sobreviva al próximo ciclo electoral. Es, en esencia, una apuesta del mercado a la discontinuidad política.
Los datos de empleo mostraron un matiz positivo: los salarios registrados ganaron por tercera vez en el año a la inflación durante julio, aumentando 2,5 por ciento frente a una inflación de 2,1 por ciento. Este fenómeno se había registrado también en abril y junio. No obstante, la perspectiva anualizada revela una realidad más compleja: los salarios acumulan una pérdida de 3 puntos frente a la inflación cuando se calcula en términos de todo el año. Además, aunque están mejor que hace nueve meses, cuando comenzó la gestión actual, siguen muy deprimidos comparados con 2017. Esta compresión salarial histórica repercute directamente en el consumo: el consumo masivo cayó 1,5 por ciento, aunque con una velocidad de contracción menor que en meses anteriores. También resurgieron con fuerza dos indicadores que preocupan al oficialismo: la pobreza y la caída de la actividad económica. Juntos, estos datos configuran un escenario donde las medidas de estabilización macroeconómica no se traducen aún en recuperación sostenida de la actividad y el bienestar.
El movimiento de los aspirantes: velocidades distintas, objetivos comunes
En el peronismo, mientras tanto, comienza a desplegarse una competencia silenciosa pero intensa por la candidatura presidencial de 2027. Axel Kicillof, gobernador de la Provincia de Buenos Aires, optó por una estrategia de alta visibilidad. Hace una semana lanzó un acto multitudinario en Avellaneda; esta semana aprovechó la visibilidad que otorgaba la presencia de Nueva York para construir un discurso alternativo. Denunció que la economía es una catástrofe, acusó al Gobierno de primarizar la economía y entregar recursos, y se reunió con autoridades municipales estadounidenses como el alcalde Zohran Mamdani para proyectarse como figura presidenciable. Su diagnóstico económico contrasta radicalmente con el del Ejecutivo: mientras Milei elogia la ortodoxia y la apertura, Kicillof advierte sobre los costos reales de ese modelo en las calles. Incluido el incremento del riesgo país, que el gobernador atribuyó públicamente al temor de inversores sobre la capacidad argentina de enfrentar vencimientos futuros.
Sergio Massa, en cambio, eligió una trayectoria más cautelosa y estratégica. Mientras Kicillof generaba ruido, el exministro de Economía se movía en formatos más reducidos, reuniendo a dirigentes jóvenes del Frente Renovador en espacios académicos como la Facultad de Derecho. Su apuesta es construir una alternativa peronista desde un segundo plano, sin confirmar públicamente si será candidato en 2027. Massa analiza las encuestas, espera a ver si Milei se desgasta más, y mientras tanto trabaja en identificar liderazgos jóvenes con futuro. Apunta a figuras como Natalia de la Sota, una mujer joven, percibiendo que existe un electorado femenino disponible que Milei ha perdido significativamente. También contempla a Guillermo Michel, dirigente de su confianza, como posible candidato a gobernador de Entre Ríos. Esta estrategia de construcción gradual y silenciosa contrasta con la urgencia de Kicillof. Algunos analistas peronistas interpretan que el acto de Avellaneda expuso debilidades: no asistieron gobernadores peronistas significativos, y apenas siete diputados nacionales y ningún senador lo acompañaron, generando la percepción de que Kicillof se lanzó anticipadamente y podría llegar desgastado a 2027.
Mauricio Macri reaparició públicamente esta semana en Jujuy, donde relanzó su estrategia para la próxima contienda electoral. El exmandatario busca fortalecer al PRO después de semanas donde la coalición gobernante se ha mostrado fragmentada. Aunque el partido de Macri respalda generalmente al Gobierno, esta semana se diferenció en cuestiones de política social, particularmente en discapacidad. Lo que Macri intenta es aún incierto: si construir una candidatura propia, impulsar la de Hernán Lacunza, o simplemente fortalecerse para negociar mejor el futuro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Lo concreto es que siente que mientras el PRO apoya constantemente a LLA (La Libertad Avanza), es Patricia Bullrich, ministra de Seguridad, quien captura la marca del discurso republicano que potencia carreras políticas.
Las fisuras internas de la coalición gobernante
Bullrich representa una incógnita particular dentro de la dinámica política oficial. Esta semana, en una reunión política del martes, Diego Santilli, otro dirigente de LLA, la reprochó duramente por hacer públicas sus críticas al Gobierno y por diferenciarse repetidamente de las decisiones ejecutivas. Bullrich sabe que sus cuestionamientos tienen peso político y eso le otorga libertad para tomar distancia. El Gobierno no puede prescindir de ella. Pero también es previsible que no sea considerada como compañera de fórmula vicepresidencial para una eventual reelección presidencial. Bullrich, que afirma que jugará por la reelección de Milei, podría esperar hasta 2027 para decidir si compite por la presidencia, en función de cuán desgastado aparezca el actual mandatario en ese momento.
Un conflicto que ejemplifica estas tensiones internas fue el debate sobre discapacidad. Bullrich se enteró por medios de comunicación sobre recortes que el Ministerio de Economía había introducido en el Presupuesto. Denunció que eso rompía acuerdos que ella venía tejiendo con la oposición. Advirtió además que el Gobierno chocaría nuevamente contra una pared. Los hechos le dieron razón. LLA terminó flexibilizando su posición cuando Martín Menem y Laura Rodríguez Machado presentaron un proyecto que eliminaba todos los recortes previstos. El miércoles siguiente, LLA obtuvo dictamen favorable en comisión. El proyecto final elimina la emergencia administrativa que históricamente ha sido utilizada como instrumento para restringir derechos, y reconoce la continuidad de pensiones, su actualización por inflación y la compatibilidad con el trabajo remunerado. La sensibilidad social del tema discapacidad es máxima, y mantener los recortes hubiera expuesto al Gobierno no solo electoralmente sino también a una confrontación con la Iglesia Católica. La visita de León XIV en las próximas semanas, sus pronunciamientos sobre protección de los vulnerables a través del titular del Episcopado, Cristián Colombo, terminaron por convencer a la gestión de que desescalar era conveniente.
En materia legislativa, el Gobierno obtuvo victorias parlamentarias esta semana. En el Senado, LLA logró la sanción de la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, aunque con modificaciones que sus aliados forzaron, lo que implicó que el proyecto regrese a Diputados para una nueva vuelta. También se aprobó la ley de Zonas Frías, un objetivo que llevaba tiempo en la agenda. Estos éxitos parlamentarios contrastan con un frente económico que genera fricciones.
Posibles desenlaces y realineamientos futuros
Lo que ocurre en Argentina en estos meses de mediados de 2024 sugiere una política en ebullición, donde las dinámicas visibles conviven con cálculos subterráneos. El desfasaje entre el éxito diplomático internacional y los indicadores económicos internos es demasiado significativo para ignorarlo. Los mercados financieros ya están procesando esta contradicción: ese salto en el riesgo país responde fundamentalmente a la percepción de que el modelo político-económico actual enfrenta incertidumbre sobre su sostenibilidad después de 2027.
El peronismo, fragmentado en múltiples aspirantes con velocidades distintas, busca reconstruirse. Massa apuesta a la paciencia y la construcción desde las sombras; Kicillof elige la visibilidad y la confrontación directa; ambos compiten no solo por liderar la coalición sino también por definir quién se construye como alternativa. Macri y Bullrich, por su lado, navegan la tensión de apoyar un Gobierno que perciben como insuficiente o riesgoso para sus propias ambiciones políticas. El universo Milei-Macri-Bullrich deberá encontrar un acomodo porque, si continúan las fricciones internas, las chances peronistas de recuperar la presidencia crecerán significativamente. Las encuestas de julio y agosto serán cruciales para definir si Massa decide activarse como candidato o si mantiene su rol constructivo desde atrás. Mientras tanto, los indicadores económicos continuarán siendo el termómetro que determina cuán sostenible es el relato oficial. La economía, finalmente, es lo que menos se deja seducir por la oratoria internacional.



