El telón de fondo de París volvió a ser escenario de un gesto político que, más que resolver, pospone. Cuando la Argentina Week llegaba a su tramo final en la capital francesa, Javier Milei dedicó apenas unos minutos para saludar a los gobernadores que lo acompañaron en la misión comercial y diplomática. No fue la reunión de trabajo que muchos esperaban, ni tampoco un encuentro sustancial que moviese la aguja de las negociaciones legislativas pendientes. Fue, en cambio, un momento de cortesía que dejó clara una realidad política: mientras el Presidente se enfoca en la proyección internacional de la gestión, quienes realmente llevarán adelante los acuerdos parlamentarios siguen siendo sus funcionarios de confianza. Esta dinámica —que ya se había visto durante el viaje a Nueva York hace varios meses— expone una estrategia donde la presencia del Presidente funciona como respaldo simbólico, pero no como instrumento de negociación.

El encuentro que no fue reunión

Durante los últimos días de la Argentina Week, el jefe de Estado saludó a los mandatarios provinciales, preguntó por detalles personales y les expresó su agradecimiento por haber viajado a acompañarlo frente a potenciales inversores. El acto careció de la formalidad de una reunión de gabinete o de la sustancia de una negociación cara a cara. Los presentes describieron el clima como positivo, en línea con lo que había sucedido meses atrás cuando la comitiva de gobernadores acompañó al mandatario a Manhattan. Sin embargo, ese clima amable no trascendió en acuerdos concretos ni en definiciones sobre los temas que mantienen en vilo a la agenda legislativa nacional.

La brevedad del encuentro fue intencionada. En el círculo cerrado, también estuvieron Karina Milei —secretaria general de la Presidencia— y Diego Santilli, quien oficia como jefe de Gabinete. Este último fue quien luego mantuvo conversaciones más profundas con los gobernadores, en formato de diálogos bilaterales. De la misma manera, Luis Caputo, ministro de Economía, participó en espacios de intercambio con varios de los mandatarios, incluyendo la cena donde se reunieron los trece integrantes de la delegación oficial. La estructura de estas conversaciones revela quién ostenta realmente las credenciales para negociar: no el Presidente en persona, sino sus subordinados con expertise legislativa y presupuestaria.

Las prioridades que quedan en manos de intermediarios

Lo que en realidad preocupa a la gestión no son los gestos de buena voluntad, sino dos proyectos de envergadura que requieren consenso parlamentario en los próximos meses: la aprobación del presupuesto para 2027 y la reforma política, cuyo núcleo conflictivo es la supresión de las PASO. Ambas iniciativas necesitan el apoyo o al menos la abstención de legisladores y de sus gobernadores de origen. En ese sentido, Caputo ha estado insistiendo durante meses en la necesidad estratégica de cerrar acuerdos con los mandatarios provinciales. Este pedido comenzó a resonar en la mesa política más recientemente, bajo la premisa de que fortalecer alianzas con los gobernadores es funcional a la posibilidad de que Milei logre su reelección en 2025.

Durante su intervención en París, el Presidente subrayó que la mayoría de la población no desea un retroceso respecto a los cambios realizados, enfatizó la importancia de mantener la unidad entre los diferentes niveles de gobierno y advirtió sobre las preocupaciones que los inversores internacionales tienen con respecto al kirchnerismo. Asimismo, reafirmó la solidez de su programa económico. En esta línea discursiva, incluso utilizó una expresión que buscaba demostrar imparcialidad: mencionó que miraba "para un lado" y "para el otro", como forma de señalar que no tiene preferencias respecto a ninguno de los gobernadores presentes. Estos argumentos constituyen la estrategia de convencimiento que el oficialismo utilizará en los próximos meses, aunque sea principalmente vehiculizada por Santilli y otros negociadores, no por el Presidente directamente.

Quiénes estuvieron y quién no

La delegación de gobernadores que viajó a Francia incluyó a mandatarios de diversos signos políticos y regiones. Gustavo Sáenz de Salta, quien mantiene una alineación clara con el gobierno nacional, fue el que más aprovechó el momento fotográfico, logrando una imagen con Milei que luego compartió en sus redes sociales. Además, le entregó al Presidente su obra "Federalismo y Progreso", una reflexión sobre el desarrollo territorial del norte argentino. El salteño aprovechó para escribir en sus plataformas digitales sobre su creencia en el diálogo, el debate de ideas y la construcción de consensos para el futuro del país.

Entre los otros mandatarios que integraron la comitiva estuvieron Juan Pablo Valdés (Corrientes), Carlos Sadir (Jujuy), Raúl Jalil (Catamarca), Claudio Vidal (Santa Cruz), Rolando Figueroa (Neuquén), Alberto Weretilneck (Río Negro), Marcelo Orrego (San Juan), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Alfredo Cornejo (Mendoza) y Leandro Zdero (Chaco). Además asistió Myrian Prunotto, vicegobernadora de Córdoba. El único ausente de la foto grupal fue Ignacio Torres, gobernador de Chubut, quien se encontraba participando en una reunión separada con potenciales inversores. Esta dispersión de actividades ilustra cómo, incluso en el marco de una misión coordinada, cada jurisdicción persigue sus propios intereses de atracción de capitales.

Estos mandatarios estuvieron presentes durante el discurso de Milei, en el cual el Presidente destacó las virtudes del país como destino de inversión y proyectó un escenario optimista, afirmando que en caso de ser reelecto, Argentina experimentaría un "milagro" económico para 2028. La presencia de gobernadores de diferentes provincias y matices políticos en un evento de esta naturaleza refleja, al menos en apariencia, un consenso básico alrededor de la necesidad de proyectar una imagen de estabilidad y oportunidad ante la comunidad inversora internacional.

Lo que queda pendiente tras las cámaras

Lo ocurrido en París debe interpretarse como parte de una estrategia de comunicación política más amplia, donde el simbolismo del encuentro importa tanto o más que su contenido sustantivo. El Presidente utilizó la ocasión para reforzar su mensaje sobre continuidad y para enviar señales a los inversores de que cuenta con el apoyo de las provincias. Sin embargo, la verdadera negociación —la que determina si se aprueban o no los proyectos clave— seguirá ocurriendo en espacios menos públicos, a través de Santilli, Caputo y otros intermediarios que poseen tanto las herramientas técnicas como el margen de flexibilidad que un presidente no siempre puede permitirse exhibir.

Esta división de roles tiene ventajas y desventajas. Por un lado, le permite a Milei mantener una posición de altura institucional, sin parecer que está haciendo concesiones. Por otro lado, deja espacio para que los gobernadores interpreten el encuentro según sus propias conveniencias: algunos como una muestra de apertura, otros como un reconocimiento de su importancia. Lo que no cambia es que los acuerdos reales deberán ser cosechados por sus colaboradores en las semanas venideras, lejos de las cámaras de París.

Perspectivas sobre las consecuencias políticas

La estructura que se despliega desde el gobierno para negociar el presupuesto 2027 y la reforma política plantea diferentes escenarios según cómo avancen las conversaciones. Desde una óptica, el hecho de que Santilli y Caputo lleven adelante las negociaciones podría facilitar acuerdos incrementales: estos funcionarios tienen historiales de diálogos con gobernadores de distintos espacios políticos y disposición a encontrar puntos intermedios. Desde otra perspectiva, la ausencia del Presidente como negociador directo podría interpretarse como falta de voluntad política de hacer ciertas concesiones, o bien como una estrategia deliberada de mantener sus opciones abiertas. Los gobernadores, a su vez, enfrentarán presiones de distintos tipos: las de sus propias legislaturas locales, las de sus bases electorales y las del gobierno nacional, que busca consolidar alianzas pensando en 2025. La velocidad con que se logren avances en estos temas, o bien los bloqueos que podrían generarse, dependerá de factores que trascienden lo sucedido en París, incluyendo la evolución macroeconómica y los alineamientos legislativos que se consoliden en Buenos Aires.