El ecosistema digital que propulsó la llegada de La Libertad Avanza al poder en 2023 enfrenta un punto de inflexión. Lo que fue una fortaleza indiscutible durante la campaña electoral —la capacidad de movilizar militantes y simpatizantes a través de plataformas como X, TikTok e Instagram— ha comenzado a fracturarse bajo el peso de las disputas internas que atraviesan la administración. En este contexto de creciente fragmentación, Karina Milei, secretaria general de la Presidencia, busca expandir y diversificar su estructura de comunicación, apostando a incorporar nuevas voces y referentes que permitan llegar a públicos que hoy sienten que no están siendo representados por el núcleo duro de los comunicadores oficialistas. Se trata de un movimiento que revela tanto las ambiciones electorales del gobierno de cara a 2027 como las fracturas que ya resultan visibles en la coalición que gobierna.

Desde hace varios meses, un grupo de dirigentes y creadores de contenido afines a la secretaria presidencial trabaja en silencio para ampliar la capacidad comunicacional del oficialismo más allá de los límites que hoy establece el círculo de Santiago Caputo. La iniciativa incluye a figuras de larga trayectoria en el movimiento libertario, como Santiago Oría, director de Realización Audiovisual de la Presidencia, y la diputada nacional Lilia Lemoine, quienes hasta hace poco tiempo transitaban en un segundo plano pero que en los últimos meses han elevado notoriamente su perfil público. A este núcleo se suman otros nombres como Iñaki Gutiérrez y Shariff Menem, quienes habrían participado activamente en las conversaciones sobre cómo reconfigurar la presencia digital del gobierno. El objetivo declarado no es reemplazar a quienes hoy controlan la estrategia comunicacional desde la esfera más cercana al asesor presidencial, sino complementarla, abriendo espacios para actores que permitan llegar a sectores que permanecen sin voz en la actual estructura.

Las grietas se hacen evidentes en tiempos de crisis

La erosión de la hegemonía digital libertaria no ha sido gradual ni silenciosa. En los últimos meses, varios episodios de crisis comunicacional han puesto en evidencia las tensiones que subyacen bajo la superficie. El caso de Manuel Adorni, jefe de gabinete, se convirtió en un termómetro de esas fracturas. Cuando se conoció que el funcionario había omitido declarar más de medio millón de dólares, las reacciones en las redes sociales revelaron a dos tribus enfrentadas dentro del propio oficialismo. Mientras algunos referentes salieron rápidamente a respaldar a Adorni —cercano a Karina Milei— otros guardaron un silencio que fue en sí mismo elocuente. Santiago Oría y Lilia Lemoine no dudaron en posicionarse públicamente, utilizando sus espacios digitales para defender al funcionario y cuestionar con dureza a los medios de comunicación que cubrían la noticia. Este gesto, aparentemente menor, marcaba con claridad dónde estaban paradas las fichas en el tablero interno.

Las tensiones no son nuevas. Hace apenas un mes, el conflicto entre los dos sectores escaló de manera más abierta cuando circularon acusaciones sobre cuentas anónimas que difundían críticas dirigidas a los hermanos Milei. El asesor Caputo y otros referentes de su círculo señalaron a Martín Menem como posible responsable de esa operación de desestabilización. El Presidente intentó reducir la temperatura del conflicto, asegurando que el contenido era "prefabricado" y que Oría poseía videos que probaban la conspiración. Lo que siguió fue un despliegue de fuego cruzado en las redes: peticiones de pruebas, descalificaciones, acusaciones veladas. Todo esto ocurría en público, en la plataforma donde el gobierno supuestamente goza de hegemonía. La batalla entre Romo y la concejala María Amoroso prolongó esa escalada, confirmando que las rivalidades internas ya no podían ocultarse detrás de la apariencia de unidad que prevalecía meses atrás.

Una estrategia que busca ampliar sin perder control

En el discurso oficial, los responsables de este proyecto de expansión digital enfatizan que se trata de sumar, no de restar ni de reemplazar. Lilia Lemoine ha sido particularmente vocal en explicar la lógica detrás de esta apertura. Según su perspectiva, las Fuerzas del Cielo —el núcleo duro de comunicadores que rodean a Caputo— constituyen un nicho específico, vinculado a un rango etario particular y a una estética combativa que funciona bien en X pero que no necesariamente representa a toda la estructura electoral que el gobierno necesita consolidar. La diputada sostiene que existen amplios segmentos de la población que no se identifican con esa "onda" y que preferirían referentes con los cuales sentirse más afines. La estrategia, entonces, consistiría en ocupar esos espacios vacantes con comunicadores que entiendan las particularidades de públicos distintos y que puedan potenciar el mensaje oficial adaptándolo a diferentes plataformas y audiencias.

Este razonamiento se refleja en las acciones concretas que se han desplegado en recientes semanas. Una reunión en La Rural congregó a influencers y comunicadores afines, entre ellos Sergio "Tronco" Figliuolo, diputado y streamer; Iván Dubois, parlamentario del Mercosur; y Diego Valenzuela, legislador bonaerense. Poco después, el Presidente recibió en la Quinta de Olivos a militantes del entorno digital, en lo que fue presentado como un acto de reconocimiento por su trabajo en la "batalla cultural". Según testimonios de quienes participaron, Milei agradeció personalmente a los influencers por su labor y subrayó la importancia de mantener ese combate en las redes sociales. La reunión fue organizada por Oría y su colaboradora Macarena Jimena Rodríguez. Desde la administración se aclaró que estos encuentros no buscaban formar un equipo verticalista de comunicación, sino reconocer y alentar a figuras que desde hace tiempo apoyan al gobierno de manera orgánica.

Paralelamente, el proyecto incluye la colaboración con medios digitales alineados con la Casa Rosada. Oría trabaja con Contra Relato, un sitio de contenido que replica la estética de publicaciones como Derecha Diario, donde algunos referentes del círculo "celestial" tienen participación. La arquitectura de esta nueva estructura sugiere una búsqueda por diversificar los espacios desde los cuales circula el discurso oficial, reduciendo la dependencia de un único grupo controlador y creando múltiples canales a través de los cuales el gobierno pueda comunicarse con diferentes segmentos de su base electoral. En el entorno cercano a Karina Milei minimizan la narrativa de una competencia o conflicto abierto con Caputo y los suyos. Una fuente allegada al proyecto, que pidió guardar el anonimato, subrayó que el objetivo es simplemente "moverse más" de cara a la próxima contienda electoral y "sumar gente" sin que ello implique un enfrentamiento directo.

Un horizonte electoral que obliga a repensar la estructura

La reelección de Javier Milei como norte político y electoral constituye el marco en el que estas movidas toman sentido. Gobernar es una cosa; volver a ganar elecciones es otra. El gobierno que llegó al poder hace menos de dos años con un discurso antisistema y una propuesta radicalmente libertaria ahora se enfrenta a la necesidad de consolidar una estructura electoral más robusta y amplia. Las tensiones internas que hoy se expresan en las redes sociales son síntomas de una competencia más profunda por la definición del futuro político de La Libertad Avanza. ¿Quién controlará la máquina partidaria? ¿Quién tendrá influencia sobre las decisiones clave? ¿Cómo se distribuirá el poder en el próximo ciclo electoral? Estos interrogantes subyacen en los movimientos que hoy despliegan tanto Karina Milei como Caputo.

Dirigentes territoriales del interior del país advierten que parte de esta reorganización responde a la necesidad de unificar el criterio comunicacional del movimiento. En palabras de un operador bonaerense consultado, "Karina Milei es el jefe. Ella ordena". Pero esta claridad jerárquica no implica que no haya conflicto sobre cómo ejercer esa autoridad. La secretaria presidencial debe equilibrar el reconocimiento de la importancia que han tenido figuras como Caputo en la consolidación del gobierno, con su propio interés en desarrollar estructuras que no dependan exclusivamente de ese asesor. Simultáneamente, debe mantener la cohesión de una coalición que ya muestra signos de fragmentación. Lemoine ha sido enfática en aclarar que el sector que ella representa no busca desplazar a las Fuerzas del Cielo, sino complementarlas. Sin embargo, la historia política argentina está llena de ejemplos donde las alianzas transitoriamente complementarias terminaron transformándose en rivalidades abiertas cuando los recursos de poder comenzaron a escasear.

Las implicancias de este movimiento trascienden el plano de la comunicación digital. Revelan una administración que, más allá de los discursos de unidad que sus voceros promueven públicamente, está atravesada por competencias profundas sobre quién define la dirección política del gobierno. La incorporación de nuevos comunicadores y influencers no es simplemente una cuestión técnica de mejorar la presencia en redes sociales; es un movimiento en el tablero del poder interno. Karina Milei busca reducir su dependencia de Caputo en materia comunicacional, lo que eventualmente podría traducirse en una menor influencia de este en otros ámbitos. Caputo, por su parte, ha consolidado un círculo de leales que controla las plataformas digitales más influyentes, lo que le otorga una capacidad de movilización que trasciende su rol formal en el gobierno. La expansión que promueve la secretaria presidencial representa, entonces, un desafío a esa posición de poder. Algunos analistas ven en estos movimientos el preludio de una reorganización más profunda de las estructuras de poder dentro del gobierno, mientras que otros sostienen que se trata simplemente de una adaptación natural a las exigencias de preparar una nueva campaña electoral. Lo cierto es que, mientras estas maniobras transcurren, la capacidad del oficialismo para mantener la unidad en su comunicación pública sigue erosionándose, lo que abre interrogantes sobre cómo impactará esta fragmentación en la efectividad de su mensaje en las redes sociales y, más ampliamente, en su capacidad para mantener el apoyo de una base electoral cada vez más heterogénea y exigente.