La sombra del ausente que acecha desde el Senado

En los últimos meses, Mar del Plata se convirtió en escenario de una trama política de creciente complejidad donde la ausencia de una figura central termina siendo su presencia más incómoda. Guillermo Montenegro, quien gobernó el municipio durante dos períodos consecutivos, decidió en diciembre pasado abandonar la intendencia para asumir como legislador provincial en la Cámara de Senadores. Lo que en ese momento se presentó como una transición ordenada hacia nuevas responsabilidades en la capital bonaerense empieza a mostrar grietas cada vez más profundas. El senador dejó el cargo bajo la supervisión de Agustín Neme, su colaborador más cercano durante los primeros años de gestión. Sin embargo, lo que parecía ser una continuidad sin conflictos ha derivado en una sucesión de tensiones que ponen en jaque la cohesión del espacio político local y alimentan rumores sobre un posible retorno. La importancia de este movimiento radica en que podría alterar significativamente la proyección electoral para 2027, año en que se renovará el liderazgo del municipio más poblado de la costa atlántica bonaerense.

La decisión de Montenegro de trasladarse al Senado estuvo asociada, en su momento, a expectativas concretas sobre su incorporación al gabinete nacional del presidente Javier Milei. Esas posibilidades nunca se concretaron. Aunque hubo gestos de apertura desde ciertos sectores del gobierno nacional, la aprobación definitiva provino de otros espacios que optaron por candidatos distintos. Específicamente, la construcción del Ministerio de Justicia siguió un camino diferente al que el entonces intendente esperaba. Esta frustración, combinada con la creciente complejidad de la situación en Mar del Plata, ha generado lo que analistas locales describen como un escenario propicio para replanteamientos. Neme, quien asumió como intendente interino, heredó un municipio atrapado en una crisis financiera de considerables dimensiones. El presupuesto local acumula un déficit proyectado para 2025 de casi 7.500 millones de pesos, una cifra que refleja la compresión fiscal que experimenta toda la administración pública argentina bajo el actual programa económico.

Las grietas de una gestión acorralada por la inseguridad

Desde que Neme asumió las funciones ejecutivas, el municipio ha enfrentado una escalada de protestas ciudadanas concentradas principalmente en demandas de seguridad. Múltiples barrios de la ciudad —desde Los Tilos hasta San Salvador, pasando por Playa Grande, Los Pinares y otros sectores populosos— han protagonizado cacerolazos y manifestaciones públicas contra los índices delictivos. Esta presión social representa un desafío sin precedentes para un intendente que carece de las herramientas financieras necesarias para implementar respuestas estructurales. Desde la administración local se responsabiliza al gobierno provincial de la Provincia de Buenos Aires por lo que consideran un abandono deliberado. Los funcionarios marplatenses acusan al gobernador de retener fondos coparticipables, señalando una contradicción paradójica: Mar del Plata contribuye con porcentajes significativos a la recaudación provincial, pero recibe a cambio una asignación desproporcionadamente menor. Este desequilibrio ha limitado la capacidad de financiamiento para operativos de seguridad, equipamiento policial y otras medidas preventivas que los ciudadanos demandan con urgencia.

Las tensiones entre Montenegro y Neme han evolucionado desde diferencias administrativas iniciales hacia cortocircuitos políticos más profundos, particularmente en torno a la estrategia electoral que cada uno envisiona para los próximos años. Aunque ambos mantienen públicamente que dialogan frecuencia, sus apariciones conjuntas se han vuelto raramente frecuentes. Las fotos compartidas prácticamente desaparecieron de la circulación política, con excepción de algunos eventos obligatorios como el homenaje a veteranos de Malvinas celebrado a principios de abril. La estructura de gobierno que Montenegro dejó en su partida se mantuvo intacta, lo que ha generado la percepción de que Neme está más en calidad de administrador temporal que en posición de consolidar su propio proyecto. Este vacío de poder transformacional se ha rellenado con la creciente influencia de los legisladores nacionales libertarios del distrito, particularmente Alejandro Carrancio, diputado nacional que se ha mostrado especialmente colaborador con la gestión interina. Desde el círculo de Neme expresan aprecio público hacia estos apoyos, señalando que la asistencia brindada por los referentes libertarios ha superado las expectativas tradicionales de cooperación partidaria.

El tablero de candidatos y las ambiciones futuras

La eventual retirada de Neme del cargo de intendente lo devolvería a su posición anterior en el Concejo Deliberante, donde había fungido como jefe de bloque y operador político de Montenegro. Este retroceso institucional no fortalecería su potencial como candidato a ocupar la intendencia en futuras elecciones. Mientras tanto, Montenegro enfrenta una limitación legal que podría condicionar sus opciones: ha cumplido dos mandatos consecutivos y, bajo la legislación vigente que prohibe reelecciones indefinidas, no podría presentarse para un tercer período seguido. Este marco normativo es significativo porque el peronismo bonaerense actualmente busca modificar esta regla, un proyecto que, de aprobarse, permitiría reabrir la competencia con nuevas posibilidades. En el círculo de Montenegro se menciona a Fernando Muro, quien fungió como secretario de Producción en el inicio de la gestión y adquirió visibilidad pública como promotor activo de la reapertura económica en el período pospandémico. Muro ha demostrado capacidad electoral ganando en dos instancias consecutivas como candidato a concejal. También suena Maximiliano Abad, senador nacional y figura radical con arraigo local. Sin embargo, los círculos más cercanos a Montenegro no descartan la posibilidad de que Neme pueda ser nuevamente considerado bajo ciertos acuerdos políticos.

Por su parte, el espacio libertario impulsa a Carrancio como su carta propia para la intendencia, posicionándolo como el candidato naturalmente derivado del crecimiento que La Libertad Avanza ha experimentado en el distrito durante los últimos ciclos electorales. La tensión entre estos proyectos refleja una pugna más amplia por definir quién será responsable de gobernar la ciudad en una coyuntura económica particularmente desafiante. Las palabras de Neme y su equipo son reveladoras: si hubiera un acuerdo entre sectores que incluya a otro candidato, plantean la demanda de una elección primaria abierta simultánea y obligatoria para resolver las diferencias internas dentro del oficialismo. Esta posición sugiere que Neme mantiene expectativas de competencia, aunque su posición se haya debilitado considerablemente. El regreso potencial de Montenegro a la intendencia estaría vinculado, según sus colaboradores, a una llegada cargada de nuevas herramientas de gestión, particularmente a través de la canalización de fondos frescos desde el nivel nacional que permitieran reactivar la economía municipal. Este escenario formaría parte de una estrategia más ambiciosa que trascendería los límites locales, involucrando acuerdos electorales a nivel provincial entre macristas y libertarios para las elecciones de 2027.

Las fragmentaciones que se extienden más allá del oficialismo

La inestabilidad política en Mar del Plata no se circunscribe exclusivamente a los espacios gobernantes. El peronismo local experimenta su propia fragmentación interna organizada según lealtades faccionarias de ámbito provincial. Fernanda Raverta, legisladora provincial, encabeza el sector vinculado al kirchnerismo, mientras que Gustavo Pulti, exintendente de la ciudad, representa las corrientes alineadas con el gobernador provincial. Esta división interna limita la capacidad del peronismo de articular una propuesta unitaria que pudiera constituir una amenaza electoral seria para los sectores actualmente gobernantes, aunque las dinámicas electorales futuras podrían reconfigurar estos alineamientos. Lo que está en juego trasciende la simple administración municipal: se trata de determinar qué fuerzas políticas podrán capitalizar electoralmente la gestión de una ciudad enfrentada a crisis de seguridad, compresión fiscal y demandas ciudadanas insatisfechas. La forma en que se resuelvan estas tensiones definirá no solo la fisionomía política de Mar del Plata, sino también cómo se posicionan sus referentes en la competencia provincial de 2027.

Las próximas semanas resultan decisivas. Si Montenegro confirma su regreso a la intendencia, esto implicaría un reordenamiento de pesos políticos donde Neme sería desplazado a un rol secundario, presumiblemente como concejal. Si, por el contrario, Neme logra consolidarse en su rol interino y eventualmente ser electo como candidato, esto significaría una ruptura más profunda con el kirchnerismo local y una reafirmación de la estructura de poder que Montenegro construyó. Una tercera opción sería el surgimiento de un nuevo candidato del círculo Montenegro que no sea Neme ni Muro, manteniendo el control sobre la sucesión pero delegándolo en una figura de menor poder de fuego electoral. Cualquiera de estos escenarios generaría diferentes consecuencias para la gobernanza municipal en momentos en que la crisis de seguridad, la situación financiera y las expectativas ciudadanas por respuestas concretas reclaman unidad de acción y consistencia administrativa. La ambigüedad estratégica que predomina actualmente —donde todo es posible y nada está confirmado— mantiene al sistema político local en un estado de suspensión que no facilita la construcción de soluciones estructurales a los problemas que los ciudadanos enfrentan cotidianamente.