La maquinaria judicial dio otro giro en perjuicio de la Central General de Trabajadores. La Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal —el tribunal que semanas atrás ya había dictaminado que el caso debía salir de manos del fuero laboral— acaba de endurecer su posición mediante una orden tajante: el juzgado laboral tiene exactamente 24 horas para entregar toda la documentación relacionada con la demanda que cuestiona la constitucionalidad de la reforma laboral. No se trata de una invitación diplomática, sino de una intimación directa que incluye hasta la habilitación de fines de semana y horarios no laborales para garantizar que el expediente no se quede ni un minuto más de lo debido.
El lunes pasado llegó la notificación oficial firmada por los mismos camaristas que ya habían intervenido en este pulso judicial. Los magistrados fueron explícitos en su argumentación: la cuestión de competencia ya está cerrada, consumada, sin posibilidades de recursos ni interpretaciones alternativas. Lo que sigue ahora es un asunto de pura operatoria. El tribunal ordenó de forma inmediata que se comunique esta resolución tanto al juzgado que aún conserva los papeles como a la sala correspondiente del fuero que fue designado como competente. La comunicación se haría por medios electrónicos y con carácter urgente, eliminando cualquier posibilidad de que se diluya en los trámites burocráticos tradicionales.
El cambio de cancha que sellaba la suerte de la CGT
Para entender la envergadura de esta nueva decisión, hay que retroceder una semana. Ese fue el momento en que la misma Cámara había resuelto —con carácter definitivo según su interpretación— que la demanda impulsada por la central sindical debía ser tramitada en el fuero contencioso administrativo y no en el laboral, donde originalmente había llegado. Los jueces argumentaron en esa ocasión que el planteo de la CGT no era un conflicto entre empleador y empleado, sino una acción dirigida contra el Estado en su rol de legislador. Esa distinción aparentemente técnica implicaba un cambio de reglas de juego brutal para los sindicalistas: los jueces laborales —acostumbrados a escuchar las demandas de trabajadores— quedarían fuera del caso, y en su lugar entraría un fuero más orientado a cuestionar actos administrativos y legislativos.
Esa primera decisión de la Cámara fue en sí misma un revés considerable para la CGT. Pero lo que sucedió después reveló la verdadera batalla: el juzgado laboral que tenía la causa no procedió a entregarla de inmediato. Siguieron pasando los días sin que el expediente se trasladara. Ante esa demora —que los camaristas interpretaron como un incumplimiento de su orden anterior—, el tribunal decidió este lunes que ya había suficientes disculpas. De ahí la dureza del nuevo mandato: 24 horas sin excepciones, sin prórroga, sin margen para argumentaciones sobre volumen de trabajo o procedimientos pendientes.
Procedimiento puro, sin debate de fondo
Es importante notar que esta nueva orden de la Cámara no se inmiscuye en el contenido de la demanda misma. Los jueces no analizan si la reforma laboral es o no inconstitucional. No evalúan los artículos específicos que la CGT cuestiona ni se pronuncian sobre el fondo de la controversia. Su intervención es exclusivamente procesal: garantizar que el expediente llegue adonde corresponde y termine con las dilaciones. El tribunal pone énfasis en que una vez resuelta la competencia, no hay espacio para demoras en la remisión. Es como si dijera: discutamos lo que haya que discutir, pero en el lugar correcto, no en el lugar equivocado.
La génesis de todo este conflicto se remonta al momento en que la CGT decidió presentar su demanda cuestionando la constitucionalidad de distintos artículos de la reforma laboral sancionada en 2024. Ese acto fue el puntapié para que se abriera la discusión jurisdiccional sobre qué tribunal debería intervenir. La central sindical, presumiblemente, esperaba que la justicia laboral fuera más receptiva a sus argumentos. El fuero contencioso administrativo, en cambio, tiende a ser más formalista y menos proclive a analizar cuestiones laborales desde la perspectiva de los derechos de los trabajadores. Para la CGT, el cambio de fuero representaba ya una derrota incluso antes de que se debatiera el fondo.
Con esta nueva decisión de los camaristas, que ordena el traslado inmediato del expediente, la batalla procesal llega a un punto de quiebre. La Cámara cierra definitivamente la discusión sobre dónde debe tramitarse el caso y fuerza a que ahora el proceso continúe en el fuero que fue designado como competente. La intimación de 24 horas es un punto final contundente a meses de idas y venidas judiciales. El juzgado laboral no tiene opción: debe remitir todo lo actuado sin dilaciones. La notificación por vías electrónicas y en carácter urgente refuerza la intención de que esto se resuelva en cuestión de horas, no de días.
Lo que viene a partir de ahora será el verdadero análisis de la demanda. Será en el fuero contencioso administrativo donde los magistrados deberán pronunciarse sobre si los artículos de la reforma laboral vulneran o no la Constitución Nacional. Será allí donde la CGT deberá argumentar sus críticas y donde el Estado deberá defenderse. Pero eso es un capítulo que aún no comienza. Por ahora, el expediente sigue en tránsito, forzado por un tribunal que perdió la paciencia con los trámites demorados. La secuencia de decisiones judiciales deja entrever que la central sindical enfrenta un camino empinado desde el punto de vista procesal, aún antes de que se debata el fondo de las cuestiones que la reforma laboral plantea. Las próximas semanas determinarán si el fuero contencioso administrativo abrirá un análisis profundo sobre la constitucionalidad de esos artículos o si el formalismo procesal termina siendo el factor decisivo en la suerte de la demanda.



