La agenda que recorrerá el Santo Padre durante su paso por la Argentina entre el 8 y el 11 de noviembre dibuja un mapa de encuentros donde ciertos espacios adquieren dimensiones políticas más allá de su carácter religioso. En particular, la celebración eucarística prevista para el penúltimo día de la visita en Luján se perfila como el escenario elegido por la dirigencia peronista para materializar su presencia durante estos días. No se trata de una decisión caprichosa: se espera una concurrencia cercana a los dos millones de fieles, cifra que la convierte en una de las mayores aglomeraciones en territorio bonaerense durante las festividades religiosas contemporáneas. La relevancia de este dato reside en que el municipio donde ocurrirá esta concentración es gobernado por un intendente justicialista, lo que genera condiciones operacionales y simbólicas particularmente propicias para que el peronismo despliegue su estructura de manera simultánea a la actividad religiosa.
El cálculo político detrás de la congregación religiosa
Consultados sobre las intenciones del partido político de cara a la visita papal, distintos referentes peronistas —aunque aún sin que medie una resolución formal del bloque justicialistaen sus estructuras nacionales y provinciales— reconocen que Luján representa el punto nodal de su participación. Un intendente del Gran Buenos Aires vinculado al sector que responde a la expresidenta enfatizó la certeza de que la presencia del partido se concretará, especialmente con el propósito de acompañar al jefe comunal local, Leonardo Boto. Aunque remarcó que hasta ese momento no existían directivas oficiales emanadas de las cúpulas correspondientes, la expectativa gravitaba sobre esa jornada como el espacio natural para congregar a la dirigencia.
Desde perspectivas ligadas al Frente Renovador, se señaló que la misa al aire libre que se realizará frente a la Basílica Nuestra Señora de Luján presenta características operacionales que facilitan este tipo de despliegues. Se argumentó que Luján cuenta con una trayectoria establecida de concentraciones masivas: las procesiones anuales que movilizan a más de un millón de asistentes. Elevar esa cifra a los dos millones esperados para la eucaristía papal no representaría un salto cualitativo imposible, sino una extensión de una práctica consolidada. Las fuentes consultadas también mencionaron que habrá una zona específicamente reservada para la dirigencia política, lo que permite tanto la participación masiva como la identificación visual de los cuadros del partido.
Un funcionario cercano al gobernador bonaerense Axel Kicillof profundizó en el razonamiento político subyacente. Expresó que tanto en los espacios de coordinación interna del peronismo —específicamente en las reuniones del consejo de la estructura partidaria— como en los análisis informales, Luján se consolida como el ámbito idóneo para que el justicialismo efectúe su movilización. La claridad de esta conclusión contrasta con la indefinición respecto de otras actividades dentro del itinerario papal. En tanto, desde espacios identificados con el kirchnerismo puro, la postura fue más esquiva. Referentes del camporismo directamente comunicaron carecer de información sobre la modalidad específica de participación que adoptarían. Una voz de ese sector sugirió que probablemente cada dirigente actuaría según su propio criterio, sin que existiera una coordinación jerarquizada que prescribiera un comportamiento unificado.
Un viaje papal con geografía peronista
Más allá de Luján, el itinerario del Sumo Pontífice toca otros territorios bajo administración justicialistaen la provincia de Buenos Aires, aunque con características operacionales radicalmente diferentes. El lunes 9 de noviembre, a las 9.15 de la mañana, León XIV visitará el Pequeño Cottolengo Don Orione, ubicado en Claypole, dentro del distrito de Almirante Brown. Este municipio tiene como autoridad ejecutiva interina a Juan Fabiani, quien actúa en reemplazo del intendente de licencia, ahora diputado bonaerense Mariano Cascallares. Sin embargo, fuentes peronistas descartaron de manera explícita que este encuentro ofrezca las condiciones para una movilización partidaria comparable. La visita al Cottolengo será, según lo describieron, un evento circunscrito al ámbito interno de la institución, carente del marco de una celebración religiosa mayor y sin la estructura de una misa que permita congregar masas.
Paralelamente, la agenda papal incluye un acto denominado "Encuentro con el Mundo del Trabajo" en la Universidad Católica Argentina (UCA), programado para el lunes 9 a las 16.10 horas. En ese escenario, la presencia peronista será diversificada: participarán sindicatos adscritos a la CGT con raigambre justicialista, movimientos sociales variados, y también representantes empresariales. Este encuentro no será un espacio de carácter únicamente religioso, sino una instancia donde se entrelazan lo laboral, lo empresarial y lo espiritual. La Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), organización sindical que agrupa movimientos sociales con fuerte impronta peronista, confirmó su participación activa. Más aún, desde esa estructura indicaron que movilizarán "con intensidad" hacia las concentraciones de mayor envergadura que encabezará el Pontífice en Buenos Aires, Córdoba y Luján.
La estrategia general del peronismo, entonces, se estructura en capas. Existe un compromiso de participación amplia en los actos programados en distintas jurisdicciones, pero con énfasis manifiesto en Luján como el epicentro donde el partido aspira a materializar una presencia política de magnitud. La misa de cierre del miércoles 11 a las 10 horas, tras la cual el Papa se dirigirá al aeropuerto de Ezeiza para continuar su viaje apostólico hacia Perú, marca el final de la visita argentina. Este detalle temporal no es menor: se trata del momento de despedida, cuando las imágenes y los registros fotográficos de la jornada poseen mayor capacidad de resonancia mediática y política.
Implicancias y lecturas futuras del posicionamiento peronista
La indefinición formal que persiste respecto de cómo se organizará la participación peronista contrasta notablemente con la claridad estratégica que traslucen los dirigentes consultados sobre dónde desean estar presentes. Esto sugiere una tensión entre dos lógicas: la de la espontaneidad relativa (cada dirigente decidiendo su grado de participación) y la de una orientación política tácitamente acordada. El hecho de que múltiples voces de diferentes sectores internos del peronismo converjan en señalar a Luján como el espacio propicio no parece azaroso, sino resultado de un análisis compartido sobre dónde concentrar visibilidad política.
Las dinámicas que se desplieguen durante estos días podrían tener consecuencias diversas según cómo se desarrollen los hechos. Una participación masiva y ordenada del peronismo en Luján podría interpretarse como una reafirmación de la capacidad de movilización del partido en un contexto donde su gravitación política ha sido cuestionada. Contrariamente, si la convocatoria no logra los números esperados o si prevalecen fragmentaciones visibles entre sectores, podría leerse como indicador de debilitamiento organizativo. Asimismo, la actitud del gobierno nacional y sus canales institucionales respecto de esta visita papal podría amplificar o reducir el espacio político disponible para que el peronismo ejecute sus planes de visibilización. Las imágenes que circulen durante esos cuatro días de noviembre contribuirán a moldear narrativas sobre la vitalidad política de distintos actores en el escenario nacional.
CONTENIDO>


