A menos de tres años de las próximas elecciones para definir quién ocupará la gobernación bonaerense, la oposición se debate entre la urgencia de la unidad y los intereses particulares de cada sector. El panorama que emerge es el de una coalición que necesita ser más amplia para competir en condiciones, pero que al mismo tiempo alberga tensiones internas capaces de fracturar cualquier acuerdo. En el centro de esta puja están las aspiraciones presidenciales de Javier Milei y su necesidad de consolidar poder territorial, la supervivencia política de Mauricio Macri y su partido, la debilidad estructural de la Unión Cívica Radical, y los cálculos municipales de intendentes que buscan preservar su poder local. Todo esto mientras Axel Kicillof prepara el terreno para entregar una provincia que ha gobernado durante dos períodos consecutivos.

El desafío matemático de la oposición

La geografía electoral bonaerense presenta un escenario complejo para cualquier fuerza que dispute el poder provincial. A diferencia de otras contiendas donde existe la posibilidad de un balotaje, la gobernación de Buenos Aires se define en una única vuelta, donde simplemente triunfa quien obtiene más votos. Esta particularidad electoral coloca a la oposición en una posición de desventaja estructural frente a un peronismo que históricamente ha competido en mejores condiciones en el territorio. Los referentes libertarios y macristas no ignoran esta realidad matemática. Por el contrario, la tienen muy presente en sus cálculos y la utilizan como justificación para impulsar acuerdos que incluyan a la mayor cantidad posible de actores políticos y electorales.

El peronismo bonaerense, a su vez, espera poder mantener su cohesión interna durante los próximos tres años. Si logra presentarse unificado en 2027, contará con la ventaja histórica que el partido ha poseído en la provincia durante décadas. Sin embargo, esta no es una certeza. Las fracturas internas que caracterizan al peronismo nacional también se reproducen en el territorio, y existen intendentes que mantienen una cierta distancia respecto de las decisiones que se toman desde la gobernación. La oposición apuesta a que estas contradicciones se profundizarán, lo que le permitiría capturar votos peronistas insatisfechos o poco movilizados.

La alianza Pro-Libertaria como núcleo duro

Desde el triunfo electoral de Milei en 2023, La Libertad Avanza y Pro han construido una relación pragmática que trasciende los roces públicos ocasionales. En el ámbito bonaerense, esta alianza adquiere una dimensión especial. Ambas fuerzas coinciden en que serán el eje central de cualquier construcción electoral para 2027. Las experiencias previas, como lo ocurrido en las elecciones legislativas de 2025, muestran que cuando La Libertad Avanza y Pro compiten juntas, obtienen resultados potentes. En aquella oportunidad, la dupla logró capturar una porción importante del voto opositor, consolidando su posición como la principal fuerza anti-peronista en la provincia.

Sin embargo, ambos espacios reconocen que la unidad Pro-LLA no será suficiente para garantizar el triunfo. Los números sugieren que necesitarán incorporar otros actores. Por eso insisten en la idea de una coalición ampliada que incluya al radicalismo, a los partidos vecinales de distintos municipios, y a intendentes de diferentes signos que compartan la perspectiva de desplazar al peronismo del gobierno provincial. Esta búsqueda de amplitud no responde únicamente a cálculos electorales fríos, sino también a una lectura política compartida: frente a un adversario que podría presentarse unificado, solo una alianza de facto que integre a todos los sectores opositores tiene posibilidades reales de triunfo.

Las candidaturas en disputa dentro de la coalición

Uno de los aspectos más delicados de la construcción de cualquier alianza es la definición de quién será el candidato. En este caso, existen al menos dos nombres que suenan con fuerza dentro del espacio opositor: Diego Santilli, actual jefe de Gabinete, y Sebastián Pareja, diputado nacional y presidente del partido libertario en la provincia. Ambos tienen argumentos para presentar sus candidaturas, y ambos cuentan con apoyo dentro de sus respectivos espacios, pero también en sectores que trascienden sus estructuras partidarias.

Santilli lleva una trayectoria electoral comprobada en territorio bonaerense. Fue encabezador de listas de diputados nacionales en dos ocasiones —2021 y 2025— y en ambas logró resultados que lo posicionaron como una figura importante del macrismo. Además, fue precandidato a gobernador en 2023, lo que le permite contar con una red de contactos y lealtades en diferentes municipios. Su cercanía con los hermanos Milei, especialmente con Karina, le ha permitido mantener una posición de relevancia dentro del Gobierno. Desde su entorno se enfatiza que tiene el apoyo de estructuras territoriales pro y que cuenta con respaldo de referentes libertarios que lo ven como el candidato natural para encabezar la coalición ampliada.

Por su parte, Pareja representa la expresión más pura de La Libertad Avanza en la provincia. Como presidente del partido a nivel territorial, controla recursos y estructuras que no son menores. Su equipo insiste en que su candidato busca la coalición más amplia posible, pero con una condición: que los actores que se sumen entiendan y suscriban al proyecto político de Milei como marco fundamental. Esto introduce un matiz importante en la discusión. No se trata simplemente de sumar votos, sino de sumar voluntades que compartan una visión particular sobre cómo debe gobernarse. Para Pareja y su círculo, la prioridad suprema es garantizar la reelección de Milei, lo que significa que cualquier gobernador bonaerense debe ser funcional a ese objetivo.

La reticencia del radicalismo y los espacios fragmentados

La Unión Cívica Radical presenta un escenario particularmente complejo. El partido se encuentra en proceso de reconstrucción interna, tanto a nivel nacional como en el territorio bonaerense. Recientemente renovó sus autoridades en la provincia, con un mensaje enfático sobre la necesidad de fortalecer la identidad radical y ofrecer una alternativa propia a la sociedad bonaerense. Esta posición sugiere que la UCR desea recuperar peso específico antes de comprometerse con nuevas alianzas.

Dentro del radicalismo coexisten dos sensibilidades. Una, alineada con la conducción nacional de Leonel Chiarelly y el gobernador santafesino Maximiliano Pullaro, mantiene una postura crítica respecto del Gobierno. Otra, vinculada al diputado nacional Maximiliano Abad, parece más proclive a dialogar con La Libertad Avanza. Esta división interna hace difícil que la UCR tome decisiones unificadas sobre sus estrategias electorales. Mientras unos ven a La Libertad Avanza como un aliado potencial, otros temen que cualquier alianza con los libertarios implique una subordinación de la identidad radical a un proyecto más amplio que no compartirían plenamente.

Más allá del radicalismo, existen otros espacios que se resisten a la lógica de la gran coalición. Los hermanos Passaglia, intendente y diputado de San Nicolás respectivamente, compitieron en 2025 por fuera de la alianza Pro-LLA con su propio sello, Hechos, bajo el argumento de que una fusión con esos espacios constituiría un sometimiento. Para 2027, han confirmado que repetirán la estrategia: competirán de forma independiente y buscarán presentar candidatos en la mayoría de los municipios. Manuel Passaglia, además, ha dejado caer la posibilidad de que alguien de su familia pueda presentarse como candidato a gobernador.

Los intendentes: actores clave en la definición

Aunque los titulares suelen ocuparse de las grandes figuras y las cúpulas partidarias, la verdad es que muchas decisiones electorales se toman en el territorio municipal. Los intendentes son actores de peso en cualquier negociación política, tanto porque controlan recursos, como porque cuentan con máquinas electorales consolidadas. En este sentido, la búsqueda de una coalición ampliada que incluya a referentes municipales responde a una lógica muy concreta: sin apoyo intendentil, es prácticamente imposible competir seriamente en la provincia.

Pablo Petrecca, intendente de Junín y ahora senador bonaerense, es un ejemplo de esta dinámica. En 2025 rechazó integrarse a la alianza Pro-LLA y optó por armar, junto a radicales y peronistas disidentes como Julio Zamora de Tigre, el sello Somos Buenos Aires. Los resultados de esa aventura fueron magros, algo que sin duda pesará en sus cálculos para 2027. Ahora promueve una coalición amplia que incluya a radicales, vecinales, peronistas disidentes y los dos espacios principales de la oposición. Reconoce, sin embargo, que las definiciones aún están lejos de tomarse. Otros intendentes, como Maximiliano Suescun de Rauch, mantienen diálogos con referentes libertarios. Peronistas como Guillermo Britos de Chivilcoy, Gilberto Alegre de General Villegas, y el ya mencionado Zamora de Tigre, son considerados candidatos a sumarse a una coalición anti-Kicillof, aunque esto dependerá de cómo evolucione la interna peronista en los próximos años.

Perspectivas y escenarios hacia adelante

El panorama que se despliega hacia 2027 es el de una oposición que entiende la necesidad de amplitud, pero que no logra resolver sus tensiones internas. La clave de todo parece estar en tres variables: primero, si el peronismo mantiene su cohesión interna o se fragmenta; segundo, si la UCR logra definirse sobre su rol en una eventual coalición; y tercero, si los acuerdos sobre candidaturas pueden cerrarse sin que se rompan las estructuras que las sostienen. Cada una de estas variables presenta escenarios múltiples y, en algunos casos, contradictorios. Un peronismo dividido favorecería los planes opositores, pero también crearía tentaciones de que cada sector busque capturar esos votos por su cuenta, lo que fragmentaría nuevamente la oposición. Una UCR que se suma a la coalición la fortalecería en términos numéricos, pero una UCR que compite por su cuenta podría funcionar como un actor de veto. Y sobre las candidaturas, cada definición beneficiará a algunos territorios y sectores a la vez que afectará a otros.

Lo que resulta evidente es que los próximos tres años serán de intensas negociaciones, donde confluirán lógicas partidarias, cálculos territoriales, y ambiciones personales de dirigentes que ven en 2027 una oportunidad para acceder al poder provincial. La provincia de Buenos Aires seguirá siendo el tablero político más importante del país, y el resultado de las elecciones que se avecinan condicionará no solo el futuro de la política bonaerense, sino también dinámicas nacionales que trascienden el territorio provincial.