La carrera hacia los comicios presidenciales de 2027 comienza a tomar forma en el espacio político que encabeza Mauricio Macri, aunque de manera fragmentada y con direcciones contradictorias. Hernán Lacunza, exministro de Hacienda durante la gestión anterior, salió públicamente a expresar su deseo de disputar la silla presidencial bajo las banderas del partido amarillo. Esta manifestación, realizada en medio de crecientes tensiones internas sobre la estrategia electoral que debe adoptar Pro, marca un punto de inflexión en las conversaciones que hasta ahora se desarrollaban en los pasillos de la política argentina. Lo significativo no radica únicamente en la ambición personal del economista, sino en lo que su candidatura representa: un intento por mantener la autonomía política de Pro frente a la gravitación cada vez mayor del gobierno libertario de Javier Milei.

Una candidatura sin blindaje institucional

Lacunza no se presenta como un postulante ungido por la estructura oficial del partido. Durante una aparición televisiva, el exfuncionario fue explícito al reconocer que su aspiración aún carece del aval formal de Pro, aunque sostuvo que la dirección partidaria conoce sus intenciones. Con un discurso que busca diferenciarse sin romper completamente con el macrismo, argumentó que el partido debe ofrecer una alternativa política al oficialismo: una opción que comparta principios económicos liberales pero que se distancie en cuestiones institucionales, terreno donde considera que el gobierno actual presenta debilidades significativas. Esta postura refleja una búsqueda de posicionamiento que intenta navegar entre la lealtad orgánica a Macri y la construcción de un espacio propio.

El cronograma electoral, con dieciocho meses de distancia respecto al momento de sus declaraciones, permitiría según Lacunza la maduración de estos planteos. Sin embargo, su reconocimiento de que la decisión no depende exclusivamente de su voluntad deja al descubierto las dinámicas internas del partido y los equilibrios de poder que aún no se resuelven. Varios dirigentes de la cúpula macrista, entre ellos María Eugenia Vidal y Fernando De Andreis, conocían previamente esta aspiración. La circulación de esta información dentro de los círculos cercanos al expresidente sugiere una estrategia deliberada de posicionamiento, donde Lacunza se movió con cierta cautela institucional antes de hacer pública su pretensión.

Las grietas en la estrategia común

Mientras Lacunza intenta construir una candidatura presidencial independiente, otros actores clave del espacio pro están apostando a un camino radicalmente distinto. Jorge Macri, jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, respalda abiertamente un acuerdo electoral con La Libertad Avanza para los próximos comicios. Esta posición encuentra respaldo en gobernadores como Rogelio Frigerio, de Entre Ríos, quien ya conformó alianzas electorales con el oficialismo el año anterior y proyecta mantener esta coalición. Ignacio Torres, mandatario de Chubut, también se muestra más receptivo a un entendimiento con los libertarios, modificando su postura anterior que había rechazado acuerdos similares en las elecciones legislativas de 2025.

Este panorama de direcciones contrapuestas pone de relieve las tensiones ideológicas y estratégicas que conviven dentro del partido amarillo. Mientras algunos dirigentes entienden que la negociación con Milei es inevitable y beneficiosa para sus propios proyectos políticos locales, otros como Lacunza sostienen que Pro debe mantener su autonomía y ofrecer una opción distinta. Cristian Ritondo, jefe del bloque Pro en la Cámara de Diputados y conductor del partido en la provincia de Buenos Aires, también impulsa un acuerdo con el oficialismo en territorio bonaerense, encontrando en Diego Santilli, jefe de Gabinete nacional, su principal aliado para estos movimientos. Santilli, a su vez, tiene sus propias ambiciones electorales centradas en la sucesión provincial.

El respaldo silencioso y los matices interpretativos

La información que circula sobre el conocimiento de Macri respecto de la candidatura de Lacunza contiene matices que merecen atención. Mientras fuentes cercanas al expresidente señalaban que tanto él como De Andreis autorizaron implícitamente al exministro a posicionarse como precandidato, otros interlocutores de la misma estructura aclaraban que esto no constituye un "plan de Pro" formalmente adoptado. Esta ambigüedad deliberada caracteriza frecuentemente las estrategias políticas en contextos de incertidumbre: mantener opciones abiertas sin comprometerse explícitamente con ninguna de ellas.

La narrativa que construye Lacunza busca legitimarse a través del trabajo institucional que ha desarrollado desde su regreso a la política. Desde junio pasado ocupa una posición en el directorio del Banco Córdoba, institución estatal de la provincia gobernada por Martín Llaryora. Además, dirige la consultora Empiria y ha publicado columnas de análisis económico en el informe de la Fundación Pensar, el centro de estudios que lidera Vidal. Estos movimientos institucionales, aunque modestos en apariencia, construyen una plataforma de visibilidad y posicionamiento. En una de sus contribuciones recientes, Lacunza advierte sobre los peligros de los procesos de desarrollo que comienzan con principios sólidos pero terminan con resultados cuestionables, una referencia velada a los desafíos enfrentados durante su anterior gestión.

El trasfondo de esta candidatura incluye las críticas que el propio Milei ha dirigido contra Lacunza y Macri. El presidente libertario acusó al exministro de haber participado en una "estafa" a los argentinos al reperfilar la deuda en pesos en agosto de 2019, cuando Lacunza ocupaba la cartera de Hacienda. Estos ataques presidenciales, lejos de desalentar la candidatura, parecen haber fortalecido la decisión de plantear una alternativa política diferenciada. Para Lacunza, la existencia de opciones liberales pero con otra jerarquía institucional beneficiría al país, un argumento que implícitamente cuestiona la conducción actual del Estado.

Perspectivas divergentes sobre el futuro electoral

La Fundación Pensar, espacio intelectual de Pro dirigido por Vidal, ha publicado análisis críticos sobre la gestión económica actual, señalando que "la estabilización económica ya no alcanza" y que el desafío radica en lograr que "el crecimiento llegue a la mayoría" de los argentinos. Estos documentos funcionan como marcos conceptuales que justifican la necesidad de una propuesta alternativa dentro del espectro liberal. No se trata de rechazar los principios económicos del oficialismo, sino de cuestionar el método y la jerarquía institucional con que se implementan.

Macri, por su parte, mantiene abierta la posibilidad de su propia candidatura presidencial para 2027, aunque interlocutores cercanos reconocen que "solo él lo sabe" si finalmente decidirá presentarse. Esta indefinición estratégica, lejos de ser un defecto, actúa como un mecanismo de flexibilidad política que permite mantener varias opciones sobre la mesa. Si Macri finalmente decide competir, la candidatura de Lacunza podría reposicionarse. Si decide no hacerlo, podría fortalecer la postulación del exministro o incluso servir como herramienta de negociación en las conversaciones con el oficialismo.

Los próximos dieciocho meses definirán no solo quiénes serán los candidatos presidenciales, sino también la arquitectura política que caracterizará la campaña de 2027. La decisión de Pro sobre si presentar una candidatura independiente o convergir electoralmente con Milei tendrá consecuencias profundas. Un triunfo de la opción Lacunza consolidaría un espacio político alternativo dentro del liberalismo argentino, potencialmente atrayendo a votantes que buscan una aproximación más institucionalista. Por el contrario, un acuerdo amplio con La Libertad Avanza reforzaría la coalición gobernante pero probablemente disolvería las diferencias políticas que actualmente el exministro intenta resaltar, transformando la dinámica electoral en torno a otras variables. Lo que resulta indudable es que las próximas definiciones de Pro marcarán un momento bisagra en la conformación de las fuerzas políticas que disputarán la presidencia de la República.