Las tensiones que recorren la coalición opositora argentina ganaron nuevo espesor esta semana cuando uno de sus referentes históricos levantó la voz para advertir sobre lo que considera un camino equivocado: la absorción de su propio espacio político por parte del gobierno libertario. Lo que podría leerse como una simple disputa interna adquiere dimensiones más amplias cuando se examina la pregunta de fondo que plantea: ¿qué tipo de competencia electoral necesita un país que atraviesa turbulencias económicas simultáneas? Esta interrogante fue el hilo conductor de las reflexiones de Hernán Lacunza durante su participación en el encuentro anual de empresarios más importante del país, donde sostuvo que la Argentina requiere de "propuestas alternativas, independientes, republicanas" y no de la consolidación de bloques monolíticos incapaces de cuestionar al poder en ejercicio.
El planteo no es menor en el contexto actual. Lacunza, quien ocupara la cartera de Economía durante el gobierno anterior, expresó su preocupación por la posibilidad de que la coalición opositora principal termine negociando un acuerdo electoral con La Libertad Avanza. Según su óptica, este movimiento traería consecuencias irreversibles para la estructura política: "Si el PRO va junto con La Libertad Avanza, va a desaparecer". La advertencia condensa una crítica más profunda sobre cómo se construyen las mayorías en democracia. Para Lacunza, la subordinación de un partido a otro no genera espacios de poder duradero, sino que provoca la disolución de identidades políticas que alguna vez fueron relevantes. Este diagnóstico se apoya en la observación histórica: coaliciones donde un socio resulta claramente dominante tienden a generar resentimientos, pugnas internas irresolutas y, eventualmente, el colapso del espacio más débil.
La batalla por las reglas de juego electoral
Ahí donde muchos analistas ven simplemente procedimientos técnicos, Lacunza identifica una batalla política central. El debate sobre las PASO —las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias— no es, en su lectura, una discusión sobre mecanismos administrativos, sino sobre quién tiene derecho a decidir las candidaturas. "Las PASO ya existen. Algunos las quieren sacar porque creo que tienen miedo a competir", afirmó de manera tajante. La formulación es provocadora porque invierte la narrativa típica: mientras algunos sostienen que las PASO son costosas, innecesarias o generan fragmentación, Lacunza las presenta como un escudo democrático contra el autoritarismo de las cúpulas partidarias. Su posición evoca debates históricos sobre la democracia interna en los partidos, un tema que ha generado conflictos recurrentes en la política argentina desde al menos los años noventa.
El argumento de Lacunza apunta a que quienes desean eliminar las primarias lo hacen movidos por el temor de enfrentar competencia real. Esta lectura introduce una dimensión psicológica a la política: el miedo como motor de decisiones institucionales. Si se acepta este diagnóstico, entonces la erosión de mecanismos de selección interna representaría un síntoma de debilitamiento relativo, no de fortaleza. Un liderazgo seguro de su respaldo no necesitaría eliminar espacios de competencia; al contrario, los usaría para demostrarse a sí mismo y a sus bases su legitimidad. Por el contrario, la búsqueda de suprimir primarias sugeriría líderes inseguros de su capacidad de ganar en un escenario de competencia abierta. Lacunza condensó esta idea con una frase simple pero potente: "Que elija el votante, que elija la gente, no los dirigentes".
El peligro de los extremos y la fractura del centro
Más allá de la disputa interna del PRO, Lacunza levantó una inquietud que trasciende los límites de una sola agrupación política. Advirtió sobre lo que describió como un escenario donde el "cuco" aparece cada vez que un gobierno agota su ciclo, generando un péndulo donde la sociedad saltaría "de una esquina a la otra" sin encontrar opciones intermedias. Esta preocupación sintoniza con análisis académicos sobre la polarización política: cuando la competencia se simplifica a una batalla binaria entre dos extremos, los espacios intermedios se erosionan. Los votantes que no se sienten representados por los polos tienden a mantenerse alejados de la política, lo cual genera ciclos donde gobiernos cada vez más radicales se suceden sin lograr construir consensos durables. La Argentina ha padecido esta dinámica en diferentes momentos de su historia republicana, desde las confrontaciones entre conservadores y radicales del siglo XX hasta los enfrentamientos peronismo-antiperonismo que marcaron décadas posteriores.
Para Lacunza, la existencia de "propuestas alternativas, independientes, republicanas" no es un lujo democrático sino una necesidad estructural. Un sistema donde solo hay espacio para dos grandes coaliciones tiende a endurecerse: cada una desarrolla identidades tribal es, demoniza al adversario y bloquea toda posibilidad de diálogo. La competencia interna dentro de los espacios políticos, entonces, no solo sirve para elegir candidatos, sino que genera culturas políticas más plurales, más tolerantes a la disidencia, más abiertas a la negociación. Desde esta óptica, las PASO no son un capricho burocrático sino un mecanismo que favorece la salud política general del sistema, independientemente de qué partido específico sea el ganador en cada elección.
La economía como telón de fondo de la crisis política
Sin embargo, los argumentos de Lacunza sobre competencia electoral y arquitectura institucional adquieren sentido pleno solo cuando se yuxtaponen con su diagnóstico económico. En un país donde las familias deben hacer cálculos cada vez más angustiantes en el supermercado, donde el poder de compra se erosiona constantemente, donde la inversión no recupera y el empleo retrocede, es comprensible que se genere una búsqueda desesperada de soluciones radicales. La descripción que hizo Lacunza de la economía argentina captura esta realidad con crudeza: "Cuando una familia va al supermercado, va a la góndola y encuentra los precios más o menos previsibles, cuando llega a la caja tiene que sacar cosas del changuito porque se da cuenta de que no le alcanza la billetera para pagar". Detrás de esta anécdota cotidiana se encuentra el dato estructural: cinco trimestres consecutivos de caída del consumo, estancamiento en los ingresos disponibles, inversión que no repunta y un mercado laboral que no genera empleos suficientes.
Lacunza identificó luces y sombras en el panorama actual. Entre los aspectos positivos mencionó la "estabilidad nominal", es decir, la previsibilidad en materia de inflación, un logro considerable considerando la historia reciente de la economía argentina. Pero las sombras son más densas: recesión incipiente, consumo caído, salarios bajo presión constante. El exministro sostuvo que sin inversión y sin generación de empleo, es materialmente imposible que suban los salarios reales de manera sostenida. Este diagnóstico introduce un elemento temporal crítico: el ciclo electoral que se abre en 2025 interactuará inevitable mente con una situación económica que aún no ha encontrado un sendero de crecimiento firme. Familias que ven erosionados sus ingresos, empresas que no invierten por falta de confianza, un mercado laboral que se contrae, todo esto crea las condiciones para que la política se radicalice aún más, para que se busquen culpables y se demanden soluciones drásticas.
Es en este escenario donde la discusión sobre las PASO y la estructura de coaliciones adquiere dimensión trágica. Cuando la gente está económicamente presionada, tiende a buscar certezas, líderes fuertes, opciones que prometan cambios radicales. Los espacios intermedios, las propuestas graduales, la política de acuerdos, parecen débiles y poco convincentes. Un mercado político fragmentado, donde múltiples opciones compiten en igualdad de condiciones, puede parecer caótico a ojos de votantes que reclaman claridad. Por el contrario, coaliciones amplias que se unifiquen detrás de un proyecto común pueden presentarse como más sólidas, más capaces de gobernar. Este es precisamente el dilema que Lacunza parece estar anticipando: la tentación de que el PRO se subordine al gobierno libertario para formar un bloque sin grietas es comprensible desde una lógica electoral de corto plazo, pero potencialmente destructivo para la democracia de mediano y largo plazo.
Las consecuencias políticas de una crisis sin opciones
Las implicancias de estos debates trascienden ampliamente a los actores políticos involucrados. Si la coalición opositora principal decide fusionarse con el gobierno, el país entraría en un territorio desconocido: un contexto donde la oposición formal prácticamente desaparece. Esto podría generar dinámicas distintas según quién analice: algunos señalarían que se logra una estabilidad política que facilite la implementación de reformas impopulares que la economía parece requerir; otros advertirían sobre el vaciamiento de los controles institucionales y la concentración peligrosa de poder. Del otro lado, si el PRO mantiene su autonomía y se presenta como alternativa competitiva, el escenario sería el de una competencia genuina entre proyectos distintos, pero con el riesgo de que una oposición fragmentada no logre articular un mensaje claro frente a un gobierno que controla la máquina estatal.
El año electoral que se aproxima será un laboratorio natural donde estas tensiones se expresarán plenamente. Lacunza parece estar sugiriendo que los dirigentes tienen tiempo aún para elegir qué tipo de política quieren practicar, pero que esa ventana se cierra. Su apelación a preservar espacios de competencia interna y de alternativas electorales genuinas es, en última instancia, un llamado a la preservación de la democracia como sistema de resolución de conflictos no violento. En un país donde la economía genera presiones y donde la tentación de autoritarismo nunca desaparece completamente, mantener abiertos esos espacios de competencia y pluralismo requiere decisión consciente, no naturalidad. Que los actores políticos decidan o no aceptar ese desafío definirá buena parte del carácter del sistema político que heredaremos en los próximos años.


