La defensa contraataca en el juicio de los Cuadernos

En una jornada cargada de tensión dentro de la sala del Tribunal Oral Federal 7, dos de los empresarios más cercanos al kirchnerismo presentaron sus descargos en el megajuicio conocido como "de los Cuadernos de las Coimas". Cristóbal López y Fabián De Sousa, máximos responsables del Grupo Indalo, se pararon frente a los magistrados para negar de manera categórica cualquier entrega de dinero a funcionarios públicos durante la gestión de Cristina Kirchner. Lo notable de sus testimonios no fue solamente el rechazo a las imputaciones, sino la estrategia que ambos utilizaron: apuntar con dureza hacia la familia Eskenazi y cuestionar los mecanismos a través de los cuales fueron incorporados a una causa que, según sostienen, fue "armada" desde sus inicios.

La acusación contra estos empresarios se sostiene fundamentalmente en las declaraciones de Ernesto Clarens, un financista que habría actuado como intermediario entre empresarios y la cúpula del gobierno anterior. Según la fiscalía, López, De Sousa y su hermano Osvaldo Manuel De Sousa realizaron al menos seis transferencias de fondos entre agosto de 2011 y agosto de 2012, totalizando aproximadamente 12 millones de pesos. Sin embargo, tanto López como Fabián De Sousa rechazaron de plano estas acusaciones durante sus testimonios, negando haber conocido o mantenido vínculos comerciales con Clarens. "Doy certezas que mi empresa, CPC, mis socios y mis funcionarios, jamás le pagaron al Gobierno", enfatizó De Sousa en su declaración, rechazando también cualquier pago a funcionarios o a intermediarios como lo habría sido Clarens.

Una estrategia de defensa basada en la desacreditación del proceso

Lo que llamó profundamente la atención durante la jornada fue el giro que tomaron los argumentos de los imputados. En lugar de simplemente negar los cargos, López y los hermanos De Sousa optaron por cuestionar la integridad del proceso judicial mismo. Ambos empresarios señalaron que fueron incorporados al expediente como un acto de conveniencia para las autoridades que investigaban, argumentando que existía un interés manifiesto en "sacar" del caso al Grupo Petersen, propiedad de la familia Eskenazi. "Era mucho más fácil ponernos a nosotros que al grupo Petersen", expresó De Sousa con visible irritación. López completó esta línea argumentativa con una acusación directa: "Sacaron a los Eskenazi y me metieron a mí y a mis socios".

Los abogados defensores presentaron sus cuestionamientos no solo respecto de los hechos, sino también sobre los actores del proceso penal. Dirigieron críticas contundentes hacia el fiscal Carlos Stornelli y el juez Claudio Bonadio, responsables de la instrucción inicial del caso. "Esta causa, en lo que a mí se refiere, y a CPC, es totalmente falsa y armada por el fiscal Stornelli y el juez Bonadio", sostuvo López sin ambigüedades. Los abogados defensores también llevaron al tribunal evidencia que, según ellos, demostraría una relación inapropiada entre Bonadio y Sebastián Eskenazi, hijo de Enrique Eskenazi, quien lideraba el grupo Petersen. Mencionaron específicamente que Mariano Bonadio, hijo del juez, fue sobreseído en una causa tras justificar un préstamo de un millón de dólares parcialmente originado en fondos proporcionados por Sebastián Eskenazi.

Las contradicciones de Clarens y la estrategia de López

El testimonio más incisivo provino de Cristóbal López, quien se enfocó en desacreditar sistemáticamente al financista Ernesto Clarens. López señaló lo que él considera una contradicción flagrante: en sus primeras declaraciones ante la justicia, Clarens habría afirmado desconocer a López porque este "tenía línea directa" con la presidencia. Sin embargo, en un nuevo acuerdo presentado posteriormente, Clarens adjuntó seis anexos con cifras, nombres de empresas y detalles de supuestos pagos. "En el nuevo acuerdo el señor Clarens mete 6 anexos, con importes y nombres. Y en el anexo 6 aparece mágicamente CPC, que es la empresa constructora del Grupo Indalo. Hasta ese día éramos desconocidos por Clarens", expresó López, cuestionando cómo una empresa que supuestamente era desconocida para el financista terminara siendo mencionada en documentos posteriores. Este giro en la narrativa de Clarens fue utilizado por la defensa como prueba de inconsistencias en la acusación.

Paradójicamente, López no negó mantener una relación privilegiada con Cristina Kirchner. El empresario reconoció abiertamente que contaba con acceso directo a la entonces presidenta: "Es cierto, yo tenía directa, yo me podía sentar con la Presidenta y decirle 'doctora me están pidiendo plata'". Sin embargo, el énfasis de su testimonio estuvo en que, a pesar de contar con ese acceso y esa posibilidad teórica de presión, nunca le pidieron dinero, es decir, nunca hubo solicitudes de coimas. Esta declaración buscaba mostrar que su cercanía con el poder no se tradujo en pagos irregulares, sino que simplemente facilitaba un canal de comunicación directo que, paradójicamente, hacía innecesarios los intermediarios como Clarens.

La causa de los Cuadernos representa uno de los juicios más relevantes del sistema judicial argentino en años recientes, con Cristina Kirchner como principal acusada. La expresidenta enfrenta cargos de ser jefa de una asociación ilícita y cohecho pasivo, habiendo sido ya indagada a mediados de marzo en esta misma causa. Kirchner ha intentado desacreditar el proceso en su totalidad, dirigiendo críticas severas contra Stornelli, Bonadio y el Poder Judicial en general durante su propia declaración. Los empresarios López y los De Sousa han adoptado una estrategia defensiva que se alinea con esta línea argumentativa: cuestionar la validez del proceso mismo más que debatir los detalles específicos de los supuestos pagos. La fiscal Fabiana León manifestó que los planteos sobre la supuesta relación entre Bonadio y los Eskenazi no necesariamente contribuirían a aclarar los hechos bajo revisión en el juicio actual, aunque no se opuso abiertamente a que el tribunal impulse medidas para verificar estas afirmaciones sobre conflictos de interés potenciales.