Tras más de cuatro años sin verse en persona, dos figuras políticas de primera magnitud volvieron a compartir una habitación en Buenos Aires para conversar sobre los derroteros que podría tomar la república en los próximos años. Lo ocurrido en aquel encuentro privado, que se mantiene bajo discreción desde hace varias semanas, marca un punto de inflexión en las dinámicas internas de la oposición al gobierno libertario y replantea los cálculos electorales de cara a la contienda presidencial de 2027. El hecho de que Mauricio Macri y Martín Llaryora vuelvan a dialogar después de un distanciamiento prolongado no es un detalle menor: sugiere movimientos en cadena dentro del arco político no kirchnerista, donde ciertos líderes territoriales buscan posicionarse en una geografía electoral que ha comenzado a reconfigurase desde la irrupción del fenómeno libertario en el poder ejecutivo nacional.

La historia de un quiebre político

Para comprender la trascendencia de este reencuentro, es necesario retroceder hasta el cierre de 2022, momento en el cual Llaryora realizó una gira por Estados Unidos que lo llevó posteriormente a las oficinas de la estructura macrista en Vicente López. En aquella oportunidad, el gobernador cordobés llegaba con una propuesta que reflejaba las preocupaciones de un sector del establishment político: los números que circulaban entonces señalaban un desmoronamiento de la coalición opositora tradicional, mientras que de manera simultánea crecía el caudal de simpatías hacia la entonces incipiente candidatura de Javier Milei. Desde la perspectiva de Llaryora, la solución pasaba por tejer una alianza de mayor envergadura que fuera capaz de presentar un frente unificado, con Juan Schiaretti como rostro presidencial. Sin embargo, aquella propuesta colisionó de frente con la visión que prevalecía en las filas macristas. El expresidente no solo rechazó la iniciativa, sino que además expresó su molestia ante lo que consideraba demasiada proximidad del gobernador cordobés hacia Horacio Rodríguez Larreta. Macri reafirmó su decisión de mantener el eje en Patricia Bullrich como candidata y de respaldar a Luis Juez en la contienda por la gobernación provincial. Ese desacuerdo marcó el inicio de una etapa de deliberado distanciamiento entre ambos líderes.

Las consecuencias de aquel enfrentamiento se extendieron durante los años subsiguientes. Cada uno de los actores siguió su propia hoja de ruta, sin intersecciones significativas en el diálogo político. El tiempo transcurrió en paralelo: mientras Macri buscaba reconstruir su influencia dentro de Juntos por el Cambio, Llaryora consolidaba su posición en Córdoba y mantenía conversaciones con otros espacios políticos. Fue en este contexto de fragmentación donde Milei llegó al poder en diciembre de 2023, modificando las variables del tablero político de una manera que pocos habían anticipado con exactitud.

Café, facturas y cálculos futuros

El encuentro que tuvieron lugar en Buenos Aires hace pocas semanas trajo consigo una atmósfera diferente. En los primeros momentos, según relatos de quienes estuvieron al tanto de los detalles de la conversación, se compartieron facturas de confitería mientras se desplegaban, de manera casi inevitable, otras clases de facturas: esos reclamos cruzados que la política deja pendientes. Llaryora no eludió señalar sus desacuerdos respecto de decisiones tomadas durante el período de gobierno anterior. Macri, por su parte, canalizó sus críticas nuevamente mediante observaciones sobre la gestión del gobierno libertario, ecos de argumentaciones que había expresado públicamente en participaciones académicas y actos políticos en la provincia de Buenos Aires.

No obstante, debajo de estos intercambios de acusaciones y defensas, latía una preocupación compartida: la necesidad de construir una alternativa política que fuera capaz de disputar espacios electorales sin quedar atrapada entre dos extremos que ambos consideraban problemáticos. Llaryora enfatizó en la conveniencia de armar una agrupación de centro que resultara "potente" y genuinamente competitiva. Hizo referencia a Provincias Unidas, aquella plataforma lanzada por un grupo de gobernadores y Schiaretti antes de los comicios legislativos recientes, pero subrayó que lo que se necesitaba ahora era algo más denso, con mayores recursos políticos y capacidad de convocatoria, dispuesto a abrir sus puertas a sectores que en la actualidad se sienten alejados tanto del proyecto libertario como de las estructuras vinculadas al kirchnerismo. Macri, en tanto, insistió en la vigencia de su partido político Pro y en el potencial que representaban dirigentes territorialmente arraigados, sin que esto implicara renunciar a una narrativa más amplia.

Lo interesante de esta conversación es que no desembocó en definiciones concretas ni en acuerdos formalizados. Ambos actores reconocieron que aún hay tiempo extenso antes de que los candidatos deban presentarse ante los cuerpos electorales, y que en el campo político en general no hay nada fijado desde ninguna de las fuerzas mayoritarias. Eso no quiere decir que el encuentro carezca de importancia; por el contrario, lo que sucedió es que se abrió un canal de comunicación que había permanecido clausurado, creando posibilidades de coordinación futura a medida que el calendario electoral se aproxime.

Múltiples escenarios en construcción

Paralelamente a estos diálogos entre Macri y Llaryora, otros movimientos ocurren en la política cordobesa y nacional. El peronismo provincial se encuentra en una encrucijada respecto de cuál será su posicionamiento a nivel nacional. Una de las opciones que analiza es precisamente la de sumarse a una coalición centrista amplia como la que Llaryora y Macri estarían considerando. Otra posibilidad, todavía muy incipiente y aún lejos de concretarse, pasa por incorporarse a un enfrentamiento interno dentro del Partido Justicialista, potencialmente liderado por el gobernador bonaerense Axel Kicilof. Ambas trayectorias están abiertas, condicionadas por la receptividad que otras fuerzas políticas muestren hacia iniciativas que puedan ser presentadas.

En el plano provincial cordobés, el panorama se torna aún más complejo. El próximo año traerá consigo la renovación de la gobernación, competencia en la cual Llaryora no buscará su reelección. La Libertad Avanza ve en Córdoba un terreno sumamente favorable: no solo es el distrito que Milei ha visitado más frecuentemente en su condición de mandatario nacional, sino que fue allí donde obtuvo sus márgenes de victoria más amplios en la segunda vuelta electoral de 2023. Dentro de la estructura libertaria, Gabriel Bornoroni, quien encabeza la bancada de diputados, se perfila como el posible candidato a gobernador. Hay especulaciones acerca de si Luis Juez, el senador que históricamente ha aspirado al cargo supremo provincial, podría aceptar una fórmula donde acompañe a Bornoroni. Con todo, los principales actores reconocen que las decisiones estratégicas que definan esta contienda serán adoptadas en Buenos Aires, en los despachos donde se concentra el poder de decisión nacional.

Macri tiene previsto efectuar una visita a Córdoba en los próximos meses, ocasión que él considera propicia para reconstruir su poder político en una provincia que históricamente le permitió consolidar su llegada a la presidencia de la nación. Sin embargo, su posición en el seno de su propia estructura política se ha visto debilitada. Su sector perdió el comando de Pro tras una disputa que lo enfrentó con Oscar Agost Carreño, quien no solamente logró ganar dos veces en las instancias judiciales, sino que además fue capaz de forjar una alianza con el ala bullrichista dentro del partido, dejando a los dirigentes macristas sin representación en los órganos de decisión de la fuerza política que el expresidente fundara años atrás.

Perspectivas sobre lo que viene

La reapertura del diálogo entre Macri y Llaryora abre varios interrogantes sobre cómo evolucionará la política argentina en los próximos años. Desde una perspectiva, podría interpretarse como el germen de una coalición centrista que busque diferenciarse tanto de la gestión libertaria como de las propuestas vinculadas al peronismo tradicional, ofreciendo una alternativa que combine experiencia administrativa con renovación. Desde otra óptica, podría verse como un movimiento táctico de actores que buscan mantener relevancia en un escenario donde el fenómeno Milei desalineó los ejes políticos que habían prevalecido durante décadas. Los resultados electorales de 2027, así como los desenvolvimientos de la gestión libertaria en los próximos meses, serán elementos determinantes que condicionarán la solidez de cualquier alianza que pudiera gestarse. Del mismo modo, la capacidad de estos líderes para construir propuestas que resuenen en la ciudadanía, más allá de los cálculos de elite política, resultará decisiva en la determinación de si estas conversaciones privadas logran transformarse en proyectos electorales con capacidad de competencia real.