Transcurridas poco más de setenta y dos horas desde que una cumbre reservada reuniera a los principales referentes del peronismo en un hotel capitalino para coordinar estrategias electorales, Sergio Massa reaparece en el escenario político provincial con un mensaje de reconciliación que contrasta con las fracturas visibles dentro de la estructura del Partido Justicialista. Su intervención en Rosario, donde acompañó la presentación de un libro del diputado nacional Diego Giuliano en el Hotel Ariston, marca un giro en su posicionamiento después de semanas de relativo silencio mediático y su reciente travesía de varios días por las Antillas. La reaparición no es menor: ocurre en un contexto donde múltiples voces dentro del movimiento peronista reconocen públicamente la ausencia de un liderazgo consolidado, generando interrogantes sobre qué futuro político aguarda a una fuerza que gobernó la Argentina durante décadas.

El retorno estratégico: unidad proclamada desde la provincia

Cuando le preguntaron si era posible que todos los sectores del peronismo pudieran confluir bajo un mismo proyecto, la respuesta de Massa fue directa y sonriente: "Es que la unidad es lo más importante". Esta afirmación, pronunciada en el marco de un acto que reunió a más de una decena de figuras del Partido Justicialista, funciona como una declaración de intenciones respecto de cómo pretende posicionarse en la carrera por 2027. El exministro de Economía no fue simplemente un asistente pasivo; ocupó un lugar privilegiado en la primera fila y recibió elogios explícitos de Giuliano, quien lo caracterizó como defensor de "un proyecto alternativo a Milei". Esta caracterización no es casual: en un movimiento donde coexisten interpretaciones encontradas sobre cuál debe ser el camino futuro, Massa se proyecta como un articulador capaz de tender puentes entre distintas corrientes.

La convocatoria que generó su presencia fue significativa. Fuera del recinto donde se desarrollaba el evento, militancia peronista, dirigentes sindicales y gremiales se congregaron, demostrando que la figura del excandidat a presidente mantiene capacidad de movilización territorial. Esto adquiere relevancia considerando que apenas hace algunas semanas, la derrota electoral de 2023 parecía haber relegado a Massa a un segundo plano dentro de la arena política. Su reaparición en Rosario, epicentro histórico de confrontaciones internas del peronismo, sugiere un recalibrado en su estrategia de visibilidad pública.

El contexto de la cumbre reservada y la batalla por las PASO

Catorce días antes de este acto, Massa participó junto a Axel Kicillof y Máximo Kirchner, entre otros dirigentes, en una reunión a puerta cerrada en un hotel porteño. El propósito de esa cumbre fue consensuar una estrategia para impedir que el Gobierno nacional elimine las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) como mecanismo de selección de candidatos para los comicios presidenciales de 2027. La PASO representa históricamente una herramienta que permite que múltiples sectores de un mismo partido compitan internamente sin fractura formal, lo que resulta especialmente relevante para un movimiento peronista atravesado por divisiones profundas.

Que Massa haya asumido el rol de portavoz del mensaje de unidad apenas dos semanas después de esa cumbre reservada no es circunstancia menor. Sugiere que, en las negociaciones internas, el exministro logró posicionarse como uno de los interlocutores capaces de canalizar demandas de distintos espacios. Su insistencia en que "es muy lindo" que cada dirigente presente sus propias iniciativas sin que esto signifique ruptura constituye una propuesta de ordenamiento político que, si prospera, permitiría que la interna peronista se resuelva a través de mecanismos institucionalizados como las PASO, en lugar de fragmentación abierta.

El viaje a Barbados y la maniobra de comunicación política

Apenas dos días antes de que Massa se dirija a esa cumbre reservada con sus pares del movimiento peronista, el exministro de Economía y su esposa, Malena Galmarini, actual senadora provincial, emprendieron un viaje a Barbados acompañados por un grupo de amigos en un jet privado de lujo. La travesía, cuyo motivo oficial fue la celebración de treinta años de matrimonio, partió desde el aeropuerto de Montevideo el jueves 13 de agosto a las 6:40 con una comitiva de siete personas. La nave utilizada pertenece al grupo empresario conducido por Francisco De Narváez, según constan en registros aeronáuticos y migratorios.

Que el despegue se realizara desde Montevideo en lugar de Buenos Aires, siendo que la aeronave posee capacidad para realizar el viaje sin escalas desde la capital argentina, responde a lo que analistas de comunicación política reconocen como una "maniobra de distracción". Este tipo de estrategias son frecuentemente utilizadas por figuras públicas para minimizar la exposición mediática de acciones que, aunque legales, podrían resultar controversiales en términos de imagen política. En este caso particular, los miembros del Frente Renovador observaron con naturalidad el viaje, argumentando que se trataba de una celebración íntima y que De Narváez es "un amigo" del líder partidario. La ausencia de críticas visibles dentro de su propio sector contrasta con el escrutinio que suele aplicarse públicamente a viajes de políticos, especialmente en contextos donde amplios segmentos de la población enfrentan dificultades económicas.

Las voces que diagnostican el problema: liderazgo ausente

Mientras Massa remarcaba públicamente la importancia de la unidad desde Rosario, otros referentes peronistas pronunciaban diagnósticos más crudos sobre la situación interna del movimiento. Victoria Tolosa Paz, diputada nacional de Unión por la Patria, expresó en una entrevista televisiva que "la conducción del peronismo no se hereda ni se declama" y advirtió sobre la inexistencia de un liderazgo vertical consolidado. Según Tolosa Paz, en la actualidad "hay tantos liderazgos como peronismos", ejemplificando con referentes provinciales que responden a sus propios proyectos regionales sin articulación clara con una conducción nacional.

Este diagnóstico, lejos de ser una opinión aislada, refleja una realidad ampliamente reconocida dentro de las estructuras del Partido Justicialista. La ausencia de un líder indiscutido genera dinámicas donde distintos sectores operan con cierta autonomía, buscando consolidar bases propias en territorios específicos. Tolosa Paz también planteó una reflexión sobre la anomalía que significó para el peronismo los últimos cuatro años de gobierno, cuando el poder ejecutivo estuvo en manos de Alberto Fernández pero la vicepresidencia, ocupada por Cristina Kirchner, funcionó como un polo de decisión paralelo. Este "momento atípico" para el movimiento dejó marcas en términos de fragmentación que persisten en la actualidad.

2027: el horizonte electoral y las competencias internas

La aparición de Massa en Rosario acompañando la presentación de un libro del diputado Giuliano, quien ensayaría una candidatura a gobernador de Santa Fe según lo que puede inferirse del evento, inscribe estos movimientos tácticos dentro de una preparación más amplia para las elecciones presidenciales de 2027. En el transcurso de apenas tres años, el peronismo deberá resolver internamente quién encabezará su fórmula, en qué condiciones competirá (si las PASO se mantienen o no), y cómo articulará las tensiones entre sus múltiples liderazgos regionales.

La estrategia de Massa parece orientada a posicionarse como un facilitador de unidad antes que como un candidato hegemónico. Esta aproximación presenta ventajas y riesgos: permite acumular capital político entre distintos sectores, pero también lo expone a ser percibido como alguien sin proyecto propio definido. En contraposición, otros espacios del peronismo podrían optar por estrategias más confrontacionales, buscando consolidar bases de poder territorial que les permita competir en una interna donde múltiples candidatos se presenten simultáneamente.

Perspectivas abiertas: qué puede suceder en el corto y medio plazo

Los próximos meses serán determinantes para definir si el mensaje de unidad proclamado por Massa trasciende la retórica o se convierte en un marco institucional concreto. La preservación de las PASO, si finalmente el Gobierno nacional no logra eliminarlas, facilitaría una competencia interna del peronismo donde múltiples candidatos pudieran competir sin ruptura formal. Inversamente, si el Gobierno consigue derogar este mecanismo, las tensiones internas podrían resolverse de manera más disruptiva, con riesgo de fragmentación abierta del movimiento.

Existen distintas posibilidades en cuanto a cómo evolucionará la estructura de liderazgos peronistas: algunos analistas sostienen que la descentralización actual permite que dirigentes provinciales consoliden poder territorial que luego puede resultar estratégico en una interna nacional; otros señalan que la ausencia de un liderazgo claro debilita la capacidad competitiva del movimiento frente a gobiernos que poseen claridad en su conducción. La presencia de Massa realizando gestiones de articulación sugiere una apuesta por mantener cierta cohesión mientras se desarrollan posicionamientos individuales, pero el resultado de esta ecuación dependerá de múltiples variables: coyuntura económica, evolución de la gestión nacional, capacidad de los distintos espacios para movilizar apoyo electoral, y las decisiones que tomen actores clave respecto de sus propias candidaturas.