La máquina oficialista enfrenta una disyuntiva que trasciende los cálculos electorales convencionales. Mientras el jefe de Gabinete intensifica su itinerario con mandatarios provinciales buscando consensos expeditivos, desde el corazón de la estructura legislativa emerge una voz de cautela que expresa una pregunta incómoda: ¿vale la pena ganar mañana si se pierde el proyecto de largo plazo? Esta tensión, que escaló a expresiones públicas durante un acto en Tigre, revela fracturas profundas sobre cómo debe construirse la coalición gobernante de cara a 2027 y, más importante aún, cómo se conciben los objetivos mismos de la gestión que comenzó hace poco más de un año.
La complejidad del armado: cuando los principios chocan con la urgencia
Durante la convocatoria organizada bajo el lema "Hacia una Argentina próspera", Martín Menem, quien comanda la Cámara Baja, desplegó una batería de críticas veladas contra la metodología que predomina en las negociaciones con los gobernadores. Su diagnóstico fue directo: calificó el tema del armado político como "muy complejo", una descripción que en el lenguaje de la política argentina funciona como eufemismo para señalar contradicciones irreconciliables. Lo interesante no radica solo en lo que dijo, sino en lo que dejó implícito: existe una manera equivocada de hacer política, y esa manera es precisamente la que están siguiendo sus colegas en otras carteras.
El presidente de la Cámara de Diputados apuntó directamente contra quienes consideran que la rapidez en los acuerdos constituye un valor en sí mismo. "Sería mucho más fácil avanzar y cerrar acuerdos rápidamente con cualquier gobernante que se nos cruce y llegar a alianzas electorales", planteó, para inmediatamente cuestionar la suficiencia de ese enfoque. La frase funciona como una trampa retórica: reconoce la facilidad del camino fácil precisamente para descartarlo. Luego añadió una condición que suena simple pero que opera como un criterio de filtro potencialmente excluyente: "Si queremos que esto dure y perdure en el tiempo tenemos que tener agendas programáticas similares".
Esta formulación encierra una lógica política que contrasta radicalmente con la tradición de acuerdos pragmáticos que ha caracterizado históricamente a la política argentina. Mientras que gobernadores de distintos signos ideológicos han sido socios confiables de gobiernos nacionales simplemente porque ambas partes necesitaban los votos o los fondos del otro, Menem plantea una exigencia más sustancial: alineamiento programático. Traducido a términos concretos, esto significa que no cualquier provincia, gobernada por líderes con intereses territoriales específicos, podría ingresar en la coalición oficialista. Habría un test ideológico previo.
La pregunta sobre el horizonte: una elección versus un proyecto de nación
Lo que el titular de Diputados expresó después funcionó como síntesis de su posición: "¿Queremos ganar una elección o queremos un país para los próximos 40 años?" Esta interrogante, aunque presentada en términos dicotómicos, refleja una visión que sitúa a los comicios de 2027 como un instrumento subordinado a un objetivo superior. No se trata meramente de reelección presidencial. Se trata, según esta lectura, de garantizar la continuidad de un modelo económico y político que el gobierno considera como única vía viable para la prosperidad nacional.
Es en este punto donde la divergencia con otros sectores del oficialismo adquiere claridad. Diego Santilli, desde su rol en la jefatura de Gabinete, ha acelerado sus encuentros con los gobernadores con objetivos más inmediatos: asegurar votos para la eliminación de las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) de cara a los comicios presidenciales de dentro de tres años. Acompañándolo en esta estrategia está Luis Caputo, ministro de Economía, quien encuentra en los acuerdos políticos territoriales un mecanismo para imprimir estabilidad a los indicadores macroeconómicos. El riesgo país, ese termómetro que los mercados utilizan para medir la confianza en la solvencia argentina, ha sido objeto de oscilaciones significativas; hace poco superó los 650 puntos, un nivel que genera inquietud en los funcionarios responsables de la política económica.
Para Caputo y Santilli, los acuerdos no son solo transacciones políticas: son insumos para la credibilidad internacional. Un país dividido, sin consensos visibles con sus provincias, proyecta debilidad ante los ojos de los inversores. Por eso ambos funcionarios anticiparon ya a los gobernadores, durante encuentros en Francia, que esperaban cerrar varios entendimientos antes de que termine el mes. La lógica es comprensible: demostrar gobernabilidad se ha convertido en una política económica en sí misma.
Las grietas internas: aliados que no coinciden en los métodos
Lo que emerge del análisis de las posiciones es la existencia de al menos tres lógicas operando simultáneamente dentro de la administración libertaria. Por un lado, la que encarna Menem, quien cuenta con el apoyo de su primo Eduardo Menem, senador nacional, y que prioriza la coherencia ideológica sobre la amplitud coalicional. Por otro, la de Santilli y Caputo, quienes valorizan la velocidad de los acuerdos y su capacidad de generar estabilidad política y económica inmediata. Y un tercero, menos visible pero potencialmente significativo, el de Karina Milei, secretaria general de La Libertad Avanza, cuyos colaboradores más cercanos parecen ocupar una posición intermedia: no se oponen a los acuerdos, pero tampoco desean realizarlos "a cualquier costo", como señalaron voces vinculadas a ese círculo. Esta última postura incluye una protección explícita del territorio político de La Libertad Avanza, es decir, no ceder espacios de poder territorial a cambio de apoyo legislativo.
La participación en el acto de Tigre del diputado nacional Sebastián Pareja, identificado como armador político cercano a Karina Milei, no fue casual. Su presencia funcionó como un signo visible de que distintas fracciones libertarias pueden coincidir en ciertas críticas al activismo de Santilli sin necesariamente cerrar la puerta a los acuerdos. Se trata de un posicionamiento que rechaza cierta velocidad pero no rechaza las alianzas per se.
Durante el discurso en Tigre, Menem no abandonó el registro esperanzador ni dejó de reivindicar los logros de la gestión iniciada en diciembre de 2023. Enumeró lo que considera los pilares del "único modelo posible": "superávit fiscal, inversión y trabajo". Esta enumeración tiene el propósito de anclar los acuerdos políticos a sustancia programática. No se trata de coaliciones tácticas para ganar votaciones, sino de coaliciones alrededor de una visión compartida sobre cómo gobernar. De esta manera, Menem trasladó el debate desde el terreno estrictamente electoral al de la filosofía de gobierno.
Los tiempos en disputa: entre la urgencia y la paciencia estratégica
Quienes observan estas dinámicas internas sin estar directamente implicados en las negociaciones han llegado a conclusiones que resultan modestas pero potencialmente importantes. Los analistas políticos que mantienen distancia de las "trifulcas" que derivan de estas diferencias detectan que aún hay "hilo en el carretel", es decir, que las conversaciones con los gobernadores requieren tiempo adicional para resolverse. Esto implica que la expectativa de Santilli de cerrar varios pactos antes de fin de mes podría resultar optimista. La complejidad que Menem subraya no es una cuestión retórica sino una realidad operativa: los gobernadores tienen sus propias agendas, intereses territoriales que a menudo colisionan con los objetivos nacionales del gobierno central, y pueden jugar con la urgencia que siente el ejecutivo para extraer más concesiones.
Históricamente, Argentina ha conocido gobiernos que priorizaron los acuerdos rápidos sobre la construcción de coaliciones sólidas. La experiencia sugiere que la estabilidad de corto plazo adquirida mediante transacciones pragmáticas puede evaporarse rápidamente si la base política carece de cohesión ideológica o programática. Pero también es verdad que los gobiernos que esperaron demasiado para consolidar sus alianzas parlamentarias terminaron paralizados legislativamente. En esta disyuntiva se encuentra actualmente la administración.
La mención de Flavio Bolsonaro y su triunfo electoral en Brasil añade una capa de complejidad. El resultado brasileño generó un "respiro" en los indicadores de riesgo país, lo que significa que factores externos pueden modificar las variables que Caputo y Santilli están intentando controlar mediante acuerdos internos. Esta volatilidad externa introduce un elemento de incertidumbre: ¿para qué apresurarse en los pactos si los mercados pueden cambiar de ánimo por decisiones que están fuera del control del gobierno argentino?
Reflexiones sobre lo que está en juego
Las tensiones visibilizadas en Tigre señalan un debate más profundo sobre la naturaleza misma de la coalición gobernante. ¿Se trata de un proyecto político que trasciende la administración Milei, con principios programáticos que lo definen, o es fundamentalmente un instrumento para ganar elecciones y retener poder? La respuesta que prevalezca tendrá consecuencias significativas. Si prevalece la lógica de Menem, es probable que el gobierno pierda oportunidades de acuerdos con gobernadores que, aunque ideológicamente no sean libertarios, podrían proporcionar votos valiosos. Si prevalece la de Santilli y Caputo, la coalición podría ampliarse pero correría el riesgo de diluirse, incorporando figuras políticas sin compromiso con el modelo económico que el gobierno intenta consolidar. Una tercera posibilidad, que parece estar ganando terreno, sería la búsqueda de un equilibrio: acuerdos selectivos, con gobernadores que demuestren disposición a adoptar elementos del programa libertario, sin esperar una adhesión total.
Lo que resulta innegable es que estas discusiones internas, lejos de debilitar al gobierno, podrían estar cumpliendo una función de maduración política. Un oficialismo que debate sobre sus criterios de alianza está, implícitamente, definiendo sus límites y sus prioridades. El hecho de que esos debates lleguen a la esfera pública, mediante actos como el de Tigre, indica que ninguno de los sectores en cuestión está dispuesto a ceder sin dejar constancia de sus posiciones. En los próximos meses, mientras continúan las negociaciones con los gobernadores y avanzan los preparativos para 2027, esa pugna interna seguirá moldeando las decisiones concretas del gobierno. Los resultados de esa tensión determinarán, en buena medida, si la administración libertaria logra consolidarse como un proyecto político duradero o si termina siendo capturada por las dinámicas convencionales de la política argentina, aquellas que Menem critica pero que sus colegas parecen considerar pragmáticamente necesarias.



