Una gestión que muda de piel mientras se estabiliza en las métricas
El oficialismo libertario atraviesa un momento paradójico que merece una lectura más profunda de lo que indicarían los números superficiales. Mientras las encuestas reflejan un freno en la caída de aprobación presidencial —pasando de 34 a 35% entre abril y mayo, con el rechazo descendiendo de 63 a 61%—, se despliega simultáneamente una transformación estructural del aparato estatal que sugiere un gobierno completamente distinto al que asumió en diciembre de 2023. No se trata simplemente de una recuperación de imagen. Se trata de una mutación administrativa donde los actores políticos cambian, los equilibrios de poder se reconfiguran y emergen mecanismos de toma de decisiones que funcionan en la sombra de las designaciones formales.
Las expectativas sobre el futuro del país también registran ese atisbo de estabilización. Quienes consideraban que Argentina mejoraría en el próximo año pasaron de 32% a 33%, deteniendo una tendencia de deterioro que se extendía desde diciembre. En sentido inverso, los pesimistas bajaron del 50 al 48%. Estos movimientos pequeños pero significativos indican que la sociedad percibe una suerte de piso en la caída, aunque sin evidenciar entusiasmo genuino por la administración. Sin embargo, lo verdaderamente importante no reside en esos percentiles que oscilan de un mes a otro. Lo verdaderamente importante ocurre en los cambios cualitativos que dan forma a una nueva máquina estatal.
Un dato casi inadvertido pero fundamental: la responsabilidad por los problemas económicos migró de manos. Durante el primer año y medio de gestión libertaria, era lógico y políticamente viable atribuir las dificultades a la herencia kirchnerista. Ese relato se agotó. Hoy, el 42% de los ciudadanos culpa directamente a la política económica de Milei por las privaciones materiales que padecen, mientras que apenas un 33% mantiene la responsabilidad en el gobierno anterior. Esta inversión de percepciones constituye un quiebre narrativo del cual el Gobierno ya no puede escapar. No tiene resto para usar la carta de la herencia. Debe defenderse con su propia gestión, y esa defensa ocurre en un contexto donde nuevas fuerzas internas están redefiniendo los equilibrios de poder.
El surgimiento de Bullrich y la consolidación de Cristina: el mapa político se reordena
Los números de imagen de los dirigentes nacionales revelan desplazamientos tectónicos en la geografía política argentina. Patricia Bullrich ostenta 41,7% de imagen positiva contra 55% de negativa, ubicándose por encima del Presidente en el universo no peronista. Por su parte, Milei registra 38,7% de aprobación y 60,9% de desaprobación. Esta brecha, aparentemente técnica, esconde un significado político de primer orden: dentro de su propio electorado, la senadora libertaria superó al jefe de Estado. Bullrich ha captado el espacio de quienes buscan una alternativa dentro del espacio oficialista, y sus recientes señales de diferenciación respecto del Presidente no son accidentales sino el resultado de un cálculo electoral consciente.
Del lado opositor, la figura que emerge con mayor solidez es Cristina Kirchner, quien suma 42,7% de imagen positiva frente a 56,4% de negativa, convirtiéndola en la dirigente mejor conceptuada del país. Este fenómeno tiene una explicación que trasciende la nostalgia peronista: la ex presidenta ha mantenido un perfil bajo, casi silencioso, durante los últimos meses. Existe una correlación inversa entre su visibilidad mediática y su aprobación. Cuanto menos habla, mejor le va. Esto sugiere que su capital político proviene menos de una agenda activa que de la proyección de esperanza que genera su sola existencia como alternativa al gobierno actual. Axel Kicillof, gobernador bonaerense, queda rezagado con 39,5% positivo y 52,9% negativo, lo que genera un dilema significativo para su eventual candidatura: comparte electorado con Cristina pero está posicionado por debajo de ella en la preferencia del voto peronista.
Milei, consciente de esta reconfiguración, ha intensificado su estrategia de polarización contra el kirchnerismo como mecanismo para mantener la cohesión de su coalición. Su discurso de apertura de sesiones ordinarias en el Congreso funcionó como un ejercicio de refuerzo de enemigos ideológicos, buscando diluir las diferencias tácticas con sectores como el PRO. Sin embargo, esta apuesta polarizadora contrasta con el mensaje que envía Luis Caputo, ministro de Economía, quien asegura a los inversores internacionales que no existe riesgo de regresión hacia políticas kirchneristas. La coexistencia de ambos discursos —el presidencial incendiario y el ministerial tranquilizador— expresa una tensión interna que no está completamente resuelta.
Manuel Adorni: el funcionario que perdió su apuesta
Manuel Adorni, jefe de Gabinete, arrastra una brecha de 40,5 puntos entre su imagen positiva (26,3%) y negativa (66,8%), lo que lo posiciona como una de las figuras públicas del Gobierno con peor evaluación ciudadana. Adorni fue presentado originalmente como la gran apuesta del oficialismo para disputar la Capital Federal, la jurisdicción más importante en términos electorales y simbólicos. Ese plan aparentemente naufragó. A pesar de estos números desastrosos, tanto Javier como Karina Milei continúan sosteniéndolo en su cargo, una decisión que genera perplejidad en observadores políticos. El trono que Adorni debería ocupar —la candidatura porteña— hoy está vacante, con nuevos aspirantes perfilándose para ocuparlo.
Entre estos aspirantes emerge Pilar Ramírez, líder del bloque libertario en la Legislatura porteña, quien funciona como ojos y oídos de la Secretaría General de la Presidencia en los asuntos de la ciudad de Buenos Aires. Ramírez representa una nueva generación de cuadros que aún no ha asomado completamente la cabeza en la escena nacional pero que está siendo posicionada para roles de mayor relevancia. Los especulamientos sobre futuros reacomodamientos sugieren que Ramírez podría ser candidata a jefa de Gobierno porteña, mientras que Martín Menem mantendría la vicepresidencia en una eventual repostulación.
La bomba de tiempo: Facundo Leal, drogas y un funcionario en colapso
Hace pocas semanas explotó un escándalo de proporciones considerables que expone no solo corrupción administrativamente, sino también problemas personales de gravedad. Facundo Leal, funcionario de Arsat, fue detenido tras un allanamiento a dos de sus domicilios en Palermo y Mendoza donde se incautaron aproximadamente US$ 2.400.000 en efectivo, cantidades significativas de cocaína, ketamina y éxtasis, además de balanzas para pesar drogas. Leal, quien pasó por diversas funciones en el Estado durante la administración actual, representa un tipo de funcionario que fue tejiendo redes de relaciones desde gobiernos previos.
El dato sobre su adicción a drogas pesadas desde aproximadamente 2010, según quienes lo conocen, es político antes que médico o sanitario. Leal se encuentra actualmente privado de libertad, enfrentando un proceso judicial de complejidad evidente. En los pasillos del Gobierno existe preocupación genuina por cuánto tiempo resista la presión de la Justicia, la indagación de fiscales, los efectos de la abstinencia y el estrés característico de quien se encuentra bajo proceso penal. Se trata de una bomba de tiempo porque Leal conoce mecanismos, operaciones y nombres que podrían comprometer a funcionarios y empresarios del círculo cercano al poder.
El mendocino llegó al Gobierno nacional de la mano de Rodolfo Gabrielli, ex gobernador de Mendoza que ocupó ministerios durante Duhalde, la presidencia de la Casa de la Moneda en tiempos de Kirchner y también pasó por Arsat. Leal estuvo en esa empresa durante la administración Fernández. Su conexión con Sergio Massa proviene de estas vinculaciones mendocinas. Luego transitó la Agencia de Control de Aeropuertos (Orsna), donde su gestión fue descrita como escandalosa: empresarios constructores que hacían obras en aeropuertos de todo el país se quejaban de que delegados de Leal solicitaban, según lo que se sabía, coimas del 5% para que el Orsna habilitara determinadas obras. Esto era vox populi en el mundo aeroportuario, ocurría a la vista de todos en un bar del Aeroparque. A pesar de todo, Leal fue trasladado de área a Transporte.
La red mendocina: empresarios, negocios y el control de sectores estratégicos
En Transporte, Leal trabajó con Luis Pierrini, también mendocino, desplazado junto con él, quien funciona como vicepresidente de Independiente Rivadavia, el club controlado por Daniel Vila. La conexión es perfecta: Vila es empresario vinculado a negocios de telecomunicaciones y servicios, Pierrini es su hombre en el fútbol y en la administración estatal. ¿Cómo llega Pierrini al Gobierno nacional? De la mano de Juan Pazo, que fue secretario de Coordinación de Luis Caputo en Economía, luego titular de ARCA, y durante el gobierno de Macri fue superintendente de Seguros. Pierrini es dueño de la compañía de seguros Triunfo con sede en Mendoza. Quienes conocen el sistema financiero afirman que cuando Pazo y Caputo no estaban en la función pública, manejaban el fondo Anker, colocando títulos en la aseguradora Triunfo de Pierrini.
Este tejido de Transporte, Arsat y otras dependencias compone una órbita del Estado donde circulan negocios de importancia considerable, toda ella bajo influencia de Santiago Caputo, el "Mago del Kremlin", asesor presidencial. Lo inquietante es que hay decisiones sobre licitaciones, contrataciones y adjudicaciones que se realizan bajo su mando, decisiones que en alguna medida rozan al ministro de Economía Luis Caputo, con quien comparte apellido pero también —según múltiples reportes— una relación de toma de decisiones conjunta. La configuración es extraña: Santiago Caputo acaba de reforzar su control sobre la estructura legal del Ministerio de Economía tras el desplazamiento de José Ignacio García Hamilton, reemplazado por Juan Ignacio Stampalija, exsubprocurador general del Tesoro y especialista en derecho internacional. El cambio es relevante porque Stampalija dependerá de María Ibarzabal, secretaria Legal y Técnica de la Presidencia e inseparable mano derecha de Santiago Caputo.
Diego Chaher, responsable de las privatizaciones del Gobierno, también viene de las empresas de Vila y Manzano. En el sector de Trenes, siempre se habló de una dependencia de Pierrini y Leal respecto del empresario Leonardo Scatturice, quien funciona como una especie de otro yo, jefe, socio o algo de eso respecto del "Mago" Caputo. Scatturice reside en Miami y desde allí manejaría ciertos negocios del Estado. Empresarios que quisieron participar en concursos para tendido de fibra óptica en estaciones de tren recibieron palabra desde las inmediaciones de Caputo: "Eso lo maneja Scatturice desde Miami, tienen que ir a hablar allá." El viaje se realizó. Scatturice es dueño de Flybondi, aerolínea con problemas. Toda el área de aeronavegación también está bajo influencia de Santiago Caputo.
El escándalo de Arsat: la corrupción semanal que define la era Milei
Más allá de Leal y sus problemas personales, la investigación de corrupción en Arsat involucra a Gerardo Boschin, gerente de contrataciones y compras de la empresa, quien anteriormente trabajaba en telecomunicaciones y que permaneció en su cargo durante semanas mientras se investigaba su participación en robos de dispositivos comprados por Arsat. La demora en su desvinculación expresa una falta de reflejos administrativos preocupante para una gestión que llegó al poder con la bandera anticorrupción como estandarte.
Arsat misma es una joya estratégica: durante el gobierno anterior, la empresa generó 36.000 kilómetros de fibra óptica, contra 18.000 y 16.000 de Telecom y Telefónica respectivamente. Se trata de una infraestructura de valor extraordinario para cualquier operación de privatización o tercerización de servicios. La existencia de estas depósitos donde se robaban componentes sugiere no solo negligencia sino posible colusión entre funcionarios y ladrones. El escándalo destaca un patrón: el Gobierno enfrenta una revelación de corrupción de dimensiones significativas cada semana, prácticamente con cronometraje de reloj suizo.
La razón verdadera por la cual despidieron a Pierrini y a Leal no fue exactamente por las estafas que inicialmente se reportaron. Fue porque iniciaron un viaje de placer a Barcelona e Ibiza en el avión atribuido a Pablo Toviggino, tesorero de la AFA, piloteado por Gustavo Carmona, quien es compañero de tenis en el Club San Juan de Juan Bautista Mahiques, ministro de Justicia, y de Santiago Viola, secretario de Justicia. Toda la familiaridad conocida entre el mundo del Gobierno y la conducción del fútbol se expresa en estos vínculos. La red es tan compacta que cuando alguien la toca, afecta múltiples puntos simultáneamente.



