La geografía política del peronismo argentino experimenta nuevas fracturas. En el corazón entrerriano, una coalición de dirigentes justicialistas que rechaza identificarse con los ejes tradicionales del movimiento desplegó su estrategia territorial, buscando posicionarse como protagonistas de una propuesta alternativa. Lo significativo no reside únicamente en la existencia de una tercera pata peronista, sino en el mensaje que eligieron como bandera: el acercamiento deliberado al sector agropecuario, históricamente objeto de tensiones dentro del peronismo. A través de un encuentro que convocó a aproximadamente 1.600 participantes en Concepción del Uruguay, esta vertiente renovada del justicialismo planteó una reconfiguración de las prioridades políticas que desafía décadas de política económica.
La emergencia de una tercera vía peronista
Hace apenas mes y medio que Victoria Tolosa Paz, Juan Manuel Olmos y Guillermo Michel presentaron públicamente su proyecto político, bautizado bajo la consigna "El peronismo debate". Ese lanzamiento en Parque Norte, la ciudad de Buenos Aires, marcó un punto de quiebre dentro de la estructura del movimiento justicialista. Ahora, el traslado de esa iniciativa hacia el interior provincial evidencia una intención de consolidación territorial y de ampliación de su base de sustentación. El encuentro realizado en el Salón Malvinas Argentinas del Sindicato de la Carne de Concepción del Uruguay no fue un evento casual, sino la materialización de un plan de despliegue geográfico que busca establecer presencia en distintas regiones del país.
Quienes integran este sector peronista se definen por su distancia respecto de los núcleos de poder tradicionales del movimiento. Michel representa a Entre Ríos en el Congreso Nacional y su participación fue crucial en la organización del evento. Junto a él, Tolosa Paz y Olmos proyectaron un mensaje uniforme sobre el futuro que imaginan para el peronismo: un peronismo que, según sus palabras, sea capaz de "representar y reflejar a la Argentina federal". Esta declaración contiene una crítica implícita a la concentración de poder decisorio que ambos critican en las estructuras existentes. La presencia de figuras como Federico de Achával, intendente de Pilar, y Gustavo Bordet, exgobernador entrerriano, refuerza la idea de un armado que contempla gobiernos locales y provinciales como piezas fundamentales.
La apuesta por el sector agropecuario: ruptura con la tradición
Ningún aspecto resume mejor la intención rupturista de esta fracción que su aproximación decidida al sector agrícola. A lo largo de la historia contemporánea argentina, la relación entre el peronismo y el agro ha sido conflictiva. Desde los tiempos de Juan Domingo Perón hasta períodos más recientes, los gobiernos identificados con el movimiento han implementado políticas extractivas respecto de la producción agraria: retenciones elevadas, restricciones a exportaciones de productos sensibles como trigo y carne, regulaciones sobre el mercado de granos. El costo político y económico de esas decisiones dejó cicatrices profundas en la relación entre el justicialismo y los productores rurales.
La iniciativa desplegada en Concepción del Uruguay propone una ruptura explícita con ese legado. El documento titulado "Programa Federal por la Competitividad Agropecuaria" sintetiza ocho ejes de propuesta que apuntan a reconfigurar la relación estado-agro. Sobre las retenciones, que históricamente han sido fuente de fricción, los dirigentes reunidos plantearon una "reforma integral impositiva del sector agropecuario". El lenguaje utilizado en el documento es significativo: no se trata de una reversión radical, sino de una "discusión" sobre "retenciones, impuestos y cadena de costos desde la eficiencia logística". Esta formulación busca evitar la confrontación directa mientras abre la puerta a modificaciones sustanciales en la estructura tributaria que grava la producción agraria.
Las otras siete propuestas completan un cuadro que visibiliza un pensamiento económico distinto al que predominó en gobiernos peronistas recientes. Una nueva ley de semillas que fortalezca la innovación, una ley de riego, inversión en eficiencia logística mediante modernización de rutas, ferrocarriles y puertos, potenciamiento de las economías regionales, fortalecimiento de organismos técnicos como INTI, Senasa e Inase, incentivos para renovación de maquinaria agrícola, y políticas de formalización laboral rural. El abanico es amplio y responde a diagnósticos que identifican déficits acumulados en la competitividad sectorial a través de décadas.
El debate sobre los errores del pasado y la visión de futuro
Uno de los párrafos más provocadores del documento final no elude la crítica histórica. Los dirigentes peronistas reunidos escribieron: "Debemos aprender de los errores del pasado. Las restricciones sobre el trigo y la carne no bajaron el precio al consumidor y dañaron a dos producciones centrales de la economía nacional". Esta afirmación representa un distanciamiento pragmático de decisiones que llevaban las firmas de gobiernos justicialistas. No es un mea culpa explícito, pero tampoco es ambiguo: reconoce que ciertas políticas generaron daños económicos sin cumplir sus objetivos declarados. La evaluación sugiere que la intervención estatal en el mercado agropecuario, tal como se implementó históricamente, produjo efectos contraproducentes.
La visión de futuro presentada va más allá del reconocimiento de fracasos. El documento propone reposicionar la agroindustria dentro de la estrategia nacional de desarrollo, dejando de concebirla como "una fuente extraordinaria de recursos para cubrir desequilibrios coyunturales" y comenzando a verla como "una palanca estratégica para el desarrollo nacional". Esta reconfiguración conceptual contiene implicaciones profundas: sugiere que el crecimiento del agro no es una cuestión sectorial sino sistémica, vinculada al equilibrio fiscal y a la capacidad de generación de empleo. El documento agrega: "No se trata de elegir entre campo e industria, o exportaciones y mercado interno; sino de construir una estrategia nacional que integre producción, innovación, valor agregado, trabajo y desarrollo federal".
Crisis empresarial como catalizador de agenda política
El encuentro no fue únicamente un acto de presentación de ideas. Al inicio de la jornada, los dirigentes peronistas se reunieron con representantes sindicales del gremio de la alimentación para abordar la crisis de Granja Tres Arroyos, empresa avícola que a fines de mayo cerró su planta ubicada en Concepción del Uruguay. La inclusión de este tema en la agenda evidencia una intención de conectar las propuestas macro con los problemas concretos que afectan a trabajadores y productores en territorios específicos. La crisis de la empresa no fue presentada como un fenómeno aislado, sino como expresión de problemas estructurales en la competitividad del sector.
La presencia de Juan Cabandié, exministro de Ambiente y dirigente que estuvo vinculado a La Cámpora pero se distanció de esa estructura, en una de las comisiones temáticas del encuentro refuerza un patrón: esta coalición peronista se nutre no solo de dirigentes nuevos, sino también de figuras que se alejaron de los núcleos tradicionales del movimiento. Cabandié representa un tipo de dirigente que buscó espacios alternativos dentro del peronismo y encontró en esta iniciativa un lugar donde canalizar su trayectoria política.
Críticas al gobierno y diferenciación interna
No obstante el énfasis en propuestas sectoriales, los dirigentes presentes también utilizaron el encuentro para hacer crítica política frontal al gobierno nacional. Michel señaló que Javier Milei "no está aplicando un programa económico, quiere imponer un modelo social peruanizando la economía argentina. Un país sin clase media, sin industria, sin educación ni salud pública de calidad". Olmos, por su parte, criticó al gobierno por defender "un solo empleo, el del Jefe de Gabinete", y llamó al Peronismo a "defender a los cientos de miles de trabajadores y trabajadoras que están perdiendo el trabajo por culpa de Milei".
Estas intervenciones muestran que la diferenciación interna peronista no implica una desactivación de la crítica al ejecutivo nacional, sino más bien un reposicionamiento de la misma. Mientras que los sectores cercanos a Cristina Kirchner y Axel Kicillof estructuran su oposición desde otros ejes, esta tercera pata peronista construye un discurso que combina propuestas de política económica sectorial con una crítica social dirigida al modelo implementado por el gobierno libertario. La mención a la "peruanización" de la economía argentina refiere a un temor histórico en ciertos sectores del peronismo respecto de la desaparición de la clase media y el deterioro de los servicios públicos fundamentales.
Implicancias y perspectivas de este reposicionamiento
La consolidación de una tercera vertiente peronista con capacidad de convocatoria territorial plantea múltiples escenarios. Por una parte, podría significar una mayor fragmentación de un movimiento que históricamente operó mediante acuerdos internos respecto de sus líneas maestras. Por otra, podría representar la apertura de espacios de diálogo con sectores que durante años se sintieron alejados del peronismo, particularmente productores agrarios y emprendedores del sector privado. La apuesta por el agro como eje de identidad política marca una diferencia respecto de gobiernos anteriores y genera interrogantes sobre qué lugar ocuparía esta propuesta en un eventual escenario de retorno peronista al poder.
Desde una perspectiva de política fiscal, la propuesta de "reforma integral impositiva" del agro implicaría modificaciones en la estructura tributaria que actualmente grava ese sector. Esto tendría consecuencias en la disponibilidad de recursos fiscales, un tema central en el debate económico argentino contemporáneo. Distintos analistas podrían evaluar estas propuestas como realistas o ingenuas, dependiendo de cómo consideren la compatibilidad entre mayor inversión estatal en infraestructura rural, fortalecimiento de organismos técnicos y reducción de presión fiscal sobre productores, en un contexto de desequilibrio fiscal persistente.
La aparición de esta nueva fracción peronista refleja, en última instancia, una reconfiguración más amplia del mapa político argentino. La debilidad relativa del peronismo como movimiento unificado ha abierto espacios para que dirigentes con trayectorias diversas intenten construir alternativas que combinen identidad justicialista con propuestas programáticas distintas a las hegemónicas en años recientes. Cómo evolucione este armado, si logra expandirse territorialmente, y qué capacidad electoral posea en contextos de disputa política, son preguntas que el tiempo y la dinámica política irán respondiendo. Por ahora, el encuentro de Concepción del Uruguay marca un hito en el proceso de fragmentación, redefinición y búsqueda de nuevas legitimidades dentro del peronismo argentino.



